lunes, 23 de diciembre de 2013

Etica, religión y el aborto

Me disculparéis, espero, si la entrada de hoy resulta un poco caótica y mezclo churras con merinas. Es la mala costumbre de ponerme a escribir sin planificar antes el texto como me enseñaron a hacer en el colegio. Es también por lo delicado de un tema sobre el que generalmente evito opinar. No por que sea polémico, sino porque considero que no creo que tenga realmente gran cosa que aportar ni aún después de treinta años. Digo treinta años porque, si la memoria no me falla, debió de ser en el año 1985 cuando debatí por primera vez sobre el aborto. Y eso porque me ví obligado. El profesor lo planteó como ejercicio escrito y tema de debate en la clase de ética. Vamos, que no me quedó otra.

Hago un inciso (churras y merinas) para comentar un poquito eso de las clases de ética. Y es que en 1985 la ética era una asignatura optativa con la religión como alternativa. Ambas por supuesto evaluables. No veía entonces ni veo ahora razón lógica alguna por la que los estudiantes no católicos, o los que por cualquier motivo decidieran no elegir religión, debíamos estudiar ética, que es una rama de la filosofía, y los católicos no. Razones las había, pero no eran lógicas. Se me ocurren dos. Una es que hasta pocos años antes la religión era asignatura obligatoria y, como tenía que dejar de serlo, los curas debieron pensar que si no se imponía alguna alternativa sus clases quedarían vacías. La otra es la incapacidad crónica de ciertas personas para distinguir la moral católica de la moral a secas. Asumen que el cristiano tiene valores morales y al no cristiano hay que enseñárselos. En mi opinión, y dicho sea con todo respeto, es exctamente al revés: el sentimiento moral del no creyente es claramente superior, puesto que no espera castigo ni recompensa eternos.

Cierro el inciso y vuelvo al tema. En aquel día del 85 se nos pedía que diésemos nuestra opinión por escrito, para luego debatirla, sobre el aborto en una serie de supuestos. Eran muchos y no los recuerdo todos, pero tampoco importa. No voy a dar mi opinión sobre cada uno de ellos como tampoco la dí entonces. En lugar de eso, y a riesgo de ganarme una bronca del profesor, planteé a mi vez una única pregunta: ¿es el feto un ser humano no no lo es? La cuestión es para mí crucial, puesto que si es un ser humano tiene derechos, y nos encontraríamos entonces ante un conflicto entre los derechos de la madre y los del hijo. Es obvio que el problema cambia radicalmente si el feto no es un ser humano. Afortunadamente para mis calificaciones el profesor consideró que la pregunta era pertinente, y en lugar de una bronca obtuve una buena nota. Desafortunadamente para mi tranquilidad intelectual y moral, lo que no obtuve fue respuesta y después de todos estos años sigo sin tenerla.

¿A qué viene recordar ahora esta anécdota trivial? Aclaro antes de explicarlo, por que no se me malinterprete, que no soy antiabortista. Aunque sea hombre creo que puedo entender razonablemente a las mujeres que deciden abortar. No creo que ninguna lo haga a la ligera y me parece que hay que ser memo para decir, como hacen algunos, que hay mujeres que se toman el aborto como un medio anticonceptivo más. Tontos pero de babarse. A mí me parece bien que el aborto se despenalizase, aunque no voy a exponer mis razones ni dar argumentos que seguramente no podría defender. Y la nueva ley que se han sacado de la manga el señor ministro de justicia y sus acólitos me parece injusta y un claro retroceso.

A pesar de eso hay un argumento esgrimido frecuentemente por los partidarios del aborto libre que yo no puedo compartir: que la mujer es dueña de su cuerpo y por lo tanto es únicamente decisión suya. Lo siento, pero no lo comparto en tanto no tenga respuesta a mi vieja pregunta. Porque si el feto es un ser humano está claro que no se trata sólo del cuerpo de la madre. Yo me inclino a pensar que no lo es, pero no tengo la certeza. Y es por eso por lo que suelo evitar pronunciarme sobre el aborto, poque hay una cuestión que considero crucial y para la que todavía no tengo respuesta. A día de hoy, que yo sepa, no hay consenso científico sobre el tema ni creo que llegue a haberlo, porque no es realmente una cuestión científica sino filosófica: ¿qué es un ser humano?

Hay otra razón, que no sé si debería plantear aquí, por la que este argumento me parece un tanto falso. Una cuestión, por decirlo así, de orden ético-jurídico. Estaremos de acuerdo en que toda libertad de decisión lleva aparejada la responsabilidad de lo que se decide, y aquí mi sentido de la lógica me presenta una contradicción. Porque si la decisión de abortar corresponde exclusivamente a la mujer la resposabilidad también debería corresponderle exclusivamente, y no es así. Si decide no abortar la responsabilidad sobre el niño nacido también es del padre, aunque no tenga, según este argumento, nada que decir si la mujer decide abortar. Cierto que no es el padre quien tendrá que llevarlo en el vientre, cierto que cualquier pareja sensata lo hablará antes de decidir. Pero la contradicción está ahí: una responsabilidad sin capacidad de decisión.

Para concluir haciendo honor al tópico del buen gallego y que no se sepa si subo o bajo, diré que si algunos argumentos de los proabortistas me parecen endebles, los de los antiabortistas me parecen en general completamente irracionales. No lo digo en sentido peyorativo sino literal. Sus argumentos no se basan en la razón, sino en la creencia. Asumen que el feto es humano porque así se lo dicta su religión, por dogma y no por evidencia. Hasta ahí están en su derecho, cada un puede tener la creencias que quiera. A lo que no tienen derecho es a imponer esa creencia a los demás. Y digo hasta ahí porque a menudo van un paso más allá, o mucho más allá, como aquella tristemente famosa homilía del arzobispo de granada, monseñor Francisco Javier Martínez, en la que dijo "Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer" Pues no, monseñor, no es así. En todo caso será al revés: serán los abusos de los varones los que den licencia a la mujer para abortar. Decir lo contrario, por si alguien no lo ha notado, es hacer apología del delito.

En fin, probablemente no debería haber escrito esta entrada, pero aquí os la dejo por si os apetece reflexionar y ponerme a caldo. Eso sí, en ese orden, por favor.

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Mentiras sobre el aborto

domingo, 15 de diciembre de 2013

Seguridad ciudadana

He leído estos días un resumen informativo del anteproyecto de ley de protección de la seguridad ciudadana y la nueva ley de seguridad privada. También he leído en alguno de los muchos artículos de opinión publicados al respecto que la tramitación en estos momentos de ambos proyectos es algo programado para satisfacer, tras dos años centrados en política economómica, al electorado más conservador del Partido Popular. No sé si será cierto, pero es verosímil.

No haré demasiados comentarios sobre la primera norma. A mí me sorprende que tenga en ella la consideración de falta muy grave, y por lo tanto sancionable con multa de 30.000 a 600.000 euros, "La convocatoria por cualquier medio o asistencia a cualquier reunión o manifestación, con finalidad coactiva e inobservancia de los requisitos previstos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, desde que,conforme a la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, de Régimen Electoral General, haya finalizado la campaña electoral hasta la finalización del día de la elección."

Es solo un ejemplo, veamos otro, esta vez de falta grave sancionable con multa de 1.000 a 30.000 euros: "La perturbación de la seguridad ciudadana que se produzca con ocasión de reuniones frente a las sedes del Congreso de los diputados, el Senado y las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas, aunque no estuvieran reunidos,celebradas con inobservancia de los requisitos previstos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio." Hay varios ejemplos similares más en el proyecto, y no es difícil saber qué los ha motivado.

Podemos estar o no de acuerdo, pero yo creo que esto tiene más bien poco que ver con lo que la mayoría de nosotros entendemos por "seguridad ciudadana", y bastante más con el concepto que cierta derecha tiene de "orden público". Por si alguien no me entiende, creo que ciertos sectores de la derecha entienden por orden público que unos manden y otros obedezcan, y no me proteste usted que le meto una multa de 600.000 euros. Cifra, por cierto, que viene a ser como treinta años de mi sueldo, año más año menos, si se me ocurriese la peregrina idea de acudir a una manifestación (ni siquiera convocarla) en la jornada de reflexión. Proporcionado, lo que se dice proporcionado, no me parece.

Con todo, me preocupa mucho más la segunda norma, la ley de seguridad privada. Contempla esta nueva ley la posibilidad de que los vigilantes privados puedan identificar, registrar y hasta detener a una persona incluso en la vía pública. Y esto es una barbaridad. Se ha insistido bastante estos días en que la fomración de un vigilante privado no se compara ni de lejos con la de un policía o un guardia civil. Pero ésta no es la cuestión. Aunque tuvieran una formación equivalente, incluso aunque los vigilantes privados estuvieran mejor formados, seguiría diciendo que es una barbaridad.

El agente de los cuerpos de seguridad del Estado no sólo es un profesional bien formado, es un funcionario público al servicio de los ciudadanos. Ha accedido a su función con arreglo a los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, y tiene en su trabajo unas garantías (algunos lo llaman privilegios) que lo son también para el ciudadano de que ejercerá su labor con independencia y sujeción exclusiva a la ley.

