sábado, 27 de agosto de 2011

La reforma de la Constitución

Este es el artículo de la Constitución que se pretende reformar, en su redacción actual:

Artículo 135
1. El Gobierno habrá de estar autorizado por Ley para emitir Deuda Pública o contraer crédito.
2. Los créditos para satisfacer el pago de intereses y capital de la Deuda Pública del Estado se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de los presupuestos y no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la Ley de emisión.
Y esta es la nueva redacción que se pretende darle:
Artículo 135
1. Todas las Administraciones Públicas adecuarán sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria.
2. El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros.
Una Ley Orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario.
3. El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por Ley para emitir deuda pública o contraer crédito.
Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la Ley de emisión.
El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación al producto interior bruto del Estado no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
4. Los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse en caso de catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado, apreciadas por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados.
5. Una Ley Orgánica desarrollará los principios a que se refiere este artículo, así como la participación, en los procedimientos respectivos, de los órganos de coordinación institucional entre las Administraciones Públicas en materia de política fiscal y financiera. En todo caso, regulará:
a) La distribución de los límites de déficit y de deuda entre las distintas Administraciones Públicas, los supuestos excepcionales de superación de los mismos y la forma y plazo de corrección de las desviaciones que sobre uno y otro pudieran producirse.
b) La metodología y el procedimiento para el cálculo del déficit estructural.
c) La responsabilidad de cada Administración Pública en caso de incumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria.
6. Las Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus respectivos Estatutos y dentro de los límites a que se refiere este artículo, adoptarán las disposiciones que procedan para la aplicación efectiva del principio de estabilidad en sus normas y decisiones presupuestarias.
En la ley orgánica que debería desarrollar el nuevo artículo se pretende establecer el límite de déficit estructural global en el 0,4%, límite que debería estar vigente en 2020.
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Una vez leído, tengo que decir que la reforma es menos mala de lo que me temía, supongo que se habrá impuesto la exigencia de flexibilidad de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero sigue siendo mala.

No tengo nada que objetar al punto primero, que se limita a recoger la estabilidad presupuestaria como principio, ni a los dos puntos de que consta la redacción actual. El resto me sobra, porque sigo sin ver la necesidad de hacer esa regulación en la Constitución. Más aún, sigo creyendo que ese no es el objeto de un texto constitucional. Y además de no creer que se deba hacer esa reforma, ni siquiera me gusta la nueva redacción del artículo. Sin entrar  en demasiados detalles, son dos los aspectos que menos me gustan.

Uno es la estrechez de los supuestos que permitirían superar los límites, en particular donde dice en caso de recesión económica, porque entiendo que eso quiere decir cuando la recesión ya se haya producido y no para evitarla. Eso significa limitar las posibilidades de futuros gobiernos, que podrían verse sin margen de maniobra hasta que el daño ya esté hecho.

El otro es que se añada que el pago del principal y los intereses de la deuda pública gozará de prioridad absoluta. Por supuesto el pago de las deudas es una obligación, pero de ahí a elevarla, y nada menos que constitucionalmente, a la categoría de prioridad absoluta me parece una barbaridad. Aunque el ejemplo sea un poco forzado, si tuviéramos que elegir entre dar de comer a nuestros hijos o pagar una letra ¿cuál sería nuestra prioridad absoluta?

De modo que una vez leído el texto, mantengo mi opinión de que la reforma propuesta es innecesaria, equivocada e irresponsable.

Pero sobre todo me sigue indignando la manera en que la están llevando a cabo: a toda prisa, sin debate y de espaldas a la ciudadanía. Decidiendo sobre el futuro de todos como si hubieran sido tocados por la mano de Dios, cuando solo han sido tocados por la mano de la señora Merkel. Mano que, al parecer, los tiene cogidos por donde todos sabemos.

