lunes, 28 de mayo de 2012

Podemos estar tranquilos

Pues sí, amigos. La verdad es que estoy un tanto cansado de hacer tantos comentarios negativos, así que hoy he decidido ver las cosas en positivo. Y al fin me he dado cuenta, tonto de mí, de que en realidad no hay ningún motivo de preocupación.

Seguro que os habéis dado cuenta de que nuestros políticos dicen constantemente que no hay alternativa. De hecho lo dicen cada vez que aprueban un nuevo recorte presupuestario, inyectan dinero a la banca o reforman alguna ley para quitarnos derechos. Invariablemente lo justifican diciendo que no hay alternativa o, para no repetirse demasiado, que no hay plan B. Es decir, que no tienen diseñado ningún otro plan para el caso de que sus políticas fracasen o sus previsiones no se cumplan.

Parecería motivo de preocupación, pero qué va. Pensemos con lógica. No es posible creer que el Presidente del Gobierno, trece ministros y más de ciento ochenta diputados sean todos unos insensatos o unos incompetentes. Luego están absolutamente seguros de que sus políticas no van a fracasar y todas sus previsiones se van a cumplir.

Tranquiliza, ¿a que sí?



viernes, 25 de mayo de 2012

Cuidado con la xenofobia

Entre las entradas más antiguas de este blog publiqué dos sobre la inmigración, una a raiz de una discusión mantenida en un foro de debate y la otra al hilo de uno de esos correos que circulan reenviados sin que se conozca su origen. Hoy vuelvo sobre el tema debido a otro correo similar que me ha llegado hace unos días, sobre los supuestos abusos y fraudes de los inmigrantes en las prestaciones por desempleo. No voy a reproducir ese correo porque es una mentira de principio a fin y no quiero darle pábulo. Me limito a repetir lo que ya dije hace casi un año: que los inmigrantes no abusan más que los españoles de origen de las prestaciones por desempleo, la seguridad social o los demás mecanismos protectores del Estado social.

Lo que de verdad me preocupa es la facilidad con la que calan estos mensajes xenófobos. A través del correo electrónico o de las redes sociales se reproducen y difunden por todas partes. Esto tiene consecuencias muy graves para un colectivo de personas que han venido a España simplemente buscando una oportunidad de mejorar sus condiciones de vida, que son, en la inmensa mayoría de los casos, gente honrada y trabajadora como tú y como yo.

No quiero restar importancia al problema de la inmigración, porque es efectivamente un problema y negarlo sería absurdo. Es verdad que las tasas de inmigración en España han sido en los últimos años superiores a las de otros países europeos, pero no es menos verdad que partíamos de unos niveles de población inmigrante muy inferiores a los de esos mismos países. Aún así, la población inmigrante ha crecido hasta superar el 12% de la población total. Son 5,7 millones de personas, un millón de ellas en situación irregular. Es un problema, y hay que afrontarlo con seriedad y con rigor. Y para eso tenemos que desprendernos de algunos tópicos.

En primer lugar, es un error culpar a la inmigración de las tasas de desempleo, y a este respecto me remito a lo que ya escribí el año pasado. No tengo datos ni argumentos nuevos que me hayan hecho variar un ápice la opinión que expresé entonces.

Es igualmente erróneo culpar a los inmigrantes del coste de la sanidad y la protección por desempleo. Estas personas utilizan el sistema, pero no abusan de él más que nosotros y, muy importante, también contribuyen a él con su trabajo y sus cotizaciones. El hecho es que sin esta gente España tendría un serio problema demográfico que sí haría insostenibles los sistemas de previsión social. En otras palabras, los inmigrantes están pagando las pensiones de nuestros mayores tanto como los españoles de origen.

Hay otro importante tópico, o más bien un arraigado esquema mental, del que deberíamos desprendernos. Cuando hablamos de inmigrantes enseguida nos viene a la mente la imagen de los marroquíes, los negros o los sudamericanos. En realidad, la mitad de la población extranjera residente en nuestro país son ciudadanos europeos. Y si al leer esto os ha venido a la mente la imagen de un rumano, por favor quitáosla de cabeza. Más de una quinta parte de los inmigrantes son europeos occidentales, más que europeos del este y más que la suma de magrebíes y subsaharianos.

