martes, 14 de mayo de 2013

La mentira de la rigidez laboral

Hace ya más de un año que escribí en este blog sobre la supuesta rigidez del mercado laboral español, cuando estábamos en vísperas de la funesta reforma laboral perpetrada en marzo del año pasado. Vuelvo sobre el tema porque a pesar de su manifiesta ineficacia, otra vez se exigen a España, desde las instancias que todos sabemos ya, nuevas reformas que "flexibilicen" nuestro mercado laboral.

Un inciso antes de entrar en materia para hacer notar la significativa expresión mercado laboral. No se trata de flexibilizar las relaciones laborales o el ordenamiento jurídico laboral, sino el mercado laboral. El conocido principio de la OIT el trabajo no es una mercancía no significa nada, son solo palabras sin valor. Todo es mercado y todo es mercancía, incluidas las personas, su trabajo y sus medios de vida.

Al grano. La tesis es que la rigidez de las relaciones de trabajo en España es la causa de nuestra elevada tasa de desempleo. A ello se añade que que hay que acabar con la dualidad de la contratación indefinida y temporal, para lo que se propone un contrato único. Dejaré de lado la discusión sobre si está o no justificado que existan distintas modalidades de contrato y diré que, en principio, no tengo nada que objetar a que se acabe con esa dualidad. A lo que objeto es a que se haga acabando con los contratos estables y haciéndolos todos precarios.

En cuanto al tema que da título a esta entrada, la primera pregunta que deberíamos hacernos, como ya apuntaba el año pasado, es si de verdad las relaciones laborales en España son rígidas. No creo que debamos aceptar esa afirmación sin ninguna comprobación, especialmente teniendo en cuenta lo que nos va en ello. Veámoslo con datos. Todas las tablas que incluyo a continuación son datos oficiales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, que podéis comprobar en su web.

Contratos registrados
Esta primera tabla recoge los contratos registrados en España desde 2007. Considerando solo los años completos, entre ese año y 2012 se registró la friolera de 92.336.555 contratos. El dato, así en bruto, quizá no diga mucho. Veamos la siguiente tabla, que recoge los trabajadores activos en el mismo período. Por trabajadores activos se entiende la suma de ocupados y desmpleados.

Trabajadores activos
El promedio de activos en el mismo período es de 22.886.510 personas. Por lo tanto y redondeando sale a una media de cuatro contratos por trabajador en un período de seis años. A mí no me parece tanta rigidez, especialmente considerando que he hecho el cálculo sobre los activos. Eso quiere decir que le estoy computando una media de contratos a personas que en realidad no han tenido contrato alguno. Y pasamos al dato siguiente, el paro registrado.


Paro registrado

Debo puntualizar que esta estadística recoge el paro registrado. Si tomásemos los datos de la EPA, más fiable, las cifras serían bastante mayores. Si no lo hago así es por seguir la misma fuente y el mismo criterio en todas las tablas, de modo que sean perfectamente comparables. Con estos datos, y calculando un poco burdamente una media de trabajadores desempleados en ese período de algo más de tres millones y medio, los cuatro contratos por trabajador activo se convierten en 4,8 por trabador ocupado. Eso en un período de seis años.

Una última tabla para completar el cuadro, la comparación entre contratos indefinidos y trabajos temporales registrados en los mismos años.

Contratos infefinidos y temporales
Esta tabla no deja lugar a dudas. Siempre refiriéndonos al período 2007-2012, resulta que el noventa por ciento de los contratos registrados fueron temporales. ¡Qué rigidez! No llega ni al cien por cien.

Hasta ahora hemos hablado solo de contratos celebrados, pero no de los destruidos. Si el número de contratos registrados fue en esos años, como hemos visto, de 92.336.555, y el número de desmpleados registrados en el mismo período aumentó en 2.266.215, resulta que se han extinguido en seis años 95.107.770 contratos. O sea que a cada trabajador activo lo han puesto de patitas en la calle 4,16 veces en seis años. O 4,9 si en lugar de trabajadores activos consideramos a los ocupados. Y eso que, insisto, trabajamos con datos de paro registrado y no de la EPA.

