sábado, 8 de junio de 2013

El paro desestacionalizado

Nos decía el señor Rajoy, antes de que se publicaran los datos del paro del mes de mayo, que iban a ser esperanzadores. Bien, ahora ya están publicados y resulta que el paro registrado ha disminuido con respecto a abril en 98.265 personas. Un dato positivo según el Gobierno, que indica el inicio de la recuperación. Naturalmente de inmediato le han recordado lo que la actual Vicepresidenta decía hace dos años al Gobierno anterior: decir que el paro baja en mayo es como decir que los días son más largos.

¿Quién tiene razón? Yo no voy a contestar a esa pregunta, tan solo quiero aportar algunos elementos para la reflexión y que cada cual extraiga su propia conclusión. Como en ocasiones anteriores, los datos que utilizo en esta entrada son de paro registrado, no de la EPA, y están extraidos de las estadísiticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. En la primera tabla podemos ver las cifras de paro registrado desde enero de 2007 hasta mayo de este año.


Paro registrado

 Todos los cálculos que siguen están elaborados sobre esta tabla. Observad que utilizo datos de paro "bruto", no de tasa de paro. No tengo por tanto en cuenta las variaciones de la población activa, lo que sería más correcto pero haría todo un poco más engorroso. Tampoco considero datos anteriores a 2007, porque creo que lo que realmente interesa es la evolución desde el inicio de la crisis y porque así me evito trabajar con tendencias cíclicas.

Todos sabemos que el paro tiene un componente estacional, aumenta en determinados meses y disminuye en otros. Por ejemplo, es normal que el paro baje en verano debido a las contrataciones temporales en el sector de la hostelería. De ahí el comentario de doña Soraya y de ahí el actual escepticismo de la oposicón. Los papeles, por cierto, son intercambiables. El Gobierno siempre ve muy positivo el descenso del paro en tal o cual mes, y la oposición siempe lo atribuye a la estacionalidad, con independencia de quiénes estén en el Gobierno y quiénes en la oposición.

Por tanto de lo que se trata es de saber si el descenso del paro en mayo es mayor o menor de lo que cabe atribuir a la tendencia estacional. Una primera aproximación un tanto tosca es no comparar el dato con el del mes anterior, lo que en realidad tiene poco sentido, sino con el del mismo mes del año anterior. Y resulta que en estos doce meses el desempleo ha aumentado en 176.806 personas. Esto parece contradecir al Gobierno, pero en rigor es un dato acumulado de doce meses que nada nos dice sobre la estacionalidad.

Lo que debemos hacer es "desestacionalizar" la serie. Es decir convertir la serie de datos original en otra de la que hayamos extraído el componente estacional. Para eso existen varios métodos matemáticos, yo lo haré a mi manera y sin la menor pretensión de rigor científico.

Lo primero es hallar la tendencia de fondo de la serie, normalmente llamada tendencia secular. Eso puede hacerse, por ejemplo, mediante el sencillo sistema de medias móviles. Yo he preferido utilizar la regresión lineal, que para los poco duchos en matemáticas, consiste en obtener la línea recta que mejor se ajuste a la serie de datos. La calidad de ese ajuste puede medirse por el coeficiente de correlación, un número que oscila entre cero, cuando no hay ninguna correlación, y uno cuando es perfecta. En este caso es de 0,964 y por tanto bastante buena. La siguiente tabla recoge los valores que nos da la tendencia de fondo.

Datos de tendencia
Para verlo más claro, pongamos ambas tablas en forma de gráfico. La línea azul de la siguente gráfica son los datos reales de paro registrado, en la que pueden apreciarse las subidas y bajadas constantes debidas al componente estacional. La línea roja es la tendencia de fondo.

Paro y tendencia
Si ahora dividimos las cifras de la primera tabla entre los de la segunda, extraemos la tendencia secular, quedándonos solamente con las oscilaciones que se han ido produciendo sobre ella en forma de índices. Lo vemos en la siguiente tabla y el siguiente gráfico.



