domingo, 23 de febrero de 2014

La última bala

En las viejas películas del Oeste la última bala del revólver era para suicidarse antes de que los indios te cogiesen vivo, aunque luego siempre llegase la caballería a toque de corneta para evitarlo en el último instante. Estoy razonablemente seguro de que yo no tengo que temer que mis rivales ideológicos me torturen y maten lentamente, pero a pesar de todo dedicaré la última bala a poner fin a este cuaderno de apuntes de pensador aficionado que ya se ha prolongado demasiado. Quizá emprenda otra bitácora con otra forma, sobre otras cosas, pero no retomaré ésta.

Balas perdidas nació de un impulso repentino, un "pronto", de una manera improvisada y chapucera que mucho me temo que no haya mejorado en absoluto con el tiempo. Más bien al contrario: no solo es cada vez más chapucero, sino que se ha desviado por completo de lo que inicialmente pretendía ser. En su origen, se trataba de plasmar aquí mis modestas reflexiones sobre lo que veo, oigo o leo; lo que sé, lo que dudo y lo que ignoro; lo que despierta mi curiosidad o me divierte. Tendrían que haber tenido cabida (como la tuvieron al principio) la filosofía, las matemáticas, la historia, los libros o los simples juegos. Todo ello sin la menor pretensión de resultar trascendente y mucho menos didáctico.

En lugar de eso se ha convertido en un blog eminentemente político. La política y la economía han acaparado la mayor parte de las entradas. No es que no sea lógico dadas las circunstancias y los acontecimientos que hemos vivido en sus casi tres años de existencia. En todo tiempo, pero sobre todo en tiempos de cambio, me parece que es perfectamente razonable y hasta necesario informarnos, reflexionar, formarnos nuestra propia opinión y expresarla. Me parece un grave error pensar que solo las opiniones de los que consideramos expertos en esto o en aquello merezcan ser consideradas. Naturalmente siempre es sensato escuchar a quien sabe más que nosotros, pero más conocimiento no significa necesariamente mejor criterio, especialmente cuando hablamos de cuestiones sociales en las que no cabe un criterio único. Construir una sociedad es cosa de todos puesto que todos vivimos en ella y no hay opinión, por humilde que nos parezca la persona que la sustenta, que no merezca ser escuchada. La mía tampoco. Ni siquiera al fanático que no tiene opiniones sino prejuicios deberíamos cerrar los oídos. Sus razones tendrá, y solo escuchándolo podremos comprenderlas.

Ahora bien, en lo que respecta a expresar mis opiniones sobre política y economía creo que Balas perdidas ya ha cumplido sobradamente y está agotado. Podría seguir añadiendo comentarios a tal o cual tema concreto pero me parece innecesario. Los ejes fundamentales de mi manera de pensar en estos aspectos están ampliamente expresados a lo largo del blog, y no puedo decir más sin hacerme redundante y aún más plasta de lo que ya he sido hasta aquí. Repetiré resumidamente esos ejes fundamentales a modo de colofón y despedida.

En política, más allá de las medidas concretas para problemas concretos, creo en la democracia. Dicho así es como no decir nada, porque hoy todo el mundo se proclama demócrata, incluso los que intentan por todos los medios que haya la mínima posible. Lo importante es cómo concebimos la democracia. La democracia solo puede entenderse desde la aceptación de que las decisiones que nos afectan a todos deben ser tomadas por todos. No hablo de una democracia directa "pura", lo que sería ideal pero a mi juicio impracticable. Pero tampoco me conformo con una democracia estrictamente representativa, y menos aún con una tan imperfectamente representativa como la que tenemos. Entre ambos extremos hay una variedad infinita de posibilidades y deberíamos esforzarnos un poquito más en buscar la que nos conviene. La representación no es en modo alguno la única forma de participar en los asuntos públicos. Existen otros muchos medios, algunos no están previstos en nuestra Constitución, otros sí lo están pero no los utilizamos o no se nos permite utilizarlos. No tenemos por qué aceptar que no podamos votar más que a listas prefabricadas, ni que no haya manera de destituir a un político de su cargo. No tenemos por qué aceptar que no se nos convoque a referendum ni para las decisiones más graves, o que hasta una reforma constitucional se pueda llevar a cabo sin consultar a los ciudadanos. No tenemos por qué aceptar que una iniciativa legislativa popular pueda no ser ni tan siquiera admitida a trámite. Yo no lo acepto. Si solo podemos elegir entre el fuego y las brasas cada cuatro años, si no podemos decidir entre todos cómo queremos que sea nuestra democracia, es que no es tal.

