domingo, 16 de octubre de 2011

15 de Octubre

Ya sabéis que ayer hubo una movilización por un cambio global. Y realmente fue a escala planetaria: Madrid, Nueva York, Santiago de Chile, Bruselas, Roma... Cerca de mil ciudades en más de ochenta países, millones de personas. Una muestra clara de que el mundo toma conciencia de que los problemas de hoy ya no son de una sola nación, ni de un puñado de ellas. No se circunscriben a Grecia, Portugal, Irlanda, Egipto o mi propio país, España. Los problemas específicos de cada nación pueden ser diferentes, pero a todos nos une un anhelo común: un mundo más justo y más libre.

La movilización fue a escala planetaria pero yo la viví, como no podía ser menos, a escala local. Aunque me ausenté intermitentemente varias veces, pasé buena parte del día en la plaza donde se había convocado la concentración. No puedo decir que fuéramos una multitud, dado el tamaño de la ciudad, pero sí bastantes más que en la manifestación contra la reforma constitucional que comenté anteriormente.

Hubo un aspecto que ayer me pasó desapercibido pero que me ha dado que pensar hoy, y es que no recuerdo haber visto ningún agente de policía. No sé si es que fueron discretísimos o es que realmente no había ninguno. Tampoco hizo ninguna falta porque la concentración fue absolutamente pacífica, pero me llama la atención que las autoridades no considerasen necesaria la presencia policial, habida cuenta de que una y otra vez se tilda al movimiento de "radical, antisistema y violento".

Poco más tengo que comentar, salvo un par de cosas que escuché a las personas que intervinieron. No pude escucharlos a todos porque, como digo, hube de ausentarme varias veces, pero dos frases me parecen dignas de comentario.

Intervino una chica muy joven, dijo tener dieciséis años. Habló del deterioro de la enseñanza pública que podía ver en su instituto. Hasta ahí nada nuevo, constata que los adolescentes no son tan despreocupados como se los pinta, pero eso no sorprenderá a quienes participamos en las manifestaciones estudiantiles de hace veinte años. No son ni más ni menos despreocupados de lo que fuimos nosotros. La frase que quiero recoger aquí, para que cada uno extraiga de ella lo que quiera fue "me niego a estudiar en una privada".

Intervino también un sospechoso habitual de estas movilizaciones y hombre muy elocuente. Hizo una observación que también quiero recoger: que los políticos siempre hablan de "los ciudadanos y ciudadanas", y nunca de "el pueblo", porque ciudadanos y ciudadanas denota individuos, y el pueblo, que es lo que somos, es algo colectivo y no una mera agregación de individuos.

Cuando hablamos de personas las matemáticas no siempre funcionan: el todo puede ser mucho más que la suma de las partes.


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