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jueves, 25 de agosto de 2011

Agonía de la democracia

Hace poco se reformó la Ley electoral de forma que los partidos políticos que no hubieran obtenido representación en las elecciones anteriores necesitarán, para poder presentar su candidatura, la firma del 0,1% del censo electoral en aquellas circunscripciones electorales por las que pretendan presentarse. Además deben obtenerlas en el plazo entre la convocatoria oficial de elecciones y la finalización del plazo para presentar las candidaturas, es decir que deben reunir esas firmas en veinte días.

Anteriormente se reformó la Ley de Bases del Régimen Local de modo que cuando una moción de censura sea suscrita por un concejal del grupo del gobierno se incrementará en un voto la mayoría necesaria para aprobarla.

La primera reforma prácticamente impide a los partidos nuevos o minoritarios concurrir a las elecciones. La segunda dificulta que prospere una moción de censura en los ayuntamientos. No hace falta discurrir mucho para ver que ambas están encaminadas a reforzar aún más el poder de los dos partidos mayoritarios.

Lo que no puedo evitar preguntarme es para qué. Ese poder al que se aferran y quieren reforzar ya no es tal poder, y tampoco hay que discurrir mucho para verlo.

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y otros organismos de funcionamiento nada democrático dictan las políticas económicas y nuestros políticos, unos a regañadientes y otros con entusisasmo, las acatan contra toda opinión de la ciudadanía.

Los especuladores juegan a la ruleta con nuestra deuda pública y, lejos de plantarles cara y tomar medidas que lo impidan, todo el afán de gobierno y oposición es tranquilizar a los mercados ignorando el hecho clamoroso de que nunca hubo motivo para que estuvieran nerviosos y su actuación se debe a la pura codicia.

Frau Merkel y monsieur Sarkozy ya no se molestan ni en fngir que en la Unión Europea haya democracia. Exigen medidas a los mal llamados países periféricos que no hacen más que agravar su situación, y las obtienen de inmediato.

Ahora piden que reformemos nuestra Constitución, y  nuestro inefable Presidente se pone inmediatamente de acuerdo con nuestro no menos inefable líder de la oposición para reformarla. Y deprisita, que no es cosa de dar tiempo a que se produzca alguna reacción.

Por supuesto, ni se les pasa por la cabeza preguntar al pueblo. ¡Qué papelón si al pueblo se le ocurre decir que no! A ver con qué cara les dirían a quienes tienen el verdadero poder que no pueden hacer lo que se les dice por una nadería obsoleta como la democracia.

Por eso me resulta difícil entender tanto empeño en pegar el culo al escaño. ¿Para qué? El palacio del Congreso y el de la Moncloa ya no son más que decorados en los que mediocres actores se afanan por hacer verosímil lo que todos saben que es ficción.

Y no puedo dejar de pensar en la herencia que dejaremos a la próxima generación. La democracia española agoniza, la estamos dejando morir entre todos.  O despertamos y empezamos a luchar por ella o no tarderemos mucho en asistir a su último estertor.

martes, 23 de agosto de 2011

Un insulto a la democracia

Leo las noticias y no salgo de mi asombro. A pesar de la escasa confianza que me inspiran nuestros líderes políticos no creí que su desfachatez y su desprecio por los ciudadanos llegasen a tanto. Pero han llegado, y mi asombro va dejando paso a una profunda indignación.

El Presidente del Gobierno y el líder de la oposición, con la aquiesciencia del Sr. Rubalcaba, han acordado reformar la Constitución para limitar por esta vía el déficit público. Y lo han hecho a la chita callando, de espaldas a la ciudadanía, ignorando al resto de grupos parlamentarios y con mucha prisa para que se lleve a cabo antes de terminar la legislatura.

Limitar legalmente el déficit es una medida cuestionable en sí misma, pero pretender fijarla constitucionalmente me parece un despropósito y una irresponsabilidad. La estabilidad presupuestaria puede ser más o menos deseable, pero jamás el dogma de fe que tan ciegamente han aceptado el Sr. Rodríguez Zapatero y el Sr. Rajoy.  No dudo que mantener controlado el déficit sea algo positivo como medida política y económica general, pero limitarlo sin más y fijar la medida en la Constitución es privar a los gobiernos sucesivos de una herramienta que en el pasado ha sido útil y que pudiera ser vital en el futuro.

