martes, 23 de octubre de 2012

El declive del PSOE

No es ninguna gran revelación decir que el PSOE está atravesando una crisis muy profunda, que se refleja en la sangría de votos que vienen sufriendo desde las elecciones municipales de mayo del año pasado. Sin embargo la pérdida de votos no es en absoluto su problema, es solo el síntoma. Los votos se pierden porque el partido ya no despierta la ilusión ni la confianza de sus antiguos votantes, y tiene que haber unas causas, que son internas. Quiero decir que no se trata de que hayan surgido otras fuerzas que despierten mayor ilusión. Aunque parte de los votos perdidos hayan ido a parar a otras formaciones, ni son nuevas ni ofrecen nada realmente novedoso. Luego los motivos no son externos, están en el propio PSOE.

Las explicaciones usuales, los escandalosos casos de corrupción, el giro en la política del expresidente Rodríguez Zapatero o el escaso carisma del señor Pérez Rubalcaba, con ser ciertas no me parecen suficientes. Todo eso no dejan de ser cuestiones accidentales que el PSOE podría superar con relativa facilidad si sus dirigentes realmente lo quisieran. El problema es que ha perdido a su electorado "natural" porque ha dejado de ser percibido como socialista y obrero. En mi humilde opinión, con motivo.

Consideremos la política seguida durante las dos legislaturas en que gobernó el señor Rodríguez Zapatero. No voy a negar, porque no es esa mi intención, lo positivo de algunas de las medidas que se aprobaron, tales como la revalorización de las pensiones o la ley de dependencia. Otras fueron de un acusado populismo electoralista, como la devolución de 400€ de IRPF. Lo importante es que, más o menos acertadas, fueron medidas que no atacaron ni por asomo los verdaderos problemas y, sobre todo, que no respondían a una filosofía socialista. Se hicieron cargo de un Estado social débil y renunciaron por completo a desarrollarlo. De nada sirve adoptar medidas aparentemente progresistas si no te dotas de los medios para sostenerlas, y el Gobierno socialista no lo hizo al no abordar ni por asomo el problema de la fiscalidad que constituye tal vez nuestra mayor debilidad.

Llegó la crisis y dejó a la vista de todo el mundo lo que antes no supimos o no quisimos ver. Que se había estado dando continuidad a la suicida política económica del anterior Gobierno del señor Aznar. Por temor al incremento del paro o por temor a las consecuencias electorales de las medidas que habrían sido necesarias (quiero creer que lo primero), no solo no atajaron sino que permitieron que continuaran inflándose las burbujas inmobiliaria y financiera. Y no lo hicieron por ignorancia sino a sabiendas, a pesar de los informes y los análisis que desde años atrás alertaban del enorme peligro. El partido que se decía socialista dejó que se desarrollara un salvaje capitalismo especulativo sin hacer nada. Y, de remate, una reforma constitucional impuesta sin diálogo ni consulta y que supone una rendición incondicional al poder económico.

Perdieron las elecciones municipales y perdieron las elecciones generales de manera contundente. Era el momento de la autocrítica, de analizar por qué su electorado les volvía la espalda y poner el remedio; pero no lo hicieron. Creyeron resolver su crisis con un cambio en la cúpula dirigente que no cambiaba nada en la filosofía del partido. Escondieron al expresidente debajo de la alfombra en la esperanza de que se olvidarían sus pecados, pero se olvidaron del pecado mayor que no iba a ser olvidado: su renuncia al socialismo.

Y si el PSOE ya no es un partido socialista ¿qué es entonces? Nada. Soy consciente de lo que digo, y no voy a decir esa burrada de que ahora es un partido de derechas. No lo es, pero tampoco es ya de izquierdas. No es más que un espectro que vaga en busca de un poder que no sabe para qué quiere, alimentándose del miedo a la derecha para no desaparecer.

Sé que es duro lo que digo y, por si alguien se llama a engaño, añadiré que ni pretendo hacer escarnio ni soy de los que se alegran de esta situación. Al contrario, lo digo con pena. Yo votaría contento a un PSOE que tuviera un modelo de Estado digno de sus siglas. Pero no lo tiene, ni creo que tenga modelo de Estado en absoluto.

