domingo, 25 de noviembre de 2012

Cataluña y España

Mientras escribo estas líneas se celebran en Cataluña las elecciones autonómicas, con la tramposa polémica de la independencia convertida en su eje central. Tramposa por el uso que se ha hecho de ella, no por la polémica en sí. Tengo la desagradable impresión de que los líderes políticos en general, y el señor Artur Mas en particular, se han dedicado a agitar las banderas para ocultar sus miserias. Nada nuevo, desde luego, pero no por ser táctica vieja resulta menos desagradable.

El caso es que aquí estamos, con unas elecciones autonómicas convertidas sin base alguna en una suerte de plebiscito independentista. Si ganan unos es que los catalanes quieren la independencia, y si ganan otros es que no la quieren. Una burda mentira. En primer lugar porque no hay solo dos opciones, entre centralistas, autonomistas, federalistas e independentistas hay de todo, como en botica. Y en segundo lugar porque hay partidarios y detractores de la independencia en todos los partidos, incluidos CiU y PP. La realidad es que sea cual sea el resultado de las elecciones nada nos dirá sobre la voluntad de los catalanes de ser o no España.

A día de hoy, lo más aproximado que tenemos para saberlo son las encuestas. Las más recientes indican que un 57% de los Catalanes votaría a favor de la independencia. Pero esta cifra también es tramposa, porque se obtuvo en encuestas que solo contemplaban la opción si/no a la independencia. Cuando se contemplan más opciones, como el Estado federal, el porcentaje de los independentistas baja al 34%. Pero hay más, hace pocos años el porcentaje de independentistas era mucho menor: en torno al 30-35% cuando solo se daban dos opciones, y en torno al 15% cuando se incluía la opción federal. Esos porcentajes comenzaron a aumentar hacia 2008, y se han disparado en el último año. Y aquí tenemos, creo yo, algunas claves importantes para entender lo que está pasando. El independentismo no ha crecido porque sí, ha crecido por dos razones. Al menos son dos las que yo veo.

En primer lugar está la crisis económica. El nacionalismo siempre crece en épocas de crisis, al igual que crece siempre la xenofobia. Es un fenómeno bien estudiado y contrastado. A la hora de buscar culpables el otro siempre está a mano, a veces con razón y a veces, las más, sin ella. Los catalanes también han buscado culpables a los durísimos recortes que sufren en sus carnes, y en lugar de encontrarlos en la gestión de los gobernantes que han elegido, los han encontrado en la parásita España que les roba lo que producen. Yo no voy a entrar en la absurda polémica de lo que Cataluña aporta y lo que recibe. Y no entro por tres razones. La primera es que no me creo ni una sola de las cifras aducidas ni por unos ni por otros, la simple variación de las cifras según quién haga las cuentas me lleva a sospechar, sino afirmar, que todos mienten. La segunda es que la balanza fiscal no basta ni por asomo a medir los beneficios o perjuicios que a cada comunidad reporta la pertenencia a España o la independencia, que van mucho más allá de una mera contabilidad fiscal. Y la tercera y más importante es que no creo que esto tenga nada que ver con el problema, pero de eso hablaré más adelante.

La segunda causa del crecimiento del independentismo es un poco más difícil de explicar. Comienza con el proceso de reforma del Estatuto de autonomía de Cataluña. Opino que en ese proceso todos los partidos y líderes políticos, sin excepción, se comportaron del modo más insensato. Fueron insensatos el entonces presidente del Gobierno y su partido al prometer, sin medir las consecuencias, que apoyarían en las Cortes Generales el proyecto que aprobase el Parlamento catalán. Fueron insensatos los políticos catalanistas que aprovecharon la ocasión para aprobar por una mayoría parlamentaria exigua un proyecto que el mismo consejo consultivo de Cataluña consideraba de dudosa constitucionalidad. Y fueron insensatos el Partido Popular y la derecha mediática al utilizarlo para desempolvar las banderas del españolismo más rancio y emprender una desaforada campaña contra el catalanismo y tratar una vez más de imponer su visión de España como la única posible. Entre todos desencadenaron un proceso de acción-reacción-acción que no ha hecho más que radicalizar las posturas y que nadie parece saber ya cómo parar.

