miércoles, 12 de diciembre de 2012

De niños y armas

De niño tuve muchas armas de juguete. La primera, hasta donde llega mi memoria, una espadita de madera hecha por mi padre. Después un pequeño arsenal de espadas, pistolas, revólveres y escopetas. También armas de elaboración casera, arcos y flechas hechas con ramas y bramante, escopetas elaboradas con listones, gomas elásticas y pinzas para la ropa, tiradores confeccionados con un trozo de tubo y un globo, o simples bolígrafos usados como cerbatanas. Curiosamente, no recuerdo haber tenido nunca un tirachinas.

Tampoco he tenido nunca un arma de verdad. Hoy en día esto puede parecer una obviedad, pero entonces no lo era. Muchos chicos del barrio, incluidos algunos de mis amigos, tenían armas de aire comprimido de perdigones, del tipo que llamábamos escopetas de balines. Si yo no tuve una no fue porque no quisiera sino porque mis padres no me la compraron, lo que naturalmente no fue obstáculo para que disparase de todos modos con las de mis amigos. El uso que hacíamos de estas armas variaba según el carácter o las inclinaciones de cada chico: unos cazaban gorriones, otros solo ejercitábamos la puntería con latas o botellas.

Los más originales que recuerdo eran tres hermanos amigos míos, no solo porque su escopeta, de fabricación americana, era diferente de las del resto de los chicos, sino por el uso que le daban. Eran auténticos especialistas en cazar las ratas que no escaseaban en un campo cercano. Su método era sencillo y eficaz. Buscaban agujeros en el suelo y dejaban junto a ellos un trocito de pan. Al cabo de un rato volvían, y donde el pan hubiera desparecido sabían que había un nido de rata. Dejaban entonces otro trocito de pan a uno o dos palmos del agujero, se alejaban unos metros y esperaban pacientemente a que la rata saliese para pegarle un tiro. Rara vez fallaban.

Alguna vez los acompañé en estas expediciones, aunque sin participar en ellas. Que yo recuerde, nunca he disparado contra un ser vivo; ni siquiera contra las ratas, mucho menos a los gorriones, y mi interés por las armas desapareció poco más o menos al mismo tiempo que el acné.

Me han venido a la memoria estos recuerdos porque estos días he estado mirando publicidad de juguetes y no he visto ningún arma, o si la he visto me ha pasado desapercibida. No es que no las haya, pero cada vez es más raro ver a un niño con un arma de juguete, y dudo que quede alguien que crea que es buena idea comprarle a un niño un arma de verdad. Los niños no han cambiado, pero nosotros sí.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Cataluña y España

Mientras escribo estas líneas se celebran en Cataluña las elecciones autonómicas, con la tramposa polémica de la independencia convertida en su eje central. Tramposa por el uso que se ha hecho de ella, no por la polémica en sí. Tengo la desagradable impresión de que los líderes políticos en general, y el señor Artur Mas en particular, se han dedicado a agitar las banderas para ocultar sus miserias. Nada nuevo, desde luego, pero no por ser táctica vieja resulta menos desagradable.

El caso es que aquí estamos, con unas elecciones autonómicas convertidas sin base alguna en una suerte de plebiscito independentista. Si ganan unos es que los catalanes quieren la independencia, y si ganan otros es que no la quieren. Una burda mentira. En primer lugar porque no hay solo dos opciones, entre centralistas, autonomistas, federalistas e independentistas hay de todo, como en botica. Y en segundo lugar porque hay partidarios y detractores de la independencia en todos los partidos, incluidos CiU y PP. La realidad es que sea cual sea el resultado de las elecciones nada nos dirá sobre la voluntad de los catalanes de ser o no España.

A día de hoy, lo más aproximado que tenemos para saberlo son las encuestas. Las más recientes indican que un 57% de los Catalanes votaría a favor de la independencia. Pero esta cifra también es tramposa, porque se obtuvo en encuestas que solo contemplaban la opción si/no a la independencia. Cuando se contemplan más opciones, como el Estado federal, el porcentaje de los independentistas baja al 34%. Pero hay más, hace pocos años el porcentaje de independentistas era mucho menor: en torno al 30-35% cuando solo se daban dos opciones, y en torno al 15% cuando se incluía la opción federal. Esos porcentajes comenzaron a aumentar hacia 2008, y se han disparado en el último año. Y aquí tenemos, creo yo, algunas claves importantes para entender lo que está pasando. El independentismo no ha crecido porque sí, ha crecido por dos razones. Al menos son dos las que yo veo.

En primer lugar está la crisis económica. El nacionalismo siempre crece en épocas de crisis, al igual que crece siempre la xenofobia. Es un fenómeno bien estudiado y contrastado. A la hora de buscar culpables el otro siempre está a mano, a veces con razón y a veces, las más, sin ella. Los catalanes también han buscado culpables a los durísimos recortes que sufren en sus carnes, y en lugar de encontrarlos en la gestión de los gobernantes que han elegido, los han encontrado en la parásita España que les roba lo que producen. Yo no voy a entrar en la absurda polémica de lo que Cataluña aporta y lo que recibe. Y no entro por tres razones. La primera es que no me creo ni una sola de las cifras aducidas ni por unos ni por otros, la simple variación de las cifras según quién haga las cuentas me lleva a sospechar, sino afirmar, que todos mienten. La segunda es que la balanza fiscal no basta ni por asomo a medir los beneficios o perjuicios que a cada comunidad reporta la pertenencia a España o la independencia, que van mucho más allá de una mera contabilidad fiscal. Y la tercera y más importante es que no creo que esto tenga nada que ver con el problema, pero de eso hablaré más adelante.

La segunda causa del crecimiento del independentismo es un poco más difícil de explicar. Comienza con el proceso de reforma del Estatuto de autonomía de Cataluña. Opino que en ese proceso todos los partidos y líderes políticos, sin excepción, se comportaron del modo más insensato. Fueron insensatos el entonces presidente del Gobierno y su partido al prometer, sin medir las consecuencias, que apoyarían en las Cortes Generales el proyecto que aprobase el Parlamento catalán. Fueron insensatos los políticos catalanistas que aprovecharon la ocasión para aprobar por una mayoría parlamentaria exigua un proyecto que el mismo consejo consultivo de Cataluña consideraba de dudosa constitucionalidad. Y fueron insensatos el Partido Popular y la derecha mediática al utilizarlo para desempolvar las banderas del españolismo más rancio y emprender una desaforada campaña contra el catalanismo y tratar una vez más de imponer su visión de España como la única posible. Entre todos desencadenaron un proceso de acción-reacción-acción que no ha hecho más que radicalizar las posturas y que nadie parece saber ya cómo parar.

Todo lo demás, los argumentos que esgrimen unos y otros, me parecen francamente ridículos. Ridiculo me pareció, por ejemplo, el señor Joan Tardá cuando en una entrevista televisiva afirmó que en un hipotético referendum debían votar solo los catalanes y no todos los españoles y no obstante, preguntado sobre si en caso de que la independencia fuera rechazada en una parte ésta debería poder permanecer en España contestó que no, porque el referendum lo convocaría el Parlamento catalán. Igual que me parece ridículo el argumento de que una Cataluña independiente sería económicamente inviable como si no hubiera en Europa naciones independientes más pequeñas, más pobres y viables. Como me parece ridícula la amenaza de que una Cataluña independiente se quedaría fuera de la Unión Europea, lo que equivale a decir que España vetaría su ingreso. ¡Qué mezquino desquite sería ese! Mejor dicho, qué mezquino sería cualquier desquite.

En cuestiones como esta no creo que ningún argumento haya convencido jamás a nadie, simplemente porque no es una cuestión de argumentos. No sé de nadie que diga sentirse español o catalán por consideraciones económicas ni por ninguna otra consideración racionalmente objetiva. Desde luego yo no tengo argumento alguno para sentirme gallego y español, ni puñetera falta que me hace. El sentimiento nacional no es racional, y los argumentos sirven, a lo sumo, para justificarnos y disfrazar de racionalidad una postura que hemos decidido de modo emocional.

Así que, tras toda esta disgresión para no decir nada ¿cuál es mi postura sobre el tema?  Creo que no hago ninguna proclama y solo constato un hecho si digo que, hoy por hoy, Cataluña es España. Y recalco que no digo que es una parte, sino que es España. Quiero decir con esto que España sin Cataluña no existiría o sería otra muy distinta, como lo sería Cataluña sin España. Para mal o para bien, este país que habitamos lo han conformado a lo largo de su historia todas y cada una de las regiones que la integran. Eso no quiere decir que deba ser así eternamente. Aunque yo me siento español, no comparto esa visión mesiánica de una España por encima de los propios españoles, cuya unidad hay que mantener aunque sea por las armas.

De modo que mi postura se resume en que apenas puedo decir que tengo postura alguna. Deseo de corazón que Cataluña siga siendo España. Creo (y digo creo, acto de fe) que será positivo para todos, y aunque no lo creyera segiría deseándolo. Pero si no fuera así, si los catalanes decidieran mayoritariamente que no quieren seguir siendo españoles, ¿qué queda sino aceptarlo? Ante la ruptura solo caben dos opciones: el respeto mutuo o la maté porque era mía. Y a mí matar me cuesta un mundo.

martes, 20 de noviembre de 2012

España en venta

Hala, ya está este exagerado diciendo barbaridades. España en venta, nada menos. Pues sí, es probable que exagere, pero dejad que me explique. El caso es que tengo la mala costumbre de leer la prensa, y hoy me he encontrado con estos dos titulares:

La banca aboga por construir más casas y dar más hipotecas (La Voz de Galicia)

El Gobierno planea otorgar la residencia a quienes compren pisos de 160.000 euros (El País)

El primer titular se hace eco de unas declaraciones del presidente de la patronal bancaria, Miguel Martín. No solo afirma el bueno el señor Martín que hay que construir más casas y dar más hipotecas para que el crédito hipotecario resurja, sino también que para proteger a las personas en peligro de quedarse sin casa hay que construir más casas. Confieso que no entendí en un primer momento cómo construir una casa ayudará a quien no puede pagar la que ya habita. Pareciera que el resultado de tal política sería tener dos casas vacías en lugar de una, y una familia igualmente desahuciada. Pero no, es que aún no tenía toda la información.

