miércoles, 29 de febrero de 2012

Razones para el optimismo

Ayer estaba sentado en una terraza con una amiga frente a unas tazas, de café en mi caso, y surgió el tema de este blog. Con gran sorpresa por mi parte mi amiga me dijo que veía optimismo en él; o quizá no fueron esas sus palabras exactas y lo que dijo fue que era más optimista que ella. Lo cierto es que es lo último que esperaba que alguien me dijera sobre este blog, en el que día tras día vengo haciendo vaticinios de desastres y malos tiempos. Ante mi lógico gesto de extrañeza añadió que al menos veía en él esperanza. Si es así, tengo que decir que no es de modo deliberado.

Pero eso me lleva a la pregunta ¿Hay razones para el optimismo y la esperanza? Pues sí, hay razones para un optimismo y una esperanza razonables, empleando el termino razonable en su doble acepción de ajustado a la razón y de prudente. En lo que yo creo que no debemos caer nunca es en el optimismo irracional y la fe ciega del ya verás como todo se arregla.

Una razón para el optimismo es que esta crisis, pese a lo que se dice, no es mundial sino europea y estadounidense. Otros países superaron ya hace tiempo sus propias crisis, regiones enteras del mundo progresan en democracia, justicia y bienestar. También regiones enteras se van sacudiendo el yugo de los tiranos y, aunque con dificultades, esfuerzo y sacrificios, van construyendo un mundo mejor. Se avanza despacio, pero se avanza.

Más razones para el optimismo. En la parte del mundo en crisis, en Europa, en esta España aparentemente dormida hay voces críticas que poco a poco se van haciendo oir. Hace un año no veía en los grandes diarios artículos críticos con la manera en que se afronta la crisis ni con las políticas de la Unión Europea. Ahora no hay día que no lea alguno, incluso en algunos medios afines a la derecha. Los analistas y comentaristas de la actualidad despiertan.

También reaccionan por fin los sindicatos. Lentamente y sospecho que midiendo sus fuerzas, pero reaccionan y movilizan, con toda su capacidad de convocatoria, a sus afiliados y simpatizantes. Hace unos días nos convocaron a una asamblea informativa en mi centro de trabajo, algo que es muy necesario y se echaba muy en falta. Confío en que sigan con ese tipo de actuación. El notable éxito de tres manifestaciones en diez días muestran que hay mucha gente dispuesta a responder.

Y esa es precisamente la principal razón para el optimismo.  Hay millones de personas, cada vez más, en España y en toda Europa que no están dispuestas a permitir que nuestras sociedades retrocedan a tiempos que creíamos superados, y que sí están dispuestas a hacer frente a los abusos y a las pretensiones del neoliberalismo radical.

Así que tal vez sea verdad que hay en este blog un cierto optimismo razonable. Para que sea un optimismo completo solo falta que, cual Saulo de Tarso, caigan del caballo, o de la burra como decimos por aquí, quienes tienen que caer: los políticos que nos gobiernan.

lunes, 27 de febrero de 2012

¿Dónde están los parados?

La reforma laboral no afecta solamente a los trabajadores ocupados, también a los desempleados y muy especialmente a los perceptores de prestaciones. Hay diversas medidas que fomentan, mediante subvenciones, bonificaciones o deducciones la contratación de perceptores de prestaciones, que no van encaminadas a la creación de empleo sino a aliviar la presión sobre las arcas del Estado. Resulta evidente que estas medidas son en perjuicio de los parados que no cobran prestaciones, que tendrán aún más difícil encontrar empleo.

Entre estas medidas, una llama especialmente la antención. Se prevé que los contratados con la nueva modalidad de contrato de apoyo a los emprendedores puedan compatibilizar el empleo con el cobro de hasta el 25% de la prestación que estuvieran percibiendo. Esto es novedoso, hasta ahora se permitía la compatibilidad de la prestación con el empleo a tiempo parcial. Las prestaciones eran, hasta ahora, incompatibles con el trabajo a tiempo completo, cosa absolutamente lógica puesto que en ese caso no estás en desempleo, ni total ni parcial. Sin embargo ahora se permite la compatibilidad con un trabajo que la ley establece que sea necesariamente a jornada completa. ¿Por qué? Solo puede haber una respuesta: prevén que los salarios lleguen a ser más bajos que la propia prestación.

Pero no termina ahí el asunto. Se pretende también impulsar otra medida: que los perceptores de prestaciones puedan ser obligados a realizar servicios de interés general y social, o lo que es lo mismo, servicios en beneficio de la comunidad. Una medida que ahora existe como pena para los condenados por delitos menores. Un paso más en el proceso de culpar a los trabajadores de la crisis, en este caso a los parados a los que ya se trata directamente como a delincuentes.

Añadamos a esto la pretensión de las organizaciones patronales de que se retire la prestación al parado que rechace una oferta de empleo, sea cual sea y en las condiciones que sea. Recordemos: aunque sea en Laponia. Sin considerar siquiera, por ejemplo, que los gastos de desplazamiento puedan superar al salario de un empleo parcial, temporal y mal pagado.

Sumo y no sigo, porque sería cansino.

No me sirve, dicho sea de paso, el falso argumento de Gobierno y patronal de que el coste de las prestaciones es inasumible para el Estado. Lo inasumible para el Estado, la nación, y desde luego los parados es la inconcebible tasa de desempleo. Reduce la tasa de desempleo y bajará automáticamente el coste de las prestaciones, reduce las prestaciones y solo contraerás la demanda generando más paro. El sencillo razonamiento sería más que suficiente si no lo fuera ya que el propio Gobierno reconozca que la reforma laboral no generará empleo. Eso por no mencionar lo más obvio: que la reducción del déficit no puede hacerse dejando a cinco millones de personas en la indigencia.

Y todo esto me lleva a la pregunta que encabeza esta entrada, ¿dónde están los parados? En las manifestaciones del día 19 los sindicatos estimaron que hubo dos millones de personas. Hay más de cinco millones de parados. ¿Dónde están? ¿Por qué no protestan?

Me he pasado el día pensando en esto, a raiz de una entrada que leí ayer en otro blog, y no encuentro una respuesta satisfactoria. Sé demasiado bien que cuando estás en el paro lo que te preocupa es lo inmediato, encontrar empleo, y que lo normal es pensar que las protestas no sirven porque nadie te solucionará tus problemas. Sé también que muchos parados de larga duración acaban culpándose a sí mismos por no ser capaces de encontrar empleo, que acaban creyendo que el problema es su falta de preparación, de experiencia o de iniciativa. Sospecho que no pocos se han dejado convencer por las promesas de los neoliberales y que creen que esta es la manera de salir de la crisis. Pero nada de eso explica la falta de reacción de los parados.

Las promesas neoliberales son falsas, y hace mucho que el paro dejó de ser, si es que alguna vez lo fue, un problema individual de Juan Pérez o José Ramirez.  Es un problema de todos los trabajadores, y del trabajador en paro antes que de ningún otro. Lo único que puede moderar, ya que no impedir, una reforma inicua y errónea es nuestra protesta. La de todos, empezando por los que más sufren las consecuencias de una crisis que no hemos provocado.

Ni los trabajadores somos culpables de la crisis, ni los parados son criminales. ¡Defiende tus derechos con la cabeza alta!

viernes, 24 de febrero de 2012

Cuidado con los infiltrados

El genial Quino publicó hace tiempo una tira cómica, que quizá no describa con exactitud porque no la tengo delante, en la que se ve a Mafalda recortando muñecos en un papel doblado mientras escucha en la radio a alguien que dice que los comunistas están infiltrados en todas partes. Otra voz pregunta dónde, y la primera repite "en todas partes" al tiempo que Mafalda despliega el papel y se encuentra uno de los monigotes cabeza abajo. Seguramente la tira respondería a la realidad argentina de aquel momento, aunque lo ignoro. Nuestro gobierno está consiguiendo que el chiste responda a la realidad de la España actual.

El antisemitismo, afortunadamente, ya no está bien visto y los masones ya no dan miedo a nadie. Así que, a falta de conspiraciones judeo-masónicas, la derecha las ha sustituido por infiltrados izquierdistas radicales y violentos. Estaban en las acampadas del 15M, entre los aporreados en Barcelona, en las manifestaciones del 15 de octubre y ahora también en la protesta de unos chicos de instituto. En todas partes.

Entre infiltrados, enemigos y ocurrencias varias que se han dicho de lo sucedido en Valencia, el premio de honor a la excusa más delirante se lo otorgaría, en apretada pugna con la delegada del gobierno, a la señora alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá. Según ella, una protesta de unos cientos de chicos sin calefacción en el instituto es una estrategia predeterminada de la izquierda que niega el principio del Estado de Derecho.