En cuanto a la economía, mi postura es más sencilla aún: niego rotundamente que los postulados de la ciencia económica sean leyes inexorables que debamos aceptar con resignación como si nada pudiéramos hacer. La ciencia médica no solo descubre cómo se producen las enfermedades, les pone remedio o al menos lo intenta. El descubrimiento de la ley de gravitación no nos ha impedido sino ayudado a encontrar la manera de volar. Todas las ciencias están al servicio del hombre salvo, al parecer, la ciencia económica. Yo lo niego. La ciencia económica no es más que un conjunto de modelos que nos ayudan a comprender una parte, importante pero no la única, de las relaciones humanas. Nos ayudan a comprenderlas pero no las determinan, no hay ecuación que nos diga cómo queremos, podemos o debemos vivir. Somos nosotros, seres libres, quienes tenemos que decidir qué clase de sociedad queremos tener y luego utilizar las ciencias, incluida la económica, como lo que son: herramientas que nos permitan acercarnos a ese ideal. Pensar de otro modo es negar nuestra propia libertad, nuestra condición humana, para reducirnos a la condición de las hormigas.

Esos son, explicados más que a grandes pinceladas a gruesos brochazos, mis principios. Y al contrario de lo que humorísticamente decía el bueno de Groucho, si no te gustan lo siento mucho, pero no tengo otros.

Termino agradeciendo a amigos y desconocidos las más de catorce mil visitas que ha recibido este blog según las estadísticas de blogger, y especialmente a los que habéis tenido la amabilidad de dejarme algún comentario aquí o en mi perfil de facebook. Tened la seguridad de que todos (salvo uno que borré por grosero, todo hay que decirlo) han sido recibidos con agrado y leídos con interés. Si mis pequeñas reflexiones también han sido de algún interés para vosotros este blog no habrá sido del todo inútil y si no, nada se habrá perdido.

sábado, 15 de febrero de 2014

Mentiras sobre el aborto

Retomo el tema del aborto, que inicié en la entrada Etica, reiligón y el aborto. En aquella ocasión lo hice de un modo bastante genérico, si más ánimo que invitar a pensar sobre otro punto de vista. Pero lo que estos días debatimos no es una cuestión ética genérica, sino una reforma legal muy concreta que se está argumentando en buena medida sobre mentiras. Quiero repasar algunas de ellas.

En primer lugar, dicen los responsables del Partido Popular que se trata de cumplir el programa electoral. Dejemos aparte que sea casi una burla considerando que hasta ahora no les ha importado incumplir todo el programa en cualquier otra materia. Ahora bien, la única referencia al aborto en dicho programa, en el apartado dedicado a la familia dice así:

La maternidad debe estar protegida y apoyada. Promoveremos una ley de protección de la maternidad con medidas de apoyo a las mujeres embarazadas, especialmente a las que se encuentran en situaciones de dificultad. Impulsaremos redes de apoyo a la maternidad. Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores.

Así pues, yo creo que no se puede decir que la reforma que se pretende se justifique en el programa electoral. La referencia es tan vaga que de hecho podrían, por ejemplo, autorizar el aborto sin límite de plazo y estarían cumpliendo con su promesa de proteger el derecho a la vida. Se puede entender que se referían a restringir el derecho al aborto, pero hasta el punto que lo pretenden hacer creo que no. Las discrepancias en el propio partido lo demuestran. No diré que mientan pero la vaguedad, que imagino deliberada, es como poco engañosa.

El segundo punto en que se escudan es dar cumplimiento a un dictamen de las Naciones Unidas que, según ellos, obliga a eliminar el supuesto de aborto por malformación del feto. En realidad el texto de ese dictamen es éste:

«El comité recomienda al Estado parte que suprima la distinción hecha en la Ley Nº2/2010 (la «Ley Aído») en cuanto al plazo dentro del cual la ley permite que se interrumpa un embarazo por motivos de discapacidad exclusivamente».