Si el PSOE ha de recuperar el lugar que durante tantos años le ha correspondido en la política española, necesita un nuevo proyecto. No lo va a lograr con lavados de cara, ni con componendas ni parches, ni con oposiciones tan responsables que no parecen ni oposiciones. Necesita ofrecer un proyecto nuevo, global y coherente, sólidamente fundado en los principios de la democracia, la solidaridad y la justicia social. Necesita convencer con algo más que palabras de que no sólo se pondrá freno a la regresión democrática y la deriva neoliberal, sino que se va a emprender con decisión el camino que nos lleve a un Estado social, democrático y de derecho real, y no solo nominal.

Dudo mucho, para ser sincero, que tal cambio llegue de la mano de sus actuales dirigentes. Creo que si no lo impulsan los militantes de base, no se producirá. También podría ocurrir, y tal vez esto sea lo peor, que el PSOE recupere su posición sin que ese cambio se produzca; simplemente porque las consecuencias de las políticas del Partido Popular hagan que las del PSOE parezcan buenas por comparación. Eso me parecería terrible, porque convertiría al PSOE en una simple pieza de un poder sin alma.

Por todo esto espero que los más recientes desastres electorales del PSOE sirvan, esta vez sí, de auténtico revulsivo y no se vuelvan a saldar en un cambio de caras para que todo siga igual.

lunes, 22 de octubre de 2012

Sobre las elecciones en Galicia

Naturalmente empezaré por felicitar a los vencedores. Quiero decir a los candidatos, a los electores no sé si darles la enhorabuena porque no creo que el resultado sea bueno para ellos ni para nadie que no sea neoliberal. Y me resisto a creer que todos los que han votado al Partido Popular sean neoliberales. Dicho esto, entro en materia. Y comienzo con lo de siempre, pesadiño que soy. Una vez más el sistema electoral con sus circunscripcíones, su límite de votos del 5% y su sistema d'Hondt falsea la voluntad real de los gallegos. Si el sistema fuera realmente proporcional la distribución de escaños sería muy distinta, como muestra la siguiente tabla. Observaréis que entre los escaños asignados proporcionalmente suman 74, debido a los redondeos. El escaño que falta sería en principio para PACMA.


Lo primero que llama la atención es que el PP no debería estar tres escaños por encima de la mayoría absoluta, sino tres por debajo, y que el batacazo del PSOE tendría que ser aún mayor. Más importante quizá es que hay cuatro o cinco partidos que deberían tener representación parlamentaria porque así lo quieren los ciudadanos, y no la tienen porque lo impide el sistema electoral. Hay 76.297 ciudadanos gallegos a los que simplemente les han robado el voto. Al igual que se lo han robado "parcialmente" a los votantes de AGE y BNG, que tienen menos representación de la que les correspondería en un sistema verdaderamente democrático.

Otro dato a considerar es la abstención, que ha sido del 36,2%. Desde luego es un nivel de abstención alto, siempre es malo que más de un tercio de los ciudadanos decidan no ejercer su derecho al voto. Es un síntoma de la escasa ilusión que despiertan los partidos políticos. Sin embargo no ha sido tan alta como yo temía.  Es verdad que se ha incrementado con respecto a las dos convocatorias anteriores, pero si miramos más atrás, vemos que la abstención en las elecciones autonómicas gallegas nunca a bajado del 35,8%, y en tres de nueve ocasiones ha superado el 40%.  Desde luego sigue siendo un dato malo, pero es crónicamente malo por decirlo así. Y eso es aún peor porque significa que es algo más que un desencanto coyuntural.

También es importante señalar que de las cuatro fuerzas que obtienen escaños, tres pierden votos. El desastre es particularmente grave en el PSOE, pero los 41 diputados del Partido Popular no pueden ocultar que aún aumentado su representación, también pierde un número importante de votos. Hace cuatro años obtuvieron 789.427, lo que significa que han perdido nada menos que 135.493. Eso supone un descenso del 17,16% o, lo que es lo mismo, que uno de cada seis de sus antiguos electores han decidido no votarles esta vez. El incremento en el número de escaños no se debe, como ha dicho la señora Cospedal, a que los gallegos aprueben la gestión del señor Feijoó, sino a la magnitud del descalabro de PSOE y BNG.