El segundo titular nos da la clave. Las nuevas viviendas no serán para que las compremos los españoles, que no tenemos un euro. Son para que las compren extranjeros a los que, en premio, se les dará el permiso de residencia. Como las ofertas del supermercado: compre dos paquetes de café y le regalamos una cucharilla. El mismísimo presidente de la CEOE, Joan Rosell, ha advertido del riesgo de volver a inflar la burbuja inmobiliaria, pero eso no parece preocupar al Gobierno y mucho menos a los banqueros. Si teníamos alguna duda, ya sabemos quién gobierna realmente este país.

Pero vamos a mi propio titular: España en venta. No hace mucho tiempo escribí sobre la vergüenza de que se modificasen las leyes a capricho del promotor de Eurovegas. Dije entonces, y lo repito, que no parecía quedar en España un solo político que conociese el significado de la palabra dignidad. Me causó indignación, pero no puedo decir que me causase sorpresa. A  fin de cuentas para un neoliberal todo es mercancía susceptible de ser vendida, dignidad incluida. Pero el Partido Popular no es solo neoliberal, también es de derechas y muy patriota. Al menos eso dicen ellos, que no dudan en acusar a cualquiera que disienta de actuar "contra España".

Quizá no esté de más recordar que el actual Presidente del Gobierno se hartó de acusar a su predecesor de "dar papeles" a todo el mundo, de crear un efecto llamada, etc. Que no hace tanto tiempo eran partidarios de no conceder permisos de residencia más que la los inmigrantes que hubieran suscrito previamente un contrato de trabajo, de hacerles exámenes de conocimiento de nuestra cultura y no sé cuantas cosas más. Pero eso era cuando hablábamos de inmigrantes pobres que venían a trabajar, la cosa cambia cuando hablamos de inmigrantes ricos que vienen a salvar a los bancos. Ahora resulta que el permiso de residencia, para cuya concesión había que ser tan selectivos, se puede sencillamente regalar a cualquiera que tenga 160.000 euros para comprar una vivienda. O quizá ni eso, después de todo la pueden comprar a crédito. Hasta podrían pedirlo a un banco español ¿por qué no?

Y he aquí, amigos míos, por qué digo que España está en venta. Vendida nuestra dignidad, solo quedaba vender el país mismo. La residencia no es la nacionalidad, es cierto, pero no olvidemos que la nacionalidad se obtiene por residencia legal durante unos determinados períodos de tiempo.  A partir de ahora para ser español ya no será necesario ganárselo con honradez y trabajo, ni exámenes, ni contratos previos, ni nada de nada. Para ser español solo será necesario tener algo de dinero y un poco de paciencia. Si tienes eso puedes ser español y propietario, si no lo tienes se te seguirá cerrando la frontera. A menos, claro, que tengas la desdicha de haber nacido aquí. En ese caso siempre tendrás la frontera abierta para marcharte, como están haciendo ya miles y miles de españoles sin futuro en su patria.

Pero no, estoy siendo demasido pesimista. Los nativos españoles de segunda siempre tendrán una alternativa a la emigración (para la que Alemania les exigirá un contrato previo): trabajar construyendo casas para los nuevos españoles de primera.

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Un artículo de José Manuel Estévez

He dedicado a la huelga general dos de las tres últimas entradas de este blog, motivo más que suficiente para que hubiera decido no tratar más el tema. Lo que me ha hecho cambiar de opinión es un artículo que leí  ayer en la prensa, concretamente en El correo gallego, y que firma José Manuel Estévez. Vaya por delante que ni sé quién es este señor ni tengo ganas de averiguarlo, y que en realidad el artículo no debería merecer el menor comentario para nadie que tenga el menor atisbo de criterio. No es el artículo en sí mismo lo que me interesa, sino el modo que ciertos articulistas tienen de enfocar las noticias.

Comienza el señor Estévez su comentario diciendo no hay nada más destructivo para España que una huelga. A mí, la verdad, se me ocurren unas cuantas cosas que son considerablemente más destructivas: una guerra civil, un desastre natural, el señor Rajoy... Pero a fin de cuentas se trata de una apreciación subjetiva y no la discutiré. Veamos las razones que tiene para tal afirmación.

Habla el señor Estévez de el cuantioso mobiliario urbano y enseres [...] arruinados por aquellos que adulteran el derecho constitucional a la holganza y a la manifestación. Paso por alto que, aunque efectivamente hubo incidentes, las manifestaciones fueron mayoritariamente pacíficas y que se destruye más mobiliario urbano en los botellones cualquier fin de semana. Paso también por alto el tendencioso verbo adulterar, allá el señor Estévez con su apreciación de lo que es ejercer un derecho y lo que es adulterarlo. Lo que me divierte de esta frase es que me consta que el derecho de manifestación es en efecto un derecho constitucional, pero tras repasar la Carta Magna de principio a fin no he conseguido encontrar el artículo en que se recoja el derecho a la holganza.

Contiúna el señor Estévez escribiendo sobre la inasumible cantidad de miles de millones en pérdidas que supone un día de asueto no reglado. Obviaré, porque ya escribí sobre ello en mi última entrada, lo de los imaginarios miles de millones. Concederé que considere una huelga un día de asueto (asueto: vacación por un día o una tarde, y especialmente la que se da a los estudiantes). Pero no puedo conceder la coletilla "no reglado" como si no estuviera recogido en la Constitución, y en el RDL de Relaciones de Trabajo, o como si no se hubieran regulado debidamente los servicios mínimos. ¿Qué hace falta para que este señor considere que un derecho está reglado?

Salto el insulso segundo párrafo y paso al tercero, donde dice sobre el Gobierno que a su favor tiene el apoyo de la mayoría del pueblo español. Lo justifica, como cabía esperar, en los resultados de las elecciones generales, andaluzas y gallegas. Las de Asturias no las menciona, y se le olvida que en realidad en las tres comunidades el PP perdió votos. También se le olvida, o quizá no lo sepa, que todas las encuestas indican que más del 70% de los ciudadanos no aprueban las políticas del Gobierno. La huelga y las manifestaciones deberían darle una pista, pero seguramente su fuente de información será la señora Cifuentes, que cifró la asistencia a la manifestación de Madrid en 35.000 personas. Se comprende el despiste de don José Manuel. Permitidme que omita el panegírico del señor Rajoy en que deriva el resto del tercer párrafo.

Os recomiendo encarecidamente la lectura del cuarto párrafo para quitaros de una vez ese pesimismo y llenaros de esperanza. Nuestros ministros mandan al mundo inequívocos mensajes de confianza. Mensajes que por supuesto están justificados, leyendo el párrafo me entero de que todos los indicadores habidos y por haber están mejorando. Ignoro en qué medios obtiene estos datos, pero está claro que no son los mismos sesgadamente rojos y antiespañoles en que me informo yo. O eso, o es que no vivimos en la misma España, que también podría ser.

En fin, como decía,  el artículo constituye un magnífico ejemplo de cómo se comenta una noticia, sin vaguedades, ni exageraciones ni datos no contrastados. Y en cuanto a la forma, irrreprochable, una exquisita elección de las palabras más ajustadas a lo que se pretende describir.

Como diría Forges, iridiscente.

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sábado, 17 de noviembre de 2012

El coste de la huelga

Dicen los empresarios, y con ellos la derecha, que la huelga general del día 14 supuso para la economía española una pérdida de 4000 millones de euros. Cifra, por cierto, que repiten cada vez que hay huelga general, con absoluta independencia de su seguimiento. De hecho, suelen anunciar que ese será el coste tan pronto como la huelga se convoca. Después anuncian que la huelga ha sido un fracaso, pero igualmente elevan la pérdida a 4000 millones. Vamos a examinar un poquito esa cifra.

El producto interior bruto español es, redondeando, de un billón de euros anuales. Luego el PIB de un día es más o menos de 2.700 millones. No cuadra. Excluyamos sábados, domingos y catorce festivos al año. Así sí salimos a un PIB por día laboral de unos 4.000 millones. Claro está que para eso debemos suponer que en fin de semana no trabaja absolutamente nadie, que paran todas las fábricas, cierran todos los comercios, los cines, las cafeterías, hospitales, etc. Debemos suponer también que los fines de semana se detienen las centrales eléctricas y no se produce un solo vatio de energía. Es bastante suponer pero por mí que no quede, admitámoslo.

Para que el día de la huelga la economía española perdiese 4.000 millones de euros, tendría que haber perdido la totalidad de la producción de ese día. Para eso debemos suponer que el día de la huelga no trabajó absolutamente nadie, que pararon todas las fabricas... En fin, me remito al párrafo anterior. Además, tenemos que suponer también que la pérdida es definitiva y no se recupera en los días siguientes; en realidad, que no se recupera nunca. Hay que suponer, por ejemplo, que el dentista que no puso un empaste ese día ya no lo pondrá jamás y el paciente se quedará con su muela picada el resto de su vida. Vuelve a ser bastante suponer pero por mí que no quede, admitámoslo.

No me acuse la derecha de cerrarme a sus poderosos argumentos. Al contrario, veis que hago un gran esfuerzo por creerlos. Pero ahora, admitidos los argumentos, la derecha tendrá que darme la razón a mí.