Hablaba más arriba de las consecuencias que tiene difundir ciertos mensajes. Tenemos un buen ejemplo en los actuales proyectos, más o menos avanzados, de restringir la asistencia sanitaria a los inmigrantes. Incluso dejando aparte que esto me parezca una falta de humanidad, tal vez no hayamos pensado que podría llegar a convertirse en un problema de salud pública. Y la cuestión es que ningún político podría hacer algo así, ni siquiera creo que se atreviera a sugerirlo, si antes no hubiera calado en la población la idea de que los inmigrantes son responsables de los problemas de la sanidad.

De modo que os pido, os ruego, que si recibís uno de esos correos o veis uno de esos mensajes en las redes sociales, lo penséis detenidamente antes de reenviarlo o compartirlo.

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martes, 22 de mayo de 2012

El IBI de la Iglesia

Sabemos que el Gobierno a decretado una amnistía fiscal con la que esperan recaudar 2500 millones de euros. Sabemos también por el ministro Luis de Guindos que para el próximo año se plantea subir los impuestos al consumo, es decir el IVA, para mejorar la recaudación. Suben también las tasas universitarias, se establecen copagos en la sanidad y se proyecta también subir las tasas judiciales. Todo ello, se supone, con el fin de mejorar los ingresos del Estado. Sin embargo, el Gobierno no estima oportuno considerar siquiera la posibilidad de recaudar entre 2500 y 3000 millones de euros cobrando el Impuesto de Bienes Inmuebles a la Iglesia. No consideran que el clero deba arrimar el hombro. Me sorprendería si algo de lo que hace este Gobierno pudiera sorprenderme.

Monseñor Rouco, por su parte, acaba de decir que si la Iglesia tiene que pagar el IBI lo pagará. Lo ha dicho así, como quien hace una concesión graciosa, para a continuación añadir que entonces tendrían que detraer el dinero de otras partidas como la financiación de Cáritas. La verdad es que Cáritas se financia en gran medida con donativos particulares y financiación pública. La parte que aporta la Iglesia ni siquiera es la mayor, y es absolutamente insignificante en comparación con lo que dejan de pagar en impuestos. No tengo datos exactos, pero al parecer la aportación de la Iglesia a Cáritas supone entre el 0,1 y el 0,2% de lo que no pagan de IBI. Sale más que a cuenta que paguen sus impuestos y el Estado financie a Cáritas íntegramente, por lo que la amenaza de monseñor es bastante ridícula. Ridícula y escasamente cristiana.

Pero todo esto no dejan de ser cuestiones laterales. La esencia del asunto es que la Iglesia no paga el Impuesto de Bienes Inmuebles, y debería pagarlo. Yo al menos no tengo ninguna duda y lo que me sorprende es la misma existencia de esta polémica. Pensaba, tal vez por que soy ingenuo, que Jesús ya la había dejado definitivamente zanjada. Su opinión es bien conocida:

Dinos, pues, tu parecer: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? Jesús, conociendo su malicia, dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario. El les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le contestaron: Del César. Díjoles entonces: Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Y al oirle se quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.
Claro que también sabemos que la Iglesia tiene la exclusividad, que se ha concedido a sí misma, de la interpretación de las escrituras. Doctores tiene la Iglesia, dice la frase hecha, y seguro que los buenos doctores tienen una excelente interpretación de este pasaje que justifica su actitud.

jueves, 17 de mayo de 2012

No día das letras galegas

Escribir en galego, ou sobre o galego, no día das letras galegas non ten nada de orixinal, pero é que eu non son un tipo orixinal. Poida que sexa un chisco raro, segundo me teñen dito unhas cantas veces, pero non orixinal.

A cousa é que, como xa vos teredes decatado aínda que non me coñezades, eu son galego. E ademáis de galego son bilingüe, ou por tal me teño. Non adoito falar galego a cotío, senón castelán, o que non quere dicir que non coñeza e aprecie tanto a lingua de Rosalía como a de Cervantes, como din os cursis. Son as miñas linguas, as dúas por igual. Nin me teño por menos español por falar galego, nin por menos galego por falar castelán.

E velaí precisamente o motivo desta entrada. Eu son galego, e son español. Non son castelán nin portugués, e o digo con todo respeto á xente de Castela e Portugal. Houbo un tempo en que ós galegos nos dicían que debiamos falar castelán, que falar galego era de xente inculta. Eses tempos quedaron atrás, pero agora veñen outros a dicirnos que debemos falar portugués, que ésa é a vedadeira lingua de Galicia e que o que eu chamo galego é unha lingua "impura" ou contaminada polo castelán.

