martes, 25 de junio de 2013

Becas, tasas y excelencia

Creo que es una buena costumbre, que procuro seguir en este blog, aclarar cuándo escribo sobre datos de primera mano y cuándo no. Aclaro por tanto que no he leído el anteproyecto de ley de reforma del sistema educativo, sino que escribo de lo que sobre ella se publica y comenta en los medios de comunicación. En consecuencia me limito a los aspectos que han suscitado más titulares: las becas y las tasas.

Las tasas, como es sabido, se han incrementado con el objetivo, para mí erróneo y falaz, de aproximarlas al coste real de los estudios. El incremento hace hincapié en la segunda y sucesivas matrículas con el argumento de que así se penaliza a los malos estudiantes y se fomenta la excelencia. Directa o indirectamente ya he escrito antes sobre ambas cuestiones, pero me repetiré.

Las tasas universitarias no tienen por qué aproximarse al coste real, es éste un argumento mercantilista que no responde en absoluto a lo que es y debe ser un servicio público en el que, por definición, lo primordial es la prestación del servicio y los aspectos económicos vienen después. Ojo, no estoy diciendo que no haya que mirar los aspectos económicos, sino que hay que tener claras las prioridades. Es obvio que no podemos tener un servicio público mejor que el que podamos permitirnos, pero esa no es la cuestión aquí porque sí podemos mantener una enseñanza pública de calidad  sin incrementar las tasas. El problema de los servicios públicos españoles no es el exceso de gasto, sino la insuficiencia de ingresos debida al sistema fiscal. Permitidme que esta afirmación no la argumente aquí, os remito, si queréis conocer mi opinión, a las entradas que he publicado sobre esa cuestión.

En cuanto a penalizar a los malos estudiantes y fomentar la excelencia, es un argumento engañoso. Dicho así seguro que nadie tendrá nada que objetar, todos de acuerdo. El problema es que el incremento de tasas no va a lograr eso ni por asomo, porque ni se penaliza a los malos estudiantes ni se premia a los buenos. Lo que se hace es excluir a los estudiantes que no puedan pagar la segunda matrícula, mientras  los más pudientes se pueden permitir la segunda, la tercera y las que hagan falta. La excelencia, si ese fuera realmente el objetivo, se lograría mucho mejor con un sistema educativo de calidad y un adecuado nivel de exigencia para todos los alumnos, sea cual sea su capacidad económica.

En cuanto a las becas, también es sabido que el señor Wert pretende incrementar la exigencia para su concesión de una calificación de 5,5 a 6,5. El argumento es el mismo, el supuesto fomento de la excelencia, y la respuesta por tanto también: la excelencia se logra con un sistema educativo de calidad y un adecuado nivel de exigencia para todos los alumnos. Pero aquí hay algo más que decir, bastante más.

Me gustaría, antes de entrar en lo que yo entiendo que es la esencia del problema, salir al paso de un par de falacias. En primer lugar están los columnistas, tertulianos y opinantes varios afines al Gobierno que ante cualquier objeción a la reforma preguntan, con estas palabras u otras similares  ¿A igual capacidad económica a quién prefieres que se le dé la beca, al que se esfuerza o al vago? En las tertulias televisivas suelen preguntarlo insistentemente y a gritos, intentando forzar al rival a dar la respuesta que ellos quieren. Pero señores míos, esa no es ni ha sido nunca la disyuntiva, nadie propone que se le concedan becas a los vagos. Estamos hablando de conceder becas a los alumnos que aprueban, por tanto que demuestran su capacidad e interés, pero no pueden costearse los estudios. Vamos a dejarnos de preguntas estúpidas propias de discusión de parvulario y debatamos el tema con seriedad.