Lo grave no es la limitación en sí, sino la manera en que se quiere llevar a cabo. No hay razón alguna que justifique la necesidad de hacerlo a través de la Constitución. Más aún, no creo que deba hacerse así en absoluto. Primero porque no creo que esa sea la finalidad de un texto constitucional, pero también porque eso significa que si llega a ser necesario pasar el límite no podrá hacerse sin una nueva reforma por mayoría de 3/5 de ambas cámaras.

Para hacernos una idea de lo que esto puede significar tenemos el ejemplo de lo sucedido recientemente en Estados Unidos, donde la necesidad de llegar a un acuerdo para elevar el techo de deuda sirvió al partido conservador para chantajear al Presidente Obama poniendo en riesgo la economía del país.

Pero más allá de la medida en sí lo que me indigna es el modo en que pretenden llevarla a cabo.  Después de tanto exigir respeto a la Constitución, después de tanto decir que no se podía modificar la Constitución alegremente, después de negarse a considerar siquiera las propuestas de reforma de otros partidos, instituciones o grupos ciudadanos, resulta que ahora se puede reformar a toda prisa y sin discusión por un mero acuerdo entre los señores Zapatero y Rajoy.

Al parecer consideran que los votos recibidos hace cuatro años por sus partidos les legitiman para tomar cualquier decisión, a pesar de que esos votos, lo recalco, los recibieron sus partidos, no ellos, y a pesar del evidente descrédito de ambos líderes y de ambos partidos.

A pesar de todo ello se creen legitimados para reformar la Constitución sin haber consultado a los demás partidos políticos y hasta sospecho que ni a los suyos propios a juzgar por las declaraciones del Sr. Rubalcaba, sin haber consultado que se sepa ni a sindicatos ni a organizaciones patronales ni tampoco, que a mi me conste, a los propios órganos consultivos del Estado, ni a los representantes de los gobiernos y parlamentos autonómicos. Sin encomendarse a Dios ni al diablo. Y mucho menos al pueblo.

Y esto último es lo más indignante. Saben que el referendum solo es necesario si lo exige la décima parte de los miembros de alguna de las cámaras, y como ambos partidos suman más del noventa por ciento, no se toman la molestia ni siquiera de disimular. Anuncian de antemano que no les importa en absoluto lo que pensemos los ciudadanos y que no tienen la menor intención de consultarnos sobre un asunto cuya trascendencia no se le escapa a nadie.

La medida puede ser opinable, aunque a mi me parezca equivocada e irresponsable. Pero la manera en que la van a llevar adelante es un insulto a la democracia y un olímpico desprecio a los ciudadanos a los que dicen representar.

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domingo, 21 de agosto de 2011

Errores fundamentales del modelo neoliberal

Un modelo es una simplificación de la realidad que ayuda a comprenderla. El modelo siempre es más sencillo que la realidad que pretende explicar, pues de lo contrario sería inútil; si fuese tan complejo como la realidad misma podríamos estudiar ésta directamente. Así, para construir un modelo se determinan cuáles son las variables más influyentes y se considera que las demás permanecen constantes. Esto lo expresan los economistas con la expresión latina ceteris paribus, de modo que cuando dicen, por ejemplo, que el precio depende de la oferta y la demanda ceteris paribus no significa que no existan otros factores, sino que se ignoran por considerarlos de menor relevancia y para no hacer inútilmente complejo el modelo.

Al construir un modelo podemos cometer dos grandes tipos de errores. Podemos equivocarnos al formular las relaciones entre las variables consideradas, o bien al determinar las variables a considerar. En el segundo supuesto se puede errar de dos maneras, por incluir alguna variable poco relevante o, lo que es más grave, por excluir alguna esencial. El resultado, naturalmente, será que los resultados predichos por el modelo no se ajustarán a la realidad y será necesario revisarlo.