Premisas
El PIB español es de 4.0000 millones de euros por día
La economía española perdió 4.000 millones de euros a causa de la huelga

Conclusión
El seguimiento de la huelga fue del 100%

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ahora que ya estamos solos

Yo lo que no llevo en mi programa no lo hago (Mariano Rajoy, noviembre 2011)

Le voy a meter la tijera a todo salvo a las pensiones públicas, a la sanidad y a la educación (Mariano Rajoy, noviembre 2011)

Se les está diciendo a los ciudadanos que pagan que les van a subir los impuestos y a los que defraudan que se los van a perdonar (Mª Dolores de Cospedal, junio 2010)

La subida del IVA es el sablazo que un mal gobernante le pega a todos sus compatriotas que ya están muy castigados por la cirisis (Mariano Rajoy, marzo 2010)

No creo que la subida del IVA sea útil para reducir el déficit público. Es más, creo que va a ser perjudicial para el conjunto de la actividad económica (Mariano Rajoy, marzo 2010)

Se confirma que ha sido un error subir el IVA cuando no tenemos consumo, ni crecimiento económico mientras, por otra parte, suben los precios (Cristóbal Montoro, agosto 2010)

Subir el IVA un 2% es tanto como bajar un 2% el salario a los trabajadores o bajar un 2% la pensión a los pensionistas (Mª Dolores de Cospedal, septiembre 2009)

Lo que necesita España no es facilitar el despido, no es fomentar la salida sino la contratación (Soraya Saenz de Santamaría, junio 2011)

El problema económico de España no se soluciona con el abaratamiento del despido (Cristóbal Montoro, junio 2010)

No hay burbuja inmobiliaria (Luis de Guindos, noviembre 2003)

No existe una burbuja inmobiliaria (Cristóbal Montoro, octubre 2003)

Desde luego le puedo garantizar que el Partido Popular no volverá a bajar el sueldo a los funcionarios (Esteban González Pons, noviembre 2011)

El Partido Popular nunca habría congelado ni rebajado el poder adquisitivo de los pensionistas, y nunca habría bajado el sueldo de los funcionarios, y nunca habría eliminado las ayudas familiares (Esteban González Pons, noviembre 2011)

Lo que España necesita no es una amnistía, sino confianza en la política económica de un país y en el Gobierno que la deba implementar (Mariano Rajoy, junio 2010)

El Gobierno no creará nada, ni un banco bueno, ni un banco malo y no se destinará ni la más pequeña de las cantidades de dinero público para ello (Luis de Guindos, abril 2012)

Más importante que reducir el déficit es asegurar nuestra atención sanitaria (Mariano Rajoy, discurso de investidura)

El copago no está sobre la mesa, así de simple y así de claro (Soraya Sáenz de Santamaría, marzo 2012)

No habrá un banco malo en España (Mariano Rajoy, enero 2012)

No más IVA (Esperanza Aguirre, abril 2010)

Decir siempre la verdad, aunque duela, sin adornos y sin excusas: llamar al pan, pan, y al vino, vino (Mariano Rajoy, discurso de investidura).

Trailará

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Para qué sirve una huelga?

Hoy, mientras fumaba un cigarrillo con unos compañeros, alguien preguntó si finalmente habría huelga el próximo miércoles. Me sorprendió bastante que a estas alturas haya quien todavía no sepa que la huelga está convocada, pero supongo que es normal que no todo el mundo comparta mis preocupaciones. La cuestión es que, una vez le confirmamos que la habría, nos preguntó si nosotros la secundaríamos. Eramos cuatro, incluida la compañera que hizo la pregunta.

Naturalmente yo contesté que sí. Un compañero, que secundó la anterior, contestó que aún no lo había decidido. El tercero dijo, y creo que estas fueron sus palabras textuales, que las huelgas no servían para nada. Le dije que sí, que todos los derechos de los trabajadores se consguieron con huelgas y manifestaciones, y que sin ellas no se habría logrado nada. Sospecho que no convencí a nadie, y que hay mucha gente que piensa como mi compañero. De hecho, no es la primera vez que oigo a alguien expresarse en los mismos o parecidos términos.

Lo cierto es que se equivocan, y solo hay que repasar los libros de historia para saber que es así. Con huelgas y manifestaciones se consiguió la limitación de jornadas. Con huelgas y manifestaciones se consiguió que se introdujeran medidas de seguridad e higiene en el trabajo. Con huelgas y manifestaciones se consiguió el derecho de sindicación. Con huelgas y manifestaciones se consiguieron todos y cada uno de los progresos sociales que hoy disfrutamos. No son concesiones graciosas de los poderosos, hubieron de ser conquistados por los trabajadores, a veces dejando en ello la vida.

Las huelgas y las manifestaciones no solo sirven, son el principal medio de reivindicación con que cuenta el trabajador. Si quienes nos precedieron hubieran renunciado a él, ¿dónde estaríamos? Jornadas interminables, niños trabajando en las fábricas, mujeres cobrando la mitad que los hombres por el mismo trabajo, muertos por enfermedades y accidentes evitables, ancianos, viudas y huérfanos condenados a la mendicidad, salarios de hambre, barrios enteros de barracones...

Ahora lo conseguido está en peligro. Mientras la riqueza se concentra en unas pocas manos, mientras la mayoría se empobrece cada vez más, mientras los grandes empresarios y los ricos evaden impuestos y se decretan amnistías fiscales, se recortan los derechos de los más débiles so pretexto de que no hay alternativa. Se recortan las prestaciones por desempleo mientras se bonifican las cuotas empresariales a la Seguridad Social, se incrementa el IVA mientras las SICAV tributan al 1% y se perdona a los grandes defraudadores, se recorta la sanidad pública mientras se subvenciona la privada, se introduce el repago farmacéutico, se recorta la educación pública sin dejar de subvencionar la privada, se recorta en investigación, se crean modalidades de contrato con despido libre y sin ninguna protección, se elimina todo control de los EREs para que los empresarios puedan despedir a su antojo, se recortan las indemnizaciones por despido, se despide a empleados públicos, se reforman las leyes para aplicar EREs en las Administraciones con el pretexto de reducciones de presupuesto que ellos mismos han decretado, se reforman leyes para que un tal Sheldon Adelson no pague los impuestos que los trabajadores sí han de pagar, se reducen las becas, el número de profesores, se cierran hospitales, se congelan pensiones...

No sigo porque podría pasarme el resto de la noche escribiendo. Añadid vosotros lo que queráis, seguro que se os ocurren unas cuantas cosas que me dejo en el tintero. Todo con el pretexto de una supuestamente necesaria austeridad que no es tal, que no es más que un monumental expolio, un continuo exprimir a los trabajadores cual limones para enriquecer a los ya ricos. Una gigantesca estafa.

Para evitarlo es para lo que sirve una huelga. Para eso servirá la del próximo miércoles. Seguro que no vamos a ver resultados inmediatos el jueves, como no los hemos visto aún de las huelgas pasadas. Pero servirá. Servirá como han servido antes. Servirá como han servido las protestas ciudadanas y manifestaciones para obligar al Gobierno para cambiar la ley que permite la vergüenza de los desahucios.

Servirá, no tengo duda, y por eso el dia 14 yo secundaré la huelga y acudiré a la manifestación.

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10 de marzo

martes, 23 de octubre de 2012

El declive del PSOE

No es ninguna gran revelación decir que el PSOE está atravesando una crisis muy profunda, que se refleja en la sangría de votos que vienen sufriendo desde las elecciones municipales de mayo del año pasado. Sin embargo la pérdida de votos no es en absoluto su problema, es solo el síntoma. Los votos se pierden porque el partido ya no despierta la ilusión ni la confianza de sus antiguos votantes, y tiene que haber unas causas, que son internas. Quiero decir que no se trata de que hayan surgido otras fuerzas que despierten mayor ilusión. Aunque parte de los votos perdidos hayan ido a parar a otras formaciones, ni son nuevas ni ofrecen nada realmente novedoso. Luego los motivos no son externos, están en el propio PSOE.

Las explicaciones usuales, los escandalosos casos de corrupción, el giro en la política del expresidente Rodríguez Zapatero o el escaso carisma del señor Pérez Rubalcaba, con ser ciertas no me parecen suficientes. Todo eso no dejan de ser cuestiones accidentales que el PSOE podría superar con relativa facilidad si sus dirigentes realmente lo quisieran. El problema es que ha perdido a su electorado "natural" porque ha dejado de ser percibido como socialista y obrero. En mi humilde opinión, con motivo.

Consideremos la política seguida durante las dos legislaturas en que gobernó el señor Rodríguez Zapatero. No voy a negar, porque no es esa mi intención, lo positivo de algunas de las medidas que se aprobaron, tales como la revalorización de las pensiones o la ley de dependencia. Otras fueron de un acusado populismo electoralista, como la devolución de 400€ de IRPF. Lo importante es que, más o menos acertadas, fueron medidas que no atacaron ni por asomo los verdaderos problemas y, sobre todo, que no respondían a una filosofía socialista. Se hicieron cargo de un Estado social débil y renunciaron por completo a desarrollarlo. De nada sirve adoptar medidas aparentemente progresistas si no te dotas de los medios para sostenerlas, y el Gobierno socialista no lo hizo al no abordar ni por asomo el problema de la fiscalidad que constituye tal vez nuestra mayor debilidad.

Llegó la crisis y dejó a la vista de todo el mundo lo que antes no supimos o no quisimos ver. Que se había estado dando continuidad a la suicida política económica del anterior Gobierno del señor Aznar. Por temor al incremento del paro o por temor a las consecuencias electorales de las medidas que habrían sido necesarias (quiero creer que lo primero), no solo no atajaron sino que permitieron que continuaran inflándose las burbujas inmobiliaria y financiera. Y no lo hicieron por ignorancia sino a sabiendas, a pesar de los informes y los análisis que desde años atrás alertaban del enorme peligro. El partido que se decía socialista dejó que se desarrollara un salvaje capitalismo especulativo sin hacer nada. Y, de remate, una reforma constitucional impuesta sin diálogo ni consulta y que supone una rendición incondicional al poder económico.

Perdieron las elecciones municipales y perdieron las elecciones generales de manera contundente. Era el momento de la autocrítica, de analizar por qué su electorado les volvía la espalda y poner el remedio; pero no lo hicieron. Creyeron resolver su crisis con un cambio en la cúpula dirigente que no cambiaba nada en la filosofía del partido. Escondieron al expresidente debajo de la alfombra en la esperanza de que se olvidarían sus pecados, pero se olvidaron del pecado mayor que no iba a ser olvidado: su renuncia al socialismo.

Y si el PSOE ya no es un partido socialista ¿qué es entonces? Nada. Soy consciente de lo que digo, y no voy a decir esa burrada de que ahora es un partido de derechas. No lo es, pero tampoco es ya de izquierdas. No es más que un espectro que vaga en busca de un poder que no sabe para qué quiere, alimentándose del miedo a la derecha para no desaparecer.

Sé que es duro lo que digo y, por si alguien se llama a engaño, añadiré que ni pretendo hacer escarnio ni soy de los que se alegran de esta situación. Al contrario, lo digo con pena. Yo votaría contento a un PSOE que tuviera un modelo de Estado digno de sus siglas. Pero no lo tiene, ni creo que tenga modelo de Estado en absoluto.