La otra cuestión a la que quiero salir al paso es el reciente comentario del señor Wert de que un estudiante que no obtiene un 6,5 tal vez esté mal encaminado y debería estar estudiando otra cosa. No ha aclarado, que yo sepa, si con "otra cosa" se refiere a otra carrera universitaria, a una formación profesional o a qué. En todo caso no importa, es otra afirmación estúpida. Primero porque, si el aprobado es un 5 es porque se entiende que quien obtiene esa calificación ha obtenido los conocimientos y habilidades necesarias para que se le otorgue el título y ejercer la profesión. ¿Por qué iba a estar mal encaminado el que no obtiene un 6,5?  Estará mal encaminado el que suspende, digo yo. ¿Que tal vez podría conseguir mejores resultados en otros estudios? Pues sí, igual que el que saca un 7 o matrícula de honor. O no.

Pero es que, además, cuando el señor Wert habla del alumno que no saca un 6,5 en realidad está hablando del alumno pobre que no saca un 6,5. Para el estudiante con recursos económicos no se plantea si está bien o mal encaminado: puede pagarlo y punto. Una vez más, no se fomenta la excelencia, sino la desigualdad. Lo que propone  el señor Wert es que el alumno pobre tenga que rendir un 30% más que el rico para no quedar excluido.

Un apunte más, relacionando ya tasas y becas. Ha dicho también el señor Wert para justificarse que al estudiante becado se le paga por estudiar. Y yo añado que al no becado también. Las tasas solo cubren en realidad entre el 15 y el 20% del coste de los estudios. El alumno becado que no obtenga un 6,5 se verá muy probablemente abocado a dejar de estudiar, mientras que al que obtenga un 5 pero pueda pagar la matrícula seguiremos costeándole entre el 80 y el 85% de sus estudios. Justo, lo que se dice justo, no parece.

Y termino ya, ahora sí, con lo que yo creo que es el verdadero meollo del asunto. Y es que el señor Wert y el Gobierno del que forma parte no han entendido o no quieren entender la finalidad de una enseñanza pública y un sistema de becas. Las becas no están para fomentar excelencias ni para premiar o penalizar a nadie. Repito, una vez más, que eso se consigue con un sistema educativo de calidad y unos adecuados niveles de exigencia para todos los alumnos, becados o no. La enseñanza pública y las becas existen para garantizar que toda persona con la capacidad adecuada pueda estudiar si lo desea, con independencia de su nivel económico o el de su familia, así como para garantizar la igualdad de oportunidades.

Incrementar el coste de segunda matrícula podrá ser discutible, pero no se pretenda argumentarlo en que así se penaliza al mal estudiante, porque no es cierto. Lo que se hace es privilegiar al estudiante malo pero con dinero. Y exigir niveles de rendimiento diferentes a los estudiantes en función de su capacidad económica no me parece algo discutible en absoluto: es injusto sin más. Y es también, en mi humilde opinión, manifiestamente contrario sino a la letra al menos al espíritu de nuestra Constitución, que dice con rotunda claridad que todos tienen el derecho a la educación y que los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.

Todos es todos.

ENTRADAS RELACIONADAS:

Sobre el sistema educativo

martes, 18 de junio de 2013

A lingua das peaxes

Esta mañá lin no diario "La Voz de Galicia" que o Ministerio de Fomento vai obrigar a que os sinais das peaxes nas autopistas galegas estean rotulados en castelán, galego e inglés. Non é que sexa unha noticia de primeira magnitude, máis ben é das que esquecemos ó día seguinte, pero ó meu ver a cousa ten a súa miga. Xa ven dun tempo atrás, seica antes os sinais estaban só en galego e inglés, o pode que fora só en castelán e inglés, e houbo protestas, denuncias, intervencións do valedor do pobo... Unha polémica do carallo, que na miña opinión demostra que nos volvemos tolos.

Supoñamos que estiveran rotulados tan só en castelán. ¿Sería tan grave? A fin de contas, a meirande parte dos galegos somos bilingües e tanto nos ten en qué lingua estean. O máis probable e que nin sequera nos decatáramos. Eu, dende logo, non me decatara hata que o lín no xornal de hoxe. Pero claro, haberá quen diga que o galego é lingua cooficial en Galicia e os sinais deben estar nesa lingua. Tamén, claro, por mor daquilo do fomento e protección da lingua galega, a conservación da cultura e todo iso.