Por el contrario, el agente de seguridad privada es, como el nombre indica, una persona al servicio de intereses privados. Todo lo legítimos que se quiera, pero privados. Es un profesional contratado por un particular, pagado por un particular, que puede ser despedido en cualquier momento por un particular, y que se haya bajo la dirección de un particular. Permitir a estas personas ejercer funciones que deberían estar reservadas a las fuerzas de seguridad del Estado, restringiendo por muy temporalmente que sea derechos fundamentales, es convertirlos en policías privados. En algo comparable, si se me permite la exageración, a las antiguas mesnadas. No me importa los límites o las pretendidas garantías que la norma establezca, es inadmisible per se.

Todo esto en un contexto en que a la policía, como al resto de funcionarios y so pretexto de la austeridad, se les aplica una tasa de reposición del 10%. Es decir, que por cada diez agentes que causan baja por jubilación o incapacidad solo se incorpora uno.

Pero no es, aseguran, una privatización de la policía ¡qué va! Nosotros, que somos mal pensados.

viernes, 11 de octubre de 2013

Hacia dónde vamos

Tenía pensado escribir una entrada sobre la distribución de la riqueza en España y cómo está cambiando, hasta me había descargado ya las estadísticas, pero creo que no merece la pena. A estas alturas quien no se haya enterado de que ha aumentado la pobreza, de que los salarios están bajando, que las pensiones pierden poder adquisitivo, que se han recortado las prestaciones por desempleo, etc, es que no se quiere enterar.

Quien no se haya enterado de los recortes en servicios públicos, en sanidad, en educación, del copago farmacéutico, del fin de la sanidad pública universal, etc. es que está ciego y sordo.

Si alguien no se ha enterado de que se han subido los impuestos directos e indirectos a los trabajadores pero no solo no se toca el impuesto de sociedades sino que se amnistía a los defraudadores es que además de ciego y sordo está en babia.

A mi me parece claro que vamos hacia un Estado neoliberal puro y duro, y hacia una sociedad más desigual, injusta e insolidaria.

Y aún tienen dos años por delante...

Pero todo esto es economía, y los temas económicos ya empiezan a sobreabundar en este blog. Mejor hablamos de dos noticias que he leído recientemente y que por un momento me han hecho dudar. He ido a mirar el calendario para ver en qué año estamos, por que no estaba muy seguro.

La Consejería de agricultura de la comunidad de Castilla-La Mancha ha concedido recientemente a sus funcionarios un permiso de hora y media para asistir a una misa especial en honor de San Francisco de Asís.  No es que me parezca mal que los funcionarios castellano-manchegos vayan a misa si lo desean, pero en su tiempo, no en horas de trabajo retribuidas. Se supone que el nuestro es un Estado aconfesional. Que una ministra de trabajo se encomiende a la Virgen del Rocío para solucionar el problema del paro me parece un chiste de mal gusto, pero que se concedan permisos a funcionarios para ir a misa me parece ilegal y de dudosa constitucionalidad.

Por otra parte, el Gobierno ha remitido a las Cortes el proyecto de Ley de la Carrera Militar. Al parecer la reforma es necesaria, yo sinceramente lo ignoro porque de cuestiones militares no tengo ni idea. Lo curiosos es que con esta ley se pretende crear una nueva situación administrativa para los militares, denominada "servicio en otras Administraciones públicas ajenas a la Administración militar".  Se trata de que los oficiales que al parecer sobran presten servicios en la Administración civil. Según la exposición de motivos, se pretende con ello "beneficiar al resto de las Administraciones públicas del potencial y la experiencia de este personal a través de los valores aprehendidos dentro de la institución militar".

Creo que no hacen falta más comentarios, así que termino con un para de preguntas, a ver si algún amable lectora me las puede contestar: ¿En qué año estamos y a dónde mierda vamos? 

sábado, 14 de septiembre de 2013

A vueltas con el paro

Anda el Gobierno estos días sacando pecho como de costumbre con los datos de la EPA, que muestran un descenso del paro en el segundo trimestre de este año. Nos dicen que esto demuestra las bondades de la reforma laboral, que está surtiendo efecto y creando empleo. No pretendo aguarle la fiesta a nadie, pero me temo que esto sea una interpretación demasiado simplista de un dato aislado y en bruto. Bienvenido sea, desde luego, el descenso del número de parados, pero hay otros datos preocupantes.

Según los datos estadísticos que publica en su página web el Ministerio de Trabajo, el número de parados descendió en 225.200 personas en el segundo trimestre de este año. El dato es de la EPA, no de paro registrado, y en bruto, sin desestacionalizar. Aclaro esto porque es normal que el paro baje en el segundo trimestre y, como he comentado en ocasiones anteriores, los datos desestacionalizados pueden ser muy diferentes.

Un segundo dato, de la misma fuente, es el número de ocupados, que ha aumentado en el mismo trimestre en 148.300 personas. También este dato habría que desestacionalizarlo, pues es igualmente normal que aumente el número de ocupados por las mismas razones. Huelga mencionar la relación entre ambos datos, si hay más gente trabajando hay menos gente en paro, es obvio. Como lo es también que aunque relacionados, no hay una correlación exacta. Salta a la vista que hay una diferencia de 76.900 personas. ¿Qué ha ocurrido con ellas? No han encontrado ocupación, pero tampoco engrosan ya la lista del parados.

Supongo que ya lo imagináis. Siempre según los datos del Ministerio para el mismo trimestre, resulta que la población activa (la suma de parados y ocupados) ha descendido en 76.100 personas. La suma de las tres cifras no es exacta, lo que imagino que se explica por los márgenes de error de las estadísticas. Poco importa, el hecho es que más de setenta y seis mil personas ya no cuentan por que han abandonado el mercado de trabajo. Se han ido. No sé si son inmigrantes que han regresado a sus países de origen, españoles que han emigrado o ambas cosas. El hecho es que se han ido. Y el dato es de un solo trimestre, la pérdida de población activa acumulada desde principios de 2011 (por lo tanto ya con el Gobierno anterior) pasa de trescientos cuarenta mil.

Naturalmente la tasa de paro, en porcentaje, desciende. Es una aritmética sencilla, los que se marchan son los parados, no los que tienen trabajo. Si tenemos una población de 100 personas de las que 20 están en paro, la tasa es del 20%. Si 10 parados se van, tenemos 10 parados sobre una población de 90, lo que supone el 11%.

De todos modos todo esto está referido a un único trimestre. Tendríamos que ver si se trata de algo más o menos coyuntural (la dichosa estacionalidad) o de verdad se inicia una tendencia. Y en ese cáso qué tendencia. Si es a que aumente el número de ocupados esta claro que sería positivo, aunque habría que ver en qué condiciones encuentran trabajo esas personas. Lo malo sería que la tendencia que se inicia, si es que se inicia, no sea esa. Lo malo sería que nos estemos convirtiendo otra vez en un país de emigrantes. En un país de ciudadanos sin futuro.

Creo que al final sí que le habré aguado la fiesta a alguien pero ¿qué queréis? Pese al optimismo recalcitrante del Gobierno, a mí me parece que hay motivos al menos para tomarnos los datos con un sano escepticismo. No es que quiera verlo todo negro, pero por más que quiera tampoco consigo verlo todo color de rosa. Igual es mi carácter.

sábado, 6 de julio de 2013

Más cosas que no cambian

Bernal Díaz del Castillo
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

CAPITULO CV

Cómo se repertió el oro que hobimos, así de lo que dio el gran Montezuma como lo que se recogió de los pueblos, y de lo que sobre ello acaeció a un soldado

Lo primero se sacó el real quinto y luego Cortés dijo que le sacasen a él otro quinto como a Su Majestad, pues se lo prometimos en el Arenall cuando le alzamos por capitán general y justicia mayor, como ya he dicho en el capítulo que dello habla. Luego, tras esto, dijo que había hecho cierta costa en la isla de Cuba, que gastó en el armada, que lo sacasen del montón. Y demás desto, que se apartase del mismo montón la costa que había hecho Diego Velázquez en los navíos que dimos al través, pues todos fuimos en ello. Y tras esto, para los procuradores que fueron a Castilla. Y demás desto, para los que quedaban en la Villa Rica, que eran setenta vecinos, y para el caballo que se le murió y para la yegua de Juan Sedeño que le mataron los de Tascala de una cuchillada. Pues para el fraile de la Merced y el clérigo Juan Díaz y los capitanes y los que traían caballos, dobladas partes, e escopeteros y ballesteros por el consiguiente, e otras sacaliñas. De manera que quedaba muy poco de parte. Y por ser tan poco, muchos soldados hobo que no lo quisieron rescibir; y con todo se quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no podíamos hacer otra cosa sino callar, porque demandar justicia sobre ello era por demás. E otros soldados hobo que tomaron sus partes a cien pesos, y daban voces por lo demás. Y cortés, secretamente, daba a unos y a otros, por vía que les hacía merced, por contentallos, y con buenas palabras que les decía, sufrían.

[...]