En el gráfico puede apreciarse como hasta finales de 2008 el paro creció por debajo de la tendencia, entre finales de 2008 y mayo de 2011, el peor período de destrucción de empleo, creció por encima de ella, y desde entonces hasta ahora se ha estabilizado por debajo de la tendencia. Esto último es de notar, la estabilización se inició con el Gobierno anterior y no parece haberse alterado significativamente hasta hoy. En la tabla veréis que en la última columna he hallado la media para cada mes, considernado solo hasta 2012, último año completo. Estos ya son, por fin, los índices de estacionalidad. El siguiente paso sería normalizarlos. Yo no lo he hecho porque la diferencia era muy pequeña y no quería añadir otro paso a una exposición ya de por sí tediosa.

El último paso ya es destacionalizar la serie. Igual que antes extrajimos la tendencia para obtener las variaciones estacionales ahora hacemos lo contrario, eliminar las variaciones estacionales dividiendo los datos de la tabla original entre los índices de estacionalidad. De ese modo obtenemos la evolución del paro que no es atribuible a la estacionalidad. Lo vemos en el último gráfico.


La línea azul es la misma que en el primer gráfico: la evolución del paro registrado en términos absolutos. La línea roja es la evolución desestacionalizada. Como dije al principio, extraiga cada cual su propia conclusión.

Termino insistiendo en que todos estos cálculos son solo una aproximación al problema de un mero aficionado y no tienen la menor pretensión de rigor científico. Si hay algún lector con conocimientos matemáticos mas sólidos y profundos que los míos, le animo a corregirme en todo lo que sea necesario. Y a todos os animo, en esta o en otras cuestiones, a analizar los datos por vosotros mismos o, si no tenéis los conocimientos necesarios, a buscar opiniones más rigurosas (que triste es decirlo) que las de nuestros políticos.

Nota

Después de publicar esta entrad me quedé pensando si los resultados habrían sido muy diferentes de haber utlizado otro procedimiento o haberme remontado más atrás. Sentía curiosidad, así que realicé de nuevo los cálculos con tres diferencias: a) utilicé datos desde 2005 en lugar de 2007, b) utilicé las medias móviles en lugar de la regresión, y c) esta vez normalicé los índces. Suponía que la diferencia sería apreciable y pensaba utilizarlo para comentar que las "ciencias exactas" no lo son tanto. Para mi sorpresa, los gráficos finales son tan parecidos que apenas se distinguen.




Por qué un comité de expertos

Como ya sabréis, el comité de "expertos" nombrado para estudiar la reforma del sistema de pensiones acaba de presentar su informe. Según las primeras noticias publicadas (porque obviamente no he leído el informe en sí) recomiendan desvinculara la actualización de las pensiones del IPC, introducir un factor de sostenibilidad que permitiría bajarlas en tiempo de crisis, tener en cuenta la esperanza de vida, computar las cotizaciones de toda la vida laboral... Es más o menos lo que suponía que iban a recomendar, y no porque yo sea adivino, sino porque estaba "cantado".

Entrecomillo la palabra expertos porque lo primero que deberíamos preguntarnos es qué es exactamete lo que les convierte en tales, y por qué se les ha elegido a ellos y no a otros. No es que dude de su valía, pero resulta extraño que de estas doce personas ocho procedan del ámbito de la banca y las aseguradoras privadas. Por el contrario, tan solo uno es catedrático de Derecho del trabajo y la Seguridad Social.

Y es que en mi opinión el dichoso comité de "expertos" nunca ha tenido otra finalidad que dar una apariencia técnica o científica a lo que ya estaba decidido de antemano. De hacer ver que no es una decisión política sino algo inevitable. O por decirlo de otro modo, que la conclusión precedió al estudio. Pero no es en absoluto una cuestión puramente técnica, es política y debe serlo.

Me explico. Me parece obvio que cuando hablamos de pensiones lo primero que tenemos que decidir es si queremos un sistema público o privado, de reparto o de capitalización. Básicamente, si queremos un sistema individualista o solidario, lo que equivale a decidir en qué tipo de sociedad queremos vivir. Eso es una cuestión de principios y por lo tanto política, y no puede quedar de ningún modo en manos de una docena de personas, por muy expertas que sean. En esto no tienen nada que ver demografías, fiscalidades ni esperanzas de vida. Eso viene después, una vez decidido qué modelo queremos tener. Entonces y sólo entonces tendremos que considerar cómo lo implementamos y cómo lo financiamos.