Todo lo demás, los argumentos que esgrimen unos y otros, me parecen francamente ridículos. Ridiculo me pareció, por ejemplo, el señor Joan Tardá cuando en una entrevista televisiva afirmó que en un hipotético referendum debían votar solo los catalanes y no todos los españoles y no obstante, preguntado sobre si en caso de que la independencia fuera rechazada en una parte ésta debería poder permanecer en España contestó que no, porque el referendum lo convocaría el Parlamento catalán. Igual que me parece ridículo el argumento de que una Cataluña independiente sería económicamente inviable como si no hubiera en Europa naciones independientes más pequeñas, más pobres y viables. Como me parece ridícula la amenaza de que una Cataluña independiente se quedaría fuera de la Unión Europea, lo que equivale a decir que España vetaría su ingreso. ¡Qué mezquino desquite sería ese! Mejor dicho, qué mezquino sería cualquier desquite.

En cuestiones como esta no creo que ningún argumento haya convencido jamás a nadie, simplemente porque no es una cuestión de argumentos. No sé de nadie que diga sentirse español o catalán por consideraciones económicas ni por ninguna otra consideración racionalmente objetiva. Desde luego yo no tengo argumento alguno para sentirme gallego y español, ni puñetera falta que me hace. El sentimiento nacional no es racional, y los argumentos sirven, a lo sumo, para justificarnos y disfrazar de racionalidad una postura que hemos decidido de modo emocional.

Así que, tras toda esta disgresión para no decir nada ¿cuál es mi postura sobre el tema?  Creo que no hago ninguna proclama y solo constato un hecho si digo que, hoy por hoy, Cataluña es España. Y recalco que no digo que es una parte, sino que es España. Quiero decir con esto que España sin Cataluña no existiría o sería otra muy distinta, como lo sería Cataluña sin España. Para mal o para bien, este país que habitamos lo han conformado a lo largo de su historia todas y cada una de las regiones que la integran. Eso no quiere decir que deba ser así eternamente. Aunque yo me siento español, no comparto esa visión mesiánica de una España por encima de los propios españoles, cuya unidad hay que mantener aunque sea por las armas.

De modo que mi postura se resume en que apenas puedo decir que tengo postura alguna. Deseo de corazón que Cataluña siga siendo España. Creo (y digo creo, acto de fe) que será positivo para todos, y aunque no lo creyera segiría deseándolo. Pero si no fuera así, si los catalanes decidieran mayoritariamente que no quieren seguir siendo españoles, ¿qué queda sino aceptarlo? Ante la ruptura solo caben dos opciones: el respeto mutuo o la maté porque era mía. Y a mí matar me cuesta un mundo.

martes, 20 de noviembre de 2012

España en venta

Hala, ya está este exagerado diciendo barbaridades. España en venta, nada menos. Pues sí, es probable que exagere, pero dejad que me explique. El caso es que tengo la mala costumbre de leer la prensa, y hoy me he encontrado con estos dos titulares:

La banca aboga por construir más casas y dar más hipotecas (La Voz de Galicia)

El Gobierno planea otorgar la residencia a quienes compren pisos de 160.000 euros (El País)

El primer titular se hace eco de unas declaraciones del presidente de la patronal bancaria, Miguel Martín. No solo afirma el bueno el señor Martín que hay que construir más casas y dar más hipotecas para que el crédito hipotecario resurja, sino también que para proteger a las personas en peligro de quedarse sin casa hay que construir más casas. Confieso que no entendí en un primer momento cómo construir una casa ayudará a quien no puede pagar la que ya habita. Pareciera que el resultado de tal política sería tener dos casas vacías en lugar de una, y una familia igualmente desahuciada. Pero no, es que aún no tenía toda la información.

El segundo titular nos da la clave. Las nuevas viviendas no serán para que las compremos los españoles, que no tenemos un euro. Son para que las compren extranjeros a los que, en premio, se les dará el permiso de residencia. Como las ofertas del supermercado: compre dos paquetes de café y le regalamos una cucharilla. El mismísimo presidente de la CEOE, Joan Rosell, ha advertido del riesgo de volver a inflar la burbuja inmobiliaria, pero eso no parece preocupar al Gobierno y mucho menos a los banqueros. Si teníamos alguna duda, ya sabemos quién gobierna realmente este país.