Y diré lo que a un soldado que se decía Hulano de Cárdenas le acaesció. Parece ser que aquel soldado era piloto y hombre de la mar, natural de Triana o del Condado, e el pobre tenía en su tierra mujer e hijo, y como a muchos nos acontesce, debría de estar pobre y vino a buscar la vida para volverse a su mujer e hijos. E como había visto tanta riqueza en oro, en planchas y en granos de las minas y tejuelos y barras fundidos, y al repartir dello vio que no le daban sino cien pesos, cayó malo de pensamiento y tristeza; y un su amigo, como le veía cada día tan pensativo y malo, íbale a ver y decíale que de qué estaba de aquella manera y sospiraba tanto de rato en rato. Y respondió el piloto Cárdenas, que es el que estaba malo: "¡Oh, cuerpo de tal comigo! ¡Y no he de estar malo, viendo que Cortés ansí se lo lleva todo el oro, y como rey lleva quinto y ha sacado para el caballo que se le murió y para los navíos de Diego Velázquez y para otras muchas trancanillas! ¡Y que muera mi mujer e hijos de hambre, pudiéndolo socorrer cuando fueron los procuradores con nuestras cartas y le enviamos todo el oro y plata que habíamos habido en aquel tiempo!" Y respondióle aquél su amigo "Pues ¿qué oro teníades vos para les enviar?" Y el Cárdenas dijo: "Si Cortés me diera mi parte de lo que me cabía, con ello se sotuvieran mi mujer e hijos, y aun les sobraran; mas mirá qué embustes tuvo: hacernos firmar que sirviéssemos a Su Majestad con nuestras partes y sacar del oro para su padre, Martín Cortés, sobre seis mil pesos, e lo que escondió. Y yo y otros pobres, que estemos de noche y de día batallando, como habéis visto en las guerras pasadas de Tabasco y Tascala y lo de Cingapacinga e Cholula, y agora estar en tan grandes peligros como estamos, y cada día la muerte al ojo, si se levantasen en esta cibdad. E ¡que se alce con todo el oro y lleve quinto como rey!"

[...]

Y ansí cesaron sus pláticas, las cuales alcanzó a saber Cortés. Y como le decían que había muchos soldados descontentos por las partes del oro y de lo que habían hurtado del montón, acordó de hacer a todos un parlamento con palabras muy melifluas. Y dijo que todo lo que tenía era para nosotros, y que él no quería quinto, sino la parte que le cabe de capitán general, y cualquiera que hobiese menester algo, que se lo daría. Y aquel oro que habíamos habido era un poco de aire: que mirásemos las grandes cibdades que hay y ricas minas, que todos seríamos señores dellas y muy prósperos y ricos. Y dijo otras razones muy bien dichas, que las sabía bien proponer. Y mandó que los bastimentos que traían los mayordomos de Montezuma que lo repartiesen entre todos los soldados como a su persona. Y demás desto, llamó aparte al Cárdenas y con palabras le halagó, y le prometió que en los primeros navíos le enviaría a Castilla a su mujer e hijos, y le dió trescientos pesos, y ansí se quedó contento con ellos.

CAPITULO CVI

Cómo hobieron palabras Juan Velázquez de León y el tesorero Gonzalo Mexía sobre el oro que faltaba en los montones antes que se fundiese, y lo que Cortés hizo sobre ello.

[...] Y Juan Velázquez de León en aquel tiempo hacía labrar a los indios de Escapuzalco, que eran todos plateros del gran Montezuma, grandes cadenas de oro y otras piezas de vajillas para su servicio. Y como Gonzalo Mexía, que era tesorero, le dijo secretamente que se las diese, pues no estaban quintadas y era conocidamente ser de las que había dado el Montezuma, y el Juan Velázquez de León, que era muy privado de Cortés, dijo que no le quería dar ninguna cosa y que no lo había tomado de lo que estaba allegado ni de otra parte ninguna, salvo que Cortés se las había dado antes que se hiciesen barras. Y el Gonzalo Mexía respondió que bastaba lo que Cortés había escondido y tomado a los compañeros. Y todavía, como tesorero, demandaba mucho oro, que no se había pagado el real quinto, y de palabras en palabras, vinieron a se desmandar y echaron mano a las espadas. Y si de presto no los metiéramos en paz, entrambos a dos acabaran allí sus vidas, porque eran personas de mucho ser y valientes por las armas, y salieron heridos cada uno con dos heridas. Y como Cortés lo supo, los mandó echar presos cada uno en una cadena gorda. Y parece ser, según muchos soldados dijeron, que secretamente habló Cortés al Juan Velázquez de León, como era mucho su amigo, que se estuviese preso dos días en la misma cadena y que sacarían de la prisión al Gonzalo Mexía, como a tesorero. Y esto lo hacia Cortés porque viésemos todos los capitanes y soldados que hacía justicia, que el Juan Velázquez, uña y carne del mismo capitán, le tenía preso.

sábado, 29 de junio de 2013

No son las matemáticas, estúpido

Es la economía, estúpido. James Carville
Las proposiciones matemáticas, en cuanto tienen que ver con la realidad no son ciertas; y en cuanto que son ciertas, no tienen nada que ver con la realidad. Albert Einstein.
En los inicios de este blog escribí dos o tres veces sobre la importancia de tener cierta cultura científica, y en particular cierta cultura matemática para entender el mundo en el que vivimos. Vuelvo sobre el tema a raíz de cierto curioso argumento que he escuchado varias veces como defensa de los recortes.

No sé si lo habré mencionado alguna vez, pero me gusta ver los debates de la televisión. Normalmente veo los del Canal 24h o los de VTelevisión, también a veces los de La Sexta, y más raramente los de 13TV e Intereconomia. Creo, aunque no me atrevería a jurarlo, que fue en Al rojo vivo y en El gato al agua donde oí a un tertuliano afirmar que los recortes son inevitables y pretender justificarlo con las palabras textuales "son matemáticas". Con toda seguridad se lo oí decir a Alfonso Rojo, aunque no solamente a él.

Me temo que con esta afirmación estas personas solo consiguen demostrar una cosa: su escasa comprensión de las matemáticas. Expresar algo, lo que sea, en términos matemáticos no basta para convertirlo en una ley inexorable. Incluso cuando hablamos de leyes físicas encontramos la manera de utilizarlas en nuestro beneficio. Pero vamos por partes.

Hace casi exactamente dos años ponía un ejemplo tomado del matemático John Allen Paulos referido a recetas de cocina. Ya sabéis, esas en las que se utilizan medidas tan exactas como un tomate pequeño, medio vaso de vino o una cucharada de aceite y al final se dice que la ración contiene 761 calorías. Es obviamente ridículo partir de datos inexactos y estimativos y pretender que el resultado sea exacto. Pues bien, resulta que unos señores muy serios han llegado a la conclusión matemáticamente inexorable de que hay que recortar las pensiones porque estiman que en 2050 habrá no sé cuantos cotizantes, viviremos no sé cuantos años, etc. No digo que sus estimaciones no sean fundadas, pero no dejan de ser eso, estimaciones tan exactas como el número de calorías que hay en un tomate pequeño.

Pero no es ese, a pesar de todo, su principal error. Eso es pecata minuta. Su gran error radica en no entender que las matemáticas no nos dicen ni pueden decirnos lo que debemos hacer. Las decisiones las toman las personas, no las ecuaciones. Las matemáticas no son más que una herramienta que nos ayuda a decidir lo que hemos de hacer después de que hayamos determinado lo que queremos conseguir. Si se me permite un símil tonto, es como un mecánico que aprieta más y más una tuerca y dice que no se puede aflojar por culpa de la llave. No es la llave, idiota, es que tienes que girar hacia el otro lado. 

Vamos a verlo con un ejemplo sencillo pero característico del uso de las matemáticas en la toma de decisiones. Lo extraigo de unos viejos apuntes universitarios.

Un fabricante se enfrenta a tres escenarios posibles para el próximo año: estima que hay un 10% de probabilidad de que la demanda de su producto disminuya, un 30% de que se mantenga, y un 60% de que disminuya. Debe decidir si le conviene mantener el mismo nivel de producción, aumentarlo un 5% o aumentarlo un 5%. Sus conocimientos y su experiencia le permiten estima cuál será el resultado en función de la decisión que tome y el escenario que se produzca. Se resume en el cuadro siguiente.

Las cifras de la columna de la derecha son la "esperanza matemática" para cada posible decisión. Se obtienen multiplicando cada resultado por su probabilidad y sumando los productos de cada fila. Vemos que la mayor expectativa está en la tercera decisión, pero también es la más arriesgada ya que en dos de los tres escenarios se producirían pérdidas, severas en el peor de los casos. Por el contrario, la primera decisión es segura, con beneficio en los tres escenarios, pero con expectativas bajas.

Lo primero que habría que observar es que se trata de un modelo probabilístico, las esperanzas matemáticas adquieren su sentido cuando se aplican a series de decisiones homogéneas, y no a una única decisión aislada.

Lo siguiente sería considerar si la empresa puede asumir la pérdida que se produciría en el peor de los casos posibles. Por muy alta que sea la expectativa de la tercera decisión y por baja que sea la probabilidad del primer escenario, quizá no estemos dispuestos a correr el riesgo de acabar en quiebra.

Por otra parte, aunque la primera decisión es segura y no producirá pérdidas en ningún escenario, los beneficios son pequeños y tal vez nos interese correr un riesgo moderado para obtener mayores beneficios.

Entonces, ¿qué decisión nos dicen las matemáticas que debemos tomar? No nos lo dicen. Solo nos proporcionan información para que nosotros tomemos la decisión considerando qué riesgos podemos asumir y qué queremos conseguir: beneficio a toda costa, estabilidad y continuidad en el negocio, o un equilibrio intermedio.

Yo me voy a permitir el riesgo de hacerme pesado con un último ejemplo. Tal vez recordéis un ejercicio que nos planteaban en el colegio. Dada una determinada superficie de cartón, debíamos hallar las dimensiones de la caja que hiciese el volumen máximo, o bien al contrario, dado un determinado volumen obtener las dimensiones de la caja que minimizasen la superficie de cartón necesaria.