Si el PSOE ha de recuperar el lugar que durante tantos años le ha correspondido en la política española, necesita un nuevo proyecto. No lo va a lograr con lavados de cara, ni con componendas ni parches, ni con oposiciones tan responsables que no parecen ni oposiciones. Necesita ofrecer un proyecto nuevo, global y coherente, sólidamente fundado en los principios de la democracia, la solidaridad y la justicia social. Necesita convencer con algo más que palabras de que no sólo se pondrá freno a la regresión democrática y la deriva neoliberal, sino que se va a emprender con decisión el camino que nos lleve a un Estado social, democrático y de derecho real, y no solo nominal.

Dudo mucho, para ser sincero, que tal cambio llegue de la mano de sus actuales dirigentes. Creo que si no lo impulsan los militantes de base, no se producirá. También podría ocurrir, y tal vez esto sea lo peor, que el PSOE recupere su posición sin que ese cambio se produzca; simplemente porque las consecuencias de las políticas del Partido Popular hagan que las del PSOE parezcan buenas por comparación. Eso me parecería terrible, porque convertiría al PSOE en una simple pieza de un poder sin alma.

Por todo esto espero que los más recientes desastres electorales del PSOE sirvan, esta vez sí, de auténtico revulsivo y no se vuelvan a saldar en un cambio de caras para que todo siga igual.

lunes, 22 de octubre de 2012

Sobre las elecciones en Galicia

Naturalmente empezaré por felicitar a los vencedores. Quiero decir a los candidatos, a los electores no sé si darles la enhorabuena porque no creo que el resultado sea bueno para ellos ni para nadie que no sea neoliberal. Y me resisto a creer que todos los que han votado al Partido Popular sean neoliberales. Dicho esto, entro en materia. Y comienzo con lo de siempre, pesadiño que soy. Una vez más el sistema electoral con sus circunscripcíones, su límite de votos del 5% y su sistema d'Hondt falsea la voluntad real de los gallegos. Si el sistema fuera realmente proporcional la distribución de escaños sería muy distinta, como muestra la siguiente tabla. Observaréis que entre los escaños asignados proporcionalmente suman 74, debido a los redondeos. El escaño que falta sería en principio para PACMA.


Lo primero que llama la atención es que el PP no debería estar tres escaños por encima de la mayoría absoluta, sino tres por debajo, y que el batacazo del PSOE tendría que ser aún mayor. Más importante quizá es que hay cuatro o cinco partidos que deberían tener representación parlamentaria porque así lo quieren los ciudadanos, y no la tienen porque lo impide el sistema electoral. Hay 76.297 ciudadanos gallegos a los que simplemente les han robado el voto. Al igual que se lo han robado "parcialmente" a los votantes de AGE y BNG, que tienen menos representación de la que les correspondería en un sistema verdaderamente democrático.

Otro dato a considerar es la abstención, que ha sido del 36,2%. Desde luego es un nivel de abstención alto, siempre es malo que más de un tercio de los ciudadanos decidan no ejercer su derecho al voto. Es un síntoma de la escasa ilusión que despiertan los partidos políticos. Sin embargo no ha sido tan alta como yo temía.  Es verdad que se ha incrementado con respecto a las dos convocatorias anteriores, pero si miramos más atrás, vemos que la abstención en las elecciones autonómicas gallegas nunca a bajado del 35,8%, y en tres de nueve ocasiones ha superado el 40%.  Desde luego sigue siendo un dato malo, pero es crónicamente malo por decirlo así. Y eso es aún peor porque significa que es algo más que un desencanto coyuntural.

También es importante señalar que de las cuatro fuerzas que obtienen escaños, tres pierden votos. El desastre es particularmente grave en el PSOE, pero los 41 diputados del Partido Popular no pueden ocultar que aún aumentado su representación, también pierde un número importante de votos. Hace cuatro años obtuvieron 789.427, lo que significa que han perdido nada menos que 135.493. Eso supone un descenso del 17,16% o, lo que es lo mismo, que uno de cada seis de sus antiguos electores han decidido no votarles esta vez. El incremento en el número de escaños no se debe, como ha dicho la señora Cospedal, a que los gallegos aprueben la gestión del señor Feijoó, sino a la magnitud del descalabro de PSOE y BNG.

Por último me gustaría comentar brevemente el notable éxito de Alternativa Galega de Esquerdas, porque muchos analistas lo están atribuyendo al carisma personal de Xosé Manuel Beiras, y yo no creo que sea así. Incluso creo que hubo gente que votó a esta coalición a pesar del señor Beiras, dicho sea con todo el respeto a un hombre al que no se pueden negar su honestidad y valía intelectual.

Esta formación engloba a Esqueda Unida, Equo y Anova. Estoy seguro de que los votantes de EU y Equo no han votado AGE por Beiras. En cuanto a Anova, partido escindido del BNG, yo creo que sus simpatizantes habrían votado igualmente a AGE sin Beiras. Alternativa Galega ha recogido en realidad, además del voto de EU y Equo, el voto descontento de PSOE y BNG. Pero sobre todo creo que su ascenso se debe a que es la única formación que ha sabido despertar ilusión. De no ser así, de ser como algunos dicen sólo un voto de desencanto o de castigo, esos doscientos mil votos se habrían perdido, yendo a engrosar la abstención.

Y termino como empecé, felicitando a los ganadores aunque crea que el resultado será malo para todos. Espero que en los próximos años el señor Feijoo demuestre que me equivoco.

domingo, 14 de octubre de 2012

Voto en branco e abstención

Queda unha semana para as eleccións en Galicia e as enquisas din que o PP vai obter outra maioría absoluta, como sempre de escanos, que non de votos. Máis ainda, parece que van obter un ou dous escanos máis que na pasada lexislatura a pesares de que non gañan votos; de feito vannos perder, aínda que poucos. Din tamén as enquisas que Alternativa Galega pode entrar no parlamento con catro ou cinco escanos, e que a abstención vai aumentar ata case o 42%.

Non fai falla ser un xenio para saber que todos estes feitos están relacionados entre sí. Os votos de Alternativa Galega proceden, ademáis dos votantes de Esquerda Unida, dos descontentos do PSOE e, en menor medida, do BNG. E se o PP vai gañar escanos perdendo votos é porque medra a abstención, que se vai producir sobre todo entre os que nas pasadas eleccións votaron ó PSOE. A abstención e o voto en branco xogan un papel importante nesta convocatoria.

O voto en branco non é neutro, convén telo en conta. Sabemos que para obter un escano no Parlamento se esixe acadar o 5% dos votos válidos da circunscripción, e o voto en branco conta como voto válido. Isto é moi importante para os partidos que bordean este límite. No caso destas eleccións para Alternativa Galega, especialmente na provincia de Ourense, donde as enquisas anuncian que terá o 4,4%, e pode que na de Lugo, donde se sitúa no 6,7%. Votar en branco é, por suposto, unha opción perfectamente lexítima, pero convén saber cómo afecta ó resultado. Adóitase dicir que votar en branco expresa que non te convence ningún partido, e certamente non é votar a favor de ningún. Pero neste caso, debido ó sistema electoral, é votar en contra dunha formación concreta.

Outra cousa é a abstención, que a priori sí é neutra xa que non conta de ningún xeito, como tampouco o voto nulo. Pero tamén nisto hai un feito a ter en conta. A abstención apenas vai afectar ó Partido Popular, que ten un electorado moi fiel. Son os antigos votantes do BNG e, sobre todo do PSOE os que non van ir votar. Son votos de esquerda, non de dereita, os que se perden; de ahí que a dereita gañe escanos sin gañar un só voto. Non é que non o entenda, comprendo ben o desencanto e a decepción. Pero expresar ese desencanto co PSOE regalándolle outra maioría absoluta ó PP no me parece a cousa máis lóxica do mundo. A abstención, tal como están as cousas, é votar por catro anos máis do mesmo. Catro anos máis de pecha-los oídos ó pobo e facer o que lles pete porque "os cidadáns deronnos a súa confianza". Catro anos máis de recortar salarios, prestacións e pensións para pagar a especuladores porque "é o que hai que facer". Catro anos de desmantelar o público para dar negocio privado. E cando rematen eses catro anos pode que xa non teñamos Estado de benestar polo que loitar.

Sei que tamén hai xente que se vai abster por convicción e non por desencanto. Xente que pensa que este sistema non é democrático e que, se medra moito a abstención, se deslexitima e terá que haber cambios. Non quixera faltarlle ó respeto a ninguén, pero na miña opinión están a soñar. Os grandes partidos teñen un "fondo" de votos fieis, e con iso abóndalles. O exemplo o podemos ter nos Estados Unidos, onde a participación chegóu a caer por debaixo do 50% e non pasóu nada. Ninguén se sentíu deslexitimado, ningúen renuncióu ó poder, ningúen dixo que o sistema non funcionara nin que houbera que reformalo. ¿De verdade pensa alguén que os partidos que deseñaron o sistema para garanti-las súas maiorías van renunciar a él? Aferraránse ós seus sillóns como as lapas á pedra e cambiarán cantas leis faga falla para reprimi-las protestas. ¿Acaso non o estamos vendo xa?

Se desbotamos á violencia, para cambiar ó sistema non hai outra que facelo polos seus propios cauces, votando a quenes queren cambialo porque teñen algo que gañar co cambio. Dáme igual que sexan de esquerda, como Alternativa Galega, ou de dereita como UPyD. Non vale queixarse de que a política é unha farsa e cruzar os brazos coma se non fora con nós. Como dixen nunha das primeiras entradas deste blogue, para que haxa democracia se teñen que dar dúas condicións: que os cidadás podar participar na vida política e que realmente o fagan, e se o pobo non exerce a súa soberanía outros a exercerán por él.

