martes, 21 de febrero de 2012

La vuelta del patrono

Vuelven los patronos. Y digo patronos, no empresarios. Patrono (6ª acepción): amo. Ya han logrado de un gobierno decididamente neoliberal la aprobación, sin acuerdo ni negociación, de una reforma laboral que crea un contrato con un año de despido libre, que abarata el despido injustificado, que suprime la autorización administrativa de los despidos colectivos y los deja a exclusivo criterio del patrón, que considera causa de despido el descenso real o previsto de las ventas en tres trimestres incluso con beneficios, que establece que por esas mismas causas el patrón pueda incrementar la jornada o reducir el salario a los trabajadores que subvenciona la contratación de perceptores de prestaciones en lugar de fomentar la contratación de los desprotegidos, que establece la prevalencia de los convenios de empresa, sea cual sea su tamaño, sobre los sectoriales, etc.  En definitiva una reforma que deja a los trabajadores desprotegidos frente a los abusos de los patronos.

Dice el presidente del Gobierno que es una reforma que moderniza una legislación que databa de hace treinta años, pero no es cierto. No la moderniza, la hace retroceder otros treinta. Y lo hace rompiendo todos los acuerdos a los que patronal, sindicatos y gobierno han ido llegando en estos treinta años. Es más que la enésima reforma laboral, tiene razón el presidente cuando dice que es de calado; de tanto calado es que no solamente supone un radical cambio de modelo de relaciones laborales, sino de modelo social. Pasamos de un modelo pactado, negociado, a un modelo unilateral; de un modelo social a un modelo neoliberal.

Y aún así los patronos no están contentos, no es suficiente. Ahora quieren que se limite el derecho de huelga, obviando que es un derecho que la Constitución consagra como fundamental y que no admite más límites que asegurar los servicios esenciales a la comunidad. Como tal derecho fundamental debería estar regulado por ley orgánica, pero en estos treinta y tres años no se ha promulgado. Ni siquiera cuando hubo mayorías absolutas del PSOE o del PP se llevó a cabo. El único proyecto, de 1993, simplemente caducó y todavía hoy este derecho se regula por un Real Decreto-ley de 1977. Y con todo eso, empiezo a temer que también esta vez los patronos se salgan con la suya. ¿Que se presentan recursos de inconstitucionalidad? Con la proverbial agilidad del Alto Tribunal podrían ser años. Hasta sospecho que, si no fuese porque en esa materia no se pueden saltar el referendum, tendríamos otra reforma constitucional "necesaria".

Tampoco eso sería suficiente. También pretenden que se le retire la prestación al desempleado que rechace una oferta de empleo. Claro que ya existen normas para retirar la prestación al desempleado que rechace una oferta de empleo adecuada, pero el término "adecuada" es excesivo. Quieren que el trabajador se vea obligado a aceptar cualquier empleo, aunque sea en Laponia ha dicho textualmente un elemento cuyo nombre rehúso siquiera mencionar. Si esto no fuera ya indignante, lo sería el estúpido argumento con que lo quieren justificar: que disminuirá el paro porque los trabajadores estarán más desesperados por encontrar trabajo. Como si bastase estar hambriento para que aparezca milagrosamente la comida. Nos toman por imbéciles.

La verdad es que no les interesa en absoluto reducir el paro, todo lo contrario. Quieren que haya una tasa de paro elevada y, a ser posible, sin ninguna protección. Quieren una masa de obreros dispuestos a trabajar de sol a sol por un plato de lentejas. Y no lo quieren por un cálculo económico, es obvio que son los trabajadores quienes han de consumir los productos y servicios que ofrecen los patronos, y si bajan sus ingresos también lo harán los beneficios. Pocos dudan ya de que con estas medidas entraremos en recesión y en una espiral que nos empobrecerá a todos.

No es beneficio lo que buscan, lo que buscan es volver a tener trabajadores que se quiten la gorra cuando pasa el patrón.

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