Moi ben, non son malas razóns. Supoñamos entón que estiveran tan só en galego. ¿Sería tan grave? A verdade, dubido moito que un señor ou señora de Albacete se comera a barreira por non entender que "peaxe" é o mesmo que "peaje". Moi bruto hai que ser para non entendelo. Pero claro, entón haberá quen diga que o castelán é a lingua oficial do Estado, e que os sinais deben estar nesa lingua e non só en galego. De feito, parece que hai unha normativa que obriga a que estean en castelán e inglés.

E isto é o máis rechamante. ¿Por qué en inglés? Que eu saiba, e mentres non recuperemos Xibraltar, non é lingua oficial en ningunha parte de España. Dirá algún que é para que o entendan os estranxeiros, pero eu digo ¿e qué pasa cos estranxeiros que non entendan inglés? Se somos lóxicos debería estar tamén, cando menos, en árabe, seica en francés, en alemán por aquilo de que a fin de contas van ser os donos de aquí a tres días, e dado o crece a comunidade chinesa, en chinés. O mellor, co que tardaríamos en atopa-la nosa lingua sí que nos comíamos a barreira, pero ese é un mal menor por ser políticamente correctos.

Hai outra solución alternativa. Parece que ningúen pensóu nos analfabetos, que non o ían entender esta na lingua que estea. Propoño cambiar os rótulos por un debuxo ilustrativo, a ser posible de Miquel Barceló. Costaríanos un pastón, pero así estariamos definitivamente seguros de que non o entendía nin Deus.


sábado, 8 de junio de 2013

El paro desestacionalizado

Nos decía el señor Rajoy, antes de que se publicaran los datos del paro del mes de mayo, que iban a ser esperanzadores. Bien, ahora ya están publicados y resulta que el paro registrado ha disminuido con respecto a abril en 98.265 personas. Un dato positivo según el Gobierno, que indica el inicio de la recuperación. Naturalmente de inmediato le han recordado lo que la actual Vicepresidenta decía hace dos años al Gobierno anterior: decir que el paro baja en mayo es como decir que los días son más largos.

¿Quién tiene razón? Yo no voy a contestar a esa pregunta, tan solo quiero aportar algunos elementos para la reflexión y que cada cual extraiga su propia conclusión. Como en ocasiones anteriores, los datos que utilizo en esta entrada son de paro registrado, no de la EPA, y están extraidos de las estadísiticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. En la primera tabla podemos ver las cifras de paro registrado desde enero de 2007 hasta mayo de este año.


Paro registrado

 Todos los cálculos que siguen están elaborados sobre esta tabla. Observad que utilizo datos de paro "bruto", no de tasa de paro. No tengo por tanto en cuenta las variaciones de la población activa, lo que sería más correcto pero haría todo un poco más engorroso. Tampoco considero datos anteriores a 2007, porque creo que lo que realmente interesa es la evolución desde el inicio de la crisis y porque así me evito trabajar con tendencias cíclicas.

Todos sabemos que el paro tiene un componente estacional, aumenta en determinados meses y disminuye en otros. Por ejemplo, es normal que el paro baje en verano debido a las contrataciones temporales en el sector de la hostelería. De ahí el comentario de doña Soraya y de ahí el actual escepticismo de la oposicón. Los papeles, por cierto, son intercambiables. El Gobierno siempre ve muy positivo el descenso del paro en tal o cual mes, y la oposición siempe lo atribuye a la estacionalidad, con independencia de quiénes estén en el Gobierno y quiénes en la oposición.

Por tanto de lo que se trata es de saber si el descenso del paro en mayo es mayor o menor de lo que cabe atribuir a la tendencia estacional. Una primera aproximación un tanto tosca es no comparar el dato con el del mes anterior, lo que en realidad tiene poco sentido, sino con el del mismo mes del año anterior. Y resulta que en estos doce meses el desempleo ha aumentado en 176.806 personas. Esto parece contradecir al Gobierno, pero en rigor es un dato acumulado de doce meses que nada nos dice sobre la estacionalidad.