Pues bien, volviendo al problema de los recortes y aunque el ejemplo pueda parecer absurdo, nos lo podemos plantear de dos maneras, como la caja de cartón. Podemos partir del  "volumen" de Estado social que queremos y minimizar los gastos que lo hagan posible (y maximizar los ingresos, cosa que nunca se menciona), o bien podemos partir de un determinado volumen de gasto y maximizar el Estado social que permitan. En la realidad sospecho que el enfoque que se le está dando es aún más sencillo: minimizar el Estado social a toda costa. Pero esa es otra historia.

En todo caso, no son las matemáticas.

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viernes, 28 de junio de 2013

Le seguimos llamando democracia

Hace unos cuantos días, durante un pleno del Parlamento de Galicia, el diputado popular Hipólito Fariñas justificó la ausencia de los miembros del Gobierno en los debates aduciendo que están trabajando, y no escoitando parvadas (escuchando tonterías) y perdiendo el tiempo. No pasa de ser una anécdota, desde luego, pero me viene al pelo para hablar un poco del extraño concepto que algunas personas tienen de la democracia.

Convendréis conmigo en que la división de poderes es un principio básico de cualquier estado democrático, como se supone que es España. Dejando por ahora aparte al poder judicial y ciñéndonos al ejecutivo y al legislativo, la separación se plasma teóricamente en nuestra Constitución, en los artículos 66 y 97, que dicen así:

Artículo 66

1. Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado.

2. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.

Artículo 97

El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las leyes.

Conviene observar en primer lugar que son las Cortes las que ostentan en exclusiva la representación del pueblo, representación que no se atribuye al Gobierno. De ahí que se atribuya a las Cortes la función de controlar la acción del Gobierno y, recíprocamente, la obligación de éste de responder ante los legítimos representantes del pueblo soberano:

Artículo 108

El Gobierno responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de los Diputados.

Esta relación, dicho sea de paso y por volver al comentario del señor Fariñas, se establece también en el Estatuto de Galicia en sus artículos 10 y 17.

Existe por tanto, al menos teóricamente, una separación entre los poderes ejecutivo y legislativo, lo que no implica que ambos estén en el mismo nivel. Son las Cortes, como únicas representantes del Soberano, las que eligen al Presidente del Gobierno (art. 99), controlan su acción (art. 66) y pueden exigir su dimisión (art. 113).

Hasta aquí todo parece maravilloso. Por desgracia la realidad es otra porque la misma Constitución contempla algunos matices que esa relación entre ambos poderes se haya quedado en pura teoría. En la práctica se ha llegado a una auténtica usurpación por el ejecutivo de del poder y la representación que deberían ostentar las Cortes, y que se hace especialmente patente cuando, como ahora, un partido político tiene una mayoría absoluta de diputados en el Congreso. ¿Cómo ha sido posible?

Por una parte, aunque la potestad legislativa se atribuye a las Cortes, la iniciativa legislativa no se le atribuye de modo exclusivo. La tramitación de una ley puede iniciarse con una proposición de ley de las propias Cortes, pero también con un proyecto de ley aprobado en Consejo de Ministros.

Por otra parte, existe la figura del Decreto-ley, que el Gobierno puede dictar en caso de extraordinaria y urgente necesidad, y que tiene el mismo rango normativo que la ley emanada de las Cortes. Cierto que estas normas deben ser convalidadas o derogadas por el Congreso en el plazo de treinta días, pero no menos cierto que no es posible definir a priori qué es una necesidad extraordinaria y urgente.

Esto ha llevado a que sea el Gobierno el que ejerce de facto el poder legislativo. Incluso cuando ningún partido tiene mayoría absoluta el Gobierno suele limitarse a negociar (por no decir trapichear) con los llamados partidos-llave el apoyo imprescindible. Si hay mayoría absoluta ni os cuento. La falta de democracia interna de los partidos, las listas cerradas y la disciplina de voto convierten el debate parlamentario en puro teatro. Los diputados van a la Cámara, si es que van, a pronunciar su discurso para la galería, pero todos sabemos que el proyecto de ley o el Decreto-ley serán convalidados.

En estas condiciones, decir que las Cortes Generales representan al pueblo español se queda en una frase grandilocuente que no significa nada. El problema no es que no nos representen, que no, que no, que no. El problema es que sí nos representan (más o menos) pero no pintan nada, lo que equivale a decir que el pueblo no pinta nada.

Llegados a este punto quizá diréis que exagero porque al Gobienro también lo elegimos democráticamente, pero no es así. Al menos no del todo, ya que no tenemos elecciones presidenciales. Votamos a una lista de candidatos a diputados y senadores. En el caso del Congreso ni siquiera votamos a candidatos concretos, sino a listas elaboradas por las cúpulas dirigentes de los partidos. Por añadidura, las circunscripciones electorales distorsionan el resultado, haciendo que los partidos mayoritarios sean sistemáticamente favorecidos y los resultados en votos no se correspondan con los resultados en escaños.

Es precisamente ese Congreso que tan imperfectamente nos representa, y no nosotros, el que elige al Presidente del Gobierno. Y es este Presidente elegido indirectamente por representantes cuestionables el que nombra a su vez y a su libre albedrío a los ministros. Que acaban ejerciendo colegiadamente no solo la función ejecutiva que legítimamente les corresponde, sino también la función legislativa para la que no han sido elegidos.

Lo peor de todo es que lo hemos aceptado y asumido como algo normal. Cuando hay elecciones, aunque sabemos que no son presidenciales hablamos de candidatos a la presidencia y votamos a Rubalcaba, a Rajoy o a Díez ; el resto de candidatos sabemos que no cuentan y nos da igual. Los días que se reúne el Consejo de Ministros esperamos con toda normalidad que anuncien cuáles serán las nuevas leyes sabiendo que el debate parlamentario será un mero trámite, y lo aceptamos. Hasta aceptamos que un acuerdo entre dos hombres que iban en unas listas que nosotros no decidimos baste para reformar la propia Constitución.

En fin, no sé qué más puedo decir que no sepáis ya. Basta con leer el periódico cualquier día y ver como catorce hombres, a trece de los cuales no hemos elegido ni directa ni indirectamente, hacen y deshacen a su antojo ignorando olímpicamente la voluntad de los ciudadanos, ya sea que se exprese directamente o a través de sus representantes.

Y a pesar de todo lo seguimos llamando democracia. Dime tú, amigo lector, hasta qué punto crees que realmente lo es.

martes, 25 de junio de 2013

Becas, tasas y excelencia

Creo que es una buena costumbre, que procuro seguir en este blog, aclarar cuándo escribo sobre datos de primera mano y cuándo no. Aclaro por tanto que no he leído el anteproyecto de ley de reforma del sistema educativo, sino que escribo de lo que sobre ella se publica y comenta en los medios de comunicación. En consecuencia me limito a los aspectos que han suscitado más titulares: las becas y las tasas.

Las tasas, como es sabido, se han incrementado con el objetivo, para mí erróneo y falaz, de aproximarlas al coste real de los estudios. El incremento hace hincapié en la segunda y sucesivas matrículas con el argumento de que así se penaliza a los malos estudiantes y se fomenta la excelencia. Directa o indirectamente ya he escrito antes sobre ambas cuestiones, pero me repetiré.

Las tasas universitarias no tienen por qué aproximarse al coste real, es éste un argumento mercantilista que no responde en absoluto a lo que es y debe ser un servicio público en el que, por definición, lo primordial es la prestación del servicio y los aspectos económicos vienen después. Ojo, no estoy diciendo que no haya que mirar los aspectos económicos, sino que hay que tener claras las prioridades. Es obvio que no podemos tener un servicio público mejor que el que podamos permitirnos, pero esa no es la cuestión aquí porque sí podemos mantener una enseñanza pública de calidad  sin incrementar las tasas. El problema de los servicios públicos españoles no es el exceso de gasto, sino la insuficiencia de ingresos debida al sistema fiscal. Permitidme que esta afirmación no la argumente aquí, os remito, si queréis conocer mi opinión, a las entradas que he publicado sobre esa cuestión.

En cuanto a penalizar a los malos estudiantes y fomentar la excelencia, es un argumento engañoso. Dicho así seguro que nadie tendrá nada que objetar, todos de acuerdo. El problema es que el incremento de tasas no va a lograr eso ni por asomo, porque ni se penaliza a los malos estudiantes ni se premia a los buenos. Lo que se hace es excluir a los estudiantes que no puedan pagar la segunda matrícula, mientras  los más pudientes se pueden permitir la segunda, la tercera y las que hagan falta. La excelencia, si ese fuera realmente el objetivo, se lograría mucho mejor con un sistema educativo de calidad y un adecuado nivel de exigencia para todos los alumnos, sea cual sea su capacidad económica.

En cuanto a las becas, también es sabido que el señor Wert pretende incrementar la exigencia para su concesión de una calificación de 5,5 a 6,5. El argumento es el mismo, el supuesto fomento de la excelencia, y la respuesta por tanto también: la excelencia se logra con un sistema educativo de calidad y un adecuado nivel de exigencia para todos los alumnos. Pero aquí hay algo más que decir, bastante más.