Penso que ninguén negará que o galego e o portugués son linguas irmás. Tanto é así que os especialistas din que non son dúas linguas distintas, senon dialectos da mesma lingua. Doutores ten a Igrexa, e non hei ser eu quen discuta cos filólogos. Pero se o galego é un dialecto, é o meu dialecto e non o considero nin teño por qué consideralo menos válido, nobre ou fermoso que o dialecto portugués. Non acepto que falar castelán ou portugués sexa "falar ben" e falar galego sexa "falar mal".

Para ben e para mal, gústenos ou non, a historia de Galicia é a que é. E como consecuencia, a nosa lingua tamén é a que é. A que falaban os meus avós. A que penso seguir falando eu.

lunes, 14 de mayo de 2012

¿Cuántos políticos tenemos?

Ultimamente se leen con frecuencia en las redes comentarios sobre el número de políticos que hay en España, y lo curioso es que la cifra va aumentando semana tras semana. El primer comentario que recuerdo haber leído sobre el tema daba la cifra, si no recuerdo mal, de 77.000. Luego fue aumentando sucesivamente a 100.000, 300.000 y, lo último que he leído, 450.000.

Al parecer esta última cifra tiene su origen en un artículo del diario El Aguijón, que considera políticos a los liberados sindicales, liberados patronales, directivos de empresas públicas, puestos adminstrativos de libre designación, cargos de confianza, y unos cuantos más. Esto no deja de ser engrosar la cifra alterando la definición. Algo así como cuando se "desinfla" la cifra de paro por el expeditivo sistema de restringir la definición de parado. A pesar de lo cual no tengo inconveniente alguno en que este diario considere político a quien le dé la real gana, lo malo es que luego la cifra se repite sin explicaciones ni matices.

Yo no tengo ni idea de cuántos polítcos hay en España ni ganas de averiguarlo, pero si no mareamos la perdiz y consideramos político al que creo que todos entendemos por tal, es decir las personas a las que votamos para las instituciones del Estado, la cifra debe de aproximarse a la primera que he citado. Ocho mil y pico ayuntamientos con unos setenta y tres mil alcaldes y concejales, seiscientos cincuenta diputados y senadores, unos mil doscientos parlamentarios autonómicos y algo más de mil diputados provinciales.

El resto son altos cargos de la Administración, directivos de empresas públicas o participadas por el Estado, representantes sindicales o patronales, pero no políticos. Un asesor puede ser necesario o no, pero insisto en que no es un político. Incluirlos a todos como políticos es, o a mí me lo parece, confundir. Eso sin considerar que el diario es bastante (por no decir absolutamente) vago en cuanto a su fuente, ni que algunas de las cifras de la tabla me parecen francamente absurdas.

En resumen, creo que este artículo peca de falta de rigor y que no contribuye en nada a que sus lectores tengan una información objetiva. Tal vez mucha de la gente que se incluye en la tabla sobre, o esté excesivamente pagada o ambas cosas. Pero si el titular es "tenemos 450.000 políticos" la conclusión es que sobran políticos y acabamos pidiendo que se supriman el Senado, las diputaciones provinciales, ayuntamientos y hasta comunidades autónomas.

No entro a valorar si esos órganos son necesarios o no. Probablemente todos ellos necesiten una buena revisión. Lo que quiero señalar es que si tenemos, suponiendo que así sea, unos 80.000 políticos electos y 370.000 cargos designados a dedo, la conclusión debería ser que sobran cargos digitales. O, si no sobran, que tal vez no deberíamos permitir que se designen a dedo.

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jueves, 10 de mayo de 2012

Activos tóxicos y prudencia contable

He repetido varias veces en este blog que yo no soy economista. Lo que sí fui en su día es administrativo de contabilidad, aunque de eso hace más de diez años y no me he preocupado de mantener mis conocimientos actualizados. Tanto es así que ni siquiera sé si el plan de contabilidad que yo estudié, y que no me molesto en buscar, sigue vigente. Escribiré de memoria sobre cuestiones estudiadas hace muchos años y desde mi modestísima experiencia como contable de una pequeña empresa, por lo que quizá nada de lo que diga tenga ya validez.