Lo que debemos hacer es "desestacionalizar" la serie. Es decir convertir la serie de datos original en otra de la que hayamos extraído el componente estacional. Para eso existen varios métodos matemáticos, yo lo haré a mi manera y sin la menor pretensión de rigor científico.

Lo primero es hallar la tendencia de fondo de la serie, normalmente llamada tendencia secular. Eso puede hacerse, por ejemplo, mediante el sencillo sistema de medias móviles. Yo he preferido utilizar la regresión lineal, que para los poco duchos en matemáticas, consiste en obtener la línea recta que mejor se ajuste a la serie de datos. La calidad de ese ajuste puede medirse por el coeficiente de correlación, un número que oscila entre cero, cuando no hay ninguna correlación, y uno cuando es perfecta. En este caso es de 0,964 y por tanto bastante buena. La siguiente tabla recoge los valores que nos da la tendencia de fondo.

Datos de tendencia
Para verlo más claro, pongamos ambas tablas en forma de gráfico. La línea azul de la siguente gráfica son los datos reales de paro registrado, en la que pueden apreciarse las subidas y bajadas constantes debidas al componente estacional. La línea roja es la tendencia de fondo.

Paro y tendencia
Si ahora dividimos las cifras de la primera tabla entre los de la segunda, extraemos la tendencia secular, quedándonos solamente con las oscilaciones que se han ido produciendo sobre ella en forma de índices. Lo vemos en la siguiente tabla y el siguiente gráfico.



En el gráfico puede apreciarse como hasta finales de 2008 el paro creció por debajo de la tendencia, entre finales de 2008 y mayo de 2011, el peor período de destrucción de empleo, creció por encima de ella, y desde entonces hasta ahora se ha estabilizado por debajo de la tendencia. Esto último es de notar, la estabilización se inició con el Gobierno anterior y no parece haberse alterado significativamente hasta hoy. En la tabla veréis que en la última columna he hallado la media para cada mes, considernado solo hasta 2012, último año completo. Estos ya son, por fin, los índices de estacionalidad. El siguiente paso sería normalizarlos. Yo no lo he hecho porque la diferencia era muy pequeña y no quería añadir otro paso a una exposición ya de por sí tediosa.

El último paso ya es destacionalizar la serie. Igual que antes extrajimos la tendencia para obtener las variaciones estacionales ahora hacemos lo contrario, eliminar las variaciones estacionales dividiendo los datos de la tabla original entre los índices de estacionalidad. De ese modo obtenemos la evolución del paro que no es atribuible a la estacionalidad. Lo vemos en el último gráfico.


La línea azul es la misma que en el primer gráfico: la evolución del paro registrado en términos absolutos. La línea roja es la evolución desestacionalizada. Como dije al principio, extraiga cada cual su propia conclusión.

Termino insistiendo en que todos estos cálculos son solo una aproximación al problema de un mero aficionado y no tienen la menor pretensión de rigor científico. Si hay algún lector con conocimientos matemáticos mas sólidos y profundos que los míos, le animo a corregirme en todo lo que sea necesario. Y a todos os animo, en esta o en otras cuestiones, a analizar los datos por vosotros mismos o, si no tenéis los conocimientos necesarios, a buscar opiniones más rigurosas (que triste es decirlo) que las de nuestros políticos.

Nota

Después de publicar esta entrad me quedé pensando si los resultados habrían sido muy diferentes de haber utlizado otro procedimiento o haberme remontado más atrás. Sentía curiosidad, así que realicé de nuevo los cálculos con tres diferencias: a) utilicé datos desde 2005 en lugar de 2007, b) utilicé las medias móviles en lugar de la regresión, y c) esta vez normalicé los índces. Suponía que la diferencia sería apreciable y pensaba utilizarlo para comentar que las "ciencias exactas" no lo son tanto. Para mi sorpresa, los gráficos finales son tan parecidos que apenas se distinguen.