¿En dónde? En todas partes.

martes, 21 de febrero de 2012

La vuelta del patrono

Vuelven los patronos. Y digo patronos, no empresarios. Patrono (6ª acepción): amo. Ya han logrado de un gobierno decididamente neoliberal la aprobación, sin acuerdo ni negociación, de una reforma laboral que crea un contrato con un año de despido libre, que abarata el despido injustificado, que suprime la autorización administrativa de los despidos colectivos y los deja a exclusivo criterio del patrón, que considera causa de despido el descenso real o previsto de las ventas en tres trimestres incluso con beneficios, que establece que por esas mismas causas el patrón pueda incrementar la jornada o reducir el salario a los trabajadores que subvenciona la contratación de perceptores de prestaciones en lugar de fomentar la contratación de los desprotegidos, que establece la prevalencia de los convenios de empresa, sea cual sea su tamaño, sobre los sectoriales, etc.  En definitiva una reforma que deja a los trabajadores desprotegidos frente a los abusos de los patronos.

Dice el presidente del Gobierno que es una reforma que moderniza una legislación que databa de hace treinta años, pero no es cierto. No la moderniza, la hace retroceder otros treinta. Y lo hace rompiendo todos los acuerdos a los que patronal, sindicatos y gobierno han ido llegando en estos treinta años. Es más que la enésima reforma laboral, tiene razón el presidente cuando dice que es de calado; de tanto calado es que no solamente supone un radical cambio de modelo de relaciones laborales, sino de modelo social. Pasamos de un modelo pactado, negociado, a un modelo unilateral; de un modelo social a un modelo neoliberal.

Y aún así los patronos no están contentos, no es suficiente. Ahora quieren que se limite el derecho de huelga, obviando que es un derecho que la Constitución consagra como fundamental y que no admite más límites que asegurar los servicios esenciales a la comunidad. Como tal derecho fundamental debería estar regulado por ley orgánica, pero en estos treinta y tres años no se ha promulgado. Ni siquiera cuando hubo mayorías absolutas del PSOE o del PP se llevó a cabo. El único proyecto, de 1993, simplemente caducó y todavía hoy este derecho se regula por un Real Decreto-ley de 1977. Y con todo eso, empiezo a temer que también esta vez los patronos se salgan con la suya. ¿Que se presentan recursos de inconstitucionalidad? Con la proverbial agilidad del Alto Tribunal podrían ser años. Hasta sospecho que, si no fuese porque en esa materia no se pueden saltar el referendum, tendríamos otra reforma constitucional "necesaria".

Tampoco eso sería suficiente. También pretenden que se le retire la prestación al desempleado que rechace una oferta de empleo. Claro que ya existen normas para retirar la prestación al desempleado que rechace una oferta de empleo adecuada, pero el término "adecuada" es excesivo. Quieren que el trabajador se vea obligado a aceptar cualquier empleo, aunque sea en Laponia ha dicho textualmente un elemento cuyo nombre rehúso siquiera mencionar. Si esto no fuera ya indignante, lo sería el estúpido argumento con que lo quieren justificar: que disminuirá el paro porque los trabajadores estarán más desesperados por encontrar trabajo. Como si bastase estar hambriento para que aparezca milagrosamente la comida. Nos toman por imbéciles.

La verdad es que no les interesa en absoluto reducir el paro, todo lo contrario. Quieren que haya una tasa de paro elevada y, a ser posible, sin ninguna protección. Quieren una masa de obreros dispuestos a trabajar de sol a sol por un plato de lentejas. Y no lo quieren por un cálculo económico, es obvio que son los trabajadores quienes han de consumir los productos y servicios que ofrecen los patronos, y si bajan sus ingresos también lo harán los beneficios. Pocos dudan ya de que con estas medidas entraremos en recesión y en una espiral que nos empobrecerá a todos.

No es beneficio lo que buscan, lo que buscan es volver a tener trabajadores que se quiten la gorra cuando pasa el patrón.

lunes, 20 de febrero de 2012

Día de protesta

Ayer acudí a la manifestación convocada por los sindicatos contra la reforma laboral, que fue multitudinaria. Al hojear la prensa esta mañana me encontré, como era de esperar, con las habituales diferencias de cifras según quién haga el recuento y quién dé la noticia. La disparidad es tan absurda que no sé ni por qué me molesto en leerlas. De hecho, llega a tal extremo que al leer en la prensa local que aquí habíamos asistido entre quince y veinticinco mil, según la fuente, la diferencia me ha parecido pequeña. Lo cierto es que la cifra real no me importa en absoluto. Para saber que fue la mayor asistencia a una manifestación que se recuerda en muchos años basta con haber estado allí. Para saber que fue lo mismo en toda España basta con ver las fotografías publicadas por los periódicos.

Esta asistencia masiva demuestra en primer lugar que existe una gran preocupación entre los ciudadanos, al menos entre los de clase trabajadora. Demuestra también que, si D. Mariano Rajoy se equivocaba cuando en diciembre decía que los españoles aceptarían las medidas no gratas, ahora tiene que estar sordo para seguir diciendo, como hizo ayer mismo, que la reforma es justa, buena y necesaria y que es la que esperaban cinco millones de parados. Tiene que estar sordo, digo, a menos que sea, como dice el refrán, el peor de los sordos: el que no quiere oir.

La reforma, aunque ya vigente por ser decreto-ley, tiene todavía que pasar el trámite parlamentario exigido por la Constitución. No cabe duda de que lo pasará, porque el Partido Popular tiene mayoría parlamentaria sobrada y sus dirigentes ya se han apresurado a decir, aunque no con estas palabras, que las protestas les importan tanto como una cagada de mosca. Volvemos a lo de siempre, obtuvieron la mayoría de los diputados y por lo tanto están legitimados para todo, aunque no lleguen realmente al cincuenta por ciento de los votos ni sumando los de CiU, previsiblemente su principal apoyo. La misma justificación que sirvió al Sr. Aznar para meternos en una guerra ignorando que más del noventa por ciento de los ciudadanos estaba en contra sirve ahora al Sr. Rajoy para ignorar las protestas. Los ciudadanos les votaron y ya no tienen nada más que decir. Y punto, que diría Don Manuel.

Pero no es de esto de lo que quería hablar, sino de los sindicatos. Decía hace meses que son, con todos los defectos que podamos y queramos achacarles, el gran dique de contención contra la marea neoliberal. En el prólogo a la segunda edición de El laberinto español, dice el autor, Gerald Brenan, que no había valorado bien el papel de la Iglesia porque "...incluso cuando ha caído muy por debajo de la misión que de ella se espera [...] aun en sus momentos de mayor decadencia, ocupa una posición clave en la estructura social del país".  Pues eso mismo, aunque la comparación parezca extraña, creo que puede predicarse de los sindicatos. Aunque no me guste la deriva que han tomado, aunque no me haya privado de criticar a los señores Toxo y Méndez, no podemos confundir a los sindicatos con sus dirigentes.

Esto también lo demuestra la gran afluencia de trabajadores a las manifestaciones de ayer. Podemos y debemos exigirles otras actitudes, transparencia, democracia... lo que queramos, pero los sindicatos siguen siendo los representantes de la clase trabajadora. Más aún, los necesitamos. La mayor parte, sino todo lo conseguido en materia de justicia social y derechos laborales en el pasado siglo ha sido por su existencia y no por regalo gracioso de ningún gobierno. Los sindicatos, que en definitiva son los propios trabajadores, tienen la estructura, la organización y la capacidad de convocatoria.

También decía hace meses, haciéndome eco de una opinión de Sami Naïr, que sólo los movimientos sociales amplios pueden impedir que se desmantele el Estado social. Esos movimientos sociales pueden ponerse en marcha de muchas formas, como el 15-M o plataformas como Attac, pero le corresponde de manera natural a los sindicatos. Los convocantes de las manifestaciones de ayer han recibido un inequívoco respaldo de los trabajadores, ahora les compete a ellos no desperdiciarlo.

viernes, 17 de febrero de 2012

Cien balas

Ayer, después de publicar mi última entrada, me di cuenta de que era la número cien. Son muchas entradas para un blog que nació de un impulso repentino, sin ninguna planificación, sin ningún propósito específico más allá de servirme de válvula de escape, sin ninguna experiencia previa en blogs, ni siquiera como lector. Desde entonces he ido escribiendo sin ningún orden, sin estructura ni hilo conductor, al menos consciente, aunque me doy cuenta de que ha ido tomando un cariz definido. Muchas entradas sobre política, economia o justicia social. Tal vez se deba a las circunstancias que vivimos o que tengo una vena contestataria reprimida o, más probablemente, a la combinación de ambas cosas.