Pero vamos a mi propio titular: España en venta. No hace mucho tiempo escribí sobre la vergüenza de que se modificasen las leyes a capricho del promotor de Eurovegas. Dije entonces, y lo repito, que no parecía quedar en España un solo político que conociese el significado de la palabra dignidad. Me causó indignación, pero no puedo decir que me causase sorpresa. A  fin de cuentas para un neoliberal todo es mercancía susceptible de ser vendida, dignidad incluida. Pero el Partido Popular no es solo neoliberal, también es de derechas y muy patriota. Al menos eso dicen ellos, que no dudan en acusar a cualquiera que disienta de actuar "contra España".

Quizá no esté de más recordar que el actual Presidente del Gobierno se hartó de acusar a su predecesor de "dar papeles" a todo el mundo, de crear un efecto llamada, etc. Que no hace tanto tiempo eran partidarios de no conceder permisos de residencia más que la los inmigrantes que hubieran suscrito previamente un contrato de trabajo, de hacerles exámenes de conocimiento de nuestra cultura y no sé cuantas cosas más. Pero eso era cuando hablábamos de inmigrantes pobres que venían a trabajar, la cosa cambia cuando hablamos de inmigrantes ricos que vienen a salvar a los bancos. Ahora resulta que el permiso de residencia, para cuya concesión había que ser tan selectivos, se puede sencillamente regalar a cualquiera que tenga 160.000 euros para comprar una vivienda. O quizá ni eso, después de todo la pueden comprar a crédito. Hasta podrían pedirlo a un banco español ¿por qué no?

Y he aquí, amigos míos, por qué digo que España está en venta. Vendida nuestra dignidad, solo quedaba vender el país mismo. La residencia no es la nacionalidad, es cierto, pero no olvidemos que la nacionalidad se obtiene por residencia legal durante unos determinados períodos de tiempo.  A partir de ahora para ser español ya no será necesario ganárselo con honradez y trabajo, ni exámenes, ni contratos previos, ni nada de nada. Para ser español solo será necesario tener algo de dinero y un poco de paciencia. Si tienes eso puedes ser español y propietario, si no lo tienes se te seguirá cerrando la frontera. A menos, claro, que tengas la desdicha de haber nacido aquí. En ese caso siempre tendrás la frontera abierta para marcharte, como están haciendo ya miles y miles de españoles sin futuro en su patria.

Pero no, estoy siendo demasido pesimista. Los nativos españoles de segunda siempre tendrán una alternativa a la emigración (para la que Alemania les exigirá un contrato previo): trabajar construyendo casas para los nuevos españoles de primera.

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Un artículo de José Manuel Estévez

He dedicado a la huelga general dos de las tres últimas entradas de este blog, motivo más que suficiente para que hubiera decido no tratar más el tema. Lo que me ha hecho cambiar de opinión es un artículo que leí  ayer en la prensa, concretamente en El correo gallego, y que firma José Manuel Estévez. Vaya por delante que ni sé quién es este señor ni tengo ganas de averiguarlo, y que en realidad el artículo no debería merecer el menor comentario para nadie que tenga el menor atisbo de criterio. No es el artículo en sí mismo lo que me interesa, sino el modo que ciertos articulistas tienen de enfocar las noticias.

Comienza el señor Estévez su comentario diciendo no hay nada más destructivo para España que una huelga. A mí, la verdad, se me ocurren unas cuantas cosas que son considerablemente más destructivas: una guerra civil, un desastre natural, el señor Rajoy... Pero a fin de cuentas se trata de una apreciación subjetiva y no la discutiré. Veamos las razones que tiene para tal afirmación.