Por qué un comité de expertos

Como ya sabréis, el comité de "expertos" nombrado para estudiar la reforma del sistema de pensiones acaba de presentar su informe. Según las primeras noticias publicadas (porque obviamente no he leído el informe en sí) recomiendan desvinculara la actualización de las pensiones del IPC, introducir un factor de sostenibilidad que permitiría bajarlas en tiempo de crisis, tener en cuenta la esperanza de vida, computar las cotizaciones de toda la vida laboral... Es más o menos lo que suponía que iban a recomendar, y no porque yo sea adivino, sino porque estaba "cantado".

Entrecomillo la palabra expertos porque lo primero que deberíamos preguntarnos es qué es exactamete lo que les convierte en tales, y por qué se les ha elegido a ellos y no a otros. No es que dude de su valía, pero resulta extraño que de estas doce personas ocho procedan del ámbito de la banca y las aseguradoras privadas. Por el contrario, tan solo uno es catedrático de Derecho del trabajo y la Seguridad Social.

Y es que en mi opinión el dichoso comité de "expertos" nunca ha tenido otra finalidad que dar una apariencia técnica o científica a lo que ya estaba decidido de antemano. De hacer ver que no es una decisión política sino algo inevitable. O por decirlo de otro modo, que la conclusión precedió al estudio. Pero no es en absoluto una cuestión puramente técnica, es política y debe serlo.

Me explico. Me parece obvio que cuando hablamos de pensiones lo primero que tenemos que decidir es si queremos un sistema público o privado, de reparto o de capitalización. Básicamente, si queremos un sistema individualista o solidario, lo que equivale a decidir en qué tipo de sociedad queremos vivir. Eso es una cuestión de principios y por lo tanto política, y no puede quedar de ningún modo en manos de una docena de personas, por muy expertas que sean. En esto no tienen nada que ver demografías, fiscalidades ni esperanzas de vida. Eso viene después, una vez decidido qué modelo queremos tener. Entonces y sólo entonces tendremos que considerar cómo lo implementamos y cómo lo financiamos.

Como apuntaba antes, lo que se está haciendo es exactamente lo contrario. Primero se han considerado las cuestiones relativas a la financiación para extraer la conclusión, que en realidad era premisa, de que hay que cambiar el modelo.

Para comprender hasta qué punto es así, solo hay que notar dos cuestiones muy llamativas. La primera es que, siendo la coartada la financiación y la supuesta inviabilidad económica del sistema, no se mencione la cuestión de los ingresos. Solo se habla del gasto. Ni una palabra para el escandaloso fraude fiscal, ni una palabra para el desigual tratamiento fiscal de las rentas de capital y trabajo. Hay otras alternativas que los "expertos" no mencionan: subir determinados impuestos o subir -¿por qué no?- las cotizaciones sociales.

La segunda cuestión es que un sistema de reparto no depende tan sólo ni de la demografía ni de la fiscalidad. Depende también de la productividad del trabajo, lo que tampoco se menciona aunque sería ciertamente interesante. Y depende también y sobre todo de la relación entre cotizantes y pensionistas, que no es solo cuestión de demografía. Es tener a más de la cuarta parte de la población activa desempleada lo que de verdad está destrozando la caja de la Seguridad Social.

Ni una sola palabra para estas cuestiones. ¿Por qué? Una de dos: o los "expertos" son unos supinos incompententes, o tenían perfectamente claro cuál debía ser la conclusión. No sé vosotros, pero yo empecé a leer y aprender sobre estas cuestiones hacia el año noventa y siete. Y ya entonces, hace dieciséis años, comprendí que había quienes tenían claro que no debíamos tener un sistema de pensiones público y solidario, sino uno individualista y privado.