Por último me gustaría comentar brevemente el notable éxito de Alternativa Galega de Esquerdas, porque muchos analistas lo están atribuyendo al carisma personal de Xosé Manuel Beiras, y yo no creo que sea así. Incluso creo que hubo gente que votó a esta coalición a pesar del señor Beiras, dicho sea con todo el respeto a un hombre al que no se pueden negar su honestidad y valía intelectual.

Esta formación engloba a Esqueda Unida, Equo y Anova. Estoy seguro de que los votantes de EU y Equo no han votado AGE por Beiras. En cuanto a Anova, partido escindido del BNG, yo creo que sus simpatizantes habrían votado igualmente a AGE sin Beiras. Alternativa Galega ha recogido en realidad, además del voto de EU y Equo, el voto descontento de PSOE y BNG. Pero sobre todo creo que su ascenso se debe a que es la única formación que ha sabido despertar ilusión. De no ser así, de ser como algunos dicen sólo un voto de desencanto o de castigo, esos doscientos mil votos se habrían perdido, yendo a engrosar la abstención.

Y termino como empecé, felicitando a los ganadores aunque crea que el resultado será malo para todos. Espero que en los próximos años el señor Feijoo demuestre que me equivoco.

domingo, 14 de octubre de 2012

Voto en branco e abstención

Queda unha semana para as eleccións en Galicia e as enquisas din que o PP vai obter outra maioría absoluta, como sempre de escanos, que non de votos. Máis ainda, parece que van obter un ou dous escanos máis que na pasada lexislatura a pesares de que non gañan votos; de feito vannos perder, aínda que poucos. Din tamén as enquisas que Alternativa Galega pode entrar no parlamento con catro ou cinco escanos, e que a abstención vai aumentar ata case o 42%.

Non fai falla ser un xenio para saber que todos estes feitos están relacionados entre sí. Os votos de Alternativa Galega proceden, ademáis dos votantes de Esquerda Unida, dos descontentos do PSOE e, en menor medida, do BNG. E se o PP vai gañar escanos perdendo votos é porque medra a abstención, que se vai producir sobre todo entre os que nas pasadas eleccións votaron ó PSOE. A abstención e o voto en branco xogan un papel importante nesta convocatoria.

O voto en branco non é neutro, convén telo en conta. Sabemos que para obter un escano no Parlamento se esixe acadar o 5% dos votos válidos da circunscripción, e o voto en branco conta como voto válido. Isto é moi importante para os partidos que bordean este límite. No caso destas eleccións para Alternativa Galega, especialmente na provincia de Ourense, donde as enquisas anuncian que terá o 4,4%, e pode que na de Lugo, donde se sitúa no 6,7%. Votar en branco é, por suposto, unha opción perfectamente lexítima, pero convén saber cómo afecta ó resultado. Adóitase dicir que votar en branco expresa que non te convence ningún partido, e certamente non é votar a favor de ningún. Pero neste caso, debido ó sistema electoral, é votar en contra dunha formación concreta.

Outra cousa é a abstención, que a priori sí é neutra xa que non conta de ningún xeito, como tampouco o voto nulo. Pero tamén nisto hai un feito a ter en conta. A abstención apenas vai afectar ó Partido Popular, que ten un electorado moi fiel. Son os antigos votantes do BNG e, sobre todo do PSOE os que non van ir votar. Son votos de esquerda, non de dereita, os que se perden; de ahí que a dereita gañe escanos sin gañar un só voto. Non é que non o entenda, comprendo ben o desencanto e a decepción. Pero expresar ese desencanto co PSOE regalándolle outra maioría absoluta ó PP no me parece a cousa máis lóxica do mundo. A abstención, tal como están as cousas, é votar por catro anos máis do mesmo. Catro anos máis de pecha-los oídos ó pobo e facer o que lles pete porque "os cidadáns deronnos a súa confianza". Catro anos máis de recortar salarios, prestacións e pensións para pagar a especuladores porque "é o que hai que facer". Catro anos de desmantelar o público para dar negocio privado. E cando rematen eses catro anos pode que xa non teñamos Estado de benestar polo que loitar.