Habla el señor Estévez de el cuantioso mobiliario urbano y enseres [...] arruinados por aquellos que adulteran el derecho constitucional a la holganza y a la manifestación. Paso por alto que, aunque efectivamente hubo incidentes, las manifestaciones fueron mayoritariamente pacíficas y que se destruye más mobiliario urbano en los botellones cualquier fin de semana. Paso también por alto el tendencioso verbo adulterar, allá el señor Estévez con su apreciación de lo que es ejercer un derecho y lo que es adulterarlo. Lo que me divierte de esta frase es que me consta que el derecho de manifestación es en efecto un derecho constitucional, pero tras repasar la Carta Magna de principio a fin no he conseguido encontrar el artículo en que se recoja el derecho a la holganza.

Contiúna el señor Estévez escribiendo sobre la inasumible cantidad de miles de millones en pérdidas que supone un día de asueto no reglado. Obviaré, porque ya escribí sobre ello en mi última entrada, lo de los imaginarios miles de millones. Concederé que considere una huelga un día de asueto (asueto: vacación por un día o una tarde, y especialmente la que se da a los estudiantes). Pero no puedo conceder la coletilla "no reglado" como si no estuviera recogido en la Constitución, y en el RDL de Relaciones de Trabajo, o como si no se hubieran regulado debidamente los servicios mínimos. ¿Qué hace falta para que este señor considere que un derecho está reglado?

Salto el insulso segundo párrafo y paso al tercero, donde dice sobre el Gobierno que a su favor tiene el apoyo de la mayoría del pueblo español. Lo justifica, como cabía esperar, en los resultados de las elecciones generales, andaluzas y gallegas. Las de Asturias no las menciona, y se le olvida que en realidad en las tres comunidades el PP perdió votos. También se le olvida, o quizá no lo sepa, que todas las encuestas indican que más del 70% de los ciudadanos no aprueban las políticas del Gobierno. La huelga y las manifestaciones deberían darle una pista, pero seguramente su fuente de información será la señora Cifuentes, que cifró la asistencia a la manifestación de Madrid en 35.000 personas. Se comprende el despiste de don José Manuel. Permitidme que omita el panegírico del señor Rajoy en que deriva el resto del tercer párrafo.

Os recomiendo encarecidamente la lectura del cuarto párrafo para quitaros de una vez ese pesimismo y llenaros de esperanza. Nuestros ministros mandan al mundo inequívocos mensajes de confianza. Mensajes que por supuesto están justificados, leyendo el párrafo me entero de que todos los indicadores habidos y por haber están mejorando. Ignoro en qué medios obtiene estos datos, pero está claro que no son los mismos sesgadamente rojos y antiespañoles en que me informo yo. O eso, o es que no vivimos en la misma España, que también podría ser.

En fin, como decía,  el artículo constituye un magnífico ejemplo de cómo se comenta una noticia, sin vaguedades, ni exageraciones ni datos no contrastados. Y en cuanto a la forma, irrreprochable, una exquisita elección de las palabras más ajustadas a lo que se pretende describir.

Como diría Forges, iridiscente.

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El coste de la huelga

sábado, 17 de noviembre de 2012

El coste de la huelga

Dicen los empresarios, y con ellos la derecha, que la huelga general del día 14 supuso para la economía española una pérdida de 4000 millones de euros. Cifra, por cierto, que repiten cada vez que hay huelga general, con absoluta independencia de su seguimiento. De hecho, suelen anunciar que ese será el coste tan pronto como la huelga se convoca. Después anuncian que la huelga ha sido un fracaso, pero igualmente elevan la pérdida a 4000 millones. Vamos a examinar un poquito esa cifra.

El producto interior bruto español es, redondeando, de un billón de euros anuales. Luego el PIB de un día es más o menos de 2.700 millones. No cuadra. Excluyamos sábados, domingos y catorce festivos al año. Así sí salimos a un PIB por día laboral de unos 4.000 millones. Claro está que para eso debemos suponer que en fin de semana no trabaja absolutamente nadie, que paran todas las fábricas, cierran todos los comercios, los cines, las cafeterías, hospitales, etc. Debemos suponer también que los fines de semana se detienen las centrales eléctricas y no se produce un solo vatio de energía. Es bastante suponer pero por mí que no quede, admitámoslo.