Estou tan desencantado cos partidos como calquera, pero non me vou dar por derrotado. Non vou deixar, na pequena medida en que poda evitalo, que por hastío manteñan un poder absoluto os mesmos que nos levaron onde estamos. Nin que gobernen outros catro anos os mesmos que, enchéndose a boca de grandes palabras, lamen o cú do poder económico e deixan ós cidadáns que os elixiron ó pé dos cabalos.

viernes, 12 de octubre de 2012

Ninguneo informativo

Estes días, vendo cómo se informa da campaña electoral galega nas distntas canles de televisión, decatéime de dúas cousas. Unha, anecdótica, é que os señores Feijoo e Vázquez no falan demasiado ben a lingua galega. A outra é que se un se informa só na televisión podería chegar a conclusión de a estas eleccións concorren tan só tres partidos. Se amosan imaxes dos actos dos líderes do PP, do PSOE e do BNG, pero é moi raro que se mencionen sequera os actos dos restantes partidos.

Penso que non é unha cuestión menor. O distinto trato nos medios de comunicación non só se traduce en distinto grao de coñecemento polos cidadáns, tamén é unha mensaxe ímplicita que vai calando na cidadanía: que só hai tres alternativas reais e que votar a calquera outro partido só pode ser un acto simbólico ou un voto de castigo ós tres "importantes". Doutro xeito: que só hai tres partidos que conten. Na miña opinión isto é manipular a opinión pública e falsear as eleccións, porque a información non se manipula só polo que se dí, tamén polo que non se dí.

Non teño nada que dicir no caso das canles de televisión privadas, aínda que fixeran propaganda aberta dun partido (e algunhas a fan), están no seu dereito. Son os propietarios ou accionistas quenes deben definir a súa liña. Pero as canles públicas pertencen a todos, están ou deberan estar ó servizo dos cidadáns e non dos políticos, e a súa obriga e informar de xeito imparcial. Os actos dun partido non son nin máis nin menos importantes que os de de calquera outro, sexa cal sexa a representación que hoxe teñan ou non teñan no Parlamento. En cada convocatoria electoral os medios públicos deberan actuar como se ningún deles a tivera.

Chama especialmente a miña atención o auténtico ninguneo que se lle fai a Alternativa Galega porque, aínda admitindo que haxa algunha xustificación para a diferencia de trato, omitir a información sobre esta coalición xa rebasa calquera límite, xa que non é una formación testimonial nin moito menos. Non só porque forma parte dela Esquerda Unida, que é un partido consolidado e con implantación, ou porque o seu cabeza de lista sexa Xosé Manuel Beiras, que é un político de recoñecida traxectoria. Tamén, e sobre todo, porque as enquisas indican que podería acadar catro ou cinco escanos a pesares do inxusto límite do cinco por cento dos votos. É a carta forza en liza, con posibilidades máis que reais de obter representación e romper co "acaparamento" do Parlamento. ¿Iso non é noticia? Omitilo nos informativos, silenciar os seus actos electorais como se non contaran para nada é manipular a información.

Sei ben que hai leis que regulan o espazo que as canles del televisión públicas adican a cada partido. Non digo que non sexa legal, digo que non é democrático. Que estas eleccións están sendo u bo exemplo que esas leis se fixeron para servir a certos partidos políticos, e non para servir ós cidadáns.

Pode que algúen pense que esta entrada tamén é propaganda dun partido, e pode que teña razón. Pero eu escribo unha bitácora persoal, non dirixo un medio público. E a título persoal chámovos a ter en conta todas as opcións.

lunes, 1 de octubre de 2012

La herencia de Rajoy

Lo siento, pero estoy ya más que harto de la insistencia del señor Rajoy y sus ministros de echarle la culpa de todo al Gobierno anterior, de hablar una y otra vez de la herencia recibida. Porque si no es mentira es una verdad a medias imperdonable en cualquier responsable de gobierno, pero más aún en quien prometió solemnemente decir siempre la verdad.

El señor Rajoy se olvida siempre, muy convenientemente, de mencionar también la herencia igualmente grave de su predecesor Don José María Aznar y sus ministros, que fueron quienes crearon la burbuja inmobiliaria y permitieron el monstruoso endeudamiento de las entidades financieras, cerrando los ojos a sus peligrosas prácticas.

Pero el señor Rajoy se olvida, sobre todo, de su propia herencia. Se olvida el señor Rajoy de que fue diputado y líder de la oposición durante la etapa de gobierno con que ahora lo justifica todo. Y como tal diputado y líder le correspondía la responsabilidad de controlar la acción del Gobierno. Así lo manda el artículo 66.2 de la Constitución:

Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.
Entre esas demás competencias atribuidas por la Constitución, está la recogida en el artículo 113.1:
El Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción por mayoría absoluta de la moción de censura.
Dice también el artículo 110.1:
Las Cámaras y sus Comisiones pueden reclamar la presencia de los miembros del Gobierno.
Y el 111.1 dice:
El Gobierno y cada uno de sus miembros están sometidos a las interpelaciones y preguntas que se le formulen en las Cámaras.
¿Dónde estuvo pues el control de la acción del Gobierno que el señor Rajoy hubiera debido ejercer? Como líder del principal partido de la oposición era su responsabilidad y su deber. Era responsabilidad suya informarse del verdadero estado del sistema financiero, de los riesgos que entrañaba la gigantesca burbuja inmobiliaria. Era su responsabilidad exigir al Gobierno la información y las explicaciones y, en su caso, hacer las propuestas oportunas. ¿Por qué no propuso en su día ni una sola de las medidas que ahora adopta? ¿Por qué afirmó, muy por el contrario, que no adoptaría ninguna de esas medidas? La única respuesta que encuentro es que no convenía a sus intereses electorales.

Más aún, durante años estuvo afrirmando que el problema de España era la desconfianza que, según él, generaba el Gobierno. Durante años se hartó de repetir que todo era culpa de un Gobierno que lo hacía todo mal. Llegó al punto de afirmar sin rubor que el mero anuncio de convocatoria de elecciones generaría tanta confianza que por sí solo haría que empezasen a solucionarse nuestros problemas. Y yo me pregunto por qué, si tan convencido estaba de ello, no planteó jamás una moción de censura. Y la única respuesta que encuentro es que no convenía a sus intereses electorales.

Pagamos la herencia de las equivocadas políticas del señor Rodríguez Zapatero, no se puede negar. Pagamos también la herencia de la dejación de funciones los diputados de la oposición, y tampoco esto se puede negar. Pagamos también la herencia del señor Mariano Rajoy.

jueves, 27 de septiembre de 2012

El Congreso y la policía

Las manifestaciones en las inmediaciones de los edificios de las Cortes están prohibidas cuando están reunidas, cosa que a mí me parece perfectamente razonable ya que los legisladores no deben realizar su labor sometidos a ningún tipo de coacción. En eso tiene razón el Gobierno, y la tiene también en que es función de la policía velar por que se cumpla la ley. Ahí se agotan todas sus razones.

Ya en los días previos al acto convocado bajo el lema rodea el Congreso, en lugar de procurar tranquilizar los ánimos se han dedicado a todo lo contrario con su insistencia en referirse al acto como ocupa el Congreso o asalta el Congreso, a pesar de que los convocantes insistieron una y otra vez en que no había ninguna intención de acceder al edificio. La palma se la llevó la señora De Cospedal al comparar la manifestación con el intento de golpe de Estado, obviando que los que lo ocuparon en aquella ocasión no eran manifestantes sino militares armados con la intención declarada de acabar con la democracia.

Pero a estas declaraciones impropias de quien tiene la responsabilidad de gobernar ya estamos acostumbrados. Lo que de verdad les quita toda razón es lo ocurrido el martes. Si lo que se pretendía era evitar que los manifestantes se acercaran al edificio del Congreso, lo normal habría sido que los agentes se situasen detrás de las vallas, no creo que haga falta ser estratega militar para saber que no se defiende una barricada situándose delante de ella. ¿Qué hacían entonces los agentes antidisturbios en la plaza de Neptuno, en medio de los manifestantes? Aún admitiendo que no soy un entendido en la materia y que esto tuviera su lógica, lo que no tiene ninguna es que estuvieran empleándose con contundencia en los andenes de la estación de Atocha, a más de un kilómetro de distancia. ¿Y qué decir de ese agente de paisano que fue grabado tratando de decirles a los agentes que le golpeaban que era compañero suyo? ¿Qué hacía entre los manifestantes que, se supone, provocaban los disturbios?

La policía, repito, tiene la obligación de hacer cumplir la ley. Sin embargo su actuación del martes excede con mucho lo necesario para cumplir ese deber, y no creo que actuasen así por iniciativa propia. Alguien tuvo que darles las órdenes. La cuestión es explicar el porqué de esas órdenes, y solo se me ocurre una. No le veo ningún sentido a menos que, lejos de querer evitar los episodios violentos, se los buscase. Tuve la impresión, y ojalá me equivoque, de que alguien quiso que hubiera enfrentamientos simplemente para desacreditar a los manifestantes como unos violentos antisistema.

Por desgracia, parecen confirmar esa impresión las declaraciones posteriores tanto de autoridades como de los medios de comunicación afines a la derecha, incluidas las de no recuerdo qué cretino que hoy afirmaba en un diario que de no haber sido por la policía los manifestantes habrían dado un golpe de estado.

Diréis que todo esto no son más que conjeturas mías que no puedo probar, y tendréis razón, lo admito. Pero hay algo más que no es conjetura y que, perdonando la expresión, me toca mucho los huevos. Me molesta la constante insistencia en que las cosas no se arreglan con manifestaciones como si el problema fuesen las manifestaciones y no las causas que las provocan, como si la gente se manifestase y fuese a ser aporreada por diversión. Me molesta la insistencia en que todo el que se manifiesta es un radical y no, simplemente, un ciudadano descontento que ejerce un derecho legítimo. Me molestan las referencias a la mayoría "responsable" que no se manifiesta como si todo el que no sale a la calle estuviera de acuerdo con las políticas del gobierno, como si la gente no se quedase en casa por que tiene otros compromisos, o es demasiado mayor, por miedo o simplemente por apatía.

El que calla otorga, piensa Rajoy, y si no protestas es que estás de acuerdo con todo lo que hace. Pues será cuestión de protestar más.

P.S. Rectificación.

