sábado, 16 de julio de 2011

¿Qué pasa con los sindicatos?

Una de las cuestiones más llamativas para mí en el desarrollo de la crisis en España es la actitud de los sindicatos. Sería desde luego injusto acusarlos de no hacer nada, han presentado una iniciativa legislativa popular para revertir la reforma laboral y un recurso contra el recorte de los sueldos de los empleados públicos. El recurso ha sido infructuoso y la iniciativa legislativa me temo que no tenga mejor suerte. También han convocado dos huelgas, una de funcionarios y otra general, ambas de forma incomprensiblemente tardía, y no parece que hayan dado ningún fruto.

Todo eso está bien, pero no es suficiente. Los líderes sindicales son conscientes, estoy seguro, de la gravedad de la situación que vivimos y del modelo económico y social hacia el que nos dirigimos. Son conscientes y, afortunadamente, parece que también son capaces de autocrítica, como muestra un artículo firmado por Ignacio Fernández Toxo y Fernando Lezcano en la Gaceta Sindical:

Nosotros somos de la opinión de que junto a todo lo señalado, y mucho más que se pondrá de manifiesto en estas páginas, hay otros problemas que son propios: la progresiva institucionalización que en ocasiones ha ido en detrimento del protagonismo de nuestros afiliados y afiliadas; un insuficiente ejercicio de la autonomía e independencia del sindicato que puede suponer que, en ocasiones y por parte de ciertos colectivos, se nos haya visto excesivamente próximos al poder y por tanto hayan recelado de nosotros; la dinámica interna en la que nos hemos instalado, con mucha presencia en las sedes sindicales y menos en los centros de trabajo, practicando no pocas veces un sindicalismo de demanda (atendemos a quienes recurren a nosotros) pero no de oferta (vamos menos de lo necesario a explicar nuestras propuestas y a escuchar a la gente); la debilitación, cuando no la pérdida, del espíritu y actividad militante
Todos estos son puntos interesantes para reflexionar, pero ahora mismo lo más urgente son los últimos aspectos que mencionan. Les falta hablar con la gente, explicar sus propuestas y, sobre todo, actitud militante. Las medidas legales están  bien, la huelga es un recurso legítimo, pero no pueden quedarse ahí. Hace falta una campaña informativa bien organizada que contrarreste la sobredosis de propaganda neoliberal. Y más que nada, hace falta movilización, que no tiene por qué significar necesariamente huelga sino manifestaciones, concentraciones, actos de protesta.

Las protestas ciudadanas surgidas espontáneamente o a través de plataformas cívicas, tendrían que haber surgido de los sindicatos. Ese es su papel, y renunciar a él conlleva que la justificada desconfianza en los partidos políticos se extienda a los sindicatos, a que se los crea, con razón o sin ella, "parte del sistema", a que los trabajadores que ven mermar sus derechos digan también de ellos "no nos representan". Y lo extraño es que persistan en su actitud a pesar de ser conscientes de ese riesgo, como también se recoge en el artículo:

La dinámica económica (paro, precariedad,…), las mutaciones en los sectores de actividad y su repercusión en los colectivos de trabajadores y trabajadoras, la ofensiva neoliberal que cuestiona el movimiento sindical confederal por ser «el último enemigo a batir»… y nuestras prácticas, no siempre las más adecuadas, pueden acabar suponiendo un debilitamiento del sindicalismo de clase a favor de la individualización de las relaciones laborales o de la representación corporativa de intereses.
Dije en otra entrada que los sindicatos, con todos los defectos que les queramos achacar, son todavía el dique de contención contra la marea liberal. Y por eso deben reaccionar, si ese dique se rompe, la próxima ola nos arrastrará a todos.

1 comentario:

  1. Hola
    Creo que tu discurso es muy coherente, lleno de respeto, sin por ello dejar de decir verdades como puños.
    Yo también entiendo, al igual que tú, que el sindicalismo está apoltronado, más que el sindicalismo diría algunos dirigentes sindicales y también añadiría que los propios trabajadores estuvimos flotando en una falsa marea de abundancia que en ese ir y venir nos dejó algo dormidos.
    Pero sólo hay una forma de cambiar los sindicatos y es desde dentro, haría falta mucha gente que pensase de esta forma, que lo manifestase en los debates internos del sindicato para así remover estructuras. No somos demasiados los que estamos en esa pelea y necesitaríamos ser muchos más. Desde aquí y desde la oportunidad que me das con este blog animo a todo aquel que lo lea a que piense como entre todos podemos cambiar aquello que no nos gusta de quienes podemos representar a los trabajadores.
    Felicidades por tu "artículo", me gusta el fondo y la forma.
    Un saludo. Beatriz

    ResponderEliminar