El caso es que no pensé, cuando abrí un blog y le puse el primer nombre que se me pasó por la cabeza, que escribiría con tanta frecuencia. Algunas entradas son más antiguas que el propio blog, puesto que las escribí originalmente como notas de facebook, la primera el 26 de marzo pasado. Aún así es prácticamente una entrada cada tres días. No sé si esto sorprenderá a quienes me conocen personalmente y me tienen, con razón, por un hombre reservado y parco en palabras, tan parco que a menudo me dicen que soy desesperante y que hablar conmigo es como hablar con una pared. Lo que, dicho sea de paso, es notoriamente injusto porque yo siempre escucho, cosa que no hacen las paredes. El que desde luego está sorprendido soy yo. Sin duda se debe a la aparente impersonalidad de internet, que hace olvidar inhibiciones y timideces.

Tampoco sé muy bien por qué sigo escribiendo visto lo escaso de la audiencia, quizá es poque sigue siendo una válvula de escape o porque en realidad no esperaba tener ninguna. Parecerá falsa modestia, pero lo que me resulta más extraño de este blog es haya gente que lo lee. Así que hoy os dedico esta entrada a los lectores ocasionales o asiduos para agradeceros que no me dejéis hablar en el vacío.


jueves, 16 de febrero de 2012

La reforma laboral (IV)

Continúo el análisis de la reforma laboral del Real Decreto 3/2011 pasando al despido colectivo, con lo que rompo el orden riguroso que venía siguiendo hasta ahora. Se reforma profundamente el artículo 51 del Estatuto de los Trabajadores, dedicado a este tipo de despido. Su definición no varía, sigue siendo el despido fundado en causas económicas, técnicas, organizativas o de producción que afecte a un determinado número de trabajadores en un período de noventa días. Lo que sí varía sustancialmente es la definición de las causas, el procedimiento y el control de los requisitos.

La regulación anterior establecía como requisito para este despido que haya sido debidamente autorizado conforme a lo dispuesto en esta ley. Esta frase ha sido suprimida y, en consonancia, todas las disposiciones del artículo 51 que se referían a la autorización, ahora sustituida por una mera comunicación a la autoridad laboral. Esto es importante, porque se suprime todo control extrajudicial. Antes la autoridad laboral podía paralizar el procedimiento si tuviera conocimiento de que por parte del empresario se están adoptando medidas que pudieran hacer ineficaz cualquier pronunciamiento. También puede la autoridad laboral impugnar los acuerdos adoptados si aprecia cuando estime que se han alcanzado mediante fraude, dolo, coacción o abuso de derecho, pero mientras que antes la impugnación suspendía la efectividad del acuerdo, ahora no la suspende. Por último, y no lo menos importante, según la regulación anterior si no había acuerdo entre empresario y trabajadores era la autoridad laboral la que debía resolver estimando en todo, en parte o desestimando la solicitud del empresario. La nueva norma dice que en caso de desacuerdo el empresario remitirá a los representantes de los trabajadores y la autoridad laboral la decisión final del despido colectivo que haya adoptado y las condiciones del mismo.

Todo esto significa que la comunicación a la autoridad laboral ya no es más que eso, una mera comunicación. Se suprime cualquier control dejándolo todo al acuerdo entre empresario y trabajadores y, en caso de que no haya acuerdo, a la decisión del empresario. Como nada obliga a llegar a un acuerdo, el resumen es que ahora simplemente decide el empresario, y contra su decisión solo cabe recurrir a la vía judicial.

También se modifica sustancialmente lo que se entiende por causas económicas, organizativas, técnicas o de producción.  La regulación anterior decía:
Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos, que puedan afectar a su viabilidad o a su capacidad de mantener el volumen de empleo. A estos efectos, la empresa tendrá que acreditar los resultados alegados y justificar que de los mismos se deduce la razonabilidad de la decisión extintiva para preservar o favorecer su posición competitiva en el mercado.
La nueva dice:
Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución de su nivel de ingresos o ventas. En todo caso se entenderá que la disminución es persistente si se produce durante tres trimestres consecutivos.
El cambio es evidente. Se suprime la frase que obligaba a la empresa a acreditar las causas. Como en caso de desacuerdo se impone la decisión empresarial, que ahora no tiene que justificar, y se ha suprimido el control administrativo, si los trabajadores no consideran que existan esas causas solo les queda ir a juicio. Pero además la definición de esas causas se ha vuelto mucho más favorable al empresario. Antes se decía pérdidas o disminución de ingresos, ahora basta una disminución de ventas, aun cuando se mantengan los ingresos e incluso aumenten los beneficios. Y se entiende que la disminución es persistente en todo caso si se produce durante tres trimestres.

Traduzcamos: si las ventas disminuyen en un euro por trimestre durante tres trimestres, aunque los ingresos financieros aumenten en un millón de euros y los beneficios otro tanto, la nueva ley dice que hay causa para proceder a un despido en masa. ¿Exagero? Puede, pero eso es exactamente lo que dice la ley.

Y concluyo con algo verdaderamente extraño, que me ha llamado poderosamente la atención y que no estoy seguro de cómo debo interpretar. La redacción anterior del artículo incluía un apartado que establecía que los trabajadores despedidos al amparo de este artículo tendrían derecho a una indemnización de veinte días de salario por año de servicio con un máximo de doce mensualidades. Este apartado ha sido suprimido sin más. He leído el nuevo texto varias veces pensando que pasaba algo por alto, pero lo cierto es que simplemente se ha suprimido. El artículo 52, dedicado al despido por causas objetivas, considera como tal el despido basado en las causas del 51 cuando afecte a un número de trabajadores menor del considerado despido colectivo, y el artículo 53 dice que la indemnización para este despido es de veinte días. Y he aquí mi duda: ¿debo interpretar que la indemnización sigue siendo de veinte días, por analogía con el artículo 52, o que ha sido suprimida? Si hay algún abogado entre los lectores, agradeceré su opinión.

En todo caso, y sea cual sea la interpretación que debamos hacer de esta cuestión, no cabe duda de que la reforma del despido colectivo prácticamente da carta blanca a los empresarios, me parece injusta, desprotege a los trabajadores y se presta a posibles y me temo que previsibles abusos. Otro regalo a la patronal.

ENTRADAS RELACIONADAS:



miércoles, 15 de febrero de 2012

La reforma laboral (III)

Vamos al Capítulo II del Real Decreto, que lleva por título Fomento de la contratación indefinida y otras medidas para favorecer la creación de empleo. Se supone que ése es precisamente uno de los grandes objetivos que se persiguen con la reforma. Veamos pues qué establecen sus cuatro artículos.

El artículo 4 no modifica ninguna norma vigente sino que establece ex novo una modalidad de contratación que se denomina Contrato de trabajo por tiempo indefinido de apoyo a los emprendedores. Podrán contratar bajo esta nueva modalidad las empresas de menos de 50 trabajadores. Como su nombre indica el contrato será indefinido, y necesariamente a jornada completa, extremo este último que se condice mal con los objetivos de flexibilidad interna y fomento de la contratación parcial como alternativa a la destrucción de empleo. Los derechos y obligaciones derivados de este contrato son los establecidos con carácter general por el Estatuto de los Trabajadores, con una salvedad: el período de prueba será de un año en todo caso.

Este es un punto importante. La redacción original del Estatuto preveía un período de prueba máximo de seis meses para los técnicos titulados, quince días para los trabajadores no cualificados y tres meses para el resto. Tras las sucesivas reformas se estableció que sería el fijado en convenio colectivo y, a falta de él, de seis meses para los técnicos titulados y dos meses para el resto. Esta regulación, que sigue en vigor, se reemplaza específicamente para este contrato por un año en todo caso. Es de notar que además de desaparecer la posibilidad de pactarlo en convenio y la distinción entre cualificados y no cualificados, ya no es una referencia máxima, dice textualmente que será de un año en todo caso.