Creo que debo sacar la pata que al parecer puedo haber metido ayer. Hoy he leído unas declaraciones de responsables de la policía reconociendo haber cometido errores. Entre ellos, el haber situado a los agentes detrás de las vallas y no delante, lo que dicen que hubiera impedido que los manifestantes rompieran el cordón. Si eso es así me equivoqué dos veces, una al afirmar que estaban delante de las vallas y otra al decir que eso no era lógico. Con respecto a los agentes de la estación de Atocha dicen que actuaron por iniciativa propia y sin órdenes. Sigue sin explicar, a mi juicio, lo del agente de paisano y por qué había policiías en la plaza de Neptuno en medio de los manifestantes.

Tras sopesar la posibilidad de eliminar la entrada, he decidido dejarla con esta nota porque creo que en lo esencial sigue siendo válida pese a las explicaciones de la policía.

jueves, 20 de septiembre de 2012

445.568 políticos

Hace cuatro meses publiqué en este blog la entrada ¿Cuántos políticos tenemos?, sobre el bulo que circula por internet según el cual hay nada menos que 445.568 políticos en España. Hoy, curioseando por la red, he visto que sigue siendo reproducido continuamente y dado por bueno. Desde luego no pensaba que mi modesta entrada en mi desconocido blog fuera a cambiar nada y seguramente no debería sorprenderme, pero el caso es que sí me sorprende que una información tan evidentemente falsa siga siendo aceptada con tanta facilidad. Quizá merezca la pena ver con un poco más de detenimiento la tabla tal como se publicó en El aguijón, que parece ser el origen del bulo. No repetiré lo sospechosamente vago que es con respecto a la fuente, un supuesto informe que no se reproduce y cuyos autores no se citan, ni lo extraño que resulta que la Presidencia del Gobierno necesite encargar un estudio para eso. Vayamos a las cifras.

Ya en la primera línea nos encontramos con que 350 diputados y 266 senadores no suman 650 sino 616. Tan grosero redondeo contrasta ciertamente con la exactitud del dato final: 445.568, ni uno más ni uno menos.

En el Tribunal de Cuentas hay, según la tabla, 120 políticos. Basta entrar en la página del propio Tribunal para saber que los consejeros son doce. El resto de personas que allí prestan sus servicios son empleados públicos, funcionarios o laborales.

Llamativa es la cifra de 900 "defensores del pueblo, menor, mujer, etc".  Para llegar a semejante cifra tendría que haber cincuenta defensores del pueblo o similares en cada comunidad autónoma. Admito que no tengo ni idea de cuántos hay, pero suponiendo que cada comunidad tenga un defensor del pueblo, uno del menor, uno de la mujer y uno del ex-alcohólico anónimo, no alcanzaríamos ni la décima parte de esos 900.

Resulta casi gracioso que se incluyan 1600 "políticos con pensión". Si tienen una pensión  (se entiende que por haber ejercido un cargo político) será porque ya no lo ejercen, digo yo.

Este grosero inflado de cifras es, pese a todo, pecata minuta. Veamos las cifras gruesas, por ejemplo, los 65.130 liberados sindicales. ¿Cómo se ha obtenido esta cifra? Dice el aguijón: se ha analizado las bolsas de horas sindicales y liberados que reflejan los convenios colectivos. Es decir, todo representante de los trabajadores que tenga el crédito de horas para tareas de representación que reconoce el Estatuto de los Trabajadores está siendo computado como político, y ello con independencia de que realmente esté liberado o no. Por ejemplo,  todas las empresas entre diez y treinta trabajadores deben tener un delegado de personal. Por pura lógica sabemos que no están liberados, ya que no tienen otros representantes con los que acumular sus horas. Más aún, muchos de ellos ni siquiera están afiliados a un sindicato. A pesar de ello y de que no cobran un céntimo de las arcas públicas están siendo computados en la tabla. ¿Por qué? Dice también El aguijón que se computan puesto que realizan funciones de organización política de Estado. Ya ves, querido lector, representar ante el empresario a tus compañeros de trabajo es organizar políticamente el Estado. Sorprende que no se haya incluido un apartado para los delegados de curso de tercero de primaria.

Veamos la cifra más gorda de todas: 131.250 "políticos empleados en empresas públicas o con participación estatal". ¿Cuántas empresas públicas hay en España? Es difícil saberlo, pero seamos generosos y digamos que cinco mil. Extrayendo datos de la EPA y del Registro Central de Personal de la Administración resulta que en ellas pueden trabajar, tirando por lo alto, medio millón de personas. Más de la cuarta parte de ellas serían políticos según la dichosa tabla. Sospecho por tanto que el jefe de taller de plomeros de Navantia Cartagena es un político.

En fin, no continúo, creo que como muestra es suficiente. Ahora me parece que dedicaré un rato a adivinar en qué punto de la tabla estaré incluido. No hay línea de "autores de blogs", pero seguro que alguna razón para catalogarme como político tendrá que haber.

P.S.: Es curioso, acabo de caer en la cuenta de que la tabla no incluye al Presidente del Gobierno, ni a los ministros, ni a los presidentes y consejeros autonómicos. No es posible que los autores de tan sesudo y exhaustivo estudio se hayan olvidado, así que no deben de ser políticos.

ENTRADAS RELACIONADAS:

¿Cuántos políticos tenemos?

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Non son novo dabondo

"Non son novo dabondo para sabelo todo" Oscar Wilde
Cando era un rapaz sabía moi ben a quén votaría se tivera idade, o malo foi que cando a tiven xa non o sabía. O problema é que nunca houbo un partido nin un candidato que espertara a miña ilusión, ningún programa do que puidera dicir este sí é un proxecto verdadeiramente bó. Supoño que non o parecerá polo meu xeito de falar, e non digamos de escribir neste blogue, pero en realidade a dúbida é o meu estado máis habitual. E a dúbida non casa ben con iso de ser dun partido. De feito, non acabo de entender á xente que dí que é dun partido como quen dí que é do Betis. Así que, como norma, teño en conta a ideoloxía xeral de cada partido, miro os programas, considero o que fixera o que estea gobernando, e voto á candidatura coa que teña máis en común ou coa que teña menos diferencias. As veces non voto.

Xa imaxinaredes que todo isto ven a conta das vindeiras eleccións ó Parlamento de Galicia. Aínda non empezóu a campaña, ben o sei, pero iso non quita para que empezaran as miñas dúbidas. Esta vez o meu problema é que a escisión do Bloque e a coalición dunha parte do nacionalismo con Esquerda Unida me ten bastante descolocado. Para dicilo dun xeito liso e chan: non me entero. Algo ten que ver tamén, para que negalo, que vou algo canso e desencantado e teño poucas gañas de buscar información.

A pesares de todo, algunhas cousas sí as teño claras. Dos meus principios: a liberdade, a igualdade, a xusticia, a democracia, a solidaridade..., hai moito, moitísimo que non teño dúbida algunha. E por iso sei moi ben a quén non vou votar. Nin farto de albariño se me pasaría polo maxín votar por quen está a atacar todos e cada un deses principios e a desmantelar o Estado social para sustituilo por un Estado neoliberal. Por máis que eu non son partidario de enfocar eleccións autonómicas por políticas estatais, nin ó revés, esta vez penso que está máis que xustificado polas circunstancias. Teño ademáis por certo que, se o PP gaña en Galicia (porque no País Vasco nin soñan con gañar), van usar ó resultado para facer ver que a xente apoia as súas políticas, esquecer os seus fracasos noutras rexións e despreciar calquera enquisa, manifestación ou crítica. Quero dicir aínda máis.

Algunha vez no pasado teño votado polo PSOE. Supoño que porque, no fondo e se o penso ben, a miña ideoloxía é a dun socialdemócrata. Pero agora xa non estou seguro de que esa sexa aínda a ideloxía deste partido que parece ter esquecido que leva na súa sigla unha "O". Ademáis con tempo funme convencendo, e agora estou totalmente convencido, de que o bipartidismo está matando a democracia, como xa expreséi hai tempo en Sin miedo al pluralismo e En defensa del voto inútil. Por se isto fora pouco, non lle podo perdoar o PSOE unha reforma constitucional antidemocrática que antepón os intereses dos causantes da crise ós dos cidadáns que a padecen e ós que din representar. A única razón que se me ocorre para votarlles é tan só como mal menor e agardando, xa que non crendo, que poidan por algún freo ó desmantelamento do Estado social.

Supoño que isto non me deixa moitas opcións. Supoño tamén que tería que agardar a que empece a campaña e coñecer eses papeis mollados que chaman programas electorais. E supoño que, como de costume, chegará o intre de meter a papeleta na urna e fareino con dúbidas. Qué lle vou facer, é o malo de non ser xa novo dabondo. Supoño.


martes, 11 de septiembre de 2012

El recorte en las prestaciones por desempleo

Supongo que todos recordaremos que durante la campaña electoral, y particularmente durante el debate televisado, el señor Pérez Rubalcaba preguntó en varias ocasiones al hoy presidente del Gobierno si recortaría las prestaciones por desempleo. Recordaremos también que éste se limitó a contestar con evasivas y vagas referencias al modelo austríaco, afirmando que no bajaría las prestaciones. Pues bien, desde mediados de julio tenemos la respuesta; no hay tal cambio al modelo austríaco y sí, una vez más, lo que el Sr. Rajoy dijo que no haría: un recorte de las prestaciones. Y bastante importante.

Se recorta en primer lugar la prestación contributiva, es decir el paro "normal". Hasta ahora su cuantía bruta a partir del séptimo mes era el 60% de la base de cotización, pasando ahora a ser el 50%. Es de notar que, aunque en puntos sobre la base la reducción parezca del 10%, realmente es el 16,67% (50x100/60). Esto, repito, a partir del séptimo mes, pero además ahora el trabajador asume la totalidad de la cotización a la Seguridad Social, cuando antes el Inem asumía el 35%. Esto supone un recorte adicional de aproximadamente el 1,65% durante toda la duración de la prestación.

Pero no se recorta solamente la prestación contributiva, también los subsidios. Para empezar se elimina sin más el subsidio especial para desempleados mayores de 45 años que agotasen una prestación de dos años, y que suponía para quienes reunían los requisitos 426 euros durante seis meses.