En esencia, la contabilidad de una empresa consiste en anotar todos los movimientos en cuentas, y una cuenta no es más que un estadillo de doble entrada. Para entendernos, un papel, o su equivalente informático, dividido en dos columnas. En una columna se anota lo que entra y en otra lo que sale. Teorías contables aparte, las cuentas son de dos tipos: patrimoniales y de gestión. Como su nombre indica, en las cuentas patrimoniales se refleja el patrimonio de la empresa, constituido por todo lo que posee, lo que le deben y lo que debe a otros. En las cuentas de gestión se reflejan los ingresos y los gastos.

Las cuentas patrimoniales pueden ser a su vez de dos tipos: de activo y de pasivo. En las de activo se recogen todos los bienes y derechos de la empresa, como puede ser el dinero en caja (bien material) una patente (bien inmaterial) o el dinero que debe un cliente (derecho). En el pasivo se recogen las obligaciones y deudas, como el dinero que debe a un acreedor o el capital. Esto último es importante, el capital es pasivo porque se trata de la contabilidad de la empresa, no la del empresario. Esto es fácil de entender si pensamos en una sociedad anónima, el capital es un dinero que los accionistas han "prestado" a la empresa y que por tanto ésta les "debe", aunque esta sea una obligación que no se le reclamará mientras la empresa no cierre. El capital es lo que se denomina técnicamente un pasivo no exigible. La diferencia entre el activo y el pasivo exigible constituye el patrimonio neto, neto patrimonial o, en terminología del plan de contabilidad, los fondos propios de la empresa. Las cuentas de gestión pueden ser de ingresos o de gastos, y no creo que esto necesite mayor explicación.

La contabilidad, decía, consiste en ir anotando en estas cuentas todos los movimientos de la empresa, naturalmente expresados en términos monetarios. Se lleva además por partida doble, lo que no tiene nada que ver con llevar una contabilidad A y una contabilidad B. Esto es una práctica extendida, pero ilegal. Contabilidad por partida doble significa que cada movimiento se refleja en dos cuentas. Un incremento de un activo debe tener su contrapartida en un incremento igual del pasivo o una disminución de otro activo. También podría tener su contrapartida en una cuenta de gestión, pero no quiero complicar esto más de lo necesario. Pongamos un ejemplo sencillo. Si yo voy al cajero automático y saco 50 euros, se reflejaría en dos cuentas de activo: una disminución de la cuenta "banco" y un aumento de la cuenta "caja".  Si le pido los 50 euros prestados a un amigo, se reflejará en un incremento de la cuenta de activo "caja", y otro incremento de la cuenta de pasivo "acreedores. La contabilidad de una gran empresa se puede complicar muchísimo, pero la mecánica básica es tan simple como eso.

Vamos un poco más allá. He dicho que en contabilidad todo debe anotarse en términos monetarios, y eso implica asignar un valor en moneda a todos los elementos del activo y del pasivo. Por norma, por ley de hecho, los activos deben figurar por su valor de adquisición. Es decir, si yo me compro un  coche, lo anotaré en la cuenta "vehículos" por el precio que me ha costado, que ya no se alterará. Esto puede parecer raro, pero tiene su lógica. El coche puede llegar a ser tan viejo que nadie me daría un céntimo por él, pero si yo sigo utilizándolo, sigo teniendo un activo que no puede desaparecer del balance. Ahora bien, si no quiero que mi contabilidad acabe siendo ficticia, tengo que introducir elementos correctores: las amortizaciones y las provisiones. Entramos en el meollo de la cuestión.

La amortización recoge la depreciación sistemática debida al uso de un bien, con una doble finalidad. Por una parte, cuando compro el coche no lo reflejo todo como gasto de ese ejercicio, porque lo voy a utilizar durante varios años. Mediante una cuenta de gestión llamada "amortización" llevo cada año a la cuenta de pérdidas y ganancias la parte de gasto correspondiente. La otra función es corregir el valor del coche en el balance. El mismo importe que llevo a la cuenta "amortización" como gasto, la llevo a una cuenta de pasivo (más técnicamente compensatoria de activo) llamada "amortización acumulada". El valor contable del coche es por tanto la diferencia entre "vehículos" y "amortización acumulada de vehículos". A la hora de decidir qué cantidades llevamos cada año a estas cuentas hay que respetar las normas fiscales que, por ejemplo y si no han cambiado en estos años, obliga a amortizar los bienes inmuebles en un máximo de cincuenta años.