Sei que tamén hai xente que se vai abster por convicción e non por desencanto. Xente que pensa que este sistema non é democrático e que, se medra moito a abstención, se deslexitima e terá que haber cambios. Non quixera faltarlle ó respeto a ninguén, pero na miña opinión están a soñar. Os grandes partidos teñen un "fondo" de votos fieis, e con iso abóndalles. O exemplo o podemos ter nos Estados Unidos, onde a participación chegóu a caer por debaixo do 50% e non pasóu nada. Ninguén se sentíu deslexitimado, ningúen renuncióu ó poder, ningúen dixo que o sistema non funcionara nin que houbera que reformalo. ¿De verdade pensa alguén que os partidos que deseñaron o sistema para garanti-las súas maiorías van renunciar a él? Aferraránse ós seus sillóns como as lapas á pedra e cambiarán cantas leis faga falla para reprimi-las protestas. ¿Acaso non o estamos vendo xa?

Se desbotamos á violencia, para cambiar ó sistema non hai outra que facelo polos seus propios cauces, votando a quenes queren cambialo porque teñen algo que gañar co cambio. Dáme igual que sexan de esquerda, como Alternativa Galega, ou de dereita como UPyD. Non vale queixarse de que a política é unha farsa e cruzar os brazos coma se non fora con nós. Como dixen nunha das primeiras entradas deste blogue, para que haxa democracia se teñen que dar dúas condicións: que os cidadás podar participar na vida política e que realmente o fagan, e se o pobo non exerce a súa soberanía outros a exercerán por él.

Estou tan desencantado cos partidos como calquera, pero non me vou dar por derrotado. Non vou deixar, na pequena medida en que poda evitalo, que por hastío manteñan un poder absoluto os mesmos que nos levaron onde estamos. Nin que gobernen outros catro anos os mesmos que, enchéndose a boca de grandes palabras, lamen o cú do poder económico e deixan ós cidadáns que os elixiron ó pé dos cabalos.

viernes, 12 de octubre de 2012

Ninguneo informativo

Estes días, vendo cómo se informa da campaña electoral galega nas distntas canles de televisión, decatéime de dúas cousas. Unha, anecdótica, é que os señores Feijoo e Vázquez no falan demasiado ben a lingua galega. A outra é que se un se informa só na televisión podería chegar a conclusión de a estas eleccións concorren tan só tres partidos. Se amosan imaxes dos actos dos líderes do PP, do PSOE e do BNG, pero é moi raro que se mencionen sequera os actos dos restantes partidos.

Penso que non é unha cuestión menor. O distinto trato nos medios de comunicación non só se traduce en distinto grao de coñecemento polos cidadáns, tamén é unha mensaxe ímplicita que vai calando na cidadanía: que só hai tres alternativas reais e que votar a calquera outro partido só pode ser un acto simbólico ou un voto de castigo ós tres "importantes". Doutro xeito: que só hai tres partidos que conten. Na miña opinión isto é manipular a opinión pública e falsear as eleccións, porque a información non se manipula só polo que se dí, tamén polo que non se dí.

Non teño nada que dicir no caso das canles de televisión privadas, aínda que fixeran propaganda aberta dun partido (e algunhas a fan), están no seu dereito. Son os propietarios ou accionistas quenes deben definir a súa liña. Pero as canles públicas pertencen a todos, están ou deberan estar ó servizo dos cidadáns e non dos políticos, e a súa obriga e informar de xeito imparcial. Os actos dun partido non son nin máis nin menos importantes que os de de calquera outro, sexa cal sexa a representación que hoxe teñan ou non teñan no Parlamento. En cada convocatoria electoral os medios públicos deberan actuar como se ningún deles a tivera.

