lunes, 30 de enero de 2012

Las reglas del juego

Un sencillo juego para dos jugadores consiste en disponer una serie de palillos sobre la mesa, normalmente veintiuno, aunque el número se puede modificar sin alterar el juego. Cada jugador, por turnos, debe retirar uno, dos o tres palillos, gandando la partida el que retira el último. El juego es trivial, y cualquiera se da cuenta enseguida de que el jugador que comienza puede ganar siempre, basta con dejar un palillo más que un múltiplo de tres. Sin embargo puede ser entretenido para niños pequeños, incapaces aún de este sencillo razonamiento aritmético.

No hace mucho que, durante una sobremesa, se lo propuse a una niña de siete años para entretenerla un rato. Normalmente cuando juego a éste o a otros juegos con niños de poca edad les dejo ganar, pero sin ponérselo demasiado fácil, y ganándoles alguna partida de cuando en cuando. La cuestión es que después de unas pocas partidas, la niña me propuso su propio juego, cambiando el número de palillos inicial y los que cada jugador podía coger en su turno. Obviamente eso no altera la naturaleza del juego, la estrategia sigue siendo dejar un palillo más que los múltiplos del número máximo de palillos que se pueden coger. Decidí no dejarle ganar aquella partida y, cuando ya quedaban pocos palillos y entendió que iba a perder, pensó que después de todo era mejor que las reglas fueran de otro modo. Naturalmente le dije que las reglas las había puesto ella misma y no podía cambiarlas a media partida para ganar siempre, lo que fue confirmado por su madre. Sentencia inapelable.

Hoy estuve leyendo el suplemento dominical sobre economía del periódico, que dedica hasta cuatro artículos a la deuda pública, el déficit y la equivocada política de austeridad. Ya estaba a punto de escribir una entrada sobre el tema con argumentos, datos y cifras, cuando me acordé de la pequeña e intrascendente anécdota que acabo de contar. ¿Por qué? Porque me gustaría jugar una partida con la señora Angela Merkel y explicarle que las reglas deben cumplirlas todos los jugadores. Como si fuera una niña de siete años.

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