Me gustaría, antes de entrar en lo que yo entiendo que es la esencia del problema, salir al paso de un par de falacias. En primer lugar están los columnistas, tertulianos y opinantes varios afines al Gobierno que ante cualquier objeción a la reforma preguntan, con estas palabras u otras similares  ¿A igual capacidad económica a quién prefieres que se le dé la beca, al que se esfuerza o al vago? En las tertulias televisivas suelen preguntarlo insistentemente y a gritos, intentando forzar al rival a dar la respuesta que ellos quieren. Pero señores míos, esa no es ni ha sido nunca la disyuntiva, nadie propone que se le concedan becas a los vagos. Estamos hablando de conceder becas a los alumnos que aprueban, por tanto que demuestran su capacidad e interés, pero no pueden costearse los estudios. Vamos a dejarnos de preguntas estúpidas propias de discusión de parvulario y debatamos el tema con seriedad.

La otra cuestión a la que quiero salir al paso es el reciente comentario del señor Wert de que un estudiante que no obtiene un 6,5 tal vez esté mal encaminado y debería estar estudiando otra cosa. No ha aclarado, que yo sepa, si con "otra cosa" se refiere a otra carrera universitaria, a una formación profesional o a qué. En todo caso no importa, es otra afirmación estúpida. Primero porque, si el aprobado es un 5 es porque se entiende que quien obtiene esa calificación ha obtenido los conocimientos y habilidades necesarias para que se le otorgue el título y ejercer la profesión. ¿Por qué iba a estar mal encaminado el que no obtiene un 6,5?  Estará mal encaminado el que suspende, digo yo. ¿Que tal vez podría conseguir mejores resultados en otros estudios? Pues sí, igual que el que saca un 7 o matrícula de honor. O no.

Pero es que, además, cuando el señor Wert habla del alumno que no saca un 6,5 en realidad está hablando del alumno pobre que no saca un 6,5. Para el estudiante con recursos económicos no se plantea si está bien o mal encaminado: puede pagarlo y punto. Una vez más, no se fomenta la excelencia, sino la desigualdad. Lo que propone  el señor Wert es que el alumno pobre tenga que rendir un 30% más que el rico para no quedar excluido.

Un apunte más, relacionando ya tasas y becas. Ha dicho también el señor Wert para justificarse que al estudiante becado se le paga por estudiar. Y yo añado que al no becado también. Las tasas solo cubren en realidad entre el 15 y el 20% del coste de los estudios. El alumno becado que no obtenga un 6,5 se verá muy probablemente abocado a dejar de estudiar, mientras que al que obtenga un 5 pero pueda pagar la matrícula seguiremos costeándole entre el 80 y el 85% de sus estudios. Justo, lo que se dice justo, no parece.

Y termino ya, ahora sí, con lo que yo creo que es el verdadero meollo del asunto. Y es que el señor Wert y el Gobierno del que forma parte no han entendido o no quieren entender la finalidad de una enseñanza pública y un sistema de becas. Las becas no están para fomentar excelencias ni para premiar o penalizar a nadie. Repito, una vez más, que eso se consigue con un sistema educativo de calidad y unos adecuados niveles de exigencia para todos los alumnos, becados o no. La enseñanza pública y las becas existen para garantizar que toda persona con la capacidad adecuada pueda estudiar si lo desea, con independencia de su nivel económico o el de su familia, así como para garantizar la igualdad de oportunidades.

Incrementar el coste de segunda matrícula podrá ser discutible, pero no se pretenda argumentarlo en que así se penaliza al mal estudiante, porque no es cierto. Lo que se hace es privilegiar al estudiante malo pero con dinero. Y exigir niveles de rendimiento diferentes a los estudiantes en función de su capacidad económica no me parece algo discutible en absoluto: es injusto sin más. Y es también, en mi humilde opinión, manifiestamente contrario sino a la letra al menos al espíritu de nuestra Constitución, que dice con rotunda claridad que todos tienen el derecho a la educación y que los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.

Todos es todos.

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Sobre el sistema educativo

martes, 18 de junio de 2013

A lingua das peaxes

Esta mañá lin no diario "La Voz de Galicia" que o Ministerio de Fomento vai obrigar a que os sinais das peaxes nas autopistas galegas estean rotulados en castelán, galego e inglés. Non é que sexa unha noticia de primeira magnitude, máis ben é das que esquecemos ó día seguinte, pero ó meu ver a cousa ten a súa miga. Xa ven dun tempo atrás, seica antes os sinais estaban só en galego e inglés, o pode que fora só en castelán e inglés, e houbo protestas, denuncias, intervencións do valedor do pobo... Unha polémica do carallo, que na miña opinión demostra que nos volvemos tolos.

Supoñamos que estiveran rotulados tan só en castelán. ¿Sería tan grave? A fin de contas, a meirande parte dos galegos somos bilingües e tanto nos ten en qué lingua estean. O máis probable e que nin sequera nos decatáramos. Eu, dende logo, non me decatara hata que o lín no xornal de hoxe. Pero claro, haberá quen diga que o galego é lingua cooficial en Galicia e os sinais deben estar nesa lingua. Tamén, claro, por mor daquilo do fomento e protección da lingua galega, a conservación da cultura e todo iso.

Moi ben, non son malas razóns. Supoñamos entón que estiveran tan só en galego. ¿Sería tan grave? A verdade, dubido moito que un señor ou señora de Albacete se comera a barreira por non entender que "peaxe" é o mesmo que "peaje". Moi bruto hai que ser para non entendelo. Pero claro, entón haberá quen diga que o castelán é a lingua oficial do Estado, e que os sinais deben estar nesa lingua e non só en galego. De feito, parece que hai unha normativa que obriga a que estean en castelán e inglés.

E isto é o máis rechamante. ¿Por qué en inglés? Que eu saiba, e mentres non recuperemos Xibraltar, non é lingua oficial en ningunha parte de España. Dirá algún que é para que o entendan os estranxeiros, pero eu digo ¿e qué pasa cos estranxeiros que non entendan inglés? Se somos lóxicos debería estar tamén, cando menos, en árabe, seica en francés, en alemán por aquilo de que a fin de contas van ser os donos de aquí a tres días, e dado o crece a comunidade chinesa, en chinés. O mellor, co que tardaríamos en atopa-la nosa lingua sí que nos comíamos a barreira, pero ese é un mal menor por ser políticamente correctos.

Hai outra solución alternativa. Parece que ningúen pensóu nos analfabetos, que non o ían entender esta na lingua que estea. Propoño cambiar os rótulos por un debuxo ilustrativo, a ser posible de Miquel Barceló. Costaríanos un pastón, pero así estariamos definitivamente seguros de que non o entendía nin Deus.


sábado, 8 de junio de 2013

El paro desestacionalizado

Nos decía el señor Rajoy, antes de que se publicaran los datos del paro del mes de mayo, que iban a ser esperanzadores. Bien, ahora ya están publicados y resulta que el paro registrado ha disminuido con respecto a abril en 98.265 personas. Un dato positivo según el Gobierno, que indica el inicio de la recuperación. Naturalmente de inmediato le han recordado lo que la actual Vicepresidenta decía hace dos años al Gobierno anterior: decir que el paro baja en mayo es como decir que los días son más largos.

¿Quién tiene razón? Yo no voy a contestar a esa pregunta, tan solo quiero aportar algunos elementos para la reflexión y que cada cual extraiga su propia conclusión. Como en ocasiones anteriores, los datos que utilizo en esta entrada son de paro registrado, no de la EPA, y están extraidos de las estadísiticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. En la primera tabla podemos ver las cifras de paro registrado desde enero de 2007 hasta mayo de este año.


Paro registrado

 Todos los cálculos que siguen están elaborados sobre esta tabla. Observad que utilizo datos de paro "bruto", no de tasa de paro. No tengo por tanto en cuenta las variaciones de la población activa, lo que sería más correcto pero haría todo un poco más engorroso. Tampoco considero datos anteriores a 2007, porque creo que lo que realmente interesa es la evolución desde el inicio de la crisis y porque así me evito trabajar con tendencias cíclicas.

Todos sabemos que el paro tiene un componente estacional, aumenta en determinados meses y disminuye en otros. Por ejemplo, es normal que el paro baje en verano debido a las contrataciones temporales en el sector de la hostelería. De ahí el comentario de doña Soraya y de ahí el actual escepticismo de la oposicón. Los papeles, por cierto, son intercambiables. El Gobierno siempre ve muy positivo el descenso del paro en tal o cual mes, y la oposición siempe lo atribuye a la estacionalidad, con independencia de quiénes estén en el Gobierno y quiénes en la oposición.

Por tanto de lo que se trata es de saber si el descenso del paro en mayo es mayor o menor de lo que cabe atribuir a la tendencia estacional. Una primera aproximación un tanto tosca es no comparar el dato con el del mes anterior, lo que en realidad tiene poco sentido, sino con el del mismo mes del año anterior. Y resulta que en estos doce meses el desempleo ha aumentado en 176.806 personas. Esto parece contradecir al Gobierno, pero en rigor es un dato acumulado de doce meses que nada nos dice sobre la estacionalidad.

Lo que debemos hacer es "desestacionalizar" la serie. Es decir convertir la serie de datos original en otra de la que hayamos extraído el componente estacional. Para eso existen varios métodos matemáticos, yo lo haré a mi manera y sin la menor pretensión de rigor científico.

Lo primero es hallar la tendencia de fondo de la serie, normalmente llamada tendencia secular. Eso puede hacerse, por ejemplo, mediante el sencillo sistema de medias móviles. Yo he preferido utilizar la regresión lineal, que para los poco duchos en matemáticas, consiste en obtener la línea recta que mejor se ajuste a la serie de datos. La calidad de ese ajuste puede medirse por el coeficiente de correlación, un número que oscila entre cero, cuando no hay ninguna correlación, y uno cuando es perfecta. En este caso es de 0,964 y por tanto bastante buena. La siguiente tabla recoge los valores que nos da la tendencia de fondo.