El texto es meridianamente claro. No recomienda a eliminar el supuesto, sino la distinción entre este supuesto y los demás. Es decir a igualar el plazo de este supuesto, de veintidós semanas, con el general de catorce semanas. Y remienda, no obliga. No hay interpretación posible, es lo que dice literalmente. Aquí si afirmo que mienten y con descaro

En tercer lugar dicen, y lo repite especialmente el señor Ministro de Justicia, que pretenden proteger el derecho de las mujeres a ser madres. Eso, además de mentira, es una solemne bobada. A la mujer que quiere ser madre no hay precepto legal que se lo impida. El objetivo declarado del "aborto cero", como ellos dicen, no significa proteger el derecho de las mujeres a ser madres, sino obligarlas a ser madres lo quieran o no.

También quisiera hablar de otra forma más sutil de mentir como es esa insistencia en hablar de "matar niños". Un feto no es un niño, del mismo modo que un huevo no es un pollo. La comparación puede parecer inhumana, pero no por eso es menos real. Decir de la mujer que aborta que mata un niño tiene tanto sentido como decir que mata un anciano. Que un feto sea una forma de vida no lo discuto, que sea humano o desde qué momento ya es más discutible. Lo que tengo perfectamente claro es que no es un niño.

Para que se comprenda bien porqué insisto en que no es un niño, y por qué es una forma de mentir recordemos aquel cartel editado,si la memoria no me falla, por la Iglesia en el que veía la fotografía de un niño y la de un lince ibérico y se decía que el lince estaba más protegido. La mentira aquí es obvia, el niño de aquella fotografía estaba indudablemente mucho más protegido que el lince. Lo mismo podrían haber puesto la fotografía de una persona adulta pero, claro, entonces no habría colado.

Observad, por cierto, que en este tipo de propaganda la imagen suele ser (y no digo que lo sea siempre porque no tengo la absoluta certeza) la de un niño blanco sano y hermoso. Quiero proponeros, para terminar, un pequeño ejercicio de imaginación. Suponed que en cartel se viesen la fotografía de un feto en sus primeros estados de desarrollo y la de uno de esos niños del tercer mundo famélicos y enfermos cuyas fotografías, por desgracia, también hemos visto todos. ¿Qué debería decir entonces la leyenda del cartel?

domingo, 2 de febrero de 2014

Miña terra galega

Me imagino que alguna vez habréis escuchado la conocida canción "Miña terra galega", del grupo Siniestro total. Si buscáis un poco en Internet encontraréis referencias a ella con expresiones como "el canto a Galicia más bello desde el Nós de Castelao" o "himno no oficial de Galicia". La cosa tiene su coña, y solo puede explicarse por la retranca que el tópico nos supone a los gallegos.

Para empezar, la música ni siquiera es de Siniestro, es la de la canción "Sweet home Alabama" de la banda estadounidense Lynyrd Skynyrd. Tiene por tanto de gallega lo que yo de americano. Pero lo bueno es la letra, que el propio autor (Julián Hernández) admite que escribió en quince minutos solo para "molestar a los modernos que odiaban es clase de rock americano". Es lo bueno, digo, porque no hay en ella ni un solo verso que pueda considerarse "un canto a Galicia". Veamoslo, empezando por constatar que sólo el verso que le da título está en gallego, y todo lo demás en castellano.

"A una isla del Caribe he tenido que emigrar, y trabajar de camarero lejos, lejos de mi hogar" No sé si hace falta explicar que se refiere a lo peorcito de la Galicia del siglo pasado: la pobreza y la falta de futuro que forzaron a miles de gallegos al exilio

"Me invade la morriña, el dolor de Breogán. Cuando suena la muiñeira el llanto empieza a brotar" No sé que os parecerá a vosotros, pero a mí me parece el no va más de los topicazos sobre los gallegos. Más o menos como las parodias de Beatriz Carvajal, ya me entendéis.

"Miña terra galega, donde el cielo es siempre gris. Miña terra galega, es duro estar lejos de tí". Obviamente este verso se escribió por oposición al original "where de sky is always blue". Dudo mucho que la intención de Hernández fuera cantar la hermosura del cielo gallego que, por cierto, a veces también es azul. Es más, a veces ni llueve.

"Donde se quejan los pinos y se escuchan alalás, donde la lluvia es arte y Dios se echó a descansar". Para aquellos que no lo sepan, "Queixume dos pinos" es el himno gallego, los alalás son cantos populares que ya casi nadie canta, y el resto de la estrofa son sloganes publicitarios para el turismo. Más tópicos.

