domingo, 12 de junio de 2011

Reflexiones sobre la democracia

Pasadas unas elecciones y con miles de personas en la calle reclamando democracia real ya, parece el momento de reflexionar sobre nuestra democracia. Hay muchas cuestiones para reflexionar, pero la primera quizá sea la representatividad de las instituciones, en concreto las Cortes. Cuando se redactó la Constitución de 1978 una de las cuestiones que más preocupaban era la estabilidad, por lo que se diseñó un sistema que favoreciese claramente las mayorías. Era una preocupación lógica entonces, pero tres décadas después creo que es hora de una revisión. Hace tiempo que pienso en eso, el clima que se está viviendo me anima a exponeros mi punto de vista. No soy experto en teoría política ni en Derecho Constitucional, así que si digo una estupidez, tenéis mi permiso para llamarme estúpido. Pero iniciar el debate es empezar a cambiar las cosas. Ya sé que no voy a empezar ninguna revolución, en el mejor de los casos llegaré a un puñado de personas; pero, en fin, una mariposa mueve las alas...

Tememos un sistema bicameral, en el que el Congreso es la cámara de representación popular y el Senado la de representación territorial. Este planteamiento me parece correcto, no estoy de acuerdo con quienes proponen la supresión del Senado porque lo consideran inútil. Las diferentes regiones no tienen siempre las mismas características y problemas ni, consecuentemente, los mismos intereses. Si suprimimos el Senado, los intereses de las regiones más pobladas se verían favorecidos en perjuicio de las menos pobladas, dado que tendrían más peso en la única cámara. Para evitar eso existe el Senado, lo que debemos hacer es dotarlo de verdadera utilidad. Concretamente modificando el artículo 90.2, que es el que hace que, en la práctica, el Congreso pueda legislar por sí solo.

En segundo lugar está la representatividad de las cámaras. Es sabido que nuestro sistema electoral no es proporcional. Favorece a los partidos mayoritarios en detrimento, sobre todo, de los que son minoritarios pero tienen implantación en todo el territorio, lo que hace que la composición de las cámaras no refleje la realidad de la sociedad. Hoy por hoy, el caso más drástico creo que es el de IU, que con un 3,8% de los votos tiene dos diputados en el Congreso, en lugar de los 13 que le corresponderían en un sistema estrictamente proporcional.

Hay tres factores que desvían el reparto de la proporcionalidad. El primero y más influyente es el sistema de circunscripciones electorales. Es sencillo entender por qué. El 3,8% de 350 es 13, el número de diputados que debería tener IU. Pero si en una provincia se eligen, por ejemplo, 7 diputados, el 3,8% de 7 es 0,27, lo que equivale a no conseguir ningún diputado. Eso quiere decir que un partido minoritario solo puede conseguir diputados en las provincias grandes o en las pocas en que tenga mayoría, los votos que recibe en las demás van a parar a los partidos mayoritarios, lo que no parece muy democrático.

Este efecto se ve agravado por el segundo factor, el reparto por el sistema d'Hondt. Este método no sigue un criterio estrictamente proporcional en el que a un porcentaje de votos le corresponda igual porcentaje de escaños. No voy a explicar aquí en qué consiste, simplemente anotar que aunque no produce desviaciones muy grandes, tiende a favorecer las mayorías, potenciando el efecto de las circunscripciones.

El tercer factor es que se exige un mínimo del 3% de los votos para tener representación parlamentaria. Los votos recibidos por los partidos que no alcanzan ese mínimo se pierden. Es de destacar que el 3% de 350 son entre 10 y 11 diputados, y el 3% del censo electoral es más de un millón de personas. No es baladí.

Dicho esto, imaginaréis cuál sería mi propuesta para las elecciones al Congreso: circunscripción electoral única, supresión del límite del 3% y sustitución del sistema d'Hondt por otro más proporcional.

En cuanto al Senado, hay que admitir que la organización territorial ya no se configura, si es que alguna vez fue así, en torno a la provincia, sino en torno a la comunidad autónoma. Por eso y para evitar el mismo efecto de desviación que se produce en el Congreso, la circunscripción debería ser la comunidad autónoma. Dado que es una cámara de representación territorial, el número de senadores por comunidad debería ser idéntico para todas ellas, con independencia de su población. Diez o doce senadores por comunidad me parece adecuado.

Es obvio que este sistema llevaría a unas cámaras más fragmentadas y por lo tanto a una mayor dificultad para llegar a acuerdos; pero también, sin duda, más democráticas y plurales. Los políticos insisten y seguirán insistiendo en la "gobernabilidad", pero eso solo es un eufemismo para disfrazar su incapacidad para el diálogo. Forzarlos a llegar a acuerdos es forzarlos a dialogar y debatir. El riesgo, lo admito, es que en lugar de debate se produzca un mercadeo de votos. ¿Pero qué tenemos ahora? Si un partido logra la mayoría absoluta legisla a su antojo sin ningún diálogo, y si ninguno la logra no evitamos el mercadeo.

Por supuesto, mi criterio en las elecciones autonómicas, respetando el derecho de cada una de ellas a decidir su propio sistema, sería el mismo.

Me dejo cuestiones como las listas abiertas, la responsabilidad de los políticos, la participación directa... La nota ya es suficientemente larga, y tampoco voy a pretender que haya pensado en todo.


Publicado originalmente en facebook el 23/05/2011

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