También podemos cometer otra categoría de error, no en la construcción del modelo, sino en su valoración: tomar un modelo explicativo por una ley inexorable. Esto suele ser cierto cuando se trata de fenómenos físicos como la gravitación (y aún ésta tuvo que ser revisada por la teoría de la relatividad), pero rara vez es cierto cuando se trata de fenómenos humanos.

Esta introducción, que no pretende tener ningún rigor científico, no tiene otro objeto que explicar algunos de los errores fundamentales de los  que adolece, en mi opinión, el modelo económico neoliberal. Y utilizo la palabra fundamentales en el sentido de que afectan a sus mismos fundamentos y, por lo tanto, lo invalidan.
Simplificadamente, el núcleo del modelo neoliberal es la afirmación de que cuando los individuos buscan su propio beneficio individual, los recursos se asignan de modo eficiente y se obtiene el bien común. Esto lo derivan de la suposición de que el individuo está dispuesto a pagar por la adquisición de aquellos bienes que le satisfacen y, por el contrario, si no está dispuesto a pagar por un bien un determinado precio es porque prefiere emplear su dinero en adquirir otro bien que le reporta mayor satisfacción. La conclusión que extraen es que el Estado no debe intervenir en el mercado ya que éste se regula por sí mismo y cualquier intervención estatal será ineficiente.

La teoría del Estado mínimo es consustancial al neoliberalismo. Sin embargo no lo llevan a su verdadera conclusión lógica, que no sería el Estado mínimo sino la ausencia de Estado. Ningún neoliberal quiere realmente destruir el Estado porque, además de garantizar la propiedad es necesario, dicen, para garantizar que los individuos operan libremente. Es decir, que no existan asociacionismos que alteren el mercado.

Y aquí aparece el primer error fundamental del neoliberalismo. Al elaborar su modelo omitieron un hecho básico: que el ser humano es un ser social. Es ésta una verdad evidente y conocida desde la antigüedad de la que los neoliberales prescinden. Una sociedad no es una mera agregación de individuos, y tanto es así que históricamente numerosos y prestigiosos pensadores han afirmado que sólo en sociedad alcanza el hombre su plena humanidad. Aislados de la sociedad y privados por tanto de la cultura y hasta del lenguaje en poco o en nada nos diferenciamos del resto de grandes primates. La sociabilidad humana es una variable tan esencial que todo modelo que la ignore está viciado en sus mismos fundamentos.

El propio Estado es una forma compleja de la sociabilidad humana, una forma de asociacionismo a la que los neoliberales deberían ser contrarios. El mismo hecho de que no puedan prescindir de él y lo consideren necesario como garante del buen funcionamiento del mercado debería bastar para demostrarles que en su modelo falta un dato esencial.

El segundo gran error es de valoración del modelo, que confunden con leyes universales e inexorables. Por ejemplo, afirman que cuando en el mercado de trabajo, que para ellos no es diferente de cualquier otro, existe un salario mínimo por encima del precio de equilibrio se produce desempleo. Y eso es cierto, lo falso es la conclusión que derivan de ello: que no debe existir salario mínimo. Dejando aparte que si realmente fuera una ley inexorable intentar establecer un salario mínimo sería inútil, es ignorar que existen otras alternativas como actuar sobre la misma oferta o la demanda, por mencionar solo lo más evidente.

Tal vez por eso nunca revisan su modelo. Es una máxima generalmente aceptada que cuando la teoría no concuerda con los hechos hay que revisar la teoría. Esta sabia máxima tiene su variante humorística: si los hechos contradicen a la teoría hay que cambiar los hechos.

Esto último, cambiar los hechos, es lo que siempre han intentado hacer los partidarios de este modelo. En sus orígenes intentaron prohibir toda forma de asociacionismo obrero tipificándolo como delito, cuando se vio que era inútil pasaron a tolerar las sociedades de ayuda mutua, y solo cuando se vieron obligados por las revoluciones acabaron aceptando los sindicatos.