Datos de tendencia
Para verlo más claro, pongamos ambas tablas en forma de gráfico. La línea azul de la siguente gráfica son los datos reales de paro registrado, en la que pueden apreciarse las subidas y bajadas constantes debidas al componente estacional. La línea roja es la tendencia de fondo.

Paro y tendencia
Si ahora dividimos las cifras de la primera tabla entre los de la segunda, extraemos la tendencia secular, quedándonos solamente con las oscilaciones que se han ido produciendo sobre ella en forma de índices. Lo vemos en la siguiente tabla y el siguiente gráfico.



En el gráfico puede apreciarse como hasta finales de 2008 el paro creció por debajo de la tendencia, entre finales de 2008 y mayo de 2011, el peor período de destrucción de empleo, creció por encima de ella, y desde entonces hasta ahora se ha estabilizado por debajo de la tendencia. Esto último es de notar, la estabilización se inició con el Gobierno anterior y no parece haberse alterado significativamente hasta hoy. En la tabla veréis que en la última columna he hallado la media para cada mes, considernado solo hasta 2012, último año completo. Estos ya son, por fin, los índices de estacionalidad. El siguiente paso sería normalizarlos. Yo no lo he hecho porque la diferencia era muy pequeña y no quería añadir otro paso a una exposición ya de por sí tediosa.

El último paso ya es destacionalizar la serie. Igual que antes extrajimos la tendencia para obtener las variaciones estacionales ahora hacemos lo contrario, eliminar las variaciones estacionales dividiendo los datos de la tabla original entre los índices de estacionalidad. De ese modo obtenemos la evolución del paro que no es atribuible a la estacionalidad. Lo vemos en el último gráfico.


La línea azul es la misma que en el primer gráfico: la evolución del paro registrado en términos absolutos. La línea roja es la evolución desestacionalizada. Como dije al principio, extraiga cada cual su propia conclusión.

Termino insistiendo en que todos estos cálculos son solo una aproximación al problema de un mero aficionado y no tienen la menor pretensión de rigor científico. Si hay algún lector con conocimientos matemáticos mas sólidos y profundos que los míos, le animo a corregirme en todo lo que sea necesario. Y a todos os animo, en esta o en otras cuestiones, a analizar los datos por vosotros mismos o, si no tenéis los conocimientos necesarios, a buscar opiniones más rigurosas (que triste es decirlo) que las de nuestros políticos.

Nota

Después de publicar esta entrad me quedé pensando si los resultados habrían sido muy diferentes de haber utlizado otro procedimiento o haberme remontado más atrás. Sentía curiosidad, así que realicé de nuevo los cálculos con tres diferencias: a) utilicé datos desde 2005 en lugar de 2007, b) utilicé las medias móviles en lugar de la regresión, y c) esta vez normalicé los índces. Suponía que la diferencia sería apreciable y pensaba utilizarlo para comentar que las "ciencias exactas" no lo son tanto. Para mi sorpresa, los gráficos finales son tan parecidos que apenas se distinguen.




Por qué un comité de expertos

Como ya sabréis, el comité de "expertos" nombrado para estudiar la reforma del sistema de pensiones acaba de presentar su informe. Según las primeras noticias publicadas (porque obviamente no he leído el informe en sí) recomiendan desvinculara la actualización de las pensiones del IPC, introducir un factor de sostenibilidad que permitiría bajarlas en tiempo de crisis, tener en cuenta la esperanza de vida, computar las cotizaciones de toda la vida laboral... Es más o menos lo que suponía que iban a recomendar, y no porque yo sea adivino, sino porque estaba "cantado".

Entrecomillo la palabra expertos porque lo primero que deberíamos preguntarnos es qué es exactamete lo que les convierte en tales, y por qué se les ha elegido a ellos y no a otros. No es que dude de su valía, pero resulta extraño que de estas doce personas ocho procedan del ámbito de la banca y las aseguradoras privadas. Por el contrario, tan solo uno es catedrático de Derecho del trabajo y la Seguridad Social.

Y es que en mi opinión el dichoso comité de "expertos" nunca ha tenido otra finalidad que dar una apariencia técnica o científica a lo que ya estaba decidido de antemano. De hacer ver que no es una decisión política sino algo inevitable. O por decirlo de otro modo, que la conclusión precedió al estudio. Pero no es en absoluto una cuestión puramente técnica, es política y debe serlo.

Me explico. Me parece obvio que cuando hablamos de pensiones lo primero que tenemos que decidir es si queremos un sistema público o privado, de reparto o de capitalización. Básicamente, si queremos un sistema individualista o solidario, lo que equivale a decidir en qué tipo de sociedad queremos vivir. Eso es una cuestión de principios y por lo tanto política, y no puede quedar de ningún modo en manos de una docena de personas, por muy expertas que sean. En esto no tienen nada que ver demografías, fiscalidades ni esperanzas de vida. Eso viene después, una vez decidido qué modelo queremos tener. Entonces y sólo entonces tendremos que considerar cómo lo implementamos y cómo lo financiamos.

Como apuntaba antes, lo que se está haciendo es exactamente lo contrario. Primero se han considerado las cuestiones relativas a la financiación para extraer la conclusión, que en realidad era premisa, de que hay que cambiar el modelo.

Para comprender hasta qué punto es así, solo hay que notar dos cuestiones muy llamativas. La primera es que, siendo la coartada la financiación y la supuesta inviabilidad económica del sistema, no se mencione la cuestión de los ingresos. Solo se habla del gasto. Ni una palabra para el escandaloso fraude fiscal, ni una palabra para el desigual tratamiento fiscal de las rentas de capital y trabajo. Hay otras alternativas que los "expertos" no mencionan: subir determinados impuestos o subir -¿por qué no?- las cotizaciones sociales.

La segunda cuestión es que un sistema de reparto no depende tan sólo ni de la demografía ni de la fiscalidad. Depende también de la productividad del trabajo, lo que tampoco se menciona aunque sería ciertamente interesante. Y depende también y sobre todo de la relación entre cotizantes y pensionistas, que no es solo cuestión de demografía. Es tener a más de la cuarta parte de la población activa desempleada lo que de verdad está destrozando la caja de la Seguridad Social.

Ni una sola palabra para estas cuestiones. ¿Por qué? Una de dos: o los "expertos" son unos supinos incompententes, o tenían perfectamente claro cuál debía ser la conclusión. No sé vosotros, pero yo empecé a leer y aprender sobre estas cuestiones hacia el año noventa y siete. Y ya entonces, hace dieciséis años, comprendí que había quienes tenían claro que no debíamos tener un sistema de pensiones público y solidario, sino uno individualista y privado.

Como decía, no tengo nada de adivino. Es que hace al menos dieciséis años que se veía venir. Lo malo es que la mayoría no lo quisimos ver, y los que lo veíamos no hicimos lo que teníamos que hacer. Salvo honrosas excepciones, por supuesto, entre las que no me encuentro yo.

domingo, 2 de junio de 2013

Economistas frente a la crisis

Acabo de ver en el blog Al Este de Epem dos videos de la presentación de la Asociación de Economistas frente a la crisis que resumen perfectamente buena parte de lo que llevo dos años escribiendo aquí, magníficamente expresado por personas con mucha más autoridad en la materia. Aquí os dejo uno de ellos:




Podéis ver más sobre esta asociación en su página http://economistasfrentealacrisis.wordpress.com/, seguir su cuenta de twitter @MadridEco, o su página en Facebook https://www.facebook.com/#!/EconomistasFrentealaCrisis?fref=ts. Creo que merece la pena.

martes, 14 de mayo de 2013

La mentira de la rigidez laboral

Hace ya más de un año que escribí en este blog sobre la supuesta rigidez del mercado laboral español, cuando estábamos en vísperas de la funesta reforma laboral perpetrada en marzo del año pasado. Vuelvo sobre el tema porque a pesar de su manifiesta ineficacia, otra vez se exigen a España, desde las instancias que todos sabemos ya, nuevas reformas que "flexibilicen" nuestro mercado laboral.

Un inciso antes de entrar en materia para hacer notar la significativa expresión mercado laboral. No se trata de flexibilizar las relaciones laborales o el ordenamiento jurídico laboral, sino el mercado laboral. El conocido principio de la OIT el trabajo no es una mercancía no significa nada, son solo palabras sin valor. Todo es mercado y todo es mercancía, incluidas las personas, su trabajo y sus medios de vida.

Al grano. La tesis es que la rigidez de las relaciones de trabajo en España es la causa de nuestra elevada tasa de desempleo. A ello se añade que que hay que acabar con la dualidad de la contratación indefinida y temporal, para lo que se propone un contrato único. Dejaré de lado la discusión sobre si está o no justificado que existan distintas modalidades de contrato y diré que, en principio, no tengo nada que objetar a que se acabe con esa dualidad. A lo que objeto es a que se haga acabando con los contratos estables y haciéndolos todos precarios.

En cuanto al tema que da título a esta entrada, la primera pregunta que deberíamos hacernos, como ya apuntaba el año pasado, es si de verdad las relaciones laborales en España son rígidas. No creo que debamos aceptar esa afirmación sin ninguna comprobación, especialmente teniendo en cuenta lo que nos va en ello. Veámoslo con datos. Todas las tablas que incluyo a continuación son datos oficiales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, que podéis comprobar en su web.