"Las zanfoñas de Ortigueira, los kafkianos del Jaján, la Liga Armada Galega, y el pazo de Meirás". Realmente esta estrofa no tiene despedicio. La zanfoña es un instrumento musical tradicional que ya solo tocan algunas bandas folk, la Liga Armada Galega fue un grupo terrorista activo en la transición, y el pazo de Meirás le fue "regalado" a Franco tras la guerra por "suscripción popular". En cuanto a los kafkianos del Jaján, el propio Hernández lo explicó en una entrevista.

Era una frase de Luis, un personaje que trabajaba con mi padre en el taller. Le decía al aprendiz: “tú lo que pasa es que eres un kafkiano del Jaján”. El Jaján (Xaxán en gallego) es un monte que hay al otro lado de la ría de Vigo y donde estaba (está) el poste repetidor de televisión. El bueno de Luis ni había leído a Kafka ni nada por el estilo pero la expresión es demoledora

En fin, que considerar esta canción un bello canto a Galicia parece un poco disparatado. Pero como decía al principio, una cosa sí tiene de auténticamente gallega: es pura retranca. Enxebre. Y también es una buena canción, si no la conocéis os la recomiendo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Etica, religión y el aborto

Me disculparéis, espero, si la entrada de hoy resulta un poco caótica y mezclo churras con merinas. Es la mala costumbre de ponerme a escribir sin planificar antes el texto como me enseñaron a hacer en el colegio. Es también por lo delicado de un tema sobre el que generalmente evito opinar. No por que sea polémico, sino porque considero que no creo que tenga realmente gran cosa que aportar ni aún después de treinta años. Digo treinta años porque, si la memoria no me falla, debió de ser en el año 1985 cuando debatí por primera vez sobre el aborto. Y eso porque me ví obligado. El profesor lo planteó como ejercicio escrito y tema de debate en la clase de ética. Vamos, que no me quedó otra.

Hago un inciso (churras y merinas) para comentar un poquito eso de las clases de ética. Y es que en 1985 la ética era una asignatura optativa con la religión como alternativa. Ambas por supuesto evaluables. No veía entonces ni veo ahora razón lógica alguna por la que los estudiantes no católicos, o los que por cualquier motivo decidieran no elegir religión, debíamos estudiar ética, que es una rama de la filosofía, y los católicos no. Razones las había, pero no eran lógicas. Se me ocurren dos. Una es que hasta pocos años antes la religión era asignatura obligatoria y, como tenía que dejar de serlo, los curas debieron pensar que si no se imponía alguna alternativa sus clases quedarían vacías. La otra es la incapacidad crónica de ciertas personas para distinguir la moral católica de la moral a secas. Asumen que el cristiano tiene valores morales y al no cristiano hay que enseñárselos. En mi opinión, y dicho sea con todo respeto, es exctamente al revés: el sentimiento moral del no creyente es claramente superior, puesto que no espera castigo ni recompensa eternos.

Cierro el inciso y vuelvo al tema. En aquel día del 85 se nos pedía que diésemos nuestra opinión por escrito, para luego debatirla, sobre el aborto en una serie de supuestos. Eran muchos y no los recuerdo todos, pero tampoco importa. No voy a dar mi opinión sobre cada uno de ellos como tampoco la dí entonces. En lugar de eso, y a riesgo de ganarme una bronca del profesor, planteé a mi vez una única pregunta: ¿es el feto un ser humano no no lo es? La cuestión es para mí crucial, puesto que si es un ser humano tiene derechos, y nos encontraríamos entonces ante un conflicto entre los derechos de la madre y los del hijo. Es obvio que el problema cambia radicalmente si el feto no es un ser humano. Afortunadamente para mis calificaciones el profesor consideró que la pregunta era pertinente, y en lugar de una bronca obtuve una buena nota. Desafortunadamente para mi tranquilidad intelectual y moral, lo que no obtuve fue respuesta y después de todos estos años sigo sin tenerla.

¿A qué viene recordar ahora esta anécdota trivial? Aclaro antes de explicarlo, por que no se me malinterprete, que no soy antiabortista. Aunque sea hombre creo que puedo entender razonablemente a las mujeres que deciden abortar. No creo que ninguna lo haga a la ligera y me parece que hay que ser memo para decir, como hacen algunos, que hay mujeres que se toman el aborto como un medio anticonceptivo más. Tontos pero de babarse. A mí me parece bien que el aborto se despenalizase, aunque no voy a exponer mis razones ni dar argumentos que seguramente no podría defender. Y la nueva ley que se han sacado de la manga el señor ministro de justicia y sus acólitos me parece injusta y un claro retroceso.