Todos sus intentos de cambiar los hechos se dieron de bruces con la realidad de la naturaleza social del hombre. Aún así se niegan a aceptar la necesidad de revisar su fe (porque no se la puede llamar de otro modo) y desde hace ya algún tiempo vuelven a su terco intento de imponer un modelo que nos llevará al desastre. La realidad es aún más terca y acabará demostrándoles una vez más su error. Lo malo es que mientras tanto todos pagaremos las consecuencias de su ceguera.


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viernes, 19 de agosto de 2011

Ateos, tiranos, dioses y el Papa

No tenía intención de volver a ocuparme de la Jornada Mundial de la Juventud. Como dije anteriormente, no tengo nada que objetar a la visita del Papa en sí misma, solo a la forma en que se ha hecho. Ahora bien, igual que yo respeto a los católicos y sus creencias, espero que ellos nos respeten a quienes no las compartimos. Y Benedicto XVI ha hecho estos días unas declaraciones que nadie que no sea un fundamentalista católico puede pasar por alto.

Hablando de la ciencia y de sus supuestos peligros ante un auditorio de profesores ha afirmado que "cuando se elimina toda referencia a Dios se puede llegar al totalitarismo político". Esto es cuando menos llamativo viniendo del jefe absoluto de una institución que es en sí misma jerárquica y rígidamente autoritaria, y que no admite en su seno el menor atisbo de democracia. Más aún si consideramos que, históricamente, el catolicismo nunca se ha distinguido por ser un freno contra la tiranía, sino todo lo contrario. No solo han apoyado a todo tipo de tiranos, sino que siempre que han tenido la oportunidad han impuesto su propia tiranía.

Dirán los creyentes que eso es historia, y que la Iglesia católica ya no es así, pero lo cierto, insisto, es que es una institución intrínsecamente antidemocrática. Y es lógico, quien piensa que sus creencias, por irracionales que sean, son la verdad absoluta y que toda crítica es un ataque a la verdad está sin duda mucho más cerca de la tiranía que quienes creen que lo que conduce a la verdad es el pensamiento libre. Más aún, la jerarquía eclesiástica insiste machaconamente en negar que los no creyentes puedan tener valores éticos ¿qué mejor muestra de pensamiento totalitario?

Valga como muestra otra reciente declaración del Papa. Refiriéndose al incremento del número de agnósticos y ateos ha dicho: "Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos". "Desearían decidir por si solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quien es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias". En otras palabras, lo que ha afirmado es que un ateo no puede tener principios morales. Todo el que no sea católico se cree con derecho a decidir sobre la vida y la muerte de los demás. Un derecho, nuevamente, que la propia Iglesia nunca ha dudado en arrogarse.

Estas últimas declaraciones son también llamativas por otro motivo. Nos dice Benedicto XVI que no podemos decidir por nosotros mismos lo que es bueno o malo, justo o injusto, y que quienes piensen que pueden se creen dioses. Esto es, de hecho, contrario al cristianismo. Se supone que Dios premiará a los buenos y castigará a los malos porque somos libres de elegir y por lo tanto de distinguir por nosotros mismos el bien del mal. Y no es solo que sea lógico, es que la propia Biblia dice con meridiana claridad que no solo podemos distinguir el bien del mal, sino que nuestra capacidad para distinguirlos iguala a la del propio Dios:
"Dijo entonces Yahveh-Dios: He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros, por haber conocido el bien y el mal. No sea que ahora alargue su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre" (Génesis 3,22)

Así pues, acusar a los ateos de creerse dioses es absurdo, porque por definición los ateos no creen en dioses. El que no puede por menos que creerse como un dios es el que crea que la Biblia es la verdad. El versículo no deja lugar a dudas, al comer del árbol del conocimiento el hombre se ha hecho como uno de nosotros. Es decir capaz de alcanzar el conocimiento y distinguir por sí mismo lo que es bueno o malo, justo o injusto. Como un dios.

No seré yo quien le niegue a Benedicto XVI su derecho a expresar cuantas opiniones crea convenientes, pero yo también estoy en mi derecho de decir que llamar a quienes no compartes sus creencias tiranos, asesinos y endiosados no es una opinión, es un insulto. Y es además peligroso, porque no hace más que fomentar la exclusión y la discordia, algo de lo que debería cuidarse mucho quien dice predicar la paz y el amor a los enemigos.

