jueves, 10 de noviembre de 2011

El debatillo

Comentaba ayer que probablemente no haya un solo español que no se haya enterado de la celebración de El Debate. Sospecho, en cambio, que no serán pocos los que no se enteraron de un debatillo ayer en Televisión Española. Y es que, al contrario de lo que ocurrió con El Debate, el debatillo no tuvo apenas publicidad, el resto de canales de televisión no se engancharon a la señal y la prensa de hoy apenas se hizo eco.

Además el debatillo tuvo trampa, porque tenía la misma duración y la misma estructura de bloques temáticos que El Debate, lo que significa que los otros tres participantes tuvieron que aceptar las condiciones que en realidad pactaron Rubalcaba y Rajoy. Con la notoria diferencia de que, al ser esta vez cinco participantes, se vieron limitados a veinte minutos cada uno. Incluidos PSOE y PP a pesar de que ya habían dispuesto de cincuenta minutos en el anterior.

Pese a todo este tuvo más interés. Erkoreka representando al PNV y Macías representando a CiU estuvieron bien, aunque ambos iban a lo que iban, buscando el voto de vascos y catalanes respectivamente. Nada tenían que ganar ni perder en el resto de España. Erkoreka puso el modelo industrial vasco como ejemplo, Macías se quejó de los supuestos agravios a Cataluña y ambos reclamaron más autogobierno.  Macías incluso se permitió terminar hablando en catalán, tal vez buscando robarle algún voto a ERC. Nada que no pudiéramos esperar aún antes de oírlos.

Jáuregui por el PSOE y Gallardón por el PP también estuvieron bastante previsibles. Acusaciones mutuas, competiciones a ver quién ha recortado más y Gallardón presumiendo del empleo creado durante el gobierno de Aznar e ignorando que ese mismo empleo es el que perdemos ahora porque carecía de base económica real que lo sustentase.

La nota discordante, como no podía ser menos, la puso Gaspar Llamazares en representación de Izquierda Unida. Veinte minutos no dan para mucho, pero puso al menos sobre la mesa el tema de la corrupción. Ante eso, Jáuregui lo ignoró olímpicamente, Macías y Erkoreka dijeron vaguedades y Gallardón se lució diciendo que el remedio era la transparencia en la Administración. Confundiendo churras con merinas, porque la preocupación que escandaliza a los ciudadanos es la de los políticos, los partidos y las instituciones en las que hacen y deshacen.

Sacó también Llamazares el tema de la representatividad política, la reforma electoral y los cauces de participación directa. Ante la mención de la participación directa Gallardón volvió a meter la pata preguntando: ¿Como la elección directa de los alcaldes? Con lo que demostró no tener ni idea de lo que significa participación directa.

Mencionó también el tema de la carga fiscal y su distribución, y de la fiscalidad como herramienta de política económica. Ahí estuvo fuerte, y los otros cuatro participantes se cuidaron mucho de contestarle en este punto. Su postura en este campo se puede resumir en una lapidaria frase suya: Sin solidaridad fiscal no hay solidaridad social.

En fin, después del amplio despliegue mediático de que disfrutó El Debate, al que me sumé con gozo, tenía la obligación moral de comentar también el debatillo. Que pese a sus limitaciones y al esmero en que no se difundiese demasiado, ha sido lo más parecido a un verdadero debate que veremos en esta campaña electoral.

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