Me parece absolutamente excesivo. Bien es verdad que si el empresario quiere beneficiarse de los incentivos fiscales y bonificaciones de cuotas asociados al contrato tiene que mantener el contrato durante tres años, pero no deja de significar que durante un año puede despedir al trabajador sin necesidad de alegar motivos, sin compensación alguna, y sin ningún coste en comparación con los contratos no bonificados. En otras palabras, despido libre durante un año, y eso para todo tipo de trabajador. Un período de prueba largo puede justificarse para ciertas profesiones cualificadas o puestos de alta responsabilidad, pero no hace ninguna falta un año para saber, pongamos por caso, si el encargado de la limpieza deja todo limpio. Y lo digo sin ningún ánimo de menospreciar al personal de limpieza, es que simplemente no hace falta.

Un dato importante para valorar esta disposición es que las empresas de menos de cincuenta trabajadores son más del 90% del total de empresas españolas. Por lo tanto, y según como decidan utilizar los empresarios este contrato, la medida podría significar un año de despido libre con carácter casi general. Esperemos que ese podría se quede en hipotético.

A continuación se establece que no pueden usar este contrato las empresas que hubieran procedido en los seis meses anteriores a despidos objetivos improcedentes o despidos colectivos de trabajadores del mismo grupo profesional y centro de trabajo del que se pretende contratar, límite que me parece que se queda un poco corto.

El resto del artículo establece incentivos fiscales y bonificaciones de cuotas por contratar bajo esta modalidad, con distinciones por sexo y edad del trabajador y, entre ellos, incentivos por la contratación de beneficiarios de prestaciones por desempleo. Ya expresé ayer mi opinión sobre esta clase de incentivos, están bien para apoyar a colectivos concretos con dificultades especiales, pero si se generalizan pierden su sentido y solo sirven para trasladar costes de la empresa a la sociedad.

Sinceramente creo que eso es lo que ocurrirá, que solo servirá para reducir los costes de contratación de las PYMES, dándoles además un amplísimo margen para el despido. No creo que sirva para generar empleo, dado que la política de incentivos se aplica desde hace décadas sin ningún resultado. Tampoco creo que vaya a hacer a las PYMES más competitivas, porque dependiendo en su mayoría del mercado interior, la poca competitividad que puedan ganar con esta clase de medidas será a muy corto plazo y sin futuro.

El artículo 5 es breve, establece la posibilidad de que los trabajadores a tiempo parcial hagan horas extra. El máximo anual genérico de ochenta anuales se reduce para estos trabajadores en proporción a su jornada. Me parece razonable. La regulación anterior, esta vez sí, era un tanto rígida.

El artículo 6 modifica el artículo 13 del ET para regular el teletrabajo. Esta si era una reforma claramente necesaria, porque la regulación anterior se había quedado manifiestamente obsoleta. El anterior contrato de trabajo a domicilio desaparece como tal contrato, reemplazándose por el concepto más genérico de trabajo a distancia, que se concibe como un acuerdo por el que la prestación del servicio, sea cual sea la modalidad contractual, se realiza en el lugar elegido por el trabajador. El resto de apartados del artículo garantizan que el trabajador a distancia tenga los mismos derechos salariales y no salariales que los demás trabajadores. Y lo mismo que critico los aspectos que no me gustan tengo que decir que en esto han acertado sin discusión posible. No se podía seguir manteniendo una regulación que no se había modificado desde 1980 y que ignoraba olímpicamente las nuevas tecnologías, los nuevos modos de organización empresarial y hasta diría que los nuevos usos sociales.

El artículo 7, último del capítulo, establece bonificaciones de cuotas por la transformación en indefinidos de contratos en prácticas, de relevo y de sustitución. Por no hacerme pesado no repetiré la opinión que tengo de estas políticas.

En resumen y en conclusión, en todo el capítulo hay dos aspectos positivos: la nueva regulación del teletrabajo y la posibilidad de hacer horas extras en contrato a tiempo parcial. El resto, o bien es insistir en políticas ya fracasadas, o bien es un caramelo para los empresarios y un trágala para los trabajadores.

martes, 14 de febrero de 2012

La reforma laboral (II)

Concluyo hoy el análisis del Capítulo I del Real Decreto-Ley, es decir la parte que no comenté ayer del artículo 2 y el artículo 3. Soy consciente de que a este ritmo voy a tardar más en analizar esta reforma que el Gobierno en hacer otra, por lo que en próximas entradas creo que dejaré de ir por orden para centrarme un poco más en ciertas cuestiones.

El artículo 2, además de lo reseñado ayer modifica el artículo 23 del Estatuto, dedicado a los derechos de formación profesional en el trabajo. Añade a los derechos del trabajador el siguiente:

d) A la formación necesaria para su adaptación a las modificaciones operadas en el puesto de trabajo. La misma correrá a cargo de la empresa, sin perjuicio de la la posibilidad de obtener los créditos destinados a la formación. El tiempo destinado a la formación se considerará en todo caso tiempo de trabajo efectivo.

También se añade el siguiente párrafo:

3. Los trabajadores con al menos un año de antigüedad en la empresa tienen derecho a un permiso retribuido de 20 horas anuales de formación vinculada al puesto de trabajo acumulables por un período de hasta tres años. La concreción del disfrute del permiso se fijará de mutuo acuerdo entre trabajador y empresario.

Estos dos añadidos dotan de cierto contenido al inciso que se añade al artículo 4, y que ayer decía que si no se desarrolla podía quedarse en mera declaración de principios. Desventajas de ir comentando a medida que leo. Ahora digo que no tengo absolutamente nada que objetar y que me parece positivo.

Se modifica también la ley de Empleo para establecer que la formación recibida por el trabajador a lo largo de su carrera se inscribirá en una cuenta de formación vinculada a su número de Seguridad Social. De las anotaciones se encargarán los Servicios Públicos de Empleo. También en esto habrá que esperar para ver cómo se gestiona y cuál es su eficacia real.

Interesante es el último apartado del artículo, que modifica la Ley 45/2002. Se establece que cuando un trabajador empleado participe en acciones formativas financiadas por la Administración, la empresa podrá sustituirlo por beneficiarios de prestaciones por desempleo. El trabajador sustituto seguirá percibiendo la mitad de la prestación, corriendo a cargo de la empresa la diferencia hasta completar el salario correspondiente al puesto y la totalidad de las cotizaciones. La participación para el desempleado será obligatoria. Es obvio que esto tiene la finalidad de reducir el coste de la sustitución para el empresario y que no obstaculice el derecho a los permisos formativos del trabajador. También parece buscar de paso aliviar un poco el coste de las prestaciones por desempleo, pero no me parece mal, creo que es un incentivo razonable para las empresas.

No me gusta en cambio el artículo 3, que establece reducciones en las cuotas de Seguridad Social, tanto a cargo del trabajador como de la empresa, de los contratos de formación y aprendizaje y de su transformación en indefinidos. Se persigue la finalidad, ya declarada en la exposición de motivos, de fomentar este tipo de contrato. No me gusta por una razón sencilla, y es que este tipo de reducciones, bonificaciones y subvenciones llevan aplicándose décadas sin dar ningún fruto tangible. Sirven para reducir los costes salariales del empresario y disminuir la recaudación del Estado por cotizaciones sociales, pero no tienen impacto real en el mercado de trabajo, solo favorecen a unos colectivos en detrimento de otros. Entiéndaseme bien, no me opongo a que se apoye a colectivos con especiales dificultades, pero la generalización de esta práctica la hace perder toda efectividad, solo traslada costes de la empresa al Estado, sin lograr sus objetivos.

P.S. Releo la entrada para comprobar si hay alguna errata y me sorprendo de lo moderado que he sido hoy. No os acostumbréis.

ENRADAS RELACIONADAS:

La reforma laboral (I)
La reforma laboral (III)
La reforma laboral (IV)

 

lunes, 13 de febrero de 2012

La reforma laboral (I)


Como sin duda ya sabéis, anteayer se publicó el Real Decreto-Ley 3/2012 de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral. Ese mismo día le eché un rápido vistazo sin prestar mucha atención más que a los aspectos más llamativos o polémicos. Sin embargo, con esta reforma no puedo ni quiero limitarme a una lectura superficial, sino que pretendo leerlo y estudiarlo con detalle y con calma, lo que implica leer también los preceptos que modifica, y que no me sé de memoria, para poder compararlos. He comenzado ese estudio hoy, y me va a llevar más tiempo de lo que suponía. De hecho, de sus sesenta y tres páginas no he leído hasta ahora más que doce, de las que nueve corresponden a la exposición de motivos. Como no quiero privarme de dar mi opinión en caliente, lo iré haciendo por etapas a medida que vaya leyendo, y no necesriaamente en orden.

La lectura de la exposición de motivos de una ley suele ser interesante, pero como carece de fuerza jurídica no me demoraré en los muchos comentarios que se podrían hacer. Tan sólo un par de apuntes que guardan relación con opiniones que he expresado anteriormente.

