sábado, 16 de marzo de 2013

Perlas cultivadas en botella

No me preguntéis a qué viene ocuparme ahora de la señora alcaldesa de Madrid, doña Ana Botella. No viene a nada en particular, simplemente un video compartido en una red social me llevó a curiosear un poco en internet y me encontré algunas perlas salidas de la boca de la insigne dama. Y no me resisto a reproducir algunas.

En la presentación de su libro Erase una vez...los mejores cuentos infamtiles comentados doña Ana dijo: La cenicienta es un ejemplo para nuestra vida por los valores que representa. Recibe los malos tratos sin rechistar, busca consuelo en el recuerdo de su madre. Y no le falta razón, desde luego es un magnífico ejemplo de lo que jamás debería suceder. Al menos espero que fuese eso lo que quiso decir.

Lo que no puedo negarle a doña Ana es un gran talento para atribuir responsabilidades. Soberbio, por ejemplo, lo que dijo sobre el desastre del Prestige en la costa de Galicia: En la castástrofe del Prestige solo hay un culpable: el barco. Y es que ya se sabe que la tecnología avanza que es una barbaridad, y ahora los barcos se construyen, mantienen, reparan y tripulan ellos solos. Además, como se ha hundido, nos ahorramos el problema de encontrar una cárcel lo bastante grande para encerrar un petrolero.

Sus explicaciones sobre la polución en Madrid me encantan. Hay dos tipos de partículas, las producidas por los hombres, que son las peligrosas, y las naturales, que son las que han llegado de Africa. Es toda una lección, aunque no sé si de química o de geografía. Pero no es nada comparada con otra sobre la misma cuestión: El paro asfixia más. No se lo discutiré, pero me imagino a un traumatólogo diciéndole a su paciente con esguince: no te quejes, una fractura duele más.

Sin embargo, sus ideas sobre contaminación palidecen ante su enfoque de la limpieza urbana. Los mendigos son una dificultad añadida para la limpieza de las calles. Y es que los muy cabroncetes no se dejan barrer. Lo que no me queda claro es la solución de la señora Botella: acabar con la pobreza o recuperar la ley de vagos y maleantes. En cualquier caso las calles estarían más limpias.

Célebre su opinión sobre el matrimonio homosexual: Las manzanas no son peras. Si se suman una manzana y una pera nunca puede dar dos manzanas. Esta de verdad me hace gracia. "Deshagamos" la metáfora: los hombres no son mujeres. Si se suman un hombre y una mujer nunca puede dar dos hombres. Interprete cada cual lo que quiera. Yo desisto y me pregunto: si los matrimonios entre hombres y mujeres los oficia un cura, entre manzanas y peras ¿quién los oficia? ¿La licuadora?

En fin, amigos, aquí lo dejo. Después de todo que un político español diga una sandez y se quede más ancho que largo no es nada novedoso. Me recuerda aquel libro sobre las burradas de los estudiantes en los exámenes: Antología del disparate. El día que alguien recopile y publique la antología del disparate de los políticos correré a la librería a comprarlo. Diversión garantizada.

martes, 12 de marzo de 2013

Las insidias del ministro

Comenzaré diciendo, para que nadie se llame a engaño, que nunca me ha gustado el señor Montoro. Aclaro esto porque nadie me vaya a decir que no soy imparcial; en efecto, no lo soy ni lo pretendo y atajo la crítica admitiéndolo de antemano. El señor Montoro ya me era antipático antes de ser ministro, sobre todo por su ideología, pero también por sus actitudes. En realidad tendría que decir que no me gusta ni uno solo de los miembros del Gobierno. El único del que tenía buena opinión era don Alberto Ruiz-Gallardón, hasta que fue nombrado ministro, ahora tengo tan mala opinión de él como de los demás. O quizá peor porque esperaba otra cosa de él.

Pero me desvío, hablaba del señor Montoro, su ideología y sus actitudes. De su ideología y de la nefasta política fiscal del Gobierno no hablaré otra vez, al menos por ahora, pero si de las actitudes del ministro. Más concretamente, de esa manía que parece haberle entrado de hacer insinuaciones. Cualquier colectivo que se muestre crítico con la política del Gobierno es inmediatamente respondido por el señor ministro con una insinuación de que no pagan sus impuestos. Lo insinuó en el Congreso de los diputados de la oposición, de los actores tras la gala de los premios Goya, recientemente de los periodistas y entre medias otro colectivo que ahora no recuerdo.

Dejemos de lado que estas insinuaciones las haga el mismo hombre que decretó una aministía fiscal para los grandes defraudadores. La pregunta es ¿es esta actitud propia de un ministro de hacienda? ¿Es propio de un miembro del Gobierno que tanto habla de confianza sembrar la duda y la discordia sin aportar un solo dato? Permitid que me responda yo mismo: rotundamente no. Pero voy más lejos. Si el señor Montoro tiene indicios razonables de que hay fraude fiscal en estos colectivos lo que debe hacer es actuar en consecuencia, para eso es ministro del ramo. Si no lo hace está consintiendo el fraude fiscal, a mayores de la vergüenza de la amnistía.

Si no tiene tales indicios, sus insinuaciones son solo palabras que envuelven una mala intención. Que es exactamente la segunda acepción con que la Academia de la Lengua define esa palabra tan querida al señor Rajoy: insidias.