Como decía, no tengo nada de adivino. Es que hace al menos dieciséis años que se veía venir. Lo malo es que la mayoría no lo quisimos ver, y los que lo veíamos no hicimos lo que teníamos que hacer. Salvo honrosas excepciones, por supuesto, entre las que no me encuentro yo.

domingo, 2 de junio de 2013

Economistas frente a la crisis

Acabo de ver en el blog Al Este de Epem dos videos de la presentación de la Asociación de Economistas frente a la crisis que resumen perfectamente buena parte de lo que llevo dos años escribiendo aquí, magníficamente expresado por personas con mucha más autoridad en la materia. Aquí os dejo uno de ellos:




Podéis ver más sobre esta asociación en su página http://economistasfrentealacrisis.wordpress.com/, seguir su cuenta de twitter @MadridEco, o su página en Facebook https://www.facebook.com/#!/EconomistasFrentealaCrisis?fref=ts. Creo que merece la pena.

martes, 14 de mayo de 2013

La mentira de la rigidez laboral

Hace ya más de un año que escribí en este blog sobre la supuesta rigidez del mercado laboral español, cuando estábamos en vísperas de la funesta reforma laboral perpetrada en marzo del año pasado. Vuelvo sobre el tema porque a pesar de su manifiesta ineficacia, otra vez se exigen a España, desde las instancias que todos sabemos ya, nuevas reformas que "flexibilicen" nuestro mercado laboral.

Un inciso antes de entrar en materia para hacer notar la significativa expresión mercado laboral. No se trata de flexibilizar las relaciones laborales o el ordenamiento jurídico laboral, sino el mercado laboral. El conocido principio de la OIT el trabajo no es una mercancía no significa nada, son solo palabras sin valor. Todo es mercado y todo es mercancía, incluidas las personas, su trabajo y sus medios de vida.

Al grano. La tesis es que la rigidez de las relaciones de trabajo en España es la causa de nuestra elevada tasa de desempleo. A ello se añade que que hay que acabar con la dualidad de la contratación indefinida y temporal, para lo que se propone un contrato único. Dejaré de lado la discusión sobre si está o no justificado que existan distintas modalidades de contrato y diré que, en principio, no tengo nada que objetar a que se acabe con esa dualidad. A lo que objeto es a que se haga acabando con los contratos estables y haciéndolos todos precarios.

En cuanto al tema que da título a esta entrada, la primera pregunta que deberíamos hacernos, como ya apuntaba el año pasado, es si de verdad las relaciones laborales en España son rígidas. No creo que debamos aceptar esa afirmación sin ninguna comprobación, especialmente teniendo en cuenta lo que nos va en ello. Veámoslo con datos. Todas las tablas que incluyo a continuación son datos oficiales del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, que podéis comprobar en su web.

Contratos registrados
Esta primera tabla recoge los contratos registrados en España desde 2007. Considerando solo los años completos, entre ese año y 2012 se registró la friolera de 92.336.555 contratos. El dato, así en bruto, quizá no diga mucho. Veamos la siguiente tabla, que recoge los trabajadores activos en el mismo período. Por trabajadores activos se entiende la suma de ocupados y desmpleados.

Trabajadores activos
El promedio de activos en el mismo período es de 22.886.510 personas. Por lo tanto y redondeando sale a una media de cuatro contratos por trabajador en un período de seis años. A mí no me parece tanta rigidez, especialmente considerando que he hecho el cálculo sobre los activos. Eso quiere decir que le estoy computando una media de contratos a personas que en realidad no han tenido contrato alguno. Y pasamos al dato siguiente, el paro registrado.


Paro registrado

Debo puntualizar que esta estadística recoge el paro registrado. Si tomásemos los datos de la EPA, más fiable, las cifras serían bastante mayores. Si no lo hago así es por seguir la misma fuente y el mismo criterio en todas las tablas, de modo que sean perfectamente comparables. Con estos datos, y calculando un poco burdamente una media de trabajadores desempleados en ese período de algo más de tres millones y medio, los cuatro contratos por trabajador activo se convierten en 4,8 por trabador ocupado. Eso en un período de seis años.

Una última tabla para completar el cuadro, la comparación entre contratos indefinidos y trabajos temporales registrados en los mismos años.

Contratos infefinidos y temporales
Esta tabla no deja lugar a dudas. Siempre refiriéndonos al período 2007-2012, resulta que el noventa por ciento de los contratos registrados fueron temporales. ¡Qué rigidez! No llega ni al cien por cien.

