lunes, 23 de diciembre de 2013

Etica, religión y el aborto

Me disculparéis, espero, si la entrada de hoy resulta un poco caótica y mezclo churras con merinas. Es la mala costumbre de ponerme a escribir sin planificar antes el texto como me enseñaron a hacer en el colegio. Es también por lo delicado de un tema sobre el que generalmente evito opinar. No por que sea polémico, sino porque considero que no creo que tenga realmente gran cosa que aportar ni aún después de treinta años. Digo treinta años porque, si la memoria no me falla, debió de ser en el año 1985 cuando debatí por primera vez sobre el aborto. Y eso porque me ví obligado. El profesor lo planteó como ejercicio escrito y tema de debate en la clase de ética. Vamos, que no me quedó otra.

Hago un inciso (churras y merinas) para comentar un poquito eso de las clases de ética. Y es que en 1985 la ética era una asignatura optativa con la religión como alternativa. Ambas por supuesto evaluables. No veía entonces ni veo ahora razón lógica alguna por la que los estudiantes no católicos, o los que por cualquier motivo decidieran no elegir religión, debíamos estudiar ética, que es una rama de la filosofía, y los católicos no. Razones las había, pero no eran lógicas. Se me ocurren dos. Una es que hasta pocos años antes la religión era asignatura obligatoria y, como tenía que dejar de serlo, los curas debieron pensar que si no se imponía alguna alternativa sus clases quedarían vacías. La otra es la incapacidad crónica de ciertas personas para distinguir la moral católica de la moral a secas. Asumen que el cristiano tiene valores morales y al no cristiano hay que enseñárselos. En mi opinión, y dicho sea con todo respeto, es exctamente al revés: el sentimiento moral del no creyente es claramente superior, puesto que no espera castigo ni recompensa eternos.

Cierro el inciso y vuelvo al tema. En aquel día del 85 se nos pedía que diésemos nuestra opinión por escrito, para luego debatirla, sobre el aborto en una serie de supuestos. Eran muchos y no los recuerdo todos, pero tampoco importa. No voy a dar mi opinión sobre cada uno de ellos como tampoco la dí entonces. En lugar de eso, y a riesgo de ganarme una bronca del profesor, planteé a mi vez una única pregunta: ¿es el feto un ser humano no no lo es? La cuestión es para mí crucial, puesto que si es un ser humano tiene derechos, y nos encontraríamos entonces ante un conflicto entre los derechos de la madre y los del hijo. Es obvio que el problema cambia radicalmente si el feto no es un ser humano. Afortunadamente para mis calificaciones el profesor consideró que la pregunta era pertinente, y en lugar de una bronca obtuve una buena nota. Desafortunadamente para mi tranquilidad intelectual y moral, lo que no obtuve fue respuesta y después de todos estos años sigo sin tenerla.

¿A qué viene recordar ahora esta anécdota trivial? Aclaro antes de explicarlo, por que no se me malinterprete, que no soy antiabortista. Aunque sea hombre creo que puedo entender razonablemente a las mujeres que deciden abortar. No creo que ninguna lo haga a la ligera y me parece que hay que ser memo para decir, como hacen algunos, que hay mujeres que se toman el aborto como un medio anticonceptivo más. Tontos pero de babarse. A mí me parece bien que el aborto se despenalizase, aunque no voy a exponer mis razones ni dar argumentos que seguramente no podría defender. Y la nueva ley que se han sacado de la manga el señor ministro de justicia y sus acólitos me parece injusta y un claro retroceso.

A pesar de eso hay un argumento esgrimido frecuentemente por los partidarios del aborto libre que yo no puedo compartir: que la mujer es dueña de su cuerpo y por lo tanto es únicamente decisión suya. Lo siento, pero no lo comparto en tanto no tenga respuesta a mi vieja pregunta. Porque si el feto es un ser humano está claro que no se trata sólo del cuerpo de la madre. Yo me inclino a pensar que no lo es, pero no tengo la certeza. Y es por eso por lo que suelo evitar pronunciarme sobre el aborto, poque hay una cuestión que considero crucial y para la que todavía no tengo respuesta. A día de hoy, que yo sepa, no hay consenso científico sobre el tema ni creo que llegue a haberlo, porque no es realmente una cuestión científica sino filosófica: ¿qué es un ser humano?

Hay otra razón, que no sé si debería plantear aquí, por la que este argumento me parece un tanto falso. Una cuestión, por decirlo así, de orden ético-jurídico. Estaremos de acuerdo en que toda libertad de decisión lleva aparejada la responsabilidad de lo que se decide, y aquí mi sentido de la lógica me presenta una contradicción. Porque si la decisión de abortar corresponde exclusivamente a la mujer la resposabilidad también debería corresponderle exclusivamente, y no es así. Si decide no abortar la responsabilidad sobre el niño nacido también es del padre, aunque no tenga, según este argumento, nada que decir si la mujer decide abortar. Cierto que no es el padre quien tendrá que llevarlo en el vientre, cierto que cualquier pareja sensata lo hablará antes de decidir. Pero la contradicción está ahí: una responsabilidad sin capacidad de decisión.