Como apuntaba antes, lo que se está haciendo es exactamente lo contrario. Primero se han considerado las cuestiones relativas a la financiación para extraer la conclusión, que en realidad era premisa, de que hay que cambiar el modelo.

Para comprender hasta qué punto es así, solo hay que notar dos cuestiones muy llamativas. La primera es que, siendo la coartada la financiación y la supuesta inviabilidad económica del sistema, no se mencione la cuestión de los ingresos. Solo se habla del gasto. Ni una palabra para el escandaloso fraude fiscal, ni una palabra para el desigual tratamiento fiscal de las rentas de capital y trabajo. Hay otras alternativas que los "expertos" no mencionan: subir determinados impuestos o subir -¿por qué no?- las cotizaciones sociales.

La segunda cuestión es que un sistema de reparto no depende tan sólo ni de la demografía ni de la fiscalidad. Depende también de la productividad del trabajo, lo que tampoco se menciona aunque sería ciertamente interesante. Y depende también y sobre todo de la relación entre cotizantes y pensionistas, que no es solo cuestión de demografía. Es tener a más de la cuarta parte de la población activa desempleada lo que de verdad está destrozando la caja de la Seguridad Social.

Ni una sola palabra para estas cuestiones. ¿Por qué? Una de dos: o los "expertos" son unos supinos incompententes, o tenían perfectamente claro cuál debía ser la conclusión. No sé vosotros, pero yo empecé a leer y aprender sobre estas cuestiones hacia el año noventa y siete. Y ya entonces, hace dieciséis años, comprendí que había quienes tenían claro que no debíamos tener un sistema de pensiones público y solidario, sino uno individualista y privado.

Como decía, no tengo nada de adivino. Es que hace al menos dieciséis años que se veía venir. Lo malo es que la mayoría no lo quisimos ver, y los que lo veíamos no hicimos lo que teníamos que hacer. Salvo honrosas excepciones, por supuesto, entre las que no me encuentro yo.

domingo, 2 de junio de 2013

Economistas frente a la crisis

Acabo de ver en el blog Al Este de Epem dos videos de la presentación de la Asociación de Economistas frente a la crisis que resumen perfectamente buena parte de lo que llevo dos años escribiendo aquí, magníficamente expresado por personas con mucha más autoridad en la materia. Aquí os dejo uno de ellos:




Podéis ver más sobre esta asociación en su página http://economistasfrentealacrisis.wordpress.com/, seguir su cuenta de twitter @MadridEco, o su página en Facebook https://www.facebook.com/#!/EconomistasFrentealaCrisis?fref=ts. Creo que merece la pena.

martes, 14 de mayo de 2013

La mentira de la rigidez laboral

Hace ya más de un año que escribí en este blog sobre la supuesta rigidez del mercado laboral español, cuando estábamos en vísperas de la funesta reforma laboral perpetrada en marzo del año pasado. Vuelvo sobre el tema porque a pesar de su manifiesta ineficacia, otra vez se exigen a España, desde las instancias que todos sabemos ya, nuevas reformas que "flexibilicen" nuestro mercado laboral.

Un inciso antes de entrar en materia para hacer notar la significativa expresión mercado laboral. No se trata de flexibilizar las relaciones laborales o el ordenamiento jurídico laboral, sino el mercado laboral. El conocido principio de la OIT el trabajo no es una mercancía no significa nada, son solo palabras sin valor. Todo es mercado y todo es mercancía, incluidas las personas, su trabajo y sus medios de vida.

Al grano. La tesis es que la rigidez de las relaciones de trabajo en España es la causa de nuestra elevada tasa de desempleo. A ello se añade que que hay que acabar con la dualidad de la contratación indefinida y temporal, para lo que se propone un contrato único. Dejaré de lado la discusión sobre si está o no justificado que existan distintas modalidades de contrato y diré que, en principio, no tengo nada que objetar a que se acabe con esa dualidad. A lo que objeto es a que se haga acabando con los contratos estables y haciéndolos todos precarios.