El recorte de la indemnización por despido improcedente, que ha sido portada en todos los medios, se justifica con esta frase: La tradicional indemnización por despido improcedente, de 45 días de salario por año de servicio con un máximo de 42 mensualidades, constituye un elemento que acentúa demasiado la brecha existente entre el coste de la extinción del contrato temporal y el indefinido, además de ser un elemento distorsionador para la competitividad de las empresas. Es la letanía de siempre de elimnar la dualidad del mercado de trabajo, que por alguna razón nunca explicada se traduce en igualarnos a todos a la baja. Para eliminar las diferencias entre empleos estables y precarios, la solución del Gobierno es hacerlos todos precarios. En cuanto a que distorsione la competitivad de las empresas, me reafirmo mientras no me demuestren lo contrario en que es falso. Esa indemnización no penaliza el despido justificado por las necesidades de la empresa, sino el depido injustificado. Si las empresas han usado y abusado de este despido es porque les compensa ahorrarse los trámites administrativos, es decir porque les sale barato.

Poco más adelante se justifica la supresión de los salarios de tramitación en el caso del despido improcedente cuando el empresario opte por la indemnización y no por la readmisión. Para aquellos que no estéis familiarizados con la expresión salarios de tramitación, son los que el empresario debe abonar al trabajador por el tiempo transcurrido desde el despido hasta la sentencia, y que conllevan la correspondiente cotización a la Seguridad Social. Si exceden de sesenta días corren a cargo del Fondo de Garantía Salarial. Su eliminación se justifica en que el tiempo de duración del proceso judicial no parece un criterio adecuado para compensar el perjuicio que supone la pérdida del trabajo. Y tienen razón, no lo es. Pero la solución es agilizar los procesos judiciales, no restar derechos al trabajador, especialmente considerando que al suprimirlos en caso de indemnización pero no de readmisión, se penalizan las readmisiones.

Y para terminar con la exposición de motivos, para justificar la extraordinaria y urgente necesidad que exige la constitución, se dice entre otras cosas: La rapidez e intensidad de la destrucción de empleo en España se debe fundamentalmente a la rigidez del mercado laboral español. Esto también es falso en mi opinión, como argumentaba en la entrada La rigidez del mercado laboral. No vale comparar el nivel de desempleo español con el de otras naciones europeas y atribuir sin más la diferencia a la normativa laboral, como si no hubiera ningún otro hecho diferenciador. ¿Hemos olvidado cuando los políticos presumían de que se construían más viviendas en España que en Francia y Alemania juntas? De aquellos polvos vienen estos lodos.

Y paso ya al articulado. O mejor dicho a los dos primeros artículos, que son los que he tenido tiempo de leer con detalle.

El artículo 1 modifica varias normas, todas las que ha sido preciso para que las empresas de trabajo temporal puedan operar como agencias de colocación privadas. Las agencias de colocación sin ánimo de lucro ya estaban y están previstas en la legislación, pero con escaso impacto real. Se prevé que las ETTs sean más ágiles en la intermediación. En principio no tengo nada que objetar. Aunque sea evidente que esta medida no tendrá influencia en la reducción del paro estructural, sino solo en el friccional, si logra su objetivo será una medida positiva. Ahora bien, se garantiza la gratuidad del servicio para el trabajador, a lo que tampoco tengo nada que objetar. Pero considerando que las ETTs no son conventos de hermanitas de la caridad es de suponer que repercutirán el coste a las empresas, y como los empresarios tampoco acostumbran a ser monjes franciscanos, habrá que esperar a ver cuál es la efectividad real de la medida.

El artículo 2 está dedicado a la formación profesional de los trabajadores. Añade al artículo 4 del Estatuto un inciso para añadir a los derechos de formación del trabajador la dirigida a su adaptación a las modificaciones operadas en el puesto de trabajo. Si no se desarrolla no pasa de ser una declaración de principios, pero es lógico y me parece bien.

No me parece tan bien el resto del artículo, que modifica el apartado 2 del artículo 11 del Estatuto, el dedicado a los contratos para la formación y el aprendizaje. En la exposición de motivos se señala el fomento de este tipo de contratos como vía de inserción en el mundo laboral. No sé cuál será realmente la efectividad, también habrá que esperar para verlo, pero lo que a mí me ha disgustado es cierta filosofía que se desprende de los cambios. Digo los cambios, en plural, porque no es la primera vez que se reforma este artículo, la última fue por el RDL 10/2011. Las nuevas reformas profundizan en la que ya inició el anterior Gobierno.

Ya en la reforma anterior se cambió la edad máxima de los trabajadores que pueden concertar este tipo de contrato de veintiuno a veinticinco años. Otra parte establece la forma y condiciones en que el trabajador debe recibir la formación, es extensa y no entraré en su análisis. Sean bienvenidos estos cambios si sirven para crear empleo. Yo lo dudo, pero es otra cuestión para la que habrá que esperar a ver los resultados. Hay sin embargo otros cambios que a mi juicio suponen un cambio en la naturaleza del contrato, y que no me gustan.

Se cambió, ya en la reforma de 2010, la definición del objeto del contrato, que no voy a recoger aquí. Parece decir lo mismo, pero a la luz del resto de los cambios los matices me dan mala espina. Había en la redacción anterior un apartado por el que se establecía que en los convenios colectivos se podía establecer un límite al número de contratos formativos que podía concertar una empresa. Este apartado fue totalmente suprimido, también por la reforma de 2010. La duración del contrato se cambió en ambas reformas quedando ahora, con matices, entre seis meses y tres años. y pudiendo alterarse por convenio colectivo. Los sucesivos cambios en las causas para esa alteración son significativos. Recojo por separado los tres textos.

2009: atendiendo a las características del oficio o puesto de trabajo a desempeñar y a los requerimientos formativos del mismo

2010: en atención a las necesidades del proceso formativo del trabajador en los términos que se establezcan reglamentariamente, o en función de las necesidades organizativas o productivas de las empresas

2011: en función de las necesidades organizativas o productivas de las empresas.

No creo que hagan falta muchos comentarios. El criterio de modificación ha pasado progresivamente de ser únicamente las necesidades formativas del trabajador a ser únicamente las necesidades de la empresa.

Para terminar, anteriormente se establecía que expirada la duración máxima del contrato para la formación, el trabajador no podrá ser contratado bajo esta modalidad por la misma o distinta empresa . En esta última reforma se añade para la misma actividad laboral u ocupación objeto de la cualficación profesional asociada al contrato, pero sí para una distinta. Esto significa que la misma empresa puede, si le conviene, contratarte sucesivamente como tubero, soldador y armador, por ejemplo, y siempre con contrato de aprendizaje. Dado que la edad máxima se ha ampliado a veinticinco años, en un caso extremo una empresa puede tener contratado a un trabajador como aprendiz nueve años, más tiempo del que le llevaría obtener dos títulos universitarios.

Todos estos cambios en el contrato son un claro cambio de filosofía que considero que lo desvirtúan. Se concebía, o así lo entendía yo, como un instrumento para que los más jóvenes y sin formación aprendiesen un oficio al tiempo que se insertaban en el mundo laboral. Las necesidades formativas del trabajador eran el criterio básico al que se subordinaba lo demás, ahora el criterio básico son las necesidades de la empresa, y a ellas se subordinan las necesidades de formación del trabajador.

La pregunta es cómo van a contribuir estos cambios a mejorar el mercado de trabajo y generar empleo. Yo no lo veo, pero si el Sr. Rajoy y sus ministros lo tienen claro y Frau Merkel lo aplaude, debo de ser yo el equivocado.

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La reforma laboral (II)
La reforma laboral (III)
La reforma laboral (IV)

sábado, 11 de febrero de 2012

Sobre el acuerdo para el empleo y la negociación colectiva

Los principales sindicatos y organizaciones patronales de España firmaron no hace mucho el II Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva. Lo firman, en concreto, CEOE y CEPYME por la parte empresarial, CC.OO y UGT por la parte sindical, y tendrá vigencia durante durante los años 2012, 2013 y 2014.  Leí este documento de un modo un tanto superficial cuando se publicó, y por motivos que no hacen al caso hoy lo he vuelto a leer, aunque sin profundizar mucho más porque quiero leer también el recién publicado Real Decreto para la reforma laboral. Por eso no voy a compartir con vosotros más que unas impresiones generales, sin entrar en detalles.

