domingo, 4 de septiembre de 2011

Demasiado pocos

Esta tarde asistí a una concentración de protesta por la reforma constitucional. Llegué temprano y me encontré con una media docena de chicos que estaban colocando unas pancartas. Les pedí que me confirmasen que había un acto de protesta convocado para esa hora, cosa que hicieron, y me senté con ellos. "Espero que seamos unos cuantos más", dije.

Pero no fuimos muchos más. Al llegar la hora prevista calculé que habría unos cincuenta manifestantes. Fueron llegando más en la hora siguiente, pero no llegamos al centenar. Una cifra insignificante para el número de personas que habitan esta ciudad, duramente castigada por las sucesivas crisis y antaño muy reivindicativa. Demasiado pocos.

Pensaba en esto más que escuchar al orador que estaba hablando cuando llegó una señora de avanzada edad con un perro. Era obvio que no venía a la concentración ni sabía que se hubiera convocado. Pero se detuvo y preguntó a la chica que estaba a mi derecha: "¿Esto de la Constitución, por qué es?". La chica se lo explicó, aunque yo no presté atención a la conversación.

Cuando el orador acabó de hablar, ofreció el micrófono y la palabra a quien quisiera decir algo. Para mi sorpresa, la señora se acercó con su perro, tomó el micrófono y habló con verdadera indignación. Terminó su intervención con estas palabras: "A mí me queda poco de vida, pero la que me quede seguiré luchando".

De no ser por esto, seguramente me habría desanimado cuando, terminada la concentración y cuando emprendía el camino a casa, me crucé con una pareja joven y oí algunas palabras de su conversación: "Son cuatro gatos".

Y era cierto, pero no me desanimo del todo porque esta buena señora me confirma lo que ya suponía, que además de los cuatro gatos que maullábamos en la plaza hay muchos más que aún no han salido a la calle.


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