En cuanto al tema que da título a esta entrada, la primera pregunta que deberíamos hacernos, como ya apuntaba el año pasado, es si de verdad las relaciones laborales en España son rígidas. No creo que debamos aceptar esa afirmación sin ninguna comprobación, especialmente teniendo en cuenta lo que nos va en ello. Veámoslo con datos. Todas las tablas que incluyo a continuación son datos oficiales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, que podéis comprobar en su web.

Contratos registrados
Esta primera tabla recoge los contratos registrados en España desde 2007. Considerando solo los años completos, entre ese año y 2012 se registró la friolera de 92.336.555 contratos. El dato, así en bruto, quizá no diga mucho. Veamos la siguiente tabla, que recoge los trabajadores activos en el mismo período. Por trabajadores activos se entiende la suma de ocupados y desmpleados.

Trabajadores activos
El promedio de activos en el mismo período es de 22.886.510 personas. Por lo tanto y redondeando sale a una media de cuatro contratos por trabajador en un período de seis años. A mí no me parece tanta rigidez, especialmente considerando que he hecho el cálculo sobre los activos. Eso quiere decir que le estoy computando una media de contratos a personas que en realidad no han tenido contrato alguno. Y pasamos al dato siguiente, el paro registrado.


Paro registrado

Debo puntualizar que esta estadística recoge el paro registrado. Si tomásemos los datos de la EPA, más fiable, las cifras serían bastante mayores. Si no lo hago así es por seguir la misma fuente y el mismo criterio en todas las tablas, de modo que sean perfectamente comparables. Con estos datos, y calculando un poco burdamente una media de trabajadores desempleados en ese período de algo más de tres millones y medio, los cuatro contratos por trabajador activo se convierten en 4,8 por trabador ocupado. Eso en un período de seis años.

Una última tabla para completar el cuadro, la comparación entre contratos indefinidos y trabajos temporales registrados en los mismos años.

Contratos infefinidos y temporales
Esta tabla no deja lugar a dudas. Siempre refiriéndonos al período 2007-2012, resulta que el noventa por ciento de los contratos registrados fueron temporales. ¡Qué rigidez! No llega ni al cien por cien.

Hasta ahora hemos hablado solo de contratos celebrados, pero no de los destruidos. Si el número de contratos registrados fue en esos años, como hemos visto, de 92.336.555, y el número de desmpleados registrados en el mismo período aumentó en 2.266.215, resulta que se han extinguido en seis años 95.107.770 contratos. O sea que a cada trabajador activo lo han puesto de patitas en la calle 4,16 veces en seis años. O 4,9 si en lugar de trabajadores activos consideramos a los ocupados. Y eso que, insisto, trabajamos con datos de paro registrado y no de la EPA.

Y con esto creo que estamos en condiciones de contestar a la pregunta. Yo diría que las relaciones de trabajo en España, lejos de ser rígidas, son considerablemente flexibles. De hecho, más que flexibles yo las tildaría de precarias. A pesar de ello, podría quedar la duda de si el marco jurídico es la causa de la elevada tasa de desempleo. Si volvemos a la tabla de paro registrado, vemos que entre enero de 2007 y diciembre de 2009, el número de desempleados se duplicó sin que se hubiera producido ningún cambio en la normativa. Por el contrario, las "flexibilizaciones" introducidas por el Gobierno socialista primero y por el popular después, no solo no han hecho que disminuya, sino que ha seguido aumentando. Lo que deja en evidencia la falsedad de esa supuesta relación de causa-efecto.

¿Entonces por qué se sigue insistiendo en la flexibilización? En mi humilde opinión, por ideología. No creo en absoluto que las reformas tengan la intención de combatir el paro. Su objetivo, o eso creo yo, no es ni ha sido nunca otro que la famosa "devaluación interna", un eufemismo que no significa otra cosa que un descenso generalizado de los salarios. La ecuación es simple: cuando el empleo es precario los trabajadores aceptan peores condiciones de trabajo. Y  mientras nadie me demuestre lo contrario, ésa si que afirmo que es una relación de causa-efecto.