Hasta ahora hemos hablado solo de contratos celebrados, pero no de los destruidos. Si el número de contratos registrados fue en esos años, como hemos visto, de 92.336.555, y el número de desmpleados registrados en el mismo período aumentó en 2.266.215, resulta que se han extinguido en seis años 95.107.770 contratos. O sea que a cada trabajador activo lo han puesto de patitas en la calle 4,16 veces en seis años. O 4,9 si en lugar de trabajadores activos consideramos a los ocupados. Y eso que, insisto, trabajamos con datos de paro registrado y no de la EPA.

Y con esto creo que estamos en condiciones de contestar a la pregunta. Yo diría que las relaciones de trabajo en España, lejos de ser rígidas, son considerablemente flexibles. De hecho, más que flexibles yo las tildaría de precarias. A pesar de ello, podría quedar la duda de si el marco jurídico es la causa de la elevada tasa de desempleo. Si volvemos a la tabla de paro registrado, vemos que entre enero de 2007 y diciembre de 2009, el número de desempleados se duplicó sin que se hubiera producido ningún cambio en la normativa. Por el contrario, las "flexibilizaciones" introducidas por el Gobierno socialista primero y por el popular después, no solo no han hecho que disminuya, sino que ha seguido aumentando. Lo que deja en evidencia la falsedad de esa supuesta relación de causa-efecto.

¿Entonces por qué se sigue insistiendo en la flexibilización? En mi humilde opinión, por ideología. No creo en absoluto que las reformas tengan la intención de combatir el paro. Su objetivo, o eso creo yo, no es ni ha sido nunca otro que la famosa "devaluación interna", un eufemismo que no significa otra cosa que un descenso generalizado de los salarios. La ecuación es simple: cuando el empleo es precario los trabajadores aceptan peores condiciones de trabajo. Y  mientras nadie me demuestre lo contrario, ésa si que afirmo que es una relación de causa-efecto.

ENTRADAS RELACIONADAS:

miércoles, 27 de febrero de 2013

Que parezca un accidente

Una vez más los lideres europeos dan una lección de democracia. Me refiero, claro está, a los resultados de las elecciones italianas. Por todas partes la reacción es hablar de inestabilidad y hasta de ingobernabilidad, ¿os suena? Es la misma cantinela cada vez que ningún partido logra la mayoría absoluta. Lo cierto es que, si los líderes políticos tienen sentido común suficiente como para llegar a acuerdos entre ellos, la falta de mayoría absoluta no hace un país ni más ni menos gobernable. El problema son ellos, no lo que han votado los ciudadanos.

Pero los políticos siempre han tenido su propia manera de entender la democracia. En particular la señora Merkel, que ha "advertido" a Italia de que no tiene más opción que continuar con las políticas del señor Monti. Los italianos, en uso de su soberanía, han relegado al señor Monti y su partido a la insignificancia. Está claro que no quieren de ninguna manera continuar con esas políticas, pero también está claro que a nadie le importa lo que quieran los italianos. Democracia en estado puro.

Pero el premio al espíritu democrático debe ser, en mi opinión, para el señor Enrico Letta, vicesecretario del PD (el partido liderado por Bersani). Nada más conocerse los resultados, este buen señor ha dicho: "Si las cosas están así, se tiene que hacer rápidamente una nueva ley electoral y volver a votar". Entiendo que la reforma sería para garantizar que haya una mayoría absluta voten lo que voten los italianos. Visto de otro modo, lo que el señor Letta viene a decir es "como no nos gusta lo que habéis votado, haremos una reforma para obtener el resultado que queremos, pero de forma que parezca que lo habéis decidido vosotros".

A lo mejor la comparación es absurda, pero me ha recordado aquellas viejas películas de gangsters. Ya sabéis, cuando el señor Democracia empieza a ser molesto y el jefe le encarga a alguien que se ocupe de él pero, añade, "que parezca un accidente".