Veámoslo con un ejemplo. Me compro una casita por 100.000 € y la voy a amortizar en cincuenta años. Hay varias técnicas, pero decido utilizar la más simple y frecuente, llamada lineal, consiste simplemente en dividir el valor del bien por el número de años. Por lo tanto cada año llevaré a las cuentas de amortización 2.000 €. Al cabo de diez años la casa seguirá figurando en el activo por 100.000 €, pero la cuenta de amortización acumulada sumará 20.000 €, de modo que el valor neto contable es de 80.000 €.

Esto se hace para la depreciación sistemática debida al uso. ¿Qué pasa entonces con la depreciación que ni es sistemática ni se debe al uso? Además de la mecánica explicada, la contabilidad se rige por unos principios, de los cuales el más importante es el de prudencia. Por este principio, los ingresos deben contabilizarse solo cuando se producen, los gastos y pérdidas tan pronto como sean conocidos. Si mi casa pierde la mitad de su valor de mercado porque éste se desploma, también debe reflejarse en el balance, o estará sobrevalorado.

Las provisiones funcionan de manera similar a las amortizaciones. También aquí existe una cuenta de pasivo (compensatoria de activo) denominada, para el ejemplo de la casa "provisión por depreciación", y una cuenta de gastos denominada "dotación a la provisión por depreciación". Para un cliente del que dudemos que vaya a pagar existiría la cuenta "provisión por insolvencias" y su correspondiente dotación. Vayamos con el ejemplo del cliente. Le he prestado a un amigo 1.000 € y me entero de que se ha quedado en el paro y le han embargado el piso. Es razonable suponer que no me podrá pagar, así que lo que tengo en la cuenta "deudores" lo paso a "deudores de dudoso cobro". Paralelamente llevo esos 1.000 € a la cuenta "dotación a la provisión por insolvencia" como gasto de este año, y a la cuenta "provisión por insolvencia". La deuda seguirá figurando en el activo de mi balance por 1.000 €, pero la cuenta de provisión por el mismo valor hace que su valor neto contable sea nulo. Contabilizo la pérdida tan pronto la preveo. Si luego resulta que mi amigo se recupera y me paga, "deshago" la provisión mediante la cuenta de ingresos "exceso de provisión".

Por supuesto, en el ejemplo de la casa sería exactamente igual. Si pierde valor por un desplome del mercado, debo dotar la correspondiente provisión por depreciación, contabilizando la pérdida tan pronto como la preveo, y corrigiendo el valor neto contable de la casa mediante la oportuna cuenta compensatoria.

Es muy dudoso que a nadie le importe un higo cómo llevo yo mis cuentas personales ni en cuánto valoro mi coche, pero la cosa cambia cuando se trata de una gran empresa. Entonces la información contable es vital para los accionistas, deudores, acreedores y, evidentemente, para el fisco. Por eso existen las auditorías externas, las empresas auditoras y, se supone, los inspectores de Hacienda, para asegurarse de que las cuentas de una empresa son un fiel reflejo de la realidad. ¿Qué relación guarda todo esto con los llamados activos tóxicos? Pues a lo mejor ninguna. Insisto una vez más en que yo no soy economista, y todo este rollo no son más que viejos conocimientos de un antiguo contable, que las noticias de los últimos días me han traído a la memoria.

En una de mis primeras entradas conté un viejo chiste que no me resisto a contar de nuevo. Un economista y un contable descansan junto a una charca. El contable dice: te apuesto cien euros a que no te tragas un sapo. El economista se lo traga, cobra el dinero y dice: te apuesto otros cien a que no te lo tragas tú. El contable se lo trata, cobra y dice a su vez: ¿te das cuenta de que nos hemos tragado un sapo cada uno y somos igual de ricos que antes? Y el economista contesta: sí, pero hemos generado intercambios comerciales por valor de doscientos euros.

Lo malo de ese chiste es que, además de ser viejo y malo, ya no tiene validez. Ahora el chiste sería de otro modo. Un banquero le dice a su cliente: te apuesto cien euros a que no te tragas un sapo. El cliente se lo traga, y el banquero encuentra una cláusula en el contrato de apuesta por la que debe pagar el Gobierno.

