sábado, 11 de mayo de 2013

Opiniones de doña Soraya

Llevo casi un mes sin aparecer por aquí, lo que es bastante tiempo considerando la frecuencia con que solía escribir antes. La verdad es que no me apetecía. Si no escribo más no es por falta de temas ni por falta de tiempo, sino por falta de ganas. Y si hoy me pongo a ello es más que nada por no dejar que el blog muera de inanición. Dicho esto, vamos al tema.

Retomo un libro que ya he comentado varias veces en ocasiones anteriores: La España que necesitamos (Almuzara, 2011). Se trata, como recordaréis si habéis leido las entradas anteriores, de un conjunto de artículos escritos por personas relevantes en la vida pública española, y publicado poco antes de las elecciones generales.

Hoy, como sigo un poco perezoso, me voy a ahorrar los comentarios, y me limitaré a copiar textualmente algunos párrafos del artículo La política como motor de cambio, cuya autora es la actual vicepresidenta, ministra de la presidencia y portavoz del Gobierno, doña Soraya Saenz de Santamaría. La valoración os la dejo a vosotros.

Renuncian a las políticas de crecimiento y creación de empleo. Prueba de ello es que auguran que 2011 acabará con un desmpleo que ronda el 20%. Y consagran el recorte de las políticas sociales. En definitiva, un año más los presupuestos de Zapatero son parte, más del problema, que de la solución a la crisis.

Empezaré por el Parlamento, que debe recuperar la función que tiene constitucionalmente. Volver a ser la expresión de la soberanía nacional y que el pueblo lo perciba así. Esto significa [...] que las grandes políticas de Estado se fragüen en pactos parlamentarios con vocación de permanencia, transparencia y lealtad recíprocas.

Una de las primeras reformas tiene que ser definir una nuevo política fiscal. Responsable desde el punto de vista del gasto y del ingreso. (Nota: el subrayado es mío)

No puede haber confianza si el Gobierno yerra continuamente en la percepción de la profundidad de la crisis. Si año tras año sus previsiones son ilusorias. Si incumple sistemáticamente los objetivos. Si anuncia una medida y hace la contraria. Si alimenta expectativas que acaban engordando frustraciones.

Un Gobierno así no puede liderar el cambio y la recuperación. No puede hacerlo porque mina la confianza. Pero, sobre todo, porque [...] está contribuyendo  a que se produzca lo más grave que puede sucederle a un país: que se instale la desmoralización en una sociedad a la que la crisis empieza a pesar demasiado sobre sus hombros.

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