martes, 12 de marzo de 2013

Las insidias del ministro

Comenzaré diciendo, para que nadie se llame a engaño, que nunca me ha gustado el señor Montoro. Aclaro esto porque nadie me vaya a decir que no soy imparcial; en efecto, no lo soy ni lo pretendo y atajo la crítica admitiéndolo de antemano. El señor Montoro ya me era antipático antes de ser ministro, sobre todo por su ideología, pero también por sus actitudes. En realidad tendría que decir que no me gusta ni uno solo de los miembros del Gobierno. El único del que tenía buena opinión era don Alberto Ruiz-Gallardón, hasta que fue nombrado ministro, ahora tengo tan mala opinión de él como de los demás. O quizá peor porque esperaba otra cosa de él.

Pero me desvío, hablaba del señor Montoro, su ideología y sus actitudes. De su ideología y de la nefasta política fiscal del Gobierno no hablaré otra vez, al menos por ahora, pero si de las actitudes del ministro. Más concretamente, de esa manía que parece haberle entrado de hacer insinuaciones. Cualquier colectivo que se muestre crítico con la política del Gobierno es inmediatamente respondido por el señor ministro con una insinuación de que no pagan sus impuestos. Lo insinuó en el Congreso de los diputados de la oposición, de los actores tras la gala de los premios Goya, recientemente de los periodistas y entre medias otro colectivo que ahora no recuerdo.

Dejemos de lado que estas insinuaciones las haga el mismo hombre que decretó una aministía fiscal para los grandes defraudadores. La pregunta es ¿es esta actitud propia de un ministro de hacienda? ¿Es propio de un miembro del Gobierno que tanto habla de confianza sembrar la duda y la discordia sin aportar un solo dato? Permitid que me responda yo mismo: rotundamente no. Pero voy más lejos. Si el señor Montoro tiene indicios razonables de que hay fraude fiscal en estos colectivos lo que debe hacer es actuar en consecuencia, para eso es ministro del ramo. Si no lo hace está consintiendo el fraude fiscal, a mayores de la vergüenza de la amnistía.

Si no tiene tales indicios, sus insinuaciones son solo palabras que envuelven una mala intención. Que es exactamente la segunda acepción con que la Academia de la Lengua define esa palabra tan querida al señor Rajoy: insidias.

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