A pesar de eso hay un argumento esgrimido frecuentemente por los partidarios del aborto libre que yo no puedo compartir: que la mujer es dueña de su cuerpo y por lo tanto es únicamente decisión suya. Lo siento, pero no lo comparto en tanto no tenga respuesta a mi vieja pregunta. Porque si el feto es un ser humano está claro que no se trata sólo del cuerpo de la madre. Yo me inclino a pensar que no lo es, pero no tengo la certeza. Y es por eso por lo que suelo evitar pronunciarme sobre el aborto, poque hay una cuestión que considero crucial y para la que todavía no tengo respuesta. A día de hoy, que yo sepa, no hay consenso científico sobre el tema ni creo que llegue a haberlo, porque no es realmente una cuestión científica sino filosófica: ¿qué es un ser humano?

Hay otra razón, que no sé si debería plantear aquí, por la que este argumento me parece un tanto falso. Una cuestión, por decirlo así, de orden ético-jurídico. Estaremos de acuerdo en que toda libertad de decisión lleva aparejada la responsabilidad de lo que se decide, y aquí mi sentido de la lógica me presenta una contradicción. Porque si la decisión de abortar corresponde exclusivamente a la mujer la resposabilidad también debería corresponderle exclusivamente, y no es así. Si decide no abortar la responsabilidad sobre el niño nacido también es del padre, aunque no tenga, según este argumento, nada que decir si la mujer decide abortar. Cierto que no es el padre quien tendrá que llevarlo en el vientre, cierto que cualquier pareja sensata lo hablará antes de decidir. Pero la contradicción está ahí: una responsabilidad sin capacidad de decisión.

Para concluir haciendo honor al tópico del buen gallego y que no se sepa si subo o bajo, diré que si algunos argumentos de los proabortistas me parecen endebles, los de los antiabortistas me parecen en general completamente irracionales. No lo digo en sentido peyorativo sino literal. Sus argumentos no se basan en la razón, sino en la creencia. Asumen que el feto es humano porque así se lo dicta su religión, por dogma y no por evidencia. Hasta ahí están en su derecho, cada un puede tener la creencias que quiera. A lo que no tienen derecho es a imponer esa creencia a los demás. Y digo hasta ahí porque a menudo van un paso más allá, o mucho más allá, como aquella tristemente famosa homilía del arzobispo de granada, monseñor Francisco Javier Martínez, en la que dijo "Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer" Pues no, monseñor, no es así. En todo caso será al revés: serán los abusos de los varones los que den licencia a la mujer para abortar. Decir lo contrario, por si alguien no lo ha notado, es hacer apología del delito.

En fin, probablemente no debería haber escrito esta entrada, pero aquí os la dejo por si os apetece reflexionar y ponerme a caldo. Eso sí, en ese orden, por favor.

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Mentiras sobre el aborto

domingo, 15 de diciembre de 2013

Seguridad ciudadana

He leído estos días un resumen informativo del anteproyecto de ley de protección de la seguridad ciudadana y la nueva ley de seguridad privada. También he leído en alguno de los muchos artículos de opinión publicados al respecto que la tramitación en estos momentos de ambos proyectos es algo programado para satisfacer, tras dos años centrados en política economómica, al electorado más conservador del Partido Popular. No sé si será cierto, pero es verosímil.

No haré demasiados comentarios sobre la primera norma. A mí me sorprende que tenga en ella la consideración de falta muy grave, y por lo tanto sancionable con multa de 30.000 a 600.000 euros, "La convocatoria por cualquier medio o asistencia a cualquier reunión o manifestación, con finalidad coactiva e inobservancia de los requisitos previstos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, desde que,conforme a la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, de Régimen Electoral General, haya finalizado la campaña electoral hasta la finalización del día de la elección."

Es solo un ejemplo, veamos otro, esta vez de falta grave sancionable con multa de 1.000 a 30.000 euros: "La perturbación de la seguridad ciudadana que se produzca con ocasión de reuniones frente a las sedes del Congreso de los diputados, el Senado y las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas, aunque no estuvieran reunidos,celebradas con inobservancia de los requisitos previstos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio." Hay varios ejemplos similares más en el proyecto, y no es difícil saber qué los ha motivado.

