miércoles, 1 de febrero de 2012

La humana providencia

Hará cosa de mes y medio, durante una cena, la conversación en la parte de la mesa donde yo me encontraba derivó hacia la crisis económica. No por casualidad, por cierto. Sabiendo de la afición a la economía de uno de los asistentes, al que no veo con mucha frecuencia, y que otro es licenciado en ciencias económicas, me senté junto a ellos sabiendo cuál sería el tema de conversación. Apenas intervine en ella, limitándome a escuchar atentamente sus opiniones. Una me llamó poderosamente la atención. Ante las perspectivas poco halagüeñas no solo con respecto a la crisis, sino en relación con otros temas como el medio ambiente, opinaba uno de mis contertulios, resumidamente, que se diseñarían nuevos sistemas o se inventarían nuevas tecnologías, pero que la humanidad superaría estos problemas como superó otros en el pasado.

Poco más o menos por las mismas fechas publiqué la entrada Negros augurios, y en los comentarios me dejaron un enlace, que agradezco, a una entrada de otro blog que habla de la ley de Murphy: "si algo puede ir mal, irá mal". La entrada achaca esta célebre frase a nuestra tendencia a enfatizar lo negativo, y concluye aconsejándonos pensar que si algo puede ir bien, irá bien.

Más recientemente, hace pocos días, leía un artículo de opinión en la prensa cuyo autor no recuerdo, y que venía a sustentar la opnión de mi amigo. Decía el columnista que Europa superará esta crisis como superó las hambrunas medievales.

Son ejemplos de una manera de pensar que parece extenderse y que a mí me causa asombro. Me recuerda en cierto modo a la fe en la divina providencia, porque parece como si hubiéramos cambiado los lemas "Dios proveerá" o "Dios no permitirá que eso ocurra" por "la humanidad lo supera todo". La humana providencia.

No tengo más remedio que admitir que yo carezco por completo de esa fe en la capacidad de la humanidad para superarlo todo, entre otras cosas porque para mí el concepto de humanidad significa poco, la humanidad no me importa, me importan los seres humanos. Dudo de que realmente la humanidad pueda superarlo todo, las personas desde luego no pueden. Europa superó la peste del siglo XIV pero ¡a qué precio! Al menos un tercio de los europeos murieron de la epidemia, y los que sobrevivieron vivieron una época terrible. Me disculparán los que así piensan si no quiero esperar a que la humana providencia solucione nuestros problemas.

Me disculparán igualmente los autores de "La macedonia", pero la ley de Murphy no es tan solo una tendencia a enfatizar lo negativo. Sin ser una ley inexorable, sino un principio general, tiene una base sólida y racional. Por pequeña que sea la probabilidad de un suceso, si se reiteran las ocasiones acabará produciéndose, es una cuestión de probabilidad. Cualquiera que tenga un conocimiento elemental del cálculo de probabilidades sabe que la probabilidad de sacar tres seises al lanzar un dado tres veces es relativamente pequeña, y cualquier jugador de parchís sabe que ocurre tarde o temprano. No se trata de ser fatalista, sino de ser conscientes de que los sucesos negativos son posibles para tratar de prevenirlos o por lo menos minimizar sus consecuencias. Pensar que si algo puede ir bien irá bien, perdónenme otra vez, es un camino seguro al desastre.


Pero además de todo esto, yo no tengo tan claro, ni mucho menos, que la humanidad sea capaz de superarlo todo. Otras ramas de nuestra especie, como el hombre de Neanderthal, se extinguieron, y no hay razón para pensar que la nuestra no pueda correr la misma suerte. Me recordó esta cuestión un documental que vi hace ya tiempo en la televisión sobre la cultura Nazca.  Este pueblo vivió en el actual Perú hace quince siglos, y durante mucho tiempo su desaparición se atribuyó a un desastre natural. Estudios más modernos ofrecen otra explicación: los Nazca explotaron los recursos forestales de su entorno hasta superar el punto en que podían regenerarse, viéndose finalmente obligados a abandonar un territorio depauperado. Hoy esto podría suceder a escala planetaria, y si superamos el punto de no retorno ¿a dónde emigraremos?

Pese a todo, y termino porque me voy extendiendo ya más de lo acostumbrado, la cuestión para mí no es si la humanidad superará éste o aquél problema, o si Europa superará esta crisis. La cuestión, o las cuestiones, son cómo, cuándo y a qué precio. Porque en esta España que me ha tocado en suerte habitar, el precio por lo pronto vienen siendo cinco millones largos de parados, el doble de personas en riesgo de pobreza, no sé cuántas haciendo cola en los comedores sociales para subsistir... Y todo apunta a que apenas hemos empezado a pagar.

Tal vez sea que me falta fe o que soy un pesimista irredento, pero estoy convencido de que la única forma de superar los problemas es afrontarlos. La providencia, humana o divina, no me sirve.

2 comentarios:

  1. Quizás me equivoco, pero creo que los últimos estudios señalan al hombre de Neanderthal no como una rama de nuestra especie sino como una especie diferente.

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  2. Pues ya somos dos que no creemos en la humana providencia. El ser humano es un prepotente, es cualquier cosa menos racional, como lo está demostrando día a día y así nos va y no hablemos de los que nos gobiernan, que sólo tienen un dios. Y si alguien quiere saber lo mucho que soluciona la humana providencia no hay más que mirar hacia el sur y ver la cantidad de gente que llega en patera porque no confían en que la humana providencia los libere de la hambruna.

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