Naturalmente esto son opiniones mías y con toda seguridad el equivocado soy yo. Si yo interpreto un versículo de manera distinta solamente puedo estar equivocado, ya que interpretar la Biblia le corresponde en exclusiva a la jerarquía eclesiástica y cualquier interpretación que no coincida con la suya solo puede ser errónea. Eso no lo dice la Biblia, claro, pero lo dice el Papa. Y el Papa (que no se cree un dios) no se equivoca nunca.

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domingo, 14 de agosto de 2011

La Jornada Mundial de la Juventud (católica)

La verdad es que a mí no me molesta especialmente la visita del Papa. Me sorprende, eso sí, que en un Estado aconfesional se declare acontecimiento de excepcional interés público, y que las empresas que contribuyen a financiarlo obtengan beneficios fiscales por ello. O que se cedan gratuitamente espacios públicos que no se cederían para otros fines. Lo cierto es que ninguna de estas cosas me parece correcta en un Estado que proclama en su Constitución que ninguna confesión tendrá carácter estatal.

Me sorprende también que los mismos que afirmaban que los indignados coartaban la libre circulación por acampar en la Puerta del Sol no tengan inconveniente alguno en que algunas de las principales calles de Madrid se cierren durante días. Pareciera que se puede cortar el tráfico para acontecimientos religiosos, para celebrar la victoria de un equipo de fútbol, para cabalgatas, desfiles o para cualquier otra cosa excepto para expresar el deseo de una democracia mejor. No parece propio de un Estado que proclama en su Constitución la libertad de expresión y de manifestación.

No me gustan estas cosas, pero puedo entender que hay en España millones de católicos que desean recibir a su líder espiritual, y me parece bien. Debería hacerse de otro modo, pero no me siento especialmente molesto. No es, en todo caso, lo que más me indigna en estos momentos.

La verdad es que el tema me importa poco, seguramente porque no soy católico. Si lo fuera sí que estaría molesto.

Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa.(Mt 6,5)

No todo el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en tu nombre y en nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Yo entonces les diré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de iniquidad. (Mt 7, 21-23)

Entonces Jesús habló a las muchedumbres y a sus discípulos diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no los imitéis en las obras, porque ellos dicen y no hacen. (Mt 23, 1-3)

Pero vosotros no os hagáis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro Maestro, y todos sois hermanos. Ni llaméis padre a nadie sobre la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos (Mt 23, 8-9)

El que se ensalzare será humillado, y el que se humillare será ensalzado (Mt 23, 12)

Al salir El del templo, díjole uno de los discípulos: Maestro, mira qué piedras y qué construcciones. Y Jesús les dijo: ¿Veis estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea demolida (Mc 13, 1-2)

La vistita del Papa, como digo, no me molesta especialmente. Lo que me molesta es lo que han hecho con el mensaje de Jesús.

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domingo, 7 de agosto de 2011

Seamos radicales

Radical (del lat. radix, -icis): Perteneciente o relativo a la raíz

Hay que calmar a los mercados. Ese es el mantra de los políticos y de ciertos economistas ante los continuos ataques de los especuladores a los Estados, a los pueblos. Y digo especuladores, no mercados, porque no se puede calmar a una abstracción, es a los especuladores a quienes quieren calmar. Y para eso aprueban recortes, toman paquetes de medidas, desvían dinero público a entidades privadas o, en el colmo del absurdo, piden adelantos electorales.

Todo inútil, nada de eso ha calmado a los especuladores ni los calmará. Es como creer que echándole pedacitos de carne a un tigre no nos devorará. Ninguna de esas medidas está encaminada a la raíz del problema, que son los propios especuladores. ¿Desde cuando se apaga un fuego echándole más leña? Ninguna de esas medidas contribuye un ápice a solucionar el problema. De hecho, lo agrava.