Podemos estar o no de acuerdo, pero yo creo que esto tiene más bien poco que ver con lo que la mayoría de nosotros entendemos por "seguridad ciudadana", y bastante más con el concepto que cierta derecha tiene de "orden público". Por si alguien no me entiende, creo que ciertos sectores de la derecha entienden por orden público que unos manden y otros obedezcan, y no me proteste usted que le meto una multa de 600.000 euros. Cifra, por cierto, que viene a ser como treinta años de mi sueldo, año más año menos, si se me ocurriese la peregrina idea de acudir a una manifestación (ni siquiera convocarla) en la jornada de reflexión. Proporcionado, lo que se dice proporcionado, no me parece.

Con todo, me preocupa mucho más la segunda norma, la ley de seguridad privada. Contempla esta nueva ley la posibilidad de que los vigilantes privados puedan identificar, registrar y hasta detener a una persona incluso en la vía pública. Y esto es una barbaridad. Se ha insistido bastante estos días en que la fomración de un vigilante privado no se compara ni de lejos con la de un policía o un guardia civil. Pero ésta no es la cuestión. Aunque tuvieran una formación equivalente, incluso aunque los vigilantes privados estuvieran mejor formados, seguiría diciendo que es una barbaridad.

El agente de los cuerpos de seguridad del Estado no sólo es un profesional bien formado, es un funcionario público al servicio de los ciudadanos. Ha accedido a su función con arreglo a los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, y tiene en su trabajo unas garantías (algunos lo llaman privilegios) que lo son también para el ciudadano de que ejercerá su labor con independencia y sujeción exclusiva a la ley.

Por el contrario, el agente de seguridad privada es, como el nombre indica, una persona al servicio de intereses privados. Todo lo legítimos que se quiera, pero privados. Es un profesional contratado por un particular, pagado por un particular, que puede ser despedido en cualquier momento por un particular, y que se haya bajo la dirección de un particular. Permitir a estas personas ejercer funciones que deberían estar reservadas a las fuerzas de seguridad del Estado, restringiendo por muy temporalmente que sea derechos fundamentales, es convertirlos en policías privados. En algo comparable, si se me permite la exageración, a las antiguas mesnadas. No me importa los límites o las pretendidas garantías que la norma establezca, es inadmisible per se.

Todo esto en un contexto en que a la policía, como al resto de funcionarios y so pretexto de la austeridad, se les aplica una tasa de reposición del 10%. Es decir, que por cada diez agentes que causan baja por jubilación o incapacidad solo se incorpora uno.

Pero no es, aseguran, una privatización de la policía ¡qué va! Nosotros, que somos mal pensados.

viernes, 11 de octubre de 2013

Hacia dónde vamos

Tenía pensado escribir una entrada sobre la distribución de la riqueza en España y cómo está cambiando, hasta me había descargado ya las estadísticas, pero creo que no merece la pena. A estas alturas quien no se haya enterado de que ha aumentado la pobreza, de que los salarios están bajando, que las pensiones pierden poder adquisitivo, que se han recortado las prestaciones por desempleo, etc, es que no se quiere enterar.

Quien no se haya enterado de los recortes en servicios públicos, en sanidad, en educación, del copago farmacéutico, del fin de la sanidad pública universal, etc. es que está ciego y sordo.

Si alguien no se ha enterado de que se han subido los impuestos directos e indirectos a los trabajadores pero no solo no se toca el impuesto de sociedades sino que se amnistía a los defraudadores es que además de ciego y sordo está en babia.

A mi me parece claro que vamos hacia un Estado neoliberal puro y duro, y hacia una sociedad más desigual, injusta e insolidaria.

Y aún tienen dos años por delante...

Pero todo esto es economía, y los temas económicos ya empiezan a sobreabundar en este blog. Mejor hablamos de dos noticias que he leído recientemente y que por un momento me han hecho dudar. He ido a mirar el calendario para ver en qué año estamos, por que no estaba muy seguro.

La Consejería de agricultura de la comunidad de Castilla-La Mancha ha concedido recientemente a sus funcionarios un permiso de hora y media para asistir a una misa especial en honor de San Francisco de Asís.  No es que me parezca mal que los funcionarios castellano-manchegos vayan a misa si lo desean, pero en su tiempo, no en horas de trabajo retribuidas. Se supone que el nuestro es un Estado aconfesional. Que una ministra de trabajo se encomiende a la Virgen del Rocío para solucionar el problema del paro me parece un chiste de mal gusto, pero que se concedan permisos a funcionarios para ir a misa me parece ilegal y de dudosa constitucionalidad.

