sábado, 23 de julio de 2011

El acuerdo del eurogrupo

No he estado siguiendo las noticias muy de cerca estos últimos días, por lo que no estoy realmente al tanto de los detalles del acuerdo al que acaban de llegar los países de la zona euro. También es verdad que faltan en ese acuerdo muchos aspectos por concretar, entre otros motivos porque van a requerir reformas en los tratados. Escribo, por tanto, sin saber mucho más que lo que dijo el presidente Rodríguez Zapatero en la rueda de prensa inmediatamente posterior.

En el acuerdo se prevé la rebaja de tipos de interés de la deuda y la ampliación de los plazos a Grecia, Irlanda y Portugal. Se prevé también la participación de la banca privada, es decir de los acreedores privados, si bien esta medida parece que se articulará mediante el canje de bonos con vencimiento a corto plazo por otros con vencimiento a largo plazo. Además esta medida se contempla solo para Grecia, y no se hará extensiva a Portugal e Irlanda, o eso ha dicho el presidente Sarkozy.

Se prevé también que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) actúe de modo preventivo y no solo, como hasta ahora, como un fondo de rescate. Esto se haría mediante la apertura de líneas de crédito a las que los países pueden acudir sin necesidad de ser rescatados, y mediante la posibilidad de que el FEEF compre deuda soberana en los mercados.

La primera impresión que me causa este acuerdo es la de un parche que no va más allá de evitar un desastre a corto plazo. Si se me permite la metáfora fácil, pone un tapón de corcho en la vía de agua en lugar de llevar el barco al astillero. En la medida en que supone una mayor implicación de la Unión Europea es positivo, pero es a todas luces insuficiente y ni siquiera intenta atajar la raiz del problema que, tal como yo lo veo, procede de dos factores: la absoluta falta de regulación de la economía financiera internacional y una deficiente construcción de la unión económica y monetaria europea.

Evidentemente, la regulación del mercado financiero internacional no es algo que la Unión Europea pueda realizar por sí sola, pero si puede tomar medidas en ese sentido. Establecer un impuesto a las transacciones financieras, la llamada Tasa Tobin, no solucionaría el problema pero sería un buen principio. Al menos serviría para encarecer y desincentivar las operaciones especulativas, a la espera de poder realizar la regulación que haga desaparecer como mínimo las prácticas manifiestamente inmorales.

Pero además hay que acometer de una vez por todas la reforma de la Unión Europea. Una unión económica y monetaria es terriblemente vulnerable si no se avanza paralelamente en los aspectos politicos y sociales. La capacidad reguladora de los Estados se ha visto mermada sin que la hayan asumido las instituciones europeas. Hoy tengo el día metafórico: hemos dejado abierto el tarro de la miel y han acudido todas las moscas.

Gente más entendida en la materia que yo piensa que deberíamos dotarnos de una verdadera Hacienda Europea. Difícil, sin duda, pero podemos empezar por armonizar las políticas fiscales. Y entretanto, tomar otras medidas que muchos esperábamos que se tratasen en esta cumbre, como sustituir la emisión de deuda de los Estados por eurobonos garantizados por el Banco Central Europeo.

Un último punto que yo esperaba y que se ha quedado en nada es la creación de una agencia de calificación europea. No voy a escribir otra vez sobre la opinión que me merecen las agencias de calificación existentes, pero que la vicepresidenta Elena Salgado diga, como ha dicho, que el acuerdo "les da un pequeño aviso: ya no vamos a considerar vuestra opinión como la única opinión que tenemos que tener en cuenta" es una solemne bobada. A estas agencias les importa un bledo nuestra opinión y a los especuladores les importa menos aún. O empezamos a respaldar las palabras con hechos o estaremos siempre a merced de los carroñeros.

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