Un recorte importante es el del subsidio para mayores de 52 años, que ahora pasa a ser para mayores de 55 años.Se endurecen por tanto los requisitos, pero eso no es lo peor. Antes este subsidio se concedía hasta la edad ordinaria de jubilación, pasando ahora a concederse hasta la primera edad en que el trabajador pueda jubilarse. Es muy importante observar que con esto no solo se recorta el subsidio, dado que la jubilación anticipada supone reducciones en la pensión (un 8% por año si no me falla la memoria) se están recortando indirectamente las pensiones. Además, por las características especiales de los trabajadores que lo perciben, este subsidio es el único que cotiza para la jubilación. Hasta ahora la cotización era por el 125% de la base mínima, pasando ahora a cotizar por el 100%. Eso es otro recorte indirecto en las pensiones de jubilación.

Otro recorte más, común para todos los subsidios. Hasta ahora su cuantía era el 80% del IPREM, es decir 426 euros para este año. Ahora, cuando el derecho se origine por pérdida de un trabajo a tiempo parcial, la cuantía se reduce proporcionalmente a la jornada. Es decir, una persona cuyo último trabajo fuese por ejemplo de veinte horas semanales cobrará 213 euros de subsidio, en lugar de 426.

No nos quedamos ahí. No solamente se recortan la prestación contributiva y los subsidios. También se endurecen los requisitos de acceso a la Renta Activa de Inserción. Esta es una prestación que, con determinados requisitos, podían y pueden percibir los desempleados de larga duración mayores de 45 o con minusvalía del 33%, las víctimas de violencia de género y los emigrantes retornados. A los requisitos que ya tenía se añade uno más: haber agotado previamente una prestación contributiva o un subsidio. Eso excluye a un cierto número de personas que con la normativa anterior la hubieran podido percibir.

No se vayan todavía, aún hay más. Nos queda el Plan Prepara. Esta subvención (porque es subvención y no prestación) fue creada en febrero para sustituir al anterior Prodi, creado por el Gobierno Zapatero con motivo de la crisis. En mi modesta opinión, la creación del Prodi ya fue una chapuza, y cada una de las dos reformas que sufrió fue más chapucera que la anterior. Creí sinceramente que su sustitución por el Prepara era la chapuza definitiva, pero me equivoqué, tratándose de chapuzas nuestros políticos no conocen límites. Si el hecho de que sea una subvención y no una prestación ya es para mí bastante incomprensible, el amasijo de competencias de distintas administraciones lo convierten en un galitmatías indescifrable para cualquier desempleado que no sea doctor en derecho (y aún éstos deben de tener dificultades). Para poner la guinda ahora se añade el requisito de acreditar acciones de búsqueda activa de empleo durante treinta días, lo que quizá no sería objetable si se hubiera establecido la forma de tal acreditación, lo que no se ha hecho pese a que la nueva norma se aplica con efectos del 16 de agosto. La guinda de la guinda es volver (y digo volver porque ya se hizo con el prodi) a considerar a los padres como miembros de la unidad familiar a efectos del requisito de rentas familiares. Bonita opción: volver con los padres y no cobrar nada o vivir con 399 euros.

Aún hay algún recorte más que omito por no hacer esta entrada demasiado larga y farragosa. En resumen, y aunque alguna de estas medidas considerada aisladamente pudiera ser más o menos discutible, en conjunto se recortan de forma muy considerable las prestaciones por desempleo y, de forma indirecta y a la chita callando, las pensiones de jubilación. Una vez más, y so pretexto del sacrosanto objetivo de déficit, se exige a las víctimas pagar lo que no pagarán los culpables. Y mientras tanto leo en la prensa de ayer que con la ya de por sí injusta y vergonzosa amnistía fiscal solo se ha recaudado hasta ahora el 5% de lo previsto, sin que el señor Montoro se haya dignado, que yo sepa, siquiera mencionarlo.

Si habéis leído algunas de las entradas anteriores de este blog ya sabréis cuál es mi opinión sobre todo esto. Socialmente es una terrible injusticia y económicamente una monumental estupidez. ¿Qué más puedo añadir? Nada que no haya expresado ya, y magníficamente, la todavía diputada señora Andrea Fabra.

miércoles, 29 de agosto de 2012

En la república de Absurdistán

Ayer hice un pequeño viaje hasta la república naranjera de Absurdistán. Viajar a este pequeño y desconocido país es fácil: no hace falta pasaporte, ni documentación, ni transporte ni alojamiento. En realidad, se puede viajar allí en cualquier momento sin necesidad de salir de casa., solo hay que coger el tren de la imaginación.

Fui hasta allí para informarme de la posibilidad de comenzar un negocio en el país. Para eso necesitaba contratar a cuatro directivos y cincuenta peones, por lo que me dirigí al servicio de colocación local. Allí me informaron de que no habría ningún problema con respecto a los cincuenta peones, podía contratar a los que quisiera, pagarles el salario mínimo, y despedirlos en cualquier momento sin consecuencias. Pero los directivos eran otra cosa.

Resulta que, según las leyes del país, para contratar a las cuatro personas que habrían de dirigir mi negocio debía dirigirme a unas empresas especializadas. Aunque había muchas, acudí solamente a las dos más importantes, Pesóle y Pipí. En Pesóle me ofrecieron una lista de cuatro candidatos: Adela, Blas, Carlos y Diana. Tras algunas averiguaciones, resultó que Carlos no tenía ninguna cualificación y Diana estaba acusada de haber robado en su empresa anterior. Naturalmente dije que solo me interesaba contratar a Adela y Blas.

- No puede ser, -dijo el empleado- tiene usted que contratarlos a los cuatro o a ninguno.

Naturalmente me dirigí entonces a Pipí. Igualmente me ofrecieron una lista de cuatro candidatos, de los que solo dos me convencían. Expliqué que si había venido a Pipí era porque me habían puesto la misma pega en Pesóle, y que si tampoco me daban más opciones me iría a Ihú, la tercera empresa especializada.

- No se moleste, -dijo displicente el empelado- tampoco le darán más opciones. Es así por ley.

Esto me pareció tan extraño que decidí consultar con un abogado laboralista. Pensaba sinceramente que me estaban tomando el pelo, no podía ser.

- No le toman el pelo, -dijo el abogado- para el personal directivo la ley le obliga a contratar en bloque a todos los candidatos de una empresa intermediaria.

- Bueno, -pensé en voz alta- entonces contrato una lista y a los que no me convenzan los despido.

- No puede -dijo el abogado moviendo enérgicamente la cabeza a un lado y otro- una vez contratados la ley le obliga a mantenerlos en la empresa durante cuatro años.

- ¿Aunque dirijan mal la empresa?

- Aunque la lleven a la ruina.

- Y si no les renuevo a los cuatro años ¿tendré que pagarles alguna indemnización?

- Tendrá que pagarles una pensión vitalicia.

A estas alturas ya me estaba pareciendo que no valdría la pena abrir el negocio en Absurdistán, pero todavía insistí un poco más.

- ¿Podría usted facilitarme unas tablas salariales de referencia para saber cuánto tendría que pagarles?

Esta vez el sorprendido fue el abogado. Imposible describir su cara de perplejidad.

- ¿Tablas salariales? -preguntó- ¡El sueldo se lo pondrán ellos mismos después de que los haya contratado!

No insistí más y abandoné inmediatamente Absurdistán. ¡Qué país de opereta! ¡Pobres absurdistaníes! Menos mal que yo tengo la suerte de vivir en un país avanzado, justo y democrático donde tales cosas nunca podría ocurrir.

domingo, 5 de agosto de 2012

Sobre los funcionarios

Los medios de comunicación se han hecho eco estos días de la destitución de la Jefa de la Inspección Provincial de Trabajo de Toledo, Noelia Cano Martínez, a petición del Delegado del Gobierno en la Comunidad, Jesús Labrador. Esto ha provocado la protesta de la plantilla de subinspectores que, según parece, han remitido al Ministerio de Trabajo un escrito donde afirman que la destitución obedece a razones políticas por haber expedientado la señora Cano a una empresa propiedad de un pariente cercano de un alto cargo del Partido Popular. A esto a contestado el señor Labrador que es un puesto de libre designación y por lo tanto "está clara la cuestión".

Esto me da pie para hablar del tema de la estabilidad en el empleo de los funcionarios. Porque efectivamente la cuestión  está clara, lo que no lo está es por qué una jefatura provincial de la Inspección de Trabajo es de libre designación. Estamos demasiado acostumbrados a pensar en los funcionarios públicos como unos privilegiados a los que no se puede despedir y por ello no dan un palo al agua. El célebre artículo de Mariano José de Larra "Vuelva usted mañana" está muy arraigado en nuestra cultura.

Hagamos primero una observación que no creo menor. No es cierto que a los funcionarios no se les pueda despedir. Existe un régimen disciplinario con su correspondiente previsión de faltas y sanciones, que pueden ir de la simple amonestación a la separación del servicio, equivalente del despido en la administración. Que este régimen se aplique o no con el debido rigor es cuestión aparte. El hecho es que a los funcionarios sí se les puede despedir, pero no sin una causa justificada. Mi humilde opinión es que, lejos de pedir que se retire esta seguridad a los funcionarios, deberíamos exigir que la tenga todo el mundo.

Por otra parte, la estabilidad de que disfrutan los funcionarios no es un privilegio. Y no lo es en dos sentidos. Primero porque un privilegio, por definición, es una excepción o un beneficio que se concede a alguien en razón de sus circunstancias personales y que a los demás les está vedado. A la función  pública se accede mediante libre oposición a la que todo el mundo puede concurrir en igualdad de condiciones. No hay por tanto tal privilegio.

Hay además otra razón, que es el motivo de esta entrada, por la que no debemos entender la estabilidad de los funcionarios como un privilegio, y es que no se estableció caprichosamente sino como una garantía para los ciudadanos. Una garantía de independencia frente al poder político. Cuando esta garantía no existía, cada cambio de gobierno significaba la destitución de los funcionarios contratados por el anterior, los tristemente famosos "cesantes", y la contratación de otros amigos o afines al nuevo poder. En consecuencia, el empleado tenía muchísimo más interés en servir y mantener en el poder a quien le contrataba y podía despedir que en servir al ciudadano. Para entender a dónde conducía esto no es mala idea releer el célebre artículo de Larra o la excelente novela "Miau" de Benito Pérez Galdós.