Por otra parte, el Gobierno ha remitido a las Cortes el proyecto de Ley de la Carrera Militar. Al parecer la reforma es necesaria, yo sinceramente lo ignoro porque de cuestiones militares no tengo ni idea. Lo curiosos es que con esta ley se pretende crear una nueva situación administrativa para los militares, denominada "servicio en otras Administraciones públicas ajenas a la Administración militar".  Se trata de que los oficiales que al parecer sobran presten servicios en la Administración civil. Según la exposición de motivos, se pretende con ello "beneficiar al resto de las Administraciones públicas del potencial y la experiencia de este personal a través de los valores aprehendidos dentro de la institución militar".

Creo que no hacen falta más comentarios, así que termino con un para de preguntas, a ver si algún amable lectora me las puede contestar: ¿En qué año estamos y a dónde mierda vamos? 

sábado, 14 de septiembre de 2013

A vueltas con el paro

Anda el Gobierno estos días sacando pecho como de costumbre con los datos de la EPA, que muestran un descenso del paro en el segundo trimestre de este año. Nos dicen que esto demuestra las bondades de la reforma laboral, que está surtiendo efecto y creando empleo. No pretendo aguarle la fiesta a nadie, pero me temo que esto sea una interpretación demasiado simplista de un dato aislado y en bruto. Bienvenido sea, desde luego, el descenso del número de parados, pero hay otros datos preocupantes.

Según los datos estadísticos que publica en su página web el Ministerio de Trabajo, el número de parados descendió en 225.200 personas en el segundo trimestre de este año. El dato es de la EPA, no de paro registrado, y en bruto, sin desestacionalizar. Aclaro esto porque es normal que el paro baje en el segundo trimestre y, como he comentado en ocasiones anteriores, los datos desestacionalizados pueden ser muy diferentes.

Un segundo dato, de la misma fuente, es el número de ocupados, que ha aumentado en el mismo trimestre en 148.300 personas. También este dato habría que desestacionalizarlo, pues es igualmente normal que aumente el número de ocupados por las mismas razones. Huelga mencionar la relación entre ambos datos, si hay más gente trabajando hay menos gente en paro, es obvio. Como lo es también que aunque relacionados, no hay una correlación exacta. Salta a la vista que hay una diferencia de 76.900 personas. ¿Qué ha ocurrido con ellas? No han encontrado ocupación, pero tampoco engrosan ya la lista del parados.

Supongo que ya lo imagináis. Siempre según los datos del Ministerio para el mismo trimestre, resulta que la población activa (la suma de parados y ocupados) ha descendido en 76.100 personas. La suma de las tres cifras no es exacta, lo que imagino que se explica por los márgenes de error de las estadísticas. Poco importa, el hecho es que más de setenta y seis mil personas ya no cuentan por que han abandonado el mercado de trabajo. Se han ido. No sé si son inmigrantes que han regresado a sus países de origen, españoles que han emigrado o ambas cosas. El hecho es que se han ido. Y el dato es de un solo trimestre, la pérdida de población activa acumulada desde principios de 2011 (por lo tanto ya con el Gobierno anterior) pasa de trescientos cuarenta mil.

Naturalmente la tasa de paro, en porcentaje, desciende. Es una aritmética sencilla, los que se marchan son los parados, no los que tienen trabajo. Si tenemos una población de 100 personas de las que 20 están en paro, la tasa es del 20%. Si 10 parados se van, tenemos 10 parados sobre una población de 90, lo que supone el 11%.

De todos modos todo esto está referido a un único trimestre. Tendríamos que ver si se trata de algo más o menos coyuntural (la dichosa estacionalidad) o de verdad se inicia una tendencia. Y en ese cáso qué tendencia. Si es a que aumente el número de ocupados esta claro que sería positivo, aunque habría que ver en qué condiciones encuentran trabajo esas personas. Lo malo sería que la tendencia que se inicia, si es que se inicia, no sea esa. Lo malo sería que nos estemos convirtiendo otra vez en un país de emigrantes. En un país de ciudadanos sin futuro.

Creo que al final sí que le habré aguado la fiesta a alguien pero ¿qué queréis? Pese al optimismo recalcitrante del Gobierno, a mí me parece que hay motivos al menos para tomarnos los datos con un sano escepticismo. No es que quiera verlo todo negro, pero por más que quiera tampoco consigo verlo todo color de rosa. Igual es mi carácter.