Contratos registrados
Esta primera tabla recoge los contratos registrados en España desde 2007. Considerando solo los años completos, entre ese año y 2012 se registró la friolera de 92.336.555 contratos. El dato, así en bruto, quizá no diga mucho. Veamos la siguiente tabla, que recoge los trabajadores activos en el mismo período. Por trabajadores activos se entiende la suma de ocupados y desmpleados.

Trabajadores activos
El promedio de activos en el mismo período es de 22.886.510 personas. Por lo tanto y redondeando sale a una media de cuatro contratos por trabajador en un período de seis años. A mí no me parece tanta rigidez, especialmente considerando que he hecho el cálculo sobre los activos. Eso quiere decir que le estoy computando una media de contratos a personas que en realidad no han tenido contrato alguno. Y pasamos al dato siguiente, el paro registrado.


Paro registrado

Debo puntualizar que esta estadística recoge el paro registrado. Si tomásemos los datos de la EPA, más fiable, las cifras serían bastante mayores. Si no lo hago así es por seguir la misma fuente y el mismo criterio en todas las tablas, de modo que sean perfectamente comparables. Con estos datos, y calculando un poco burdamente una media de trabajadores desempleados en ese período de algo más de tres millones y medio, los cuatro contratos por trabajador activo se convierten en 4,8 por trabador ocupado. Eso en un período de seis años.

Una última tabla para completar el cuadro, la comparación entre contratos indefinidos y trabajos temporales registrados en los mismos años.

Contratos infefinidos y temporales
Esta tabla no deja lugar a dudas. Siempre refiriéndonos al período 2007-2012, resulta que el noventa por ciento de los contratos registrados fueron temporales. ¡Qué rigidez! No llega ni al cien por cien.

Hasta ahora hemos hablado solo de contratos celebrados, pero no de los destruidos. Si el número de contratos registrados fue en esos años, como hemos visto, de 92.336.555, y el número de desmpleados registrados en el mismo período aumentó en 2.266.215, resulta que se han extinguido en seis años 95.107.770 contratos. O sea que a cada trabajador activo lo han puesto de patitas en la calle 4,16 veces en seis años. O 4,9 si en lugar de trabajadores activos consideramos a los ocupados. Y eso que, insisto, trabajamos con datos de paro registrado y no de la EPA.

Y con esto creo que estamos en condiciones de contestar a la pregunta. Yo diría que las relaciones de trabajo en España, lejos de ser rígidas, son considerablemente flexibles. De hecho, más que flexibles yo las tildaría de precarias. A pesar de ello, podría quedar la duda de si el marco jurídico es la causa de la elevada tasa de desempleo. Si volvemos a la tabla de paro registrado, vemos que entre enero de 2007 y diciembre de 2009, el número de desempleados se duplicó sin que se hubiera producido ningún cambio en la normativa. Por el contrario, las "flexibilizaciones" introducidas por el Gobierno socialista primero y por el popular después, no solo no han hecho que disminuya, sino que ha seguido aumentando. Lo que deja en evidencia la falsedad de esa supuesta relación de causa-efecto.

¿Entonces por qué se sigue insistiendo en la flexibilización? En mi humilde opinión, por ideología. No creo en absoluto que las reformas tengan la intención de combatir el paro. Su objetivo, o eso creo yo, no es ni ha sido nunca otro que la famosa "devaluación interna", un eufemismo que no significa otra cosa que un descenso generalizado de los salarios. La ecuación es simple: cuando el empleo es precario los trabajadores aceptan peores condiciones de trabajo. Y  mientras nadie me demuestre lo contrario, ésa si que afirmo que es una relación de causa-efecto.

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sábado, 11 de mayo de 2013

Opiniones de doña Soraya

Llevo casi un mes sin aparecer por aquí, lo que es bastante tiempo considerando la frecuencia con que solía escribir antes. La verdad es que no me apetecía. Si no escribo más no es por falta de temas ni por falta de tiempo, sino por falta de ganas. Y si hoy me pongo a ello es más que nada por no dejar que el blog muera de inanición. Dicho esto, vamos al tema.

Retomo un libro que ya he comentado varias veces en ocasiones anteriores: La España que necesitamos (Almuzara, 2011). Se trata, como recordaréis si habéis leido las entradas anteriores, de un conjunto de artículos escritos por personas relevantes en la vida pública española, y publicado poco antes de las elecciones generales.

Hoy, como sigo un poco perezoso, me voy a ahorrar los comentarios, y me limitaré a copiar textualmente algunos párrafos del artículo La política como motor de cambio, cuya autora es la actual vicepresidenta, ministra de la presidencia y portavoz del Gobierno, doña Soraya Saenz de Santamaría. La valoración os la dejo a vosotros.

Renuncian a las políticas de crecimiento y creación de empleo. Prueba de ello es que auguran que 2011 acabará con un desmpleo que ronda el 20%. Y consagran el recorte de las políticas sociales. En definitiva, un año más los presupuestos de Zapatero son parte, más del problema, que de la solución a la crisis.

Empezaré por el Parlamento, que debe recuperar la función que tiene constitucionalmente. Volver a ser la expresión de la soberanía nacional y que el pueblo lo perciba así. Esto significa [...] que las grandes políticas de Estado se fragüen en pactos parlamentarios con vocación de permanencia, transparencia y lealtad recíprocas.

Una de las primeras reformas tiene que ser definir una nuevo política fiscal. Responsable desde el punto de vista del gasto y del ingreso. (Nota: el subrayado es mío)

No puede haber confianza si el Gobierno yerra continuamente en la percepción de la profundidad de la crisis. Si año tras año sus previsiones son ilusorias. Si incumple sistemáticamente los objetivos. Si anuncia una medida y hace la contraria. Si alimenta expectativas que acaban engordando frustraciones.

Un Gobierno así no puede liderar el cambio y la recuperación. No puede hacerlo porque mina la confianza. Pero, sobre todo, porque [...] está contribuyendo  a que se produzca lo más grave que puede sucederle a un país: que se instale la desmoralización en una sociedad a la que la crisis empieza a pesar demasiado sobre sus hombros.

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La España que necesitamos
El futuro de la monarquía
Un artículo de Cristobal Montoro
De Gindos, Báñez y la confianza

lunes, 15 de abril de 2013

Nuevo refranero

Recorta bien sin mirar a quién

Dime con quién andas y te llamaré etarra

A la Virgen de Rocío rogando, y con la porra dando

Tanto va el cántaro a la fuente que nos quedamos toda el agua

El Gobierno aprieta y el trabajador se ahoga

El que la hace no la paga

No hay mal que bien no nos venga

Dentro de cien años, a mí qué me importan los calvos

No por mucho madrugar vas a tener trabajo

A quien madruga el Gobierno no le ayuda

En casa del herrero también damos el palo

Aunque la ministra sea una mona vestida de seda, ministra se queda

Perro ladrador,  nazi o conspirador

Más vale fraude conocido que inspección por conocer

Más vale obrero en mano que cien evasores volando

El que parte y no reparte, para mí la mejor parte







sábado, 16 de marzo de 2013

Perlas cultivadas en botella

No me preguntéis a qué viene ocuparme ahora de la señora alcaldesa de Madrid, doña Ana Botella. No viene a nada en particular, simplemente un video compartido en una red social me llevó a curiosear un poco en internet y me encontré algunas perlas salidas de la boca de la insigne dama. Y no me resisto a reproducir algunas.

En la presentación de su libro Erase una vez...los mejores cuentos infamtiles comentados doña Ana dijo: La cenicienta es un ejemplo para nuestra vida por los valores que representa. Recibe los malos tratos sin rechistar, busca consuelo en el recuerdo de su madre. Y no le falta razón, desde luego es un magnífico ejemplo de lo que jamás debería suceder. Al menos espero que fuese eso lo que quiso decir.

Lo que no puedo negarle a doña Ana es un gran talento para atribuir responsabilidades. Soberbio, por ejemplo, lo que dijo sobre el desastre del Prestige en la costa de Galicia: En la castástrofe del Prestige solo hay un culpable: el barco. Y es que ya se sabe que la tecnología avanza que es una barbaridad, y ahora los barcos se construyen, mantienen, reparan y tripulan ellos solos. Además, como se ha hundido, nos ahorramos el problema de encontrar una cárcel lo bastante grande para encerrar un petrolero.

Sus explicaciones sobre la polución en Madrid me encantan. Hay dos tipos de partículas, las producidas por los hombres, que son las peligrosas, y las naturales, que son las que han llegado de Africa. Es toda una lección, aunque no sé si de química o de geografía. Pero no es nada comparada con otra sobre la misma cuestión: El paro asfixia más. No se lo discutiré, pero me imagino a un traumatólogo diciéndole a su paciente con esguince: no te quejes, una fractura duele más.

Sin embargo, sus ideas sobre contaminación palidecen ante su enfoque de la limpieza urbana. Los mendigos son una dificultad añadida para la limpieza de las calles. Y es que los muy cabroncetes no se dejan barrer. Lo que no me queda claro es la solución de la señora Botella: acabar con la pobreza o recuperar la ley de vagos y maleantes. En cualquier caso las calles estarían más limpias.

