miércoles, 16 de noviembre de 2011

Reparto y capitalización

Hace días, en la entrada Sobre El Debate, hice un comentario sobre la propuesta que el PP lleva en su programa electoral de transformar el sistema de protección por desempleo, actualmente de reparto, en un sistema de capitalización. Añadí que no me parecía oportuno razonar mi opinión en aquella entrada, así que lo hago hoy.

Un sistema de protección es de reparto cuando cada persona no cotiza para sí mismo, sino que los trabajadores activos cotizan para pagar las prestaciones de los perceptores, ya sean desempleados o pensionistas. En España tenemos un sistema esencialmente de reparto. Y digo esencialmente porque no es de reparto "puro". Lo sería si para cada tipo de prestación la cuantía fuese igual para todo el mundo, con independencia de su historial laboral, pero no es así. La cuantía y la duración en el caso del desempleo, están en función de las cotizaciones efectuadas por el trabajador, con unos topes máximos y mínimos. Eso no desvirtúa su carácter esencial de sistema de reparto. Es erróneo el comentario que a veces oimos a los jubilados que creen que "ya lo he pagado". En realidad lo que cotizaron cuando estaban activos sirvió para pagar a los que entonces eran beneficiarios, además de que esas cotizaciones tampoco cubrirían sus pensiones debido al aumento de la esperanza de vida.

El otro gran modelo de protección es el de capitalización, en el que cada trabajador cotiza a lo largo de su vida laboral para sí mismo. Para entendernos, es el sistema de los planes de pensiones privados. En algunos países el sistema de pensiones se basa en este modelo, aunque no sé de ninguno que lo haya adoptado de forma "pura", normalmente tienen también un protección mínima, de subsistencia, que es de reparto.

Ambos sistemas tienen partidarios y detractores. Es obvio que el de reparto es más solidario y, en mi opinión, más justo. Su inconveniente es que requiere un equilibrio entre cotizantes y beneficiarios. El envejecimiento de la población exige un correlativo aumento de la productividad para que el sistema no quiebre. Y no hace falta decir que un desequilibrio brusco en la relación entre cotizantes y beneficiarios, como es un brusco aumento de la tasa de paro, también altera el equilibrio del sistema. En otras palabras, el sistema tiene que ser periódicamente revisado en función de la ratio cotizantes/beneficiarios y la productividad del trabajo.

El sistema de capitalización, claro está, no tiene ese problema ya que cada uno cotiza para sí. El inconveniente es su falta de solidaridad y de justicia, puesto que las personas con menos posibilidades económicas pueden cotizar menos o no pueden cotizar. Es decir, que precisamente las personas más necesitadas de protección acaban siendo las menos protegidas.

Por supuesto todo esto no es más que un simple resumen de la comparación entre ambos sistemas, una simple introducción para explicar por qué no me gusta la propuesta del Partido Popular. Va sin decir que yo soy partidario de los sistemas de reparto, claro.

El sistema de protección por desempleo español es, todavía y básicamente, de reparto. No voy a explicar su funcionamiento ni a discutir sus virtudes y defectos, lo que daría para varias entradas. Basta señalar que, a pesar de lo dicho, tiene elementos comunes con los sistemas de capitalización, ya que la cuantía de la prestación está en función de los últimos salarios y su duración en función del tiempo trabajado en los últimos años. Eso hace que las prestaciones de las personas con empleos precarios, que son las que más tienen que recurrir al sistema, sean de menor duración, y las de los trabajadores peor pagados sean más pequeñas. Son las características que más arriba he señalado como los grandes defectos del sistema de capitalización.

Pues bien, la propuesta del Partido Popular significa agudizar estos defectos transformando el sistema en uno de capitalización puro. La idea resumida es que cada trabajador vaya acumulando un "fondo" personal al que podrá recurrir en caso de perder su empleo. Eso signfica que las personas jóvenes que han trabajado poco tiempo apenas tendrán cobertura por desempleo, ya que no habrán podido engrosar su fondo. Las personas con trabajos temporales y precarios también tendrán una prestación escasa, pues tendrán que recurrir al fondo con frecuencia. Y si las aportaciones se fijan, como cabe esperar, en función del salario, las personas con empleos parciales o mal remunerados tendrán un fondo pequeño y por tanto poca protección. Significaría, repito, agudizar todos los defectos del sistema actual, haciéndolo menos solidario y cayendo en la contradicción inevitable en este tipo de sistema: que las personas más necesitadas de protección sean las menos protegidas.

Salvo que yo haya entendido mal la propuesta del Partido Popular, claro está. Cosa que podría ocurrir perfectamente porque apenas mencionan ni aclaran este punto. De hecho, parece que ponen un gran cuidado en sacarlo a relucir lo menos posible, lo que no hace más que aumentar mi desconfianza. Si de verdad están convencidos de que este cambio sería positivo harían muy bien en explicarlo, pero a cuatro días de las elecciones no parece que podamos esperar esa explicación. Rajoy tuvo una buena ocasión de hacerlo en el debate, y prefirió eludir la pregunta.


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