Chama especialmente a miña atención o auténtico ninguneo que se lle fai a Alternativa Galega porque, aínda admitindo que haxa algunha xustificación para a diferencia de trato, omitir a información sobre esta coalición xa rebasa calquera límite, xa que non é una formación testimonial nin moito menos. Non só porque forma parte dela Esquerda Unida, que é un partido consolidado e con implantación, ou porque o seu cabeza de lista sexa Xosé Manuel Beiras, que é un político de recoñecida traxectoria. Tamén, e sobre todo, porque as enquisas indican que podería acadar catro ou cinco escanos a pesares do inxusto límite do cinco por cento dos votos. É a carta forza en liza, con posibilidades máis que reais de obter representación e romper co "acaparamento" do Parlamento. ¿Iso non é noticia? Omitilo nos informativos, silenciar os seus actos electorais como se non contaran para nada é manipular a información.

Sei ben que hai leis que regulan o espazo que as canles del televisión públicas adican a cada partido. Non digo que non sexa legal, digo que non é democrático. Que estas eleccións están sendo u bo exemplo que esas leis se fixeron para servir a certos partidos políticos, e non para servir ós cidadáns.

Pode que algúen pense que esta entrada tamén é propaganda dun partido, e pode que teña razón. Pero eu escribo unha bitácora persoal, non dirixo un medio público. E a título persoal chámovos a ter en conta todas as opcións.

lunes, 1 de octubre de 2012

La herencia de Rajoy

Lo siento, pero estoy ya más que harto de la insistencia del señor Rajoy y sus ministros de echarle la culpa de todo al Gobierno anterior, de hablar una y otra vez de la herencia recibida. Porque si no es mentira es una verdad a medias imperdonable en cualquier responsable de gobierno, pero más aún en quien prometió solemnemente decir siempre la verdad.

El señor Rajoy se olvida siempre, muy convenientemente, de mencionar también la herencia igualmente grave de su predecesor Don José María Aznar y sus ministros, que fueron quienes crearon la burbuja inmobiliaria y permitieron el monstruoso endeudamiento de las entidades financieras, cerrando los ojos a sus peligrosas prácticas.

Pero el señor Rajoy se olvida, sobre todo, de su propia herencia. Se olvida el señor Rajoy de que fue diputado y líder de la oposición durante la etapa de gobierno con que ahora lo justifica todo. Y como tal diputado y líder le correspondía la responsabilidad de controlar la acción del Gobierno. Así lo manda el artículo 66.2 de la Constitución:

Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.
Entre esas demás competencias atribuidas por la Constitución, está la recogida en el artículo 113.1:
El Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción por mayoría absoluta de la moción de censura.
Dice también el artículo 110.1:
Las Cámaras y sus Comisiones pueden reclamar la presencia de los miembros del Gobierno.
Y el 111.1 dice:
El Gobierno y cada uno de sus miembros están sometidos a las interpelaciones y preguntas que se le formulen en las Cámaras.
¿Dónde estuvo pues el control de la acción del Gobierno que el señor Rajoy hubiera debido ejercer? Como líder del principal partido de la oposición era su responsabilidad y su deber. Era responsabilidad suya informarse del verdadero estado del sistema financiero, de los riesgos que entrañaba la gigantesca burbuja inmobiliaria. Era su responsabilidad exigir al Gobierno la información y las explicaciones y, en su caso, hacer las propuestas oportunas. ¿Por qué no propuso en su día ni una sola de las medidas que ahora adopta? ¿Por qué afirmó, muy por el contrario, que no adoptaría ninguna de esas medidas? La única respuesta que encuentro es que no convenía a sus intereses electorales.

Más aún, durante años estuvo afrirmando que el problema de España era la desconfianza que, según él, generaba el Gobierno. Durante años se hartó de repetir que todo era culpa de un Gobierno que lo hacía todo mal. Llegó al punto de afirmar sin rubor que el mero anuncio de convocatoria de elecciones generaría tanta confianza que por sí solo haría que empezasen a solucionarse nuestros problemas. Y yo me pregunto por qué, si tan convencido estaba de ello, no planteó jamás una moción de censura. Y la única respuesta que encuentro es que no convenía a sus intereses electorales.

Pagamos la herencia de las equivocadas políticas del señor Rodríguez Zapatero, no se puede negar. Pagamos también la herencia de la dejación de funciones los diputados de la oposición, y tampoco esto se puede negar. Pagamos también la herencia del señor Mariano Rajoy.