Célebre su opinión sobre el matrimonio homosexual: Las manzanas no son peras. Si se suman una manzana y una pera nunca puede dar dos manzanas. Esta de verdad me hace gracia. "Deshagamos" la metáfora: los hombres no son mujeres. Si se suman un hombre y una mujer nunca puede dar dos hombres. Interprete cada cual lo que quiera. Yo desisto y me pregunto: si los matrimonios entre hombres y mujeres los oficia un cura, entre manzanas y peras ¿quién los oficia? ¿La licuadora?

En fin, amigos, aquí lo dejo. Después de todo que un político español diga una sandez y se quede más ancho que largo no es nada novedoso. Me recuerda aquel libro sobre las burradas de los estudiantes en los exámenes: Antología del disparate. El día que alguien recopile y publique la antología del disparate de los políticos correré a la librería a comprarlo. Diversión garantizada.

martes, 12 de marzo de 2013

Las insidias del ministro

Comenzaré diciendo, para que nadie se llame a engaño, que nunca me ha gustado el señor Montoro. Aclaro esto porque nadie me vaya a decir que no soy imparcial; en efecto, no lo soy ni lo pretendo y atajo la crítica admitiéndolo de antemano. El señor Montoro ya me era antipático antes de ser ministro, sobre todo por su ideología, pero también por sus actitudes. En realidad tendría que decir que no me gusta ni uno solo de los miembros del Gobierno. El único del que tenía buena opinión era don Alberto Ruiz-Gallardón, hasta que fue nombrado ministro, ahora tengo tan mala opinión de él como de los demás. O quizá peor porque esperaba otra cosa de él.

Pero me desvío, hablaba del señor Montoro, su ideología y sus actitudes. De su ideología y de la nefasta política fiscal del Gobierno no hablaré otra vez, al menos por ahora, pero si de las actitudes del ministro. Más concretamente, de esa manía que parece haberle entrado de hacer insinuaciones. Cualquier colectivo que se muestre crítico con la política del Gobierno es inmediatamente respondido por el señor ministro con una insinuación de que no pagan sus impuestos. Lo insinuó en el Congreso de los diputados de la oposición, de los actores tras la gala de los premios Goya, recientemente de los periodistas y entre medias otro colectivo que ahora no recuerdo.

Dejemos de lado que estas insinuaciones las haga el mismo hombre que decretó una aministía fiscal para los grandes defraudadores. La pregunta es ¿es esta actitud propia de un ministro de hacienda? ¿Es propio de un miembro del Gobierno que tanto habla de confianza sembrar la duda y la discordia sin aportar un solo dato? Permitid que me responda yo mismo: rotundamente no. Pero voy más lejos. Si el señor Montoro tiene indicios razonables de que hay fraude fiscal en estos colectivos lo que debe hacer es actuar en consecuencia, para eso es ministro del ramo. Si no lo hace está consintiendo el fraude fiscal, a mayores de la vergüenza de la amnistía.

Si no tiene tales indicios, sus insinuaciones son solo palabras que envuelven una mala intención. Que es exactamente la segunda acepción con que la Academia de la Lengua define esa palabra tan querida al señor Rajoy: insidias.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Que parezca un accidente

Una vez más los lideres europeos dan una lección de democracia. Me refiero, claro está, a los resultados de las elecciones italianas. Por todas partes la reacción es hablar de inestabilidad y hasta de ingobernabilidad, ¿os suena? Es la misma cantinela cada vez que ningún partido logra la mayoría absoluta. Lo cierto es que, si los líderes políticos tienen sentido común suficiente como para llegar a acuerdos entre ellos, la falta de mayoría absoluta no hace un país ni más ni menos gobernable. El problema son ellos, no lo que han votado los ciudadanos.

Pero los políticos siempre han tenido su propia manera de entender la democracia. En particular la señora Merkel, que "advertido" a Italia de que no tiene más opción que continuar con las políticas del señor Monti. Los italianos, en uso de su soberanía, han relegado al señor Monti y su partido a la insignificancia. Está claro que no quieren de ninguna manera continuar con esas políticas, pero también está claro que a nadie le importa lo que quieran los italianos. Democracia en estado puro.

Pero el premio al espíritu democrático debe ser, en mi opinión, para el señor Enrico Letta, vicesecretario del PD (el partido liderado por Bersani). Nada más conocerse los resultados, este buen señor ha dicho: "Si las cosas están así, se tiene que hacer rápidamente una nueva ley electoral y volver a votar". Entiendo que la reforma sería para garantizar que haya una mayoría absluta voten lo que voten los italianos. Visto de otro modo, lo que el señor Letta viene a decir es "como no nos gusta lo que habéis votado, haremos una reforma para obtener el resultado que queremos, pero de forma que parezca que lo habéis decidido vosotros".

A lo mejor la comparación es absurda, pero me ha recordado aquellas viejas películas de gangsters. Ya sabéis, cuando el señor Democracia empieza a ser molesto y el jefe le encarga a alguien que se ocupe de él pero, añade, "que parezca un accidente".

sábado, 23 de febrero de 2013

Abdicaciones y renuncias

Las abdicaciones y renuncias no son algo nuevo en la monarquía española. El precedente más antiguo que me viene a la memoria es la abdicación de Carlos I en 1556. Desde entonces se han producido varias abdicaciones más, ya fuera por motivos personales o políticos. En particular en los útlimos ciento  cincuenta años la historia de la monarquía española ha sido bastante convulsa. Isabel II fue destronada por la revolución de 1868 y abdicó dos años después en favor de su hijo. Amadeo I renunció apenas tres años después de haber aceptado la corona que le había sido ofrecida por las Cortes. Alfonso XIII se exilió en 1931, aunque no abdicó hasta 1941. Su hijo, don Juan, renunció a sus derechos dinásticos en 1977. En este siglo y medio, tan solo el reinado de Alfonso XII finalizó con su muerte. Tradición no falta.

Hoy se alzan voces, no sé si muchas o pocas, que piden la abdicación de don Juan Carlos I, pero él parece muy poco dispuesto a abdicar, y yo lo comprendo. Pongámonos en su lugar. Si abdica, el heredero tendrá que hacerse cargo de la corona en una situación enormemente complicada, en recesión económica, en medio de escándalos de corrupción, con la confianza de los ciudadanos en las instituciones en mínimos históricos, y la propia institución de la monarquía en sus momentos más bajos. Podría verse como una oportunidad para que don Felipe se gane el prestigio que su padre se ganó en la transición, pero hay una gran diferencia entre ambos: don Juan Carlos tenía entonces un enorme poder, y don Felipe no tendrá prácticamente ninguno. Ocupar el trono en esas circunstancias probablemente solo serviría para deteriorar su imagen tan rápidamente como se ha deteriorado la de su padre. Entiendo perfectamente que don Juan Carlos no quiera dejarle a su hijo ese marrón, yo tampoco lo haría.

Eso por no mencionar que don Felipe es, en realidad, la esperanza de los monárquicos para salvar la propia institución. Creo que nunca, desde que entró en vigor la Constitución, ha tenido la causa republicana tantos adeptos, lo que me lleva a hablar otra vez de algo que ya comenté anteriormente: la debilidad argumentativa de quienes pretenden justificar la institución por los méritos personales de quienes la representan. Si don Felipe comienza su reinado en esta situación, en la que no podrá hacer nada o casi nada, ya no serán las personas sino la propia institución la que se ponga en duda. Quiero decir aún más de lo que ya está. Los monárquicos sensatos (si es que monárquico sensato no es un oxímoron) deben de estar rezando para que don Juan Carlos no abdique.

Así pues, entiendo perfectamente que el rey opte por capear el temporal lo mejor que pueda y dejar la corona a su hijo en mejores circunstancias, por el bien de don Felipe y por el bien de la institución. Claro que un rey debería anteponer el interés de la nación a cualquier otro, y entonces la pregunta es si conviene al interés de la nación que el rey abdique.

Considerémoslo con objetividad. Asumiendo que la monarquía se mantenga ¿que diferencia supondría cambiar un monarca por otro? El rey no tiene prácticamente ningún poder efectivo, por lo que don Felipe no podrá hacer ni más ni menos que su padre. La sucesión no hará que se solucione ni uno solo de los problemas del país, no reducirá el desempleo, no mejorará la calidad de la democracia, no evitará los desahucios ni los abusos del sistema financiero, no reducirá la deuda pública ni hará que recuperemos lo perdido en sanidad ni en educación, ni evitará los casos de corrupción. Ni siquiera mejorará los lamentables pero justificados niveles de confianza de los ciudadanos en las instituciones. Todo lo más servirá para dar un ejemplo que nadie seguirá y porporcionar algún alivio a la presión sobre la monarquía. El rey salvaría quizá lo poco que le queda de su prestigio, pero para el pueblo no supondría diferencia alguna.

Todo esto lo escribo, claro está, asumiendo que ni padre ni hijo tienen nada que ver en los escándalos que salpican a otros miembros de la familia, si se demostrase lo contrario ya sería otra historia. Yo tengo por bastante seguro que no se demostrará; no tanto porque crea en la honestidad del rey, aunque no la pongo en duda, como porque no parece haber juez ni fiscal dispuesto a abrir ese melón. Que la infanta doña Cristina no sea ni tan siquiera llamada a declarar como testigo es muy significativo.

Entonces, preguntaréis, ¿cuál es mi opinión? ¿Debe o no abdicar el rey? Y yo responderé que me da exactamente igual, puesto que nada vamos a ganar salvo la satisfacción de que la presión popular haya forzado la abdicación. Poco fruto para tanto trabajo, cuando tenemos cosas mucho más graves de que preocuparnos.

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