Para que el día de la huelga la economía española perdiese 4.000 millones de euros, tendría que haber perdido la totalidad de la producción de ese día. Para eso debemos suponer que el día de la huelga no trabajó absolutamente nadie, que pararon todas las fabricas... En fin, me remito al párrafo anterior. Además, tenemos que suponer también que la pérdida es definitiva y no se recupera en los días siguientes; en realidad, que no se recupera nunca. Hay que suponer, por ejemplo, que el dentista que no puso un empaste ese día ya no lo pondrá jamás y el paciente se quedará con su muela picada el resto de su vida. Vuelve a ser bastante suponer pero por mí que no quede, admitámoslo.

No me acuse la derecha de cerrarme a sus poderosos argumentos. Al contrario, veis que hago un gran esfuerzo por creerlos. Pero ahora, admitidos los argumentos, la derecha tendrá que darme la razón a mí.

Premisas
El PIB español es de 4.0000 millones de euros por día
La economía española perdió 4.000 millones de euros a causa de la huelga

Conclusión
El seguimiento de la huelga fue del 100%

jueves, 8 de noviembre de 2012

Ahora que ya estamos solos

Yo lo que no llevo en mi programa no lo hago (Mariano Rajoy, noviembre 2011)

Le voy a meter la tijera a todo salvo a las pensiones públicas, a la sanidad y a la educación (Mariano Rajoy, noviembre 2011)

Se les está diciendo a los ciudadanos que pagan que les van a subir los impuestos y a los que defraudan que se los van a perdonar (Mª Dolores de Cospedal, junio 2010)

La subida del IVA es el sablazo que un mal gobernante le pega a todos sus compatriotas que ya están muy castigados por la cirisis (Mariano Rajoy, marzo 2010)

No creo que la subida del IVA sea útil para reducir el déficit público. Es más, creo que va a ser perjudicial para el conjunto de la actividad económica (Mariano Rajoy, marzo 2010)

Se confirma que ha sido un error subir el IVA cuando no tenemos consumo, ni crecimiento económico mientras, por otra parte, suben los precios (Cristóbal Montoro, agosto 2010)

Subir el IVA un 2% es tanto como bajar un 2% el salario a los trabajadores o bajar un 2% la pensión a los pensionistas (Mª Dolores de Cospedal, septiembre 2009)

Lo que necesita España no es facilitar el despido, no es fomentar la salida sino la contratación (Soraya Saenz de Santamaría, junio 2011)

El problema económico de España no se soluciona con el abaratamiento del despido (Cristóbal Montoro, junio 2010)

No hay burbuja inmobiliaria (Luis de Guindos, noviembre 2003)

No existe una burbuja inmobiliaria (Cristóbal Montoro, octubre 2003)

Desde luego le puedo garantizar que el Partido Popular no volverá a bajar el sueldo a los funcionarios (Esteban González Pons, noviembre 2011)

El Partido Popular nunca habría congelado ni rebajado el poder adquisitivo de los pensionistas, y nunca habría bajado el sueldo de los funcionarios, y nunca habría eliminado las ayudas familiares (Esteban González Pons, noviembre 2011)

Lo que España necesita no es una amnistía, sino confianza en la política económica de un país y en el Gobierno que la deba implementar (Mariano Rajoy, junio 2010)

El Gobierno no creará nada, ni un banco bueno, ni un banco malo y no se destinará ni la más pequeña de las cantidades de dinero público para ello (Luis de Guindos, abril 2012)

Más importante que reducir el déficit es asegurar nuestra atención sanitaria (Mariano Rajoy, discurso de investidura)

El copago no está sobre la mesa, así de simple y así de claro (Soraya Sáenz de Santamaría, marzo 2012)

No habrá un banco malo en España (Mariano Rajoy, enero 2012)

No más IVA (Esperanza Aguirre, abril 2010)

Decir siempre la verdad, aunque duela, sin adornos y sin excusas: llamar al pan, pan, y al vino, vino (Mariano Rajoy, discurso de investidura).

Trailará

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Para qué sirve una huelga?