El mejor antídoto para que aquello no se repita es precisamente que el empleado público tenga la seguridad de no poder ser cesado si hace su trabajo correctamente y no ha cometido ninguna falta. En otras palabras, que sea independiente del poder político y no pueda ser despedido por no someterse a él y servir al ciudadano. Los puestos de libre designación, los popularmente llamados "a dedo", también tienen su razón de existir pero deberían limitarse estrictamente a lo que realmente son puestos "de confianza" y regularse cuidadosamente. De lo contrario ocurre lo que viene ocurriendo desde hace años, que se usa y abusa de este sistema y que estos puestos proliferan como la mala hierba porque el funcionario independiente estorba al político.

Lo que me lleva a la pregunta que hice antes. ¿Está justificado que una jefatura provincial de la Inspección de Trabajo sea de libre designación? Yo creo que no. Al contrario, creo que es un magnífico ejemplo del tipo de puesto que jamás debería proveerse por este sistema. Y por eso me preocupa que tanta gente clame por que se pueda despedir libremente a los funcionarios en aras de una supuesta eficiencia (tema éste para otra entrada). Porque eso nos puede devolver a los tiempos de Larra y a que casos como el de Toledo se conviertan en la norma cotidiana.

Le doy pues la razón a don Jesús Labrador. La cuestión está meridianamente clara.


martes, 17 de julio de 2012

Una lucha idelogógica

Vengo diciendo desde que comencé este blog, y lo voy a repetir hoy, que no estamos asistiendo a una crisis coyuntural, ni siquiera una crisis cíclica. No podemos pensar que tras unos años de apretarnos el cinturón todo volverá a ser como antes, porque no va a ser así. Un ejemplo bien claro lo tenemos en el anuncio de privatizaciones en los transportes ferroviarios, portuarios y aeroportuarios. No volverán a ser públicos, al menos durante muchos años. El grave deterioro de la sanidad y la educación públicas tampoco se van a revertir en mucho tiempo. Y al menos yo tengo pocas dudas de que el sistema público de pensiones seguirá el mismo camino, que ha iniciado ya.

Hay un hecho sobre el que nunca se llamará suficientemente la atención. Los mismos que dicen que todas estas medidas son necesarias y sirven para sentar las bases del crecimiento y la generación de empleo, nunca han explicado cómo, por qué misterioso mecanismo se generará ese empleo. No lo hacen porque saben que no es verdad. El crecimiento que siga a estas medidas benefeciará tan solo al gran empresario. No se va a generar empleo, los trabajadores no van a recuperar sus derechos, ni se va a restablecer el Estado social.  Caminamos hacia un modelo de desigualdades, con servicios privados de calidad para la minoría, y servicios públicos, cuando los haya, de ínfima calidad para los demás. Un modelo neoliberal.

No está de más recordar que la principal causa en la generación de la crisis fue la desregulación del sistema financiero y la generación de gigantescas burbujas especulativas que se trasladaron del sistema financiero a la economía productiva, incluidos sectores tan sensibles como el agroalimentario. Y no solo no se ha hecho absolutamente nada para reconducir el sistema financiero sino que se recorta y destruye lo que haga falta para sostenerlo.

La realidad es que la crisis económica está siendo utilizada como coartada para algo mucho más profundo y grave. Lo que realmente estamos viviendo es una lucha ideológica. Todas las medidas que se están tomando en Europa tienen, o así lo creo yo, una motivación ideológica. Su finalidad no es otra que desmantelar el Estado social para sustituirlo por un modelo neoliberal. Entre sus partidarios deberían estar los grandes empresarios y los partidos de derecha, liberales y conservadores. Digo deberían porque lamentablemente han logrado que asuman esta postura, o que se resignen a ella, muchas personas que deberían estar frontalmente en contra.

En el otro lado deberíamos estar los trabajadores por cuenta ajena o propia, los pequeños empresarios y comerciantes, los pensionistas, los partidos de izquierda, obviamente los sindicatos y los que creemos que el modelo social europeo no solo es viable, es infinitamente mejor que el neoliberal. Todos estos, la mayoría, deberíamos estar. Pero no todos estamos y, lo que es peor, estamos divididos. Por eso estamos perdiendo, y la derrota va a ser rotunda. Vamos a tardar mucho, pero que mucho tiempo en recuperar lo perdido, si es que lo recuperamos.

Todo esto es para decir que es importante, es extremadamente importante movilizarnos. Si los funcionarios que protestan ahora lo hubieran hecho hace un año tal vez, solo tal vez, no habrían perdido una paga. Si los millones de trabajadores desempleados acudieran a las manifestaciones tal vez, solo tal vez, no les recortarían ahora las prestaciones con un "que se jodan". Si protestasen los pequeños empresarios y comerciantes tal vez, solo tal vez, se reformaría el impuesto de sociedades en lugar de subir el IVA.

El día 19 hay convocadas nuevas manifestaciones. ¿Qué excusa vas a buscar ahora?

jueves, 12 de julio de 2012

¿Para qué escribir?

Ni me apetece ni tenía intención de volver a escribir, al menos durante una buena temporada, de economía, de política, o de cualquier cosa que tenga que ver con la actualidad. Más aún, hace dos semanas que no leo los periódicos ni veo los informativos ni los debates de la televisión. Estoy de vacaciones, dedicado a dormir hasta media mañana, pasear, practicar con la guitarra y poco más. Y ni por esas. Imposible no enterarse del discurso de ayer. Pero tampoco hoy voy a leer las noticias, y casi no merece la pena que escriba esta entrada. ¿Para qué, si ya sabéis o imagináis lo que voy a decir? Dejaré tan solo unos comentarios muy generales, sin entrar en detalles que ignoro.

Dice el señor Presidente que todas las medidas anunciadas son necesarias porque los gastos exceden con mucho a los ingresos. Y esta vez parece que ha decidido por fin (si es que lo ha decidido él) actuar también sobre el lado del ingreso, y no solo del gasto. Por desgracia, ha decidido hacerlo del peor modo posible, subiendo el IVA, lo que se traducirá en un descenso del consumo y un consiguiente agravamiento de la crisis. Una vez más, ninguna medida real contra el fraude, ninguna medida real y efectiva en el Impuesto de Sociedades, ni en los tramos altos del IRPF.

Sospecho que gozará del aplauso de muchos la decisión de reducir el número de concejales, pese a que lo cierto es que gran parte de esos concejales no cobran del erario público. No sé, por tanto, cuánto se ahorrará realmente con esa medida, que parece más para la galería que otra cosa.

También sospecho que recibirá aplausos la decisión de suspender el pago de la segunda extraordinaria a los empleados públicos. La máxima divide y vencerás siempre funciona, y al Gobierno le viene muy bien que los trabajadores se enfrenten entre sí. Pero la medida es injusta y errónea, además de suponer un ahorro mucho menor de lo que se quiere hacer creer. Me detengo un poquito en este punto.

Cuando hablamos de empresas, y especialmente de empresas financieras, casi todos coincidimos en criticar que se privaticen beneficios y se socialicen pérdidas. Pues eso es lo que se está haciendo con los empleados públicos. Cuando se construían viviendas a troche y moche, y un peón de la construcción ganaba tanto como un técnico cualificado de la administración, o más, nadie pensó que hubiera que repartir los beneficios con los funcionarios subiéndoles el sueldo. Sin embargo ahora sí se dice que puesto que la crisis impone una reducción de salarios privados, hay que reducir también los públicos. Es injusto. Por otra parte, reducir los salarios de los empleados públicos va a tener el mismo efecto que la subida del IVA: reducir el consumo y por tanto agravar la recesión. Es erróneo. Además, el dinero que no van a cobrar tampoco va a tributar por IRPF ni devengará cuotas de Seguridad Social, y dado que la extra de navidad se dedica en gran parte al consumo, reducirá el ingreso por IVA. El ahorro va a ser mucho menor de lo que se cree.

La reducción de las prestaciones por desempleo es aún peor. A todo lo dicho sobre los salarios públicos hay que añadir que se ceba con los que ya están sufriendo de la peor manera los efectos de la crisis. Eso sí que es a todas luces injusto, erróneo y estúpido. Con el agravante que supone el insulto de pretender disfrazarlo como una forma de incentivar la búsqueda de empleo. ¡Como si cinco millones de personas las estuviesen pasando putas por pereza! Perdón por la expresión, pero hay que tener los huevos cuadraos.

Como no todo ha de ser negativo, aplaudo yo también la decisión de reducir las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y organizaciones patronales, así como eliminar las subvenciones a la contratación que siempre he creído que eran inútiles. Mejor dicho, lo aplaudiría si no se mantuvieran para el nuevo contrato introducido en la reforma laboral, lo que me hace pensar que lo que se pretende es incentivar este nefasto contrato desincentivando los demás.

Otro punto al que no sé si se presta la debida atención entre tanta medida es la reducción de las cuotas de Seguridad Social. Lo he dicho varias veces, estas cuotas no son ningún impuesto sino salario diferido. Por lo tanto su reducción no es otra cosa que una reducción salarial disfrazada. Por otra parte, si el objetivo de todas estas medidas es reducir el gasto y mejorar el ingreso ¿qué sentido tiene? Solo puede tener uno: compensar a los empresarios por las bonificaciones que desaparecen.

Me preocupa especialmente el anuncio de liberalizaciones, que no es más que un eufemismo para decir privatizaciones, en los transportes públicos. Es un paso más, de difícil vuelta atrás, en el camino hacia el neoliberalismo. No abundo más en este tema del que ya he hablado antes.

Faltan en este paquete otras medidas por las que muchísimos ciudadanos vienen clamando hace tiempo. Falta la reducción o eliminación de coches oficiales, tarjetas de crédito, gastos de viaje y otros similares. No por lo que crea que se puede ahorrar ahí, que quizá no sea mucho, pero con independencia de la relevancia económica tendría una gran importancia en una sociedad harta y desencantada de su clase política.

En fin, como ya he dicho casi no merecía la pena escribir esta entrada para decir lo de siempre. Lo hago de todos modos para animaros a no quedaros de brazos cruzados. Hay otros caminos posibles, otras alternativas, pero tenemos que ser nosotros quienes las exijamos.