lunes, 27 de febrero de 2012

¿Dónde están los parados?

La reforma laboral no afecta solamente a los trabajadores ocupados, también a los desempleados y muy especialmente a los perceptores de prestaciones. Hay diversas medidas que fomentan, mediante subvenciones, bonificaciones o deducciones la contratación de perceptores de prestaciones, que no van encaminadas a la creación de empleo sino a aliviar la presión sobre las arcas del Estado. Resulta evidente que estas medidas son en perjuicio de los parados que no cobran prestaciones, que tendrán aún más difícil encontrar empleo.

Entre estas medidas, una llama especialmente la antención. Se prevé que los contratados con la nueva modalidad de contrato de apoyo a los emprendedores puedan compatibilizar el empleo con el cobro de hasta el 25% de la prestación que estuvieran percibiendo. Esto es novedoso, hasta ahora se permitía la compatibilidad de la prestación con el empleo a tiempo parcial. Las prestaciones eran, hasta ahora, incompatibles con el trabajo a tiempo completo, cosa absolutamente lógica puesto que en ese caso no estás en desempleo, ni total ni parcial. Sin embargo ahora se permite la compatibilidad con un trabajo que la ley establece que sea necesariamente a jornada completa. ¿Por qué? Solo puede haber una respuesta: prevén que los salarios lleguen a ser más bajos que la propia prestación.

Pero no termina ahí el asunto. Se pretende también impulsar otra medida: que los perceptores de prestaciones puedan ser obligados a realizar servicios de interés general y social, o lo que es lo mismo, servicios en beneficio de la comunidad. Una medida que ahora existe como pena para los condenados por delitos menores. Un paso más en el proceso de culpar a los trabajadores de la crisis, en este caso a los parados a los que ya se trata directamente como a delincuentes.

Añadamos a esto la pretensión de las organizaciones patronales de que se retire la prestación al parado que rechace una oferta de empleo, sea cual sea y en las condiciones que sea. Recordemos: aunque sea en Laponia. Sin considerar siquiera, por ejemplo, que los gastos de desplazamiento puedan superar al salario de un empleo parcial, temporal y mal pagado.

Sumo y no sigo, porque sería cansino.

No me sirve, dicho sea de paso, el falso argumento de Gobierno y patronal de que el coste de las prestaciones es inasumible para el Estado. Lo inasumible para el Estado, la nación, y desde luego los parados es la inconcebible tasa de desempleo. Reduce la tasa de desempleo y bajará automáticamente el coste de las prestaciones, reduce las prestaciones y solo contraerás la demanda generando más paro. El sencillo razonamiento sería más que suficiente si no lo fuera ya que el propio Gobierno reconozca que la reforma laboral no generará empleo. Eso por no mencionar lo más obvio: que la reducción del déficit no puede hacerse dejando a cinco millones de personas en la indigencia.

Y todo esto me lleva a la pregunta que encabeza esta entrada, ¿dónde están los parados? En las manifestaciones del día 19 los sindicatos estimaron que hubo dos millones de personas. Hay más de cinco millones de parados. ¿Dónde están? ¿Por qué no protestan?

Me he pasado el día pensando en esto, a raiz de una entrada que leí ayer en otro blog, y no encuentro una respuesta satisfactoria. Sé demasiado bien que cuando estás en el paro lo que te preocupa es lo inmediato, encontrar empleo, y que lo normal es pensar que las protestas no sirven porque nadie te solucionará tus problemas. Sé también que muchos parados de larga duración acaban culpándose a sí mismos por no ser capaces de encontrar empleo, que acaban creyendo que el problema es su falta de preparación, de experiencia o de iniciativa. Sospecho que no pocos se han dejado convencer por las promesas de los neoliberales y que creen que esta es la manera de salir de la crisis. Pero nada de eso explica la falta de reacción de los parados.

Las promesas neoliberales son falsas, y hace mucho que el paro dejó de ser, si es que alguna vez lo fue, un problema individual de Juan Pérez o José Ramirez.  Es un problema de todos los trabajadores, y del trabajador en paro antes que de ningún otro. Lo único que puede moderar, ya que no impedir, una reforma inicua y errónea es nuestra protesta. La de todos, empezando por los que más sufren las consecuencias de una crisis que no hemos provocado.

Ni los trabajadores somos culpables de la crisis, ni los parados son criminales. ¡Defiende tus derechos con la cabeza alta!

2 comentarios:

  1. Hola Ángel:

    Copio y pego el principio de la definición de Ingeniería Social, en el ámbito político, que hace Wikipedia:

    La Ingeniería social es un término empleado en ciencias políticas en un doble sentido. Primero: esfuerzos para influir actitudes; relaciones y/o acciones sociales en la población de un país o región y, segundo, una manera de implementar o aproximar programas de modificaciones sociales. Ambas acepciones implican tentativas a gran escala, sea por gobiernos o grupos privados.

    Es un método ampliamente utilizado por el nazismo para acceder al poder. Hoy podemos observar lo difundidas que están las ideas de la ultraderecha o nazis y cómo están calando en la sociedad, que es masa y, paradojicamente, individualista.

    Es masa para berrear y apoyar a partidos políticos afines, sin ninguna capacidad de análisis; y es individualista en que cada cuidadano o ciudadana solo mira por lo suyo, aunque lo suyo, le condene a la pobreza extrema.

    Es decir, nos hemos vuelto egoístas y, como tales, solo prevalece la individualidad: nosotros y siempre nosotros.

    Saludos
    Rita

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  2. Gracias por tu comentario.
    Me parece que la comparación con el nazismo es exagerada, más que nada porque estos no son racistas, les da igual explotar a un negro que a un blanco.
    Pero seguramente sí que hay algo de ingeniería de la conducta. La repetición machacona de consignas del tipo "no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades", la falta de acceso de los economistas y pensadores críticos a los grandes medios de comunicación, y la falta de información objetiva y de educación poítica y económica tienen mucho que ver.

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