En la introducción se establecen los principios, criterios y objetivos con los que se ha elaborado la totalidad del documento. Por su interés, copio unos párrafos:
El mayor crecimiento de los precios interiores y de los salarios nominales en España en relación con los países de la zona euro y del resto de la Unión Europea ha sido un elemento determinante en la pérdida de competitividad de la economía española. En este sentido, es imprescindible un acuerdo social sobre la evolución de los precios y rentas (salarios y beneficios distribuidos) en nuestro país que sea más acorde con el comportamiento de los mismos en la Eurozona.
En conclusión, todas las rentas deben realizar un esfuerzo conjunto. Tanto los salarios como los beneficios distribuidos deben evolucionar de forma moderada, de modo que permitan dirigir una mayor parte del excedente empresarial a inversiones de reposición y ampliación.
En cuanto a la flexibilidad interna, las organizaciones firmantes consideran que los convenios deben incorporar como contenido mínimo la flexibilidad interna, particularmente la que opera en espacios temporales reducidos para hacer frente a la coyuntura, como una potente herramienta para facilitar la adaptación competitiva de las empresas, favoreciendo una mayor estabilidad en el empleo, evitando el recurso al despido.
... los convenios sectoriales de ámbito estatal o, en su defecto, de Comunidad Autónoma deben regir la estructura de la negociación colectiva apostando por la descentralización. Esta descentralización significa que los convenios sectoriales deberán propiciar la negociación en la empresa, a iniciativa de las partes afectadas, de jornada, funciones y salarios por ser el ámbito más adecuado para configurar estas materias.
Asimismo la flexibilidad interna en materia salarial  para los firmantes, supone que la estructura salarial se haga depender de la situación y resultados de la empresa.
Estos párrafos resumen la filosofía del acuerdo y sus líneas generales, que luego se desarrollan en cinco capítulos.

Capítulo I: Estructura de la negociación colectiva. Flexibilidad interna.

Este capítulo se divide en dos apartados. El primero de ellos, dedicado a la estructura de la negociación colectiva, es sorprendentemente breve y se limita a repetir que se apuesta por la descentralización propiciando la negociación en la empresa.

Dejemos de lado que no se aclara con qué criterio se ha llegado a la conclusión de que ese, y no otro, es el ámbito más adecuado. Aceptemos que es así como quien acepta un axioma. Lo que yo me temo, porque no se establecen matices ni excepciones, es que se traduzca en un debilitamiento de la clase trabajadora en las empresas pequeñas y lo sectores más atomizados. Cuanto menor sea el ámbito de negociación, mayor es la fuerza del empresario y menor la del trabajador. Y eso sí que se puede aceptar como un axioma.

El segundo apartado del capítulo se refiere a la flexibilidad interna. Recordemos que se parte del principio debe estar destinada a fomentar la estabilidad en el empleo y evitar el recurso al despido. Hasta ahí, y como principio, no tengo nada que objetar mientras la flexibilidad sea pactada y no mera excusa para que el empresario modifique las condiciones de trabajo a su antojo.

El acuerdo distingue dos tipos de flexibilidad interna: ordinaria y extraordinaria, y tres grupos de materias en que se ha de aplicar: jornada, funciones y salario.

Flexibilidad de jornada

Se parte del principio de fomentar la distribución irregular de la jornada para evitar las horas extraordinarias y los contratos temporales. Para ello se establece que el empresario pueda distribuir irregularmente un 10% de la jornada anual, y de una "bolsa" de 40 horas anuales para alterar la distribución prevista, y se añade que los negociadores puedan aumentar o disminuir estos porcentajes en función del ámbito la negociación. Nótese que la distribución irregular la hará el empresario unilateralmente, el pacto solo es necesario para sobrepasar los límites y sin que se establezca, en este último caso, más criterio que "en función del ámbito de negociación" ni límites infranqueables.

Todo esto dentro de la flexibilidad "ordinaria". En el apartado dedicado a la extraordinaria se dice que los convenios deben contemplar medidas de mayor flexibilidad cuando existan razones económicas, organizativas, técnicas o de producción que lo justifiquen. Es decir que los límites anteriores, ya de por sí imprecisos y modificables, puedan ser superados. Visto de otro modo, no se establecen dos, sino tres niveles de flexibilidad. Un primer nivel que con ciertos límites queda a total discreción del empresario, un primer nivel de revisión sín límite concreto para el que se exige acuerdo pero no causa que lo justifique, y un segundo nivel de revisión que sí exige causa pero también carece de límites concretos.

Flexibilidad de funciones

Para la flexibilidad ordinaria se establece que "no debiera tener otras limitaciones que las exigidas por la pertenencia al grupo profesional [...] no se considerará la categoría profesional a efectos de movilidad funcional". Para la extraordinaria se establece que pueda superarse el límite del grupo profesional cuando existan razones económicas, técnicas, etc.

No es nuevo, es prácticamente lo mismo que ya estableció el Estatuto de los Trabajadores después de una de sus muchas reformas, no recuerdo cuál. No entraré en las diferencias entre grupo y categoría, baste decir que el grupo es un concepto más amplio, por lo que se incrementa la movilidad. Repito que no es nuevo, solo consolida una tendencia de los últimos años.

Flexibilidad salarial

Aquí no se hace distinción alguna entre flexibilidad ordinaria y extraordinaria. Es bastante lógico, puesto que ya existen de antiguo las llamadas cláusulas de desculegue salarial por las que los convenios establecen las causas por las que una empresa puede dejar de cumplir lo pactado. Establecer en materia salarial una flexibilidad "ordinaria" sería llevar las cosas demasiado lejos.
Los firmantes consideran conveniente que las estructuras salariales tengan complementos variables, de forma que un porcentaje determinado de la cuantía salarial se haga depender de la situación y resultados de la empresa.
El párrafo habla por sí solo y no necesita comentario. Llama la atención, y me referiré a ello más adelante, que se establece que una parte de los salarios dependa de los resultados de la empresa, pero ni en este ni en ningún otro párrafo se establece la obligación recíproca de que la empresa destine una parte del beneficio a salarios.

El Capítulo II, dedicado básicamente a empleo y formación, es poco más que una declaración de buenas intenciones. Lo paso por alto en aras de la brevedad.

Capítulo III: Criterios en materia salarial

Merecería este capítulo un análisis exhaustivo y detallado, pero voy a ser breve. Se parte de la idea, ya recogida en la introducción, de que hay que contener los precios para mejorar la competitividad. Se repite aquí la frase "tanto los salarios como los beneficios distribuidos deben evolucionar de forma moderada...". A esto siguen unas normas detalladas para la actualización de los salarios durante los tres años de vigencia del pacto.

No me importa admitir que tuve que leer varias veces el párrafo dedicado a la actualización para 2012. Incluso me hice un esquema para estar seguro de entenderlo. Para este año se pacta que el aumento de salarios no exceda el 0,5%, con una cláusula de actualización que se hace depender del IPC español, del objetivo de inflación del BCE, del IPC de la zona euro y, cosa notable, del precio del petróleo. Si lo entendí bien, este es el resumen:

a) Si el IPC español es mayor que el de la zona euro y el petróleo sube menos del 10%, la revalorización no excederá la diferencia entre ambos. Por ejemplo, si el IPC españo fuese del 3% y el europeo del 2,5%, la revalorización sería de 0,5% como máximo.

b) Si el petróleo sube más del 10%, se aplica el mismo criterio pero excluyendo de los IPCs los carburantes y combustibles.

c) Si el IPC español es menor que el europeo, la revalorización no excederá la diferencia entre el IPC español y el objetivo de inflación del BCE (2%). Por ejemplo, si el IPC español fuese del 3% y menor que el europeo, la revalorización sería del 1% como máximo.

Es evidente la pérdida de poder adquisitivo de los salarios en cualquiera de los tres supuestos. En el tercero, único que podemos cuantificar de antemano, la pérdida sería del 1,5% como mínimo. Y digo como mínimo porque no se dice que las revalorizaciones serán esas, se dice que no las excederán.

Para el año 2013 se establece que el aumento de salarios no exceda del 0,6%, con la misma cláusula de revisión. Para 2014 se hace depender de la evolución del PIB, quedando siempre por debajo de él y oscilando entre el 0,6% y el 1,5%, con cláusula de revisión de la mitad del resultado de aplicar las normas de 2012 y 2013.

Todo ello para los compoententes fijos del salario. Para los variables, que recordemos que se quieren fomentar, se establece que los convenios deben fijar criterios de revalorización asociados a la marcha de la empresa.