Y con esto creo que estamos en condiciones de contestar a la pregunta. Yo diría que las relaciones de trabajo en España, lejos de ser rígidas, son considerablemente flexibles. De hecho, más que flexibles yo las tildaría de precarias. A pesar de ello, podría quedar la duda de si el marco jurídico es la causa de la elevada tasa de desempleo. Si volvemos a la tabla de paro registrado, vemos que entre enero de 2007 y diciembre de 2009, el número de desempleados se duplicó sin que se hubiera producido ningún cambio en la normativa. Por el contrario, las "flexibilizaciones" introducidas por el Gobierno socialista primero y por el popular después, no solo no han hecho que disminuya, sino que ha seguido aumentando. Lo que deja en evidencia la falsedad de esa supuesta relación de causa-efecto.

¿Entonces por qué se sigue insistiendo en la flexibilización? En mi humilde opinión, por ideología. No creo en absoluto que las reformas tengan la intención de combatir el paro. Su objetivo, o eso creo yo, no es ni ha sido nunca otro que la famosa "devaluación interna", un eufemismo que no significa otra cosa que un descenso generalizado de los salarios. La ecuación es simple: cuando el empleo es precario los trabajadores aceptan peores condiciones de trabajo. Y  mientras nadie me demuestre lo contrario, ésa si que afirmo que es una relación de causa-efecto.

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sábado, 11 de mayo de 2013

Opiniones de doña Soraya

Llevo casi un mes sin aparecer por aquí, lo que es bastante tiempo considerando la frecuencia con que solía escribir antes. La verdad es que no me apetecía. Si no escribo más no es por falta de temas ni por falta de tiempo, sino por falta de ganas. Y si hoy me pongo a ello es más que nada por no dejar que el blog muera de inanición. Dicho esto, vamos al tema.

Retomo un libro que ya he comentado varias veces en ocasiones anteriores: La España que necesitamos (Almuzara, 2011). Se trata, como recordaréis si habéis leido las entradas anteriores, de un conjunto de artículos escritos por personas relevantes en la vida pública española, y publicado poco antes de las elecciones generales.

Hoy, como sigo un poco perezoso, me voy a ahorrar los comentarios, y me limitaré a copiar textualmente algunos párrafos del artículo La política como motor de cambio, cuya autora es la actual vicepresidenta, ministra de la presidencia y portavoz del Gobierno, doña Soraya Saenz de Santamaría. La valoración os la dejo a vosotros.

Renuncian a las políticas de crecimiento y creación de empleo. Prueba de ello es que auguran que 2011 acabará con un desmpleo que ronda el 20%. Y consagran el recorte de las políticas sociales. En definitiva, un año más los presupuestos de Zapatero son parte, más del problema, que de la solución a la crisis.

Empezaré por el Parlamento, que debe recuperar la función que tiene constitucionalmente. Volver a ser la expresión de la soberanía nacional y que el pueblo lo perciba así. Esto significa [...] que las grandes políticas de Estado se fragüen en pactos parlamentarios con vocación de permanencia, transparencia y lealtad recíprocas.

Una de las primeras reformas tiene que ser definir una nuevo política fiscal. Responsable desde el punto de vista del gasto y del ingreso. (Nota: el subrayado es mío)

No puede haber confianza si el Gobierno yerra continuamente en la percepción de la profundidad de la crisis. Si año tras año sus previsiones son ilusorias. Si incumple sistemáticamente los objetivos. Si anuncia una medida y hace la contraria. Si alimenta expectativas que acaban engordando frustraciones.

Un Gobierno así no puede liderar el cambio y la recuperación. No puede hacerlo porque mina la confianza. Pero, sobre todo, porque [...] está contribuyendo  a que se produzca lo más grave que puede sucederle a un país: que se instale la desmoralización en una sociedad a la que la crisis empieza a pesar demasiado sobre sus hombros.

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