La raíz del problema es la desregulación de los mercados financieros y la codicia de los especuladores, y a esa raíz deben dirigirse los esfuerzos. No hay que calmar a los especuladores, sino todo lo contrario, hay que ponerlos nerviosos. Hay que decirles con rotundidad que no vamos a seguir tolerando que destruyan economías enteras para saciar su insaciable avaricia.

Hay que decirles que vamos a regular el mercado financiero. Hay que decirles que vamos a acabar con los paraísos fiscales. Hay que decirles que vamos a dotarnos de nuestras propias agencias de calificación. Hay que decirles que la Unión Europea es más que un mercado. Hay que decirles que tendrán que pagar impuestos. Hay que decirles que tendrán que asumir su responsabilidad. Hay que decirles que las decisiones internacionales se tomarán por medios democráticos. Hay que decirles que el Banco Mundial, el FMI y la OMC no van a seguir siendo instrumentos del neoliberalismo.

Somos casi siete mil millones de personas en la Tierra. ¿Cuántos son ellos? No deberíamos ser nosotros los que tengamos miedo de "los mercados". Son ellos los que deberían tener miedo de las consecuencias de lo que han hecho. Son ellos quienes deberían temblar.

Que tiemblen.

martes, 2 de agosto de 2011

El sistema electoral alemán

El candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha recogido una de las reivindicaciones de los manifestantes del 15M: la reforma del sistema electoral. Ha afirmado que lo propondrá en la próxima conferencia política de su partido y que le gusta el modelo alemán que, según él, garantiza la proporcionalidad al tiempo que la cercanía de los candidatos a los electores.

El sistema alemán es complejo y se basa en un doble voto, uno personal por distritos uninominales y otro proporcional a nivel nacional. La mitad de los parlamentarios se eligen mediante cada uno de estos sistemas.

Alemania se divide electoralmente en 299 distritos electorales uninominales. De cada uno de estos distritos sale elegido un único parlamentario, que los ciudadanos eligen con su primer voto por mayoría simple. La idea es que esto produce una mayor cercanía entre elector y elegido, aunque yo tengo mis dudas de que esto sea efectivamente así, y la experiencia alemana no parece demostrarlo.

En una entrada anterior señalaba que este tipo de sistemas favorecen claramente a los partidos mayoritarios. Para evitarlo y garantizar la proporcionalidad existe en el sistema alemán el segundo voto. Con este segundo voto los electores no eligen candidatos concretos, sino que votan a las listas de los partidos, cerradas y a nivel nacional. De los escaños obtenidos por cada partido mediante este voto se restan los obtenidos con el primer voto. Por ejemplo, si un partido obtuviese 40 candidatos con el primer voto y le corresponden 100 por el segundo, por el segundo voto se le asignan 60.

Esto garantizaría la proporcionalidad si no fuese por dos excepciones que se establecen en el sistema y que la alteran en la práctica. En primer lugar, los escaños se asignan a los partidos que obtengan al menos el 5% de los votos proporcionales o tres candidatos en los distritos. Además, si un partido obtiene más candidatos en los distritos de los que le corresponderían proporcionalmente, mantiene el número de parlamentarios logrados en los distritos. Es decir, que si a un partido le corresponden 100 parlamentarios proporcionalmente pero obtiene 110 en los distritos mantiene los 110.

Esto último hace, por cierto, que el número de parlamentarios sea variable. Aunque en principio se eligen 598 parlamentarios, la mitad por cada sistema, debido a los votos adicionales el Bundestag tiene actualmente 622 miembros. Los 24 adicionales corresponden, como cabe esperar, a los dos partidos mayoritarios. De hecho, el Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucional la existencia de estos diputados adicionales y ha establecido este año como plazo para efectuar la reforma.

Los admiradores de este sistema afirman que garantiza la proporcionalidad al tiempo que favorece la cercanía de los candidatos con los electores y favorece la formación de mayorías que garanticen gobiernos estables.