De nuevo por brevedad paso por alto el Capitulo IV, dedicado a la posibilidad de inaplicación por la empresa de lo pactado en convenio, que ahora se extiende a prácticamente todas las materias, y el Capítulo V, dedicado a la vigencia del acuerdo.

Mis conclusiones

Quienes me conocéis o seguís este blog ya podréis imaginar qué impresión me ha causado este acuerdo. No me gusta. No me gusta nada y no entiendo por qué los dos principales sindicatos españoles han accedido a firmarlo.

Comprendo el afán de los empresarios por descentralizar la negociación colectiva, pero no comprendo por qué los sindicatos lo han aceptado sin más, debilitando su propia posición y a los trabajadores a los que representan.

Que se mejore la flexibilidad interna como alternativa al despido lo entiendo y lo comparto siempre y cuando se lleve a cabo de una forma razonable, justa y pactada. En este acuerdo se deja un amplio margen a discreción casi absoluta del empresario sin más contrapartida que vagas promesas de generar empleo que no se sustancian en nada concreto.

Se acepta la vieja exigencia empresarial de que los salarios se vinculen a los resultados de la empresa, pero tampoco aqui hay contrapartida alguna. Incluso sin entrar en que no creo en absoluto que bajar los salarios en términos reales contribuya a salir de la crisis, se dice que una parte de los salarios se vincule al beneficio, pero sin obligación recíproca de destinar parte del beneficio a salarios, ni siquiera a inversión.  Se dice que tanto los salarios como los beneficios distribuidos deben moderarse, pero mientras que la moderación salarial se sustancia en cifras concretas y bastante duras, la moderación del beneficio distribuido no se concreta en nada, solo otra vaga promesa de inversión.

Esta asimetría del acuerdo es lo que más me llama la atención y lo que más me disgusta. La parte sindical asume compromisos claros y concretos que van a suponer sacrificios para los trabajadores, pero no encuentro en todo el texto del acuerdo ni un solo compromiso concreto de la parte empresarial, solo declaraciones de intenciones. Eso es lo que los sindicatos, mejor dicho, las cúpulas de los sindicatos, han aceptado a cambio del sacrificio de sus representados: grandilocuentes declaraciones de buenas intenciones.

Si se me permite parafrasear a Winston Churchill, nunca tan pocos obtuvieron tanto de tantos y a cambio de tan poco. Felicito a los señores Rosell y Terciado.

jueves, 9 de febrero de 2012

El arzobispo de Granada

Zapatero a tus zapatos, dice el viejo refrán. El zapatero que esta vez parece dispuesto a cambiar de oficio es el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez. He leído esta mañana en la prensa que el señor cura ha dicho en su homilía, durante una misa en honor de San Cecilio, que querer ser funcionario es una enfermedad social. Afirma este ¿sacerdote? (luego explico los interrogantes) que el ochenta por ciento de los jóvenes quieren ser funcionarios, y que solo la fe en Dios resolverá el problema del paro.

Ignoro si tal estadística tiene algún fundamento. Lo dudo mucho, pero en todo caso me da igual. La búsqueda de la seguridad propia y de la familia es un impulso natural, y si el paro llega a niveles de catástrofe y el empleo se hace más y más precario, es completamente lógico que los puestos más estables, los públicos, sean más demandados. Nada hay de enfermizo en ello. Puede que en España nos falte algo más de lo que ahora llaman "cultura emprendedora", pero de afirmar eso a afirmar que todo el mundo quiere ser funcionario y llamarrlo enfermedad social (de donde se deduce que los que opositan son enfermos) media un abismo. En cuanto a que la fe en Dios, es decir la divina providencia, vaya a solucionar el problema del paro, ya he escrito sobre el tema y no abundo más en él.

Naturalmente el señor cura es muy libre de tener las opiniones y creencias que le de la gana, y de hacerlas públicas, como también lo hago yo. Pero me parece que monseñor debería abstenerse de dar lecciones de economía desde el púlpito. Zapatero a tus zapatos, al César lo que es del César, y a Rajoy lo que le corresponde. Servirse de las homilías para expresar opiniones políticas personales que nada tienen que ver con la doctrina cristiana es hacer un uso indebido de su dignidad de sacerdote. Pero además el arzobispo debería ser mucho más prudente en sus opiniones sobre la crisis por otro motivo. Cuando Don Francisco se hizo cargo de su actual cargo la diócesis tenía una deuda de 1,2 millones de euros, a día de hoy esa deuda asciende a 28 millones de euros. Y una vez más digo zapatero a tus zapatos, y saca la viga de tu ojo antes de ver la paja en el ajeno.

Por desgracia, el señor cura tiene la mala costumbre de utilizar las homilías para lo que no debe. Muchas de ellas están publicadas en la web de la archidiócesis, y curioseando un poco me he encontrado perlas como ésta:
Mientras que el tipo de humanidad que produce esa ideología del positivismo moderno que excluye totalmente del ámbito del saber todo lo que no sea conocimiento positivo (y que excluye, por lo tanto, cualquier presencia de lo religioso, cualquier espesor de la realidad que pueda ir más allá de lo medible y de lo cuantificable), de momento no ha producido más que un par de guerras mundiales y poco más, y millones y millones de muertos, que dejan a las cruzadas y a la inquisición, y a otros pocos puntos de retórica que se pueden señalar ahí, al nivel de novicias de ursulinas
No se quedó corto el señor cura. Todos los bienes proceden de la Iglesia, las cruzadas y la inquisición son una nadería que no merece mencionarse, y la ciencia no solo no ha producido ningún logro, sino que debemos culparla de las dos guerras mundiales. De lo que sí anda corto monseñor es de memoria o de cultura, porque yo tengo entendido que ya había guerras antes que ciencia, y que la propia Iglesia provocó unas cuantas. Y esta es solo una de las numerosas perlas cultivadas de este gran hombre. Otra, tristemente célebre, fue afirmar que el uso de preservativos había propagado el SIDA en Africa. Dado su manifiesto desprecio por la ciencia no hay de qué sorprenderse: ya sabemos que la medicina no tiene nada que decir sobre las enfermedades, que son un castigo divino.

Y paso a explicar por qué he puesto entre interrogantes la palabra sacerdote. En otra de sus homilías, en diciembre de 2009, además de comparar la ley del aborto con el régimen de Hitler y a los médicos que practican abortos con los del campo de Auschwitz, pronunció esta frase textual:
Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer
Puede que opinar sobre la moralidad del aborto esté dentro de las funciones de un sacerdote. Decir que una persona tiene licencia absoluta y sin límites para abusar de otra, sean cuales sean sus pecados y por graves que éstos sean, no solo no entra en esas funciones sino que es total y absolutamente contrario a la más elemental doctrina cristiana. Y de ninguna manera puede seguir llamándose sacerdote quien de manera tan clara invita al pecado y el delito.


lunes, 6 de febrero de 2012

La rigidez del mercado laboral

Decía no hace mucho que la supuesta rigidez del mercado laboral español no es la causa dela elevadísisma tasa de desempleo sino, en todo caso, una circunstancia agravante de un fenómeno causado por la crisis financiera y la burbuja inmobiliaria. Alegaba para argumentarlo que cuando nos hacían soñar con que alcanzaríamos el pleno empleo el marco jurídico era, se supone, más rígido, y que las sucesivas reformas que se han efectuado para flexibilizarlo, y llevamos unas cuantas, no solo no han hecho disminuir el desempleo sino que sigue aumentando.  Razones suficientes, en mi opinión, para desmentir cualquier supuesta relación de causa y efecto entre la legislación laboral y el desempleo. Con independencia de que la legislación contribuya o no a agravar el problema, las causas son otras.

Pero además de esto deberíamos preguntarnos si de verdad el mercado de trabajo español es tan rígido. Rigido ¿en qué aspecto? Porque el asunto tiene al menos dos aspectos de los que afortunadamente se viene hablando, pero no lo suficiente: la flexibilidad interna y la externa. La flexibilidad interna, de la que menos se habla, se refiere al cambio de las condiciones de trabajo manteniendo la relación laboral entre empresario y trabajador. La externa, que es de la que habla siempre la parte empresarial, se refiere a la facilidad para establecer y extinguir la propia relación laboral; es decir, para contratar y despedir.

El siguiente cuadro, muy sencillo, muestra los contratos registrados en el año 2010. Lo he elaborado con datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, y he utilizado datos de ese año por ser el más reciente del que hay estadísticas completas.