Para concluir haciendo honor al tópico del buen gallego y que no se sepa si subo o bajo, diré que si algunos argumentos de los proabortistas me parecen endebles, los de los antiabortistas me parecen en general completamente irracionales. No lo digo en sentido peyorativo sino literal. Sus argumentos no se basan en la razón, sino en la creencia. Asumen que el feto es humano porque así se lo dicta su religión, por dogma y no por evidencia. Hasta ahí están en su derecho, cada un puede tener la creencias que quiera. A lo que no tienen derecho es a imponer esa creencia a los demás. Y digo hasta ahí porque a menudo van un paso más allá, o mucho más allá, como aquella tristemente famosa homilía del arzobispo de granada, monseñor Francisco Javier Martínez, en la que dijo "Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer" Pues no, monseñor, no es así. En todo caso será al revés: serán los abusos de los varones los que den licencia a la mujer para abortar. Decir lo contrario, por si alguien no lo ha notado, es hacer apología del delito.

En fin, probablemente no debería haber escrito esta entrada, pero aquí os la dejo por si os apetece reflexionar y ponerme a caldo. Eso sí, en ese orden, por favor.

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domingo, 15 de diciembre de 2013

Seguridad ciudadana

He leído estos días un resumen informativo del anteproyecto de ley de protección de la seguridad ciudadana y la nueva ley de seguridad privada. También he leído en alguno de los muchos artículos de opinión publicados al respecto que la tramitación en estos momentos de ambos proyectos es algo programado para satisfacer, tras dos años centrados en política economómica, al electorado más conservador del Partido Popular. No sé si será cierto, pero es verosímil.

No haré demasiados comentarios sobre la primera norma. A mí me sorprende que tenga en ella la consideración de falta muy grave, y por lo tanto sancionable con multa de 30.000 a 600.000 euros, "La convocatoria por cualquier medio o asistencia a cualquier reunión o manifestación, con finalidad coactiva e inobservancia de los requisitos previstos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, desde que,conforme a la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, de Régimen Electoral General, haya finalizado la campaña electoral hasta la finalización del día de la elección."

Es solo un ejemplo, veamos otro, esta vez de falta grave sancionable con multa de 1.000 a 30.000 euros: "La perturbación de la seguridad ciudadana que se produzca con ocasión de reuniones frente a las sedes del Congreso de los diputados, el Senado y las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas, aunque no estuvieran reunidos,celebradas con inobservancia de los requisitos previstos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio." Hay varios ejemplos similares más en el proyecto, y no es difícil saber qué los ha motivado.

Podemos estar o no de acuerdo, pero yo creo que esto tiene más bien poco que ver con lo que la mayoría de nosotros entendemos por "seguridad ciudadana", y bastante más con el concepto que cierta derecha tiene de "orden público". Por si alguien no me entiende, creo que ciertos sectores de la derecha entienden por orden público que unos manden y otros obedezcan, y no me proteste usted que le meto una multa de 600.000 euros. Cifra, por cierto, que viene a ser como treinta años de mi sueldo, año más año menos, si se me ocurriese la peregrina idea de acudir a una manifestación (ni siquiera convocarla) en la jornada de reflexión. Proporcionado, lo que se dice proporcionado, no me parece.

Con todo, me preocupa mucho más la segunda norma, la ley de seguridad privada. Contempla esta nueva ley la posibilidad de que los vigilantes privados puedan identificar, registrar y hasta detener a una persona incluso en la vía pública. Y esto es una barbaridad. Se ha insistido bastante estos días en que la fomración de un vigilante privado no se compara ni de lejos con la de un policía o un guardia civil. Pero ésta no es la cuestión. Aunque tuvieran una formación equivalente, incluso aunque los vigilantes privados estuvieran mejor formados, seguiría diciendo que es una barbaridad.

El agente de los cuerpos de seguridad del Estado no sólo es un profesional bien formado, es un funcionario público al servicio de los ciudadanos. Ha accedido a su función con arreglo a los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, y tiene en su trabajo unas garantías (algunos lo llaman privilegios) que lo son también para el ciudadano de que ejercerá su labor con independencia y sujeción exclusiva a la ley.

Por el contrario, el agente de seguridad privada es, como el nombre indica, una persona al servicio de intereses privados. Todo lo legítimos que se quiera, pero privados. Es un profesional contratado por un particular, pagado por un particular, que puede ser despedido en cualquier momento por un particular, y que se haya bajo la dirección de un particular. Permitir a estas personas ejercer funciones que deberían estar reservadas a las fuerzas de seguridad del Estado, restringiendo por muy temporalmente que sea derechos fundamentales, es convertirlos en policías privados. En algo comparable, si se me permite la exageración, a las antiguas mesnadas. No me importa los límites o las pretendidas garantías que la norma establezca, es inadmisible per se.

Todo esto en un contexto en que a la policía, como al resto de funcionarios y so pretexto de la austeridad, se les aplica una tasa de reposición del 10%. Es decir, que por cada diez agentes que causan baja por jubilación o incapacidad solo se incorpora uno.

Pero no es, aseguran, una privatización de la policía ¡qué va! Nosotros, que somos mal pensados.