Igual no tiene gracia.

sábado, 5 de mayo de 2012

Lealtades y patriotismos

El diario conservador ABC publica hoy en su portada, a toda página, una fotografía de José Antonio Griñán y Patxi Vázquez con el titular "Deslealtad con España". El motivo es que estos presidentes autonómicos han anunciado su intención de recurrir ante el Tribunal Constitucional algunas de las medidas de recorte en sanidad y educación decretadas por el Gobierno. Por lo visto hacer uso de un procedimiento previsto en la Constitución es desleal con España. No con el Gobierno, ojo, con España nada menos. Yo tampoco debo de ser muy leal, puesto que también a mí me parece de dudosa constitucionalidad que se regulen por Decreto-ley estas materias cuando el artículo 86 de la Constitución lo prohíbe expresamente. Desleales son también los jueces que en estos meses han planteado cuestiones de constitucionalidad sobre la reforma laboral y otras medidas. De los sindicatos ni hablemos, la portada de La Razón con que ilustro esta entrada no deja lugar a dudas. Toxo, Méndez y la totalidad de los ciudadanos españoles que hicimos huelga el 29 de marzo estamos contra España. No contra las reformas ni contra el Gobierno, contra España. Todos malos españoles, desleales y antipatriotas.

Y es que la derecha, ya se sabe, tiene de antiguo la exclusividad del patriotismo. Ellos, y solo ellos, son depositarios de los intangibles valores de la España eterna. No importa si un expresidente popular se dedica a socavar la imagen del país en cuanto foro internacional se le pone a tiro. No importa si durante ocho años el Partido Popular en bloque se dedicó a sembrar la discordia, la duda y la desconfianza. No importa si una vez en el Gobierno se dedican a desmantelar el modelo de Estado que los españoles elegimos libremente para imponernos el suyo. No importa. Todo lo hacen por España. Ellos son patriotas y leales; los desleales, los malos españoles somos los demás. Todos los demás.

Felicitémonos, pues. El bando nacional ha vuelto para salvar una vez más a España.

Sobre la expropiación de YPF

Que una nación quiera controlar sus propios recursos naturales es perfectamente comprensible, especialmente tratándose de un recurso como el petróleo cuya importancia estratégica conocemos todos. Entiendo por tanto el deseo de los argentinos de controlar sus recursos y de recuperar lo que antes fue una empresa pública argentina. Lo entiendo y lo apoyo porque yo también creo que un pueblo tiene el derecho de controlar sus recursos naturales.

Lo que no puedo apoyar es la manera en que se ha llevado a cabo. El gobierno argentino tenía otras vías para lograr ese objetivo, como negociar la compra o acudir al mercado como cualquier otro inversor. Por supuesto la expropiación también era una opción válida, siempre que se llevase a cabo de un modo escrupulosamente legal y mediante una indemnización justa. Yo no conozco las leyes argentinas, así que no puedo decir nada con seguridad, pero por muy laxas que sean sus leyes hay al menos dos cuestiones que difícilmente pueden ser legales: que se ocupase materialmente la empresa antes de la aprobación de la ley y que la indemnización se fije unilateralmente y a posteriori.

Además de la cuestión de la legalidad, que insisto en que no conozco suficientemente, hay otras cuestiones que merecen atención. El objetivo declarado de la medida es recuperar el control de los recursos, la soberanía hidrocarburística en palabras de la presidenta argentina, pero no se expropia más que una de las varias compañías que operan en el país. Podría entenderse por el deseo de recuperar una empresa antaño pública de no ser porque no se expropian todas las acciones, sino exclusivamente las pertenecientes a Repsol. No creo que sea casual que se expropie tan solo a una empresa de origen español, como tampoco las referencias a la soberanía. La expropiación tiene naturalmente motivaciones económicas, la forma no tiene otro objeto que exaltar el nacionalismo.

La expropiación viene precedida además de una serie de retiradas de licencias a la compañía y acusaciones de falta de inversión que, vistas en restrospectiva, es inevitable pensar que tuvieron la finalidad de hacer caer la cotización de las acciones. Y que comenzaron, y tampoco creo que sea casual, con el descubrimiento del yacimiento de Vaca Muerta.

De modo que lo lamento porque siento sincera simpatía por el pueblo argentino, y si se hubiera hecho de otro modo aplaudiría su decisión de retomar el control de sus recursos. Pero así no. No, sobre todo, porque han sido los mismos argentinos los que, espoleados por su gobierno, han planteado este asunto como un conflicto entre España y Argentina. Algo que por desgracia no es nuevo, parece que hayamos olvidado cuando, no hace tantos años, los "gallegos" parecían tener la culpa de todos los males argentinos y sus negocios eran atacados.

