viernes, 17 de febrero de 2012

Cien balas

Ayer, después de publicar mi última entrada, me di cuenta de que era la número cien. Son muchas entradas para un blog que nació de un impulso repentino, sin ninguna planificación, sin ningún propósito específico más allá de servirme de válvula de escape, sin ninguna experiencia previa en blogs, ni siquiera como lector. Desde entonces he ido escribiendo sin ningún orden, sin estructura ni hilo conductor, al menos consciente, aunque me doy cuenta de que ha ido tomando un cariz definido. Muchas entradas sobre política, economia o justicia social. Tal vez se deba a las circunstancias que vivimos o que tengo una vena contestataria reprimida o, más probablemente, a la combinación de ambas cosas.

El caso es que no pensé, cuando abrí un blog y le puse el primer nombre que se me pasó por la cabeza, que escribiría con tanta frecuencia. Algunas entradas son más antiguas que el propio blog, puesto que las escribí originalmente como notas de facebook, la primera el 26 de marzo pasado. Aún así es prácticamente una entrada cada tres días. No sé si esto sorprenderá a quienes me conocen personalmente y me tienen, con razón, por un hombre reservado y parco en palabras, tan parco que a menudo me dicen que soy desesperante y que hablar conmigo es como hablar con una pared. Lo que, dicho sea de paso, es notoriamente injusto porque yo siempre escucho, cosa que no hacen las paredes. El que desde luego está sorprendido soy yo. Sin duda se debe a la aparente impersonalidad de internet, que hace olvidar inhibiciones y timideces.

Tampoco sé muy bien por qué sigo escribiendo visto lo escaso de la audiencia, quizá es poque sigue siendo una válvula de escape o porque en realidad no esperaba tener ninguna. Parecerá falsa modestia, pero lo que me resulta más extraño de este blog es haya gente que lo lee. Así que hoy os dedico esta entrada a los lectores ocasionales o asiduos para agradeceros que no me dejéis hablar en el vacío.


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