Hoy, mientras fumaba un cigarrillo con unos compañeros, alguien preguntó si finalmente habría huelga el próximo miércoles. Me sorprendió bastante que a estas alturas haya quien todavía no sepa que la huelga está convocada, pero supongo que es normal que no todo el mundo comparta mis preocupaciones. La cuestión es que, una vez le confirmamos que la habría, nos preguntó si nosotros la secundaríamos. Eramos cuatro, incluida la compañera que hizo la pregunta.

Naturalmente yo contesté que sí. Un compañero, que secundó la anterior, contestó que aún no lo había decidido. El tercero dijo, y creo que estas fueron sus palabras textuales, que las huelgas no servían para nada. Le dije que sí, que todos los derechos de los trabajadores se consguieron con huelgas y manifestaciones, y que sin ellas no se habría logrado nada. Sospecho que no convencí a nadie, y que hay mucha gente que piensa como mi compañero. De hecho, no es la primera vez que oigo a alguien expresarse en los mismos o parecidos términos.

Lo cierto es que se equivocan, y solo hay que repasar los libros de historia para saber que es así. Con huelgas y manifestaciones se consiguió la limitación de jornadas. Con huelgas y manifestaciones se consiguió que se introdujeran medidas de seguridad e higiene en el trabajo. Con huelgas y manifestaciones se consiguió el derecho de sindicación. Con huelgas y manifestaciones se consiguieron todos y cada uno de los progresos sociales que hoy disfrutamos. No son concesiones graciosas de los poderosos, hubieron de ser conquistados por los trabajadores, a veces dejando en ello la vida.

Las huelgas y las manifestaciones no solo sirven, son el principal medio de reivindicación con que cuenta el trabajador. Si quienes nos precedieron hubieran renunciado a él, ¿dónde estaríamos? Jornadas interminables, niños trabajando en las fábricas, mujeres cobrando la mitad que los hombres por el mismo trabajo, muertos por enfermedades y accidentes evitables, ancianos, viudas y huérfanos condenados a la mendicidad, salarios de hambre, barrios enteros de barracones...

Ahora lo conseguido está en peligro. Mientras la riqueza se concentra en unas pocas manos, mientras la mayoría se empobrece cada vez más, mientras los grandes empresarios y los ricos evaden impuestos y se decretan amnistías fiscales, se recortan los derechos de los más débiles so pretexto de que no hay alternativa. Se recortan las prestaciones por desempleo mientras se bonifican las cuotas empresariales a la Seguridad Social, se incrementa el IVA mientras las SICAV tributan al 1% y se perdona a los grandes defraudadores, se recorta la sanidad pública mientras se subvenciona la privada, se introduce el repago farmacéutico, se recorta la educación pública sin dejar de subvencionar la privada, se recorta en investigación, se crean modalidades de contrato con despido libre y sin ninguna protección, se elimina todo control de los EREs para que los empresarios puedan despedir a su antojo, se recortan las indemnizaciones por despido, se despide a empleados públicos, se reforman las leyes para aplicar EREs en las Administraciones con el pretexto de reducciones de presupuesto que ellos mismos han decretado, se reforman leyes para que un tal Sheldon Adelson no pague los impuestos que los trabajadores sí han de pagar, se reducen las becas, el número de profesores, se cierran hospitales, se congelan pensiones...

No sigo porque podría pasarme el resto de la noche escribiendo. Añadid vosotros lo que queráis, seguro que se os ocurren unas cuantas cosas que me dejo en el tintero. Todo con el pretexto de una supuestamente necesaria austeridad que no es tal, que no es más que un monumental expolio, un continuo exprimir a los trabajadores cual limones para enriquecer a los ya ricos. Una gigantesca estafa.

Para evitarlo es para lo que sirve una huelga. Para eso servirá la del próximo miércoles. Seguro que no vamos a ver resultados inmediatos el jueves, como no los hemos visto aún de las huelgas pasadas. Pero servirá. Servirá como han servido antes. Servirá como han servido las protestas ciudadanas y manifestaciones para obligar al Gobierno para cambiar la ley que permite la vergüenza de los desahucios.

Servirá, no tengo duda, y por eso el dia 14 yo secundaré la huelga y acudiré a la manifestación.

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10 de marzo