martes, 14 de febrero de 2012

La reforma laboral (II)

Concluyo hoy el análisis del Capítulo I del Real Decreto-Ley, es decir la parte que no comenté ayer del artículo 2 y el artículo 3. Soy consciente de que a este ritmo voy a tardar más en analizar esta reforma que el Gobierno en hacer otra, por lo que en próximas entradas creo que dejaré de ir por orden para centrarme un poco más en ciertas cuestiones.

El artículo 2, además de lo reseñado ayer modifica el artículo 23 del Estatuto, dedicado a los derechos de formación profesional en el trabajo. Añade a los derechos del trabajador el siguiente:

d) A la formación necesaria para su adaptación a las modificaciones operadas en el puesto de trabajo. La misma correrá a cargo de la empresa, sin perjuicio de la la posibilidad de obtener los créditos destinados a la formación. El tiempo destinado a la formación se considerará en todo caso tiempo de trabajo efectivo.

También se añade el siguiente párrafo:

3. Los trabajadores con al menos un año de antigüedad en la empresa tienen derecho a un permiso retribuido de 20 horas anuales de formación vinculada al puesto de trabajo acumulables por un período de hasta tres años. La concreción del disfrute del permiso se fijará de mutuo acuerdo entre trabajador y empresario.

Estos dos añadidos dotan de cierto contenido al inciso que se añade al artículo 4, y que ayer decía que si no se desarrolla podía quedarse en mera declaración de principios. Desventajas de ir comentando a medida que leo. Ahora digo que no tengo absolutamente nada que objetar y que me parece positivo.

Se modifica también la ley de Empleo para establecer que la formación recibida por el trabajador a lo largo de su carrera se inscribirá en una cuenta de formación vinculada a su número de Seguridad Social. De las anotaciones se encargarán los Servicios Públicos de Empleo. También en esto habrá que esperar para ver cómo se gestiona y cuál es su eficacia real.

Interesante es el último apartado del artículo, que modifica la Ley 45/2002. Se establece que cuando un trabajador empleado participe en acciones formativas financiadas por la Administración, la empresa podrá sustituirlo por beneficiarios de prestaciones por desempleo. El trabajador sustituto seguirá percibiendo la mitad de la prestación, corriendo a cargo de la empresa la diferencia hasta completar el salario correspondiente al puesto y la totalidad de las cotizaciones. La participación para el desempleado será obligatoria. Es obvio que esto tiene la finalidad de reducir el coste de la sustitución para el empresario y que no obstaculice el derecho a los permisos formativos del trabajador. También parece buscar de paso aliviar un poco el coste de las prestaciones por desempleo, pero no me parece mal, creo que es un incentivo razonable para las empresas.

No me gusta en cambio el artículo 3, que establece reducciones en las cuotas de Seguridad Social, tanto a cargo del trabajador como de la empresa, de los contratos de formación y aprendizaje y de su transformación en indefinidos. Se persigue la finalidad, ya declarada en la exposición de motivos, de fomentar este tipo de contrato. No me gusta por una razón sencilla, y es que este tipo de reducciones, bonificaciones y subvenciones llevan aplicándose décadas sin dar ningún fruto tangible. Sirven para reducir los costes salariales del empresario y disminuir la recaudación del Estado por cotizaciones sociales, pero no tienen impacto real en el mercado de trabajo, solo favorecen a unos colectivos en detrimento de otros. Entiéndaseme bien, no me opongo a que se apoye a colectivos con especiales dificultades, pero la generalización de esta práctica la hace perder toda efectividad, solo traslada costes de la empresa al Estado, sin lograr sus objetivos.

P.S. Releo la entrada para comprobar si hay alguna errata y me sorprendo de lo moderado que he sido hoy. No os acostumbréis.

ENRADAS RELACIONADAS:

La reforma laboral (I)
La reforma laboral (III)
La reforma laboral (IV)

 

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