jueves, 8 de marzo de 2012

Mariano I el evasivo

Desde que el Partido Popular ganó las elecciones y formó gobierno, cada vez que algún miembro del partido socialista les hace una crítica o una pregunta la respuesta invariable es ustedes no pueden hablar de esto porque su gobierno lo hizo peor. No voy a discutir si esto es o no cierto, cada uno se justifica como puede y que un gobierno entrante le eche la culpa de todo al saliente con razón o sin ella es tan habitual que ni me sorprende ni me escandaliza. El problema no está en cargar culpas en el gobierno anterior, el problema está en ese ustedes no pueden hablar de eso, especialmente cuando semejante respuesta se da en el Congreso de los Diputados, porque eso sí que es rotundamente falso.

Cuando el señor Pérez Rubalcaba hace una pregunta el Presidente no puede limitarse a responder ustedes lo hicieron peor, porque no es el anterior Gobierno quien pregunta, ni siquiera el ex-ministro, es el representante electo de siete millones de ciudadanos quien pregunta. Y si el Presidente lo ignora, se muestra displicente o lo ningunea, es con esos siete millones de ciudadanos con quienes se muestra displicente, los ingnora o los ningunea. Incluso podría ir más lejos y opinar que, teniendo el Partido Popular mayoría absoluta por los defectos del sistema electoral y siendo el señor Pérez Rubalcaba el líder de la oposición, ignora a todos los ciudadanos que no votamos al partido en el Gobierno. Me ningunea a mí, y tal vez a tí.

No seré tan osado de afirmar que esta conducta sea exclusiva del señor Rajoy ni del Partido Popular, a todo el que ha tenido la mayoría absoluta en las Cortes se le ha acusado, a menudo con razón, de aplicar el rodillo. Pero ahora aprecio una particular arrogancia que me hace pensar que o bien no han entendido qué es la democracia, o bien lo entienden pero no les importa.  Una actitud que va mucho más allá de echarle la culpa al predecesor y roza el desprecio a la ciudadanía.

La falta de explicaciones, las evasivas, el presentar hechos consumados, podrían excusarse. Incluso el imponer sin ningún diálogo social una reforma laboral que cambia completamente el modelo de relaciones laborales podría excusarse. Lo que no tiene excusa es la justificación, ese absurdo argumento de que los ciudadanos les han votado y por tanto pueden hacer lo que quieran, y todo el que diga lo contrario es un agente de la izquierda que quiere ganar en la calle lo que no ganó en las urnas.

Una manifestación de estudiantes no es una estrategia del Partido Socialista. Una manifestación convocada por los sindicatos no es una estrategia de la izquierda. Son derechos legítimos de los ciudadanos. Y un Presidente de Gobierno o una ministra no pueden, de ninguna manera, decirles a los ciudadanos que no ejerzan sus derechos, que no deben manifestarse. Podrán considerar, por supuesto, que las manifestaciones son equivocadas o inoportunas, pero a título personal o como representantes de su partido, nunca como representantes del Gobierno.

Tampoco un voto en unas elecciones es un voto de confianza ilimitada y mucho menos un cheque en blanco que permita hacer al gobernante su santa voluntad. La soberanía no reside en el Gobierno ni en las Cortes, sino en el pueblo, y las instituciones del Estado tan solo la representan y la ejercen en su nombre. El Presidente y los miembros del Congreso y el Senado tienen la responsabilidad de ejercer sus funciones atendiendo a la voluntad de los ciudadanos; de todos ellos, también los que votaron a otros partidos y tienen derecho a ser escuchados y a recibir explicaciones.

Pensar otra cosa, pensar que haber ganado unas elecciones da poder absoluto durante cuatro años, es no entender la democracia, porque eso no es democracia. Eso se llamaba en otro tiempo monarquía electiva, y los ciudadanos españoles no votamos para elegir un monarca sino un presidente de gobierno. Elegimos al presidente Don Mariano Rajoy Brey, no a Mariano I el evasivo.

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