Son casi catorce millones y medio de contratos registrados en un solo año. No he encontrado, y sinceramente no me esforzado demasiado en buscar, el número de contratos extiguidos. Dado que el paro ha aumentado es obvio que es una cifra superior. Son muchas contrataciones y muchas extinciones para un país del tamaño de España. Pero además resulta que solo el 8,5% de esos contratos se concertaron por tiempo indefinido, el restante 91,5% fueron temporales. Me parece mucha movilidad y mucha temporalidad para seguir diciendo que nuestro mercado laboral es rígido.

Cierto es que los datos, así en bloque, ocultan una cierta dualidad entre los contratados por tiempo indefinido y los temporales, lo admito. Lo que no admito es que la patronal pretenda que la manera de acabar con esa dualidad es convertirnos a todos en temporales. La estabilidad en el empleo, además de ser deseable en sí misma, no perjudica la economía sino que la favorece. La precariedad significa miedo a gastar y por tanto menos demanda, especialmente cuando hay una elevadísima tasa de desempleo, como es nuestro caso.

Y a pesar de estos datos, las organizaciones patronales siguen diciendo que el mercado laboral es rígido y que hay que flexibilizarlo. Y una de las cuestiones en que más insisten es en abaratar el despido, se entiende que porque es caro. Esta es otra pregunta que deberíamos hacernos ¿es realmente caro despedir a un trabajador en España? Depende de qué despido, ya que a un trabajador se le puede despedir por muchos motivos. El despido puede ser disciplinario, por causas económicas, por inadaptación del trabajador a los cambios en su puesto de trabajo, o simplemente porque sí. Pues bien, la indemnización de cuarenta y cinco días de salario por año de servicio que tanto se saca a relucir rige solo para los depidos porque sí. Solo el despido improcedente (y no todos) tiene esta indemnización. Los despidos por causas objetivas se indemnizan con veinte días de salario por año de servicio. Y el despido disciplinario, si está justificado, no tiene indemnización alguna.

Juzgue cada cual si una indemnización de veinte días de salario por año de trabajo, con un máximo de doce mensualidades, es un despido caro, barato o justo. Pero no me diga nadie que el despido es caro porque hay que indemnizarlo con cuarenta y cinco días por año, ya que esa indemnización se prevé solo para el despido improcedente, sin causa. No penaliza el despido, sino la arbitrariedad del empresario. Y aún así, solo en 2009 se produjeron 780.000 despidos improcedentes. Y no porque todos ellos careciesen de causa, sino porque los empresarios, o una buena parte de ellos, prefieren pagar la indemnización y ahorrarse trámites y molestias. Tan caro no será.

Otra cuestión diferente es la flexibilidad interna, particularmente la facilidad para modificar la jornada de trabajo. El mismo cuadro indica que el 29,5% de los contratos registrados en 2010 fueron a tiempo parcial. Si esto es mucho o poco depende de muchos factores, como la productividad, los salarios o ¿por qué no? el estilo de vida de cada sociedad. Y depende también, por supuesto, de la tasa de paro. No es en absoluto lo mismo tener una tasa de paro friccional del tres o el cuatro por ciento que tener a casi un cuarto de nuestra población activa desempleada. En estas circunstancias las reducciones de jornada son una alternativa que no se puede desdeñar. Y espero que nadie piense que hablo de los minijobs que se proponen en ciertos foros empresariales y políticos, sino de reducciones justas, razonables y, en la medida de lo posible, voluntarias. Que tampoco es en absoluto lo mismo tener un trabajo a tiempo parcial que, perdonando la expresión, un trabajo de mierda.

Una política adecuada de fomento de la contratación parcial estable (y recalco la palabra estable) y un cierto cambio de mentalidad tanto de trabajadores como de empresarios en este sentido sería deseable, siempre en mi modesta opinión, por varios motivos. Porque contribuiría, o así lo creo yo, a reactivar la economía, por pura y simple solidaridad, porque facilitaría conciliar la vida familiar y laboral... Tema para otro día.

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miércoles, 1 de febrero de 2012

La humana providencia

Hará cosa de mes y medio, durante una cena, la conversación en la parte de la mesa donde yo me encontraba derivó hacia la crisis económica. No por casualidad, por cierto. Sabiendo de la afición a la economía de uno de los asistentes, al que no veo con mucha frecuencia, y que otro es licenciado en ciencias económicas, me senté junto a ellos sabiendo cuál sería el tema de conversación. Apenas intervine en ella, limitándome a escuchar atentamente sus opiniones. Una me llamó poderosamente la atención. Ante las perspectivas poco halagüeñas no solo con respecto a la crisis, sino en relación con otros temas como el medio ambiente, opinaba uno de mis contertulios, resumidamente, que se diseñarían nuevos sistemas o se inventarían nuevas tecnologías, pero que la humanidad superaría estos problemas como superó otros en el pasado.

Poco más o menos por las mismas fechas publiqué la entrada Negros augurios, y en los comentarios me dejaron un enlace, que agradezco, a una entrada de otro blog que habla de la ley de Murphy: "si algo puede ir mal, irá mal". La entrada achaca esta célebre frase a nuestra tendencia a enfatizar lo negativo, y concluye aconsejándonos pensar que si algo puede ir bien, irá bien.

Más recientemente, hace pocos días, leía un artículo de opinión en la prensa cuyo autor no recuerdo, y que venía a sustentar la opnión de mi amigo. Decía el columnista que Europa superará esta crisis como superó las hambrunas medievales.

Son ejemplos de una manera de pensar que parece extenderse y que a mí me causa asombro. Me recuerda en cierto modo a la fe en la divina providencia, porque parece como si hubiéramos cambiado los lemas "Dios proveerá" o "Dios no permitirá que eso ocurra" por "la humanidad lo supera todo". La humana providencia.

No tengo más remedio que admitir que yo carezco por completo de esa fe en la capacidad de la humanidad para superarlo todo, entre otras cosas porque para mí el concepto de humanidad significa poco, la humanidad no me importa, me importan los seres humanos. Dudo de que realmente la humanidad pueda superarlo todo, las personas desde luego no pueden. Europa superó la peste del siglo XIV pero ¡a qué precio! Al menos un tercio de los europeos murieron de la epidemia, y los que sobrevivieron vivieron una época terrible. Me disculparán los que así piensan si no quiero esperar a que la humana providencia solucione nuestros problemas.

Me disculparán igualmente los autores de "La macedonia", pero la ley de Murphy no es tan solo una tendencia a enfatizar lo negativo. Sin ser una ley inexorable, sino un principio general, tiene una base sólida y racional. Por pequeña que sea la probabilidad de un suceso, si se reiteran las ocasiones acabará produciéndose, es una cuestión de probabilidad. Cualquiera que tenga un conocimiento elemental del cálculo de probabilidades sabe que la probabilidad de sacar tres seises al lanzar un dado tres veces es relativamente pequeña, y cualquier jugador de parchís sabe que ocurre tarde o temprano. No se trata de ser fatalista, sino de ser conscientes de que los sucesos negativos son posibles para tratar de prevenirlos o por lo menos minimizar sus consecuencias. Pensar que si algo puede ir bien irá bien, perdónenme otra vez, es un camino seguro al desastre.


Pero además de todo esto, yo no tengo tan claro, ni mucho menos, que la humanidad sea capaz de superarlo todo. Otras ramas de nuestra especie, como el hombre de Neanderthal, se extinguieron, y no hay razón para pensar que la nuestra no pueda correr la misma suerte. Me recordó esta cuestión un documental que vi hace ya tiempo en la televisión sobre la cultura Nazca.  Este pueblo vivió en el actual Perú hace quince siglos, y durante mucho tiempo su desaparición se atribuyó a un desastre natural. Estudios más modernos ofrecen otra explicación: los Nazca explotaron los recursos forestales de su entorno hasta superar el punto en que podían regenerarse, viéndose finalmente obligados a abandonar un territorio depauperado. Hoy esto podría suceder a escala planetaria, y si superamos el punto de no retorno ¿a dónde emigraremos?

Pese a todo, y termino porque me voy extendiendo ya más de lo acostumbrado, la cuestión para mí no es si la humanidad superará éste o aquél problema, o si Europa superará esta crisis. La cuestión, o las cuestiones, son cómo, cuándo y a qué precio. Porque en esta España que me ha tocado en suerte habitar, el precio por lo pronto vienen siendo cinco millones largos de parados, el doble de personas en riesgo de pobreza, no sé cuántas haciendo cola en los comedores sociales para subsistir... Y todo apunta a que apenas hemos empezado a pagar.

Tal vez sea que me falta fe o que soy un pesimista irredento, pero estoy convencido de que la única forma de superar los problemas es afrontarlos. La providencia, humana o divina, no me sirve.