domingo, 12 de junio de 2011

Falacias del neoliberalismo (I): La mano de Adam Smith

Hace unos cuantos días, en un comentario a una de mis propias notas, dije que inicialmente pensaba escribirla sobre el libre mercado pero me distrajo algo que acababa de leer, y que tal vez lo hiciese otro día. La verdad es que me da mucha pereza, pero tiendo a sentirme obligado por lo que digo, aunque a nadie le importe que lo cumpla o no. De modo que cumplo aunque solo sea, como sospecho, conmigo mismo.
La teoría del liberalismo económico clásica sostiene que cuando se deja que los individuos busquen sus propios intereses de modo egoísta, los recursos se asignan de modo más eficiente, obteniendo de ese modo el bien común. Es la famosa "mano invisible" de Adam Smith.

No voy a pretender demostrar rigurosamente que esto es falso, porque carezco de los conocimientos de economía y matemáticas necesarios. Ya lo hicieron John Nash y otros matemáticos cuyos nombres lamento no recordar. Pero hay un conocidísimo ejemplo de la teoría matemática de los juegos que no es difícil de entender: el dilema del prisionero.

Dos delincuentes son detenidos por un delito menor. Se sospecha que también han cometido un delito grave, pero no hay pruebas. Interrogados por separado, se enfrentan a estas alternativas:
a) si ninguno confiesa, ambos son condenados a seis meses por el delito menor.
b) si uno confiesa y el otro no, el que confiesa sale libre y al otro le caen diez años
c) Si ambos confiesan, cumplen cinco años cada uno.

Desde una postura puramente egoísta el razonamiento de cada uno de ellos será el siguiente: si mi compinche se calla, a mí me conviene confesar porque así quedo libre; si por el contrario confiesa, también me conviene confesar a mí, porque me caen cinco años y no diez. Así pues, desde el puro egoísmo ambos confesarían y cumplirían cinco años. Pero es obvio que esa no es la mejor opción ni colectiva ni individualmente.

Así que, como no saben economía, hacen lo que realmente les conviene a ambos: comportarse como buenos hampones, cerrar la jeta y cumplir solo seis meses. Cooperar, y no competir. Y de ese modo no solo escapan del largo brazo de la ley sino, lo que nos importa a nosotros, de la zarpa invisible de Adam Smith.

Por supuesto, este es solo un ejemplo muy sencillo de una teoría matemática comleja; se me objetará, y con razón, que además de ser irreal no tiene nada que ver con la economía. Y es cierto, pero tampoco todas las relaciones que conforman una sociedad son económicas, diga lo que diga Marx. Y en cuanto a la realidad, el liberalismo puro y duro y la teoría del laissez faire ya los experimentamos en los siglos XVIII y XIX. Las consecuencias son de todos conocidas, y no tuvieron nada de irreales.

Publicado originalmente en facebook el 06/05/2011

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