A mí no me convence. Creo que, incluso sin las excepciones que obviamente excluyen a los partidos minoritarios y favorecen a los mayoritarios, los distritos uninominales hacen que se desvíe igualmente de la proporcionalidad. Quizá sea cierto que favorece la cercanía, pero no lo veo claro. Y que se afirme simultáneamente que es proporcional y favorece la formación de mayorías me parece contradictorio. Bien es verdad que no tengo ni he buscado datos estadísticos que lo confirmen o desmientan.

Por útlimo, y para terminar, para implantar un sistema así no basta la reforma de la ley electoral, haría falta una reforma constitucional. No tengo nada que objetar a las reformas constitucionales, pero dudo mucho que el Partido Popular se preste a ello. Tampoco creo, por supuesto, que el Sr. Rubalcaba pretenda copiar este sistema tal cual, sino utilizarlo como modelo de partida para iniciar la reforma necesaria.

Si es así me parece bien, abrir el debate ya es en sí un paso positivo. Pero en espera de que ese debate se produzca y se expongan todas las ideas, mantengo al menos provisionalmente la que expuse en la entrada Reflexiones sobre la democracia.

lunes, 1 de agosto de 2011

El profesor Banna

No es nada nuevo encontrarnos publicidad en el parabrisas del coche. Normalmente le echo un vistazo rápido antes de tirarla en la papelera más cercana. Por lo general suelen ser anuncios de academias o profesores particulares, o empresas de trabajos a domicilio. Cosas normales, gente que se busca la vida. Hará una semana me encontré un anuncio diferente: profesor Banna, vidente africano. Le presté la misma atención que a los demás, pero como esta vez no tenía una papelera cerca me lo metí en el bolsillo, y en lugar de acabar en la basura acabó sobre mi escritorio.

Seguramente habría terminado igualmente en la papelera de no ser porque pocos días después encontré idéntico anuncio en el buzón. Esta vez lo leí. El "profesor" afirma ser capaz de solucionar cualquier tipo de problema por difícil que sea, incluso garantiza el resultado. Ahí es nada. En realidad, lo que más me llamó la atención una vez superado el ataque de hilaridad, fue que se declarase especialista en alta magia, de donde debo concluir que existe una baja magia. Como el "profesor" no aclara dónde obtuvo tal título, deduje que existen academias que otorgan títulos de grado medio y superior.

Bromas aparte, supuse que la crisis y la desesperación de los más afectados estarían haciendo proliferar este tipo de actividades, como proliferan los negocios de compra de oro y joyas. Pero esta misma mañana retiré del buzón otro anuncio del profesor Alí. Este tiene más títulos que Banna: gran ilustre vidente, maestro chamán y gran médium espiritual. Creo que la duquesa de Alba tiene un título menos.

También esta vez leí el texto, que resultó ser sorprendentemente parecido al de Banna. Tanto que hay expresiones literalmente idénticas. Parecían del mismo individuo y empezó a picarme la curiosidad. Entré en google y tecleé "profesor banna". Sin hacer una búsqueda exhaustiva encontré referencias desde diciembre de 2005. Adiós a mi hipótesis de la crisis.

Pero encontré algo aún más sorprendente; alguien se había dedicado a coleccionar este tipo de anuncios. Los había con muchos nombres, y se anunciaban como maestros, doctores o profesores. Algunos contenían una dirección, las que reconocí eran de Madrid. Pero todos o casi todos los textos son prácticamente iguales, con idénticas expresiones.

No se me ocurren muchas explicaciones. Podría tratarse del mismo individuo, que se traslada y cambia de nombre con frecuencia, o bien se copian los anuncios unos a otros o, lo que me parece más probable, se trata de una red organizada.

Sea lo que fuere, no le daría más importancia que a los astrólogos de las revistas sino fuese por que esto va en serio.  No se limitan a hacer predicciones, lo que ya sería malo, sino que prometen cosas tan serias como curar enfermedades. Un negocio no se mantiene si no tiene clientes, y éste se mantiene como poco desde 2005.

No sé qué tipo de clientes pueden tener pero no es difícil de imaginar, y el asunto ya no me hace gracia.