jueves, 12 de julio de 2012

¿Para qué escribir?

Ni me apetece ni tenía intención de volver a escribir, al menos durante una buena temporada, de economía, de política, o de cualquier cosa que tenga que ver con la actualidad. Más aún, hace dos semanas que no leo los periódicos ni veo los informativos ni los debates de la televisión. Estoy de vacaciones, dedicado a dormir hasta media mañana, pasear, practicar con la guitarra y poco más. Y ni por esas. Imposible no enterarse del discurso de ayer. Pero tampoco hoy voy a leer las noticias, y casi no merece la pena que escriba esta entrada. ¿Para qué, si ya sabéis o imagináis lo que voy a decir? Dejaré tan solo unos comentarios muy generales, sin entrar en detalles que ignoro.

Dice el señor Presidente que todas las medidas anunciadas son necesarias porque los gastos exceden con mucho a los ingresos. Y esta vez parece que ha decidido por fin (si es que lo ha decidido él) actuar también sobre el lado del ingreso, y no solo del gasto. Por desgracia, ha decidido hacerlo del peor modo posible, subiendo el IVA, lo que se traducirá en un descenso del consumo y un consiguiente agravamiento de la crisis. Una vez más, ninguna medida real contra el fraude, ninguna medida real y efectiva en el Impuesto de Sociedades, ni en los tramos altos del IRPF.

Sospecho que gozará del aplauso de muchos la decisión de reducir el número de concejales, pese a que lo cierto es que gran parte de esos concejales no cobran del erario público. No sé, por tanto, cuánto se ahorrará realmente con esa medida, que parece más para la galería que otra cosa.

También sospecho que recibirá aplausos la decisión de suspender el pago de la segunda extraordinaria a los empleados públicos. La máxima divide y vencerás siempre funciona, y al Gobierno le viene muy bien que los trabajadores se enfrenten entre sí. Pero la medida es injusta y errónea, además de suponer un ahorro mucho menor de lo que se quiere hacer creer. Me detengo un poquito en este punto.

Cuando hablamos de empresas, y especialmente de empresas financieras, casi todos coincidimos en criticar que se privaticen beneficios y se socialicen pérdidas. Pues eso es lo que se está haciendo con los empleados públicos. Cuando se construían viviendas a troche y moche, y un peón de la construcción ganaba tanto como un técnico cualificado de la administración, o más, nadie pensó que hubiera que repartir los beneficios con los funcionarios subiéndoles el sueldo. Sin embargo ahora sí se dice que puesto que la crisis impone una reducción de salarios privados, hay que reducir también los públicos. Es injusto. Por otra parte, reducir los salarios de los empleados públicos va a tener el mismo efecto que la subida del IVA: reducir el consumo y por tanto agravar la recesión. Es erróneo. Además, el dinero que no van a cobrar tampoco va a tributar por IRPF ni devengará cuotas de Seguridad Social, y dado que la extra de navidad se dedica en gran parte al consumo, reducirá el ingreso por IVA. El ahorro va a ser mucho menor de lo que se cree.

La reducción de las prestaciones por desempleo es aún peor. A todo lo dicho sobre los salarios públicos hay que añadir que se ceba con los que ya están sufriendo de la peor manera los efectos de la crisis. Eso sí que es a todas luces injusto, erróneo y estúpido. Con el agravante que supone el insulto de pretender disfrazarlo como una forma de incentivar la búsqueda de empleo. ¡Como si cinco millones de personas las estuviesen pasando putas por pereza! Perdón por la expresión, pero hay que tener los huevos cuadraos.

Como no todo ha de ser negativo, aplaudo yo también la decisión de reducir las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y organizaciones patronales, así como eliminar las subvenciones a la contratación que siempre he creído que eran inútiles. Mejor dicho, lo aplaudiría si no se mantuvieran para el nuevo contrato introducido en la reforma laboral, lo que me hace pensar que lo que se pretende es incentivar este nefasto contrato desincentivando los demás.

Otro punto al que no sé si se presta la debida atención entre tanta medida es la reducción de las cuotas de Seguridad Social. Lo he dicho varias veces, estas cuotas no son ningún impuesto sino salario diferido. Por lo tanto su reducción no es otra cosa que una reducción salarial disfrazada. Por otra parte, si el objetivo de todas estas medidas es reducir el gasto y mejorar el ingreso ¿qué sentido tiene? Solo puede tener uno: compensar a los empresarios por las bonificaciones que desaparecen.

Me preocupa especialmente el anuncio de liberalizaciones, que no es más que un eufemismo para decir privatizaciones, en los transportes públicos. Es un paso más, de difícil vuelta atrás, en el camino hacia el neoliberalismo. No abundo más en este tema del que ya he hablado antes.

Faltan en este paquete otras medidas por las que muchísimos ciudadanos vienen clamando hace tiempo. Falta la reducción o eliminación de coches oficiales, tarjetas de crédito, gastos de viaje y otros similares. No por lo que crea que se puede ahorrar ahí, que quizá no sea mucho, pero con independencia de la relevancia económica tendría una gran importancia en una sociedad harta y desencantada de su clase política.

En fin, como ya he dicho casi no merecía la pena escribir esta entrada para decir lo de siempre. Lo hago de todos modos para animaros a no quedaros de brazos cruzados. Hay otros caminos posibles, otras alternativas, pero tenemos que ser nosotros quienes las exijamos.

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