No es muy diferente esa actitud de la de los españoles que culpan del paro a los inmigrantes marroquíes o sudamericanos. Los prejuicios son malos en cualquier circunstancia, pero que en tiempos de crisis los gobiernos los utilicen y fomenten en vez de combatirlos es, además, peligroso.

En fin, insisto en que el deseo de los argentinos de recuperar el control de sus recursos me parece lógico y razonable, y en que no conozco suficientemente los detalles de la expropiación como para dar una opinión fundada. Ni siquiera puedo decir que tenga una opinión, y si la tuviera no sería imparcial. Ninguna de mis opiniones lo es. Esta reflexión no es tanto sobre YPF como sobre el desagrado que me produce una hostilidad estúpida, inútil e innecesaria entre dos pueblos que tienen tanto en común. Sobre todo porque uno de ellos es el mío.


martes, 1 de mayo de 2012

Zenón de Elea y el mercado laboral

El filósofo griego Zenón de Elea, que vivió en el siglo V antes de Cristo, es ampliamente conocido por sus célebres paradojas, con las que pretendía demostrar, siguiendo a su maestro Parménides, la imposibilidad del movimiento. Seguramente la más famosa de estas paradojas es la de Aquiles y la tortuga, que en versión modernizada dice así:

Aquiles compite en una carrera contra una tortuga, y sabiéndose diez veces más rápido le concede cien metros de ventaja. Pero cuando Aquiles ha recorrido esos cien metros, la tortuga ha avanzado diez, cuando corre esos diez la tortuga ha avanzado uno, corre ese metro y la tortuga avanzó diez centímetros, y así hasta el infinito, de modo que Aquiles jamás alcanzará a la tortuga.

Naturalmente podríamos rebatir a Zenón recurriendo al análisis infinitesimal y al concepto matemático de límite, que Zenón no conocía, pero la verdad es que no nos hace falta. Tal vez no podamos decir dónde estaba exactamente el error de Zenón, pero sabemos que estaba equivocado, y la respuesta más simple y más difundida a su famosa paradoja es que el movimiento se demuestra andando. Para saber que Zenón se equivocaba no necesitamos ni matemáticas ni filosofía, nos basta con observar a una tortuga.

¿Qué tiene esto que ver con el mercado laboral? Supongo que nada, pero el caso es que andaba planeando escribir una entrada sobre el modelo neoliberal de relaciones laborales, con su análisis teórico, sus gráficos y toda la historia, y señalar sus errores, cuando me di cuenta de que en realidad no hace puñetera falta. Para demostrar que están equivocados no necesitamos ningún razonamiento complicado, nos basta con observar la realidad.

El modelo neoliberal de relaciones laborales es el mismo que aplican a todo: la libre concurrencia de oferta y demanda lleva indefectiblemente a situaciones de equilibrio eficientes. Por tanto, sin salarios mínimos, sin negociación colectiva, sin prestaciones de desempleo y con despido libre el mercado de trabajo se regularía por sí solo y no habría paro. Veamos si es cierto.

Este modelo se aplicó en el siglo XIX y parte del XX produciendo como resultado masas de proletarios hambrientos, altas tasas de desempleo, miseria, desigualdad, conflictividad social y revoluciones. Después de la Segunda Guerra Mundial se pasó en Europa al modelo que llamamos social, dando como resultado tres décadas de progreso sin precedentes que los economistas conocen como "los treinta gloriosos", bajas tasas de desempleo, estabilidad y baja conflictividad. Posiblemente la mejor época que Europa haya vivido en toda su historia. A partir de finales de los setenta y primeros ochenta comienza a abandonarse este modelo para volver al anterior, con el resultado que tenemos a la vista. Otra vez altas tasas de paro, desigualdades, injusticias y conflictos sociales.

Por si no fuera suficiente, tenemos el ejemplo de los países en los que, a instancias del FMI u otras instituciones, se han aplicado las "soluciones" neoliberales en diferentes momentos y en todos los continentes. Los casos de Argentina y Grecia son terriblemente ilustrativos. ¿Que las condiciones de Argentina no son las de un país europeo y que Grecia falseó sus cuentas? Vale, entonces Portugal. Y si ese ejemplo tampoco te sirve te pondré otro. Ejemplos sobran.

Así que me ahorro los gráficos, las curvas de oferta y demanda, puntos de equilibrio, niveles de renta y demás parafernalia. El movimiento se demuestra andando.