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miércoles, 27 de febrero de 2013

Que parezca un accidente

Una vez más los lideres europeos dan una lección de democracia. Me refiero, claro está, a los resultados de las elecciones italianas. Por todas partes la reacción es hablar de inestabilidad y hasta de ingobernabilidad, ¿os suena? Es la misma cantinela cada vez que ningún partido logra la mayoría absoluta. Lo cierto es que, si los líderes políticos tienen sentido común suficiente como para llegar a acuerdos entre ellos, la falta de mayoría absoluta no hace un país ni más ni menos gobernable. El problema son ellos, no lo que han votado los ciudadanos.

Pero los políticos siempre han tenido su propia manera de entender la democracia. En particular la señora Merkel, que ha "advertido" a Italia de que no tiene más opción que continuar con las políticas del señor Monti. Los italianos, en uso de su soberanía, han relegado al señor Monti y su partido a la insignificancia. Está claro que no quieren de ninguna manera continuar con esas políticas, pero también está claro que a nadie le importa lo que quieran los italianos. Democracia en estado puro.

Pero el premio al espíritu democrático debe ser, en mi opinión, para el señor Enrico Letta, vicesecretario del PD (el partido liderado por Bersani). Nada más conocerse los resultados, este buen señor ha dicho: "Si las cosas están así, se tiene que hacer rápidamente una nueva ley electoral y volver a votar". Entiendo que la reforma sería para garantizar que haya una mayoría absluta voten lo que voten los italianos. Visto de otro modo, lo que el señor Letta viene a decir es "como no nos gusta lo que habéis votado, haremos una reforma para obtener el resultado que queremos, pero de forma que parezca que lo habéis decidido vosotros".

A lo mejor la comparación es absurda, pero me ha recordado aquellas viejas películas de gangsters. Ya sabéis, cuando el señor Democracia empieza a ser molesto y el jefe le encarga a alguien que se ocupe de él pero, añade, "que parezca un accidente".

viernes, 15 de febrero de 2013

Hombres de hierro en barcos de madera

Ayer me contaron una curiosa anécdota de marinos, que os voy a contar sin entrar en demasiados detalles. Como tal vez sepáis, entre los distintos tipos de buques con que cuenta cualquier marina de guerra están los dragaminas. Por la función que cumplen, estos barcos se construyen en materiales no magnéticos; hoy, según creo, de fibra, y en otro tiempo de madera. La Armada Española tuvo entre sus barcos una serie de estos dragaminas con casco de madera entregados en los años cincuenta. Entre ellos el Nalón, el Turia, el Ulla y otros cuyos nombres no recuerdo.

En los años sesenta, unos periodistas pidieron y obtuvieron permiso para embarcarse en estos buques durante unas maniobras, con intención de escribir sobre los barcos y sus tripulaciones. Por desgracia para ellos, durante las maniobras hubo mal tiempo y se pasaron la navegación mareados y vomitando. Según parece, al desembarcar uno de los tripulantes les dijo, por tomarles el pelo "Vinisteis para escribir y no habéis escrito nada", a lo que le contestaron "no te preocupes, que ya escribiremos". Al día siguiente apareció el reportaje en la prensa con el titular Hombres de hierro en barcos de madera.

Hasta aquí la anécdota tal como me la contaron. Ignoro hasta qué punto es exacta, aunque no tengo ninguna razón para dudar de quien me la contó. Sentí curiosidad y me puse a buscar el reportaje en Internet, hasta encontrar uno, supongo que el mismo, publicado en 1965 en Blanco y negro, el suplemento semanal del diario ABC, que corrobora la anécdota aunque no, y por eso los omito, en todos sus detalles.

El titular no era original de los periodistas, sino que parece tener su origen en la Segunda Guerra Mundial debido a la dureza y peligrosidad del trabajo que realizaban los tripulantes de estos buques y a las numerosas bajas que sufrían por las minas que explotaban. Posteriormente se aplicó también a los tripulantes de otros tipos de barcos, como los de pesca.

En todo caso, sea o no exacta, me gustó la anécdota. Y se aplique a quien se aplique, es una bonita manera de definir a estos marinos.


jueves, 7 de febrero de 2013

La presunción de inocencia y otras historias

Repetido hasta la saciedad, hasta el aburrimiento. Un político es señalado como sospechoso de corrupción e inmediatamente todos los partidos de la oposición  exigen su dimisión, al tiempo que los del suyo reclaman la presunción de inocencia. Al día siguiente el señalado es del partido contrario y se intercambian los papeles: los que ayer exigían dimisiones reclaman la presunción de inocencia, y los que ayer exigían para sí la presunción de inocencia reclaman dimisiones.

Vayamos por partes. La presunción de inocencia es un principio totalmente lógico y razonable del Derecho penal. A nadie se le puede imponer una condena sin que se haya demostrado su culpabilidad. Hasta aquí seguro que todos estamos de acuerdo. Sin embargo este excelente principio del Derecho penal no es en absoluto trasladable a la vida política. Si sobre el señor Fulano Pérez recaen sospechas de actos ilícitos claro que debemos respetar la presunción de inocencia. Pero eso solo significa que no se le puede meter en la cárcel sin que haya sido juzgado, no que no se pueda reclamar su dimisión. El señor Pérez ocupa su cargo porque los ciudadanos lo consideraron digno de confianza, y si tal confianza se pierde es perfectamente razonable esperar que el señor Pérez deje el puesto. Pensar otra cosa en confundir churras con merinas. Claro está que no puede bastar con que cualquiera señale con el dedo para acabar con la carrera política de una persona. Eso, además de ser muy injusto, ciertamente haría imposible toda política sensata. Hablamos de que de verdad existan fundamentos para la desconfianza, o bien que esta sea realmente generalizada.

Y esta es la segunda parte, porque han sido los propios políticos los que han estado sembrando la desconfianza. Me viene a la mente el ejemplo del señor José Blanco. Bastó una filtración de una declaración de un imputado en un juicio, sin más, para que los rivales clamaran por su cabeza. Y pongo este ejemplo tan solo porque es el primero que se me ha ocurrido, no porque tenga especial simpatía ni por el señor Blanco ni por el partido en que milita. La cuestión es que llevan años y años señalandose unos a otros, salpicándose de mierda, pero siempre sin asumir para sí mismos la menor responsabilidad. Escándalo tras escándalo, fueran cuales fueran los indicios y hasta las pruebas palmarias, la reacción siempre ha sido la negación, el "pongo la mano en el fuego", y el "hay que respetar la presunción de incencia". Hasta en el Derecho penal existe la prisión preventiva, hasta en el Derecho administrativo existen las medidas cautelares. Pero en política, no. En política la norma es aferrarse al cargo y proteger al correligionario hasta que un juez diga que eres un delincuente. Y aún entonces habrá siempre algún imbécil que diga aquello de "acato la sentencia pero no la comparto".

Siembra vientos y recogerás tempestades. Una iniciativa en Internet acaba de obtener un millón de firmas por la dimisión del Presidente del Gobierno, todo un record tanto por el número de firmas como por el tiempo en que se han obtenido. Es simbólico, porque las firmas recogidas de este modo no son jurídicamente válidas y, aunque lo fueran, tengo la convicción de que serían igualmente ignoradas. Es simbólico pero sintomático del grado de descomposición al que ha llegado la vida política española. Si el Partido Popular hubiera adoptado otra actitud en ocasiones anteriores, particularmente en la trama Gürtel, tal vez ahora sí estaría en posición de hablar de la presunción de inocencia o, al menos, de hacer ver que pedir la dimisión del Presidente del Gobierno es algo muy serio que no se puede hacer a la ligera. Y lo mismo se aplica, evidentemente, al Partido Socialista. Ni uno ni otro están, a mi juicio, en posición de afirmar que aún cuentan con la confianza de los ciudadanos.

Y nos queda hablar de éstos; porque, como decía en mi anterior entrada, no somos ajenos a esta situación. Nosotros los hemos elegido, en no pocas ocasiones a sabiendas de que eran sospechosos de deshonestidad e incluso estando formalmente acusados ante la justicia. Si ellos no están en posición de decir que cuentan con nuestra confianza, tampoco nosotros, o la mayoría de nosotros, estamos en posición de decir que esa confianza haya sido traicionada. Hoy estoy para refranes: no hay peor sordo que el que no quiere oir. Si preferiste cerrar los ojos y no ver lo que estaba pasando, no digas ahora que no lo sabías. Y no digas que